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Rouco llega a un acuerdo con la «iglesia roja» de Entrevías. Sin vencedores ni vencidos -- José Manuel Vidal

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Religión Digital

Parroquia de S Carlos Borromeo1.jpgSin vencedores ni vencidos. Ese fue el objetivo del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y de los tres curas de la parroquia roja de Entrevías, desde el día en que estalló el conflicto entre ambos. Y así ha sido. La parroquia deja de ser parroquia jurídicamente hablando, para convertirse en el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, pero con todas las «atribuciones». Es decir, los curas podrán seguir celebrando los sacramentos y realizando la misma actividad catequética, litúrgica y social que venían haciendo desde hace muchos años.
En un breve comunicado, el arzobispado da cuenta de que, “después de un prolongado y fraterno diálogo” con sus curas, el cardenal Rouco “ha acordado constituir el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, adscrito a la Vicaría IV de la archidiócesis de Madrid”.

Rouco conserva como “capellanes” del centro San Carlos a los tres curas de la antigua parroquia: Javier Baeza, Enrique de Castro y José Díaz. Además, el decreto del arzobispado reconoce explícitamente que los citados curas “prestarán la adecuada atención catequética, litúrgica y social con todas las facultades concedidas por el Derecho”. Es decir, conservan, como hasta ahora, todas las atribuciones sacerdotales y parroquiales, pero con otra denominación canónica.

El cardenal sólo les impone una condición, si así puede llamarse: “Que procuren visibilizar la comunión eclesial en toda su acción pastoral”. Dicho en román paladino, que no se metan con la jerarquía ni con la doctrina de la Iglesia y que se mantengan unidos a ella en todo.

“La verdad es que no ha habido ganadores ni perdedores”, dice un cura de la zona de Vallecas. Y añade: “Tanto los curas como el cardenal han dado una lección pública y solemne de cómo se resuelven los conflictos en la Iglesia. Porque, esto no es un partido, donde el que se mueve no sale en la foto. Es una prueba más de la profunda libertad que hay en la institución y de que, en ninguna otra, se acepta a la disidencia como en ella”.

Y es que, a pesar de que, en apariencia parezca que los curas han resistido y han ganado, la verdad es que la figura del cardenal Rouco sale muy reforzada del conflicto. Porque, en contra de los que muchos decían e incluso los curas temían, no optó por dar un baculazo ni por utilizar el Código de Derecho canónico, en el que es un consumado especialista.

Rouco se decantó por el diálogo, el acercamiento y las distancias cortas, en las que también es un maestro consumado. Y después de dejar pasar un tiempo para calmar mediáticamente el caso, tomó las riendas del mismo en sus manos y se fue a ver a sus curas. A compartir en su casa mesa y mantel y sobremesa. Consciente de que un obispo, amén de maestro en la fe, es ante todo un padre para sus sacerdotes.

El pasado día 4 de noviembre, el cardenal se fue a comer a la casa de los curas a su casa. Y allí, hablaron a corazón abierto. Del pasado, del presente y del futuro. Teniendo en cuenta, sobre todo, como dice la nota del arzobispado, “el asegurar la atención pastoral integral al mundo de la marginación, al que de modo preferente han venido dedicándose los sacerdotes, y dispuestos a superar positivamente el conflicto existente”. Y allí mismo llegaron a un acuerdo.

Los curas se muestran “encantados y satisfechos”. Según el párroco, Javier Baeza, la “propuesta del cardenal nos pareció de perlas, porque era lo que veníamos pidiendo desde hacía tiempo y la aceptamos de inmediato”. Baeza reconoce, sin embargo, que en el feliz desenlace del conflicto tuvo mucho que ver, además de la buena voluntad del cardenal, “el apoyo decidido y la presión de la sociedad civil”.

El sacerdote se muestra también satisfecho por el hecho de que el arzobispado no les haya impuesto condición alguna. “Al contrario, vamos a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora, dedicados especialmente a los más pobres y marginados, pero a todos los niveles, porque no somos meros asistentes sociales”.

La medida ha sentado muy bien entre la gente de la comunidad parroquial que, según Baeza, está alegre y contenta”. Entre otras cosas, “porque consolida lo que hemos venido haciendo durante todos estos años y, además, acaba con una situación de tensión y de confrontación muy penosa”. También ha caído muy bien entre los curas madrileños, que la tachan de “lección magistral del cardenal Rouco”.

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