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Salvémonos con el planeta -- Domingo M. Lechón

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Periódico Diagonal

Año 2030. Tras las contundentes inundaciones en Asia y las fuertes sequías en África, el aumento del nivel de mar, la desertización de gran parte de los continentes, las extinción de millones de especies, el deshielo de los polos y los glaciares, la reproducción de enfermedades a gran escala y las dos guerras del agua, el Sur Global está prácticamente deshabitado, y sólo hay plantaciones industriales y de agrocombustibles que pertenecen a las empresas WalMonsanto y Banco Mundial Corporation.

Ahí sólo quedan unas decenas de miles de personas, en empleos centrados en la producción mecanizada para estas empresas y militares del Ejército de la Federación Euro-Dólar. Mientras, en el Norte, tras las migraciones viven 3.000 millones de personas, controlados y reprimidos por el ejército, a causa de la escasez de agua, oxígeno y alimentos, que son racionados por la minoría gobernante eurodólar. Así se celebra el quinto aniversario de la proclamación de la Plutocracia Constitucional de las Naciones Unidas, y el cambio climático sigue avanzando.

La cumbre fracasada

Año 2010. Tras el fracaso de la Cumbre del Clima de Copenhague (COP15) en diciembre del año pasado, el Gobierno de Bolivia convoca a la primera Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático a realizarse en Cochabamba en abril. Se hace una llamada a los movimientos, organizaciones, gobiernos y personas para dar un golpe de timón y cambiar el rumbo por el que nos lleva el sistema capitalista, tan depredador, contaminante, petroadicto y asesino.

Una llamada también a encontrarnos para resolver la necesidad de restablecer la armonía con la naturaleza, reconociendo los derechos de la Madre Tierra. En esta conferencia se pone sobre la mesa, entre otras cosas, la convocatoria de un referéndum mundial para que se escuche a los pueblos y se obligue a los países, sobre todo los industrializados, a reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero, principales causantes del cambio climático. Igualmente de Cochabamba salen las líneas para la conformación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática, que juzgue a corporaciones y gobiernos por delitos contra el medio ambiente.

Alternativas

Pero Cochabamba es sólo un paso más en la lucha en defensa de la Madre Tierra y la humanidad. Ya hay muchas iniciativas, redes y movimientos que, desde una postura anticapitalista, quieren parar el cambio climático en el que estamos inmersos, movilizando, resistiendo y proponiendo transformaciones y alternativas. Desde La Vía Campesina, con su rotundo “los campesinos pueden enfriar el planeta y alimentarlo”, hasta la federación internacional Amigos de la Tierra, pasando por organizaciones locales, como Ecologistas en Acción (Estado español), la Red de Sistemas Familiares Sustentables (RESISTE, Chiapas) o la Asociación de Productores para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga del Bajo Sinú (Asprocig, Colombia), abogan por la soberanía alimentaria y energética, la denuncia de las falsas soluciones al cambio climático –agrocombustibles, presas, comercio de carbono, etc.– y el aumento de la militarización y la represión. Una constelación de iniciativas que denuncian la falta de transparencia en la toma de decisiones y la financiación, los transgénicos y la privatización de los recursos naturales. En definitiva, dar un salto adelante zafándonos de las imposiciones de la dictadura capitalista, construyendo aquí y ahora otro mundo.

Muchas de estas organizaciones y redes tienen en cuenta y aprenden de las cosmovisiones de los pueblos originarios y de las sociedades rurales, que se relacionan entre ellas y con la Madre Tierra de otra forma muy distinta a la impuesta desde Occidente como única posible. El desarrollismo e industrialización basados en el despojo, la extracción de las riquezas del subsuelo, la privatización de toda forma de vida, la dependencia del petróleo y sus derivados, el cortoplacismo y el cientifismo- racionalista como religión absoluta es lo que han hecho que estemos, como estamos: al borde del precipicio. Y finalmente los que están ‘bien’ son un grupo muy minoritario en este océano de crisis continuas. El escenario imaginario planteado previamente para el año 2030, no es una locura: hacia allá vamos si no lo remediamos los hombres y mujeres del presente.

Exclusiva

En Madrid se convoca a los movimientos sociales a Enlazando Alternativas 4, del 14 al 18 de mayo, cuando se reúnan los gobernantes de la UE con los de América Latina en su afán de seguir con los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación. Y después, como propuesta salida de Cochabamba, se realizará en todo el mundo un día de Acción Global por la Madre Tierra, presumiblemente el 12 de octubre, donde de forma contundente debemos expresar que queremos justicia climática y obligar a gobiernos locales, regionales y nacionales a tomar una postura clara en favor de la vida.

En la siguiente Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático (COP16) que se realizará en Cancún (México), a finales de noviembre de este año, no se espera que se produzcan grandes transformaciones. Y seguramente se repita la tónica impuesta en Copenhague. Ya el gobierno mexicano ha avisado de que a las organizaciones y los pueblos no se les dará acceso ni se les escuchará: sólo será una reunión de personas que dicen que nos representan.

Enredarse

A los movimientos sociales de los países del Norte Global y de las urbes de todo el planeta les toca enredarse y coordinarse para exigir a los gobernantes la reducción drástica de la industrialización contaminante, el cambio de modelo de producción y de consumo, la implantación de un transporte colectivo, público, eficaz y eficiente, favorecer formas alternativas en la actividad agrícola, y descentralizar la toma de decisiones políticas y económicas. Pero también hay que plantearse el cambio interno de los movimientos de actitudes consumistas, hedonistas y conformistas en vez de la coherencia anticapitalista. Y lo más importante, concienciar a la sociedad de que debe haber cambios drásticos y radicales, que modificarán el estilo de vida y supondrán años difíciles, pero en favor de salvarnos, nosotros y el planeta.

En lo cotidiano, los movimientos sociales deberían estar en sus barrios y pueblos creando alternativas, mediante otras formas de consumo y redes de comunicación, relacionándose de otra forma y exigiendo a las autoridades locales pronunciamientos en contra de las causas del cambio climático.

El mundo está cambiando, pero podemos hacer que el resultado sea mejor para los pueblos y sociedades de un futuro no muy lejano. Todavía podemos. Y somos muchas más.

(*) Domingo M. Lechón es Militante de Movimientos en Defensa de la Tierra y el Territorio en Chiapas

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