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Romana Blasotti Pavesi, una sencilla mujer de un pequeño pueblo italiano, en el Olimpo de las diosas -- Paco Puche

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

La mejor manera de enseñar ética es a través del ejemplo de la gente
Victoria Camps
Es reconfortante poder hacer un homenaje a una mujer sencilla, del pueblo, que sigue viva, que hasta ayer ha estado en primera fila en la batalla por la justicia del amianto en el mundo.
El pasado 17 de noviembrei, Romana Blasotti ha cedido su sitio en la presidencia de la Asociación de Víctimas del Amianto de Casale Monferrato, un pueblo de 30.0000 habitantes cerca de Turín, en la que llevaba casi 30 años.
Sus palabras de despedida fueron estas: «me voy porque tengo 86 años y estoy cansado. Pero no creo que haya perdido. El poder judicial no hace justicia, pero hemos convencido al mundo de que teníamos razón”.

(En la foto, Romana saluda a su pueblo rodeada de compañeros y de representantes del municipio. El cartel se refiere a la empresa de amianto asesina, propiedad de Stephan Schmidheiny. Dice así: “Eternit: Giustizia).

De Casale Monferrato
Como en la famosa aldea gala de Astérix, este pequeño pueblo del norte de Italia, a 60 km de Turín, lleva tiempo alzado en guerra contra el genocidio del amianto en el mundo. Concretamente contra la empresa Eternit, propiedad de Stephan Schmidheiny, un magnate enriquecido con la vida de miles de trabajadores, que trata de limpiarse la sangre de sus manos con obras filantrópicas, de la mano de su famosa fundación AVINA. David contra Goliat, que al decir de Romana le ha ganado la partida de la verdad, aunque aún no la de la justicia jurisdiccional. Un pueblecito mortificado durante 80 años contra uno de los mayores ricos del mundo que ostenta los premios honoris causa por la universidades de Yale, la de Andrés Bello de Caracas (de los jesuitas)ii y por la de Rollins (EEUU), siempre a golpe de talonario; y que goza de la admiración de la familia March, la que fuera dueña de Uralita en los años de mayores consumos de amianto en España. Todo un ejemplo a detestar.
En Casale, a pesar de que la fábrica de la muerte se cerró en 1986, hoy, treinta años después, cada semana muere una persona a causa de su exposición al amianto ocupacional, familiar o ambiental. 50 muertes al año. El pueblo sigue especialmente preocupado por los niños y niñas que siguen expuestos al polvo mortal, pues el magnate del amianto entregaba un regalo envenenado al pueblo: los residuos de su fábrica eran o bien cedidos a las autoridades para relleno de calles y carreteras o bien iban a parar al río Po cercano a Casale, en el lugar donde la gente disfrutaba de sus baños veraniegos.

En 1907 fue el año en que se abrió la fábrica Eternit en Casale. Ochenta años después se cerró por quiebra de la empresa, que dejo a los trabajadores a medio cobrar y todos los restos letales de la fábrica sin limpiar. La empresa perteneció a los Schmidheiny desde 1973 hasta su cierre. Trece años a los que el fiscal que lo acusó le adjudica, de momento, más de tres mil muertes y los jueces de las instancias que lo condenaron consideran probado que conocía la letalidad del mineral. Por eso uno de esos jueces lo compara con Hitler: engañó a los obreros con la mentira para llevarlos a la muerte en la fábrica. Curiosamente el otro responsable de este desaguisado era el ya difunto barón de Cartier, el mismo que con una de sus industrias nutre de lujo a los ricos como ellos.
Este es el pueblo que está logrando poner al magnate asesino de rodillas. En cuanto a la verdad ya lo ha conseguido en todo el mundo, en cuanto a la justicia sigue empeñado en que se haga.

De Romana Blasotti Pavesi
Entre esas innumerables víctimas encontramos a las de la familia de Romana. En 1983 moría su marido por un mesotelioma, con 61 años, como consecuencia de su trabajo en Eternit. En 1989 fallecía su hermana por un mesotelioma familiar. Al no trabajar ella con amianto había contraído la letal enfermedad del polvo que su marido e hijo llevaban a la casa. En 2003 mueren una prima suya por mesotelioma ambiental, porque vivía en las inmediaciones de una fábrica con amianto, y el mismo año, cae también un sobrino, de mesotelioma, que durante un poco de tiempo trabajó con amianto y, finalmente, en 2004, a sus 75 años, recibe el golpe fatal: muere su hija María Rosa, también de mesotelioma, sin haber trabajado nunca con amianto. Demasiadas muertes por mesotelioma, ese cáncer letal y específico del amianto, en la misma familia. Pero Romana lleva desde 1988 ejerciendo de Presidenta de la recién creada Asociación de Víctimas del Amianto de Casale. Hasta hoy. El dolor no la ha arredrado y solo la edad ha podido con ella. En este punto hay que acordar con Levinas que “el decir de la corporalidad sufriente de nuestros pueblos es el punto de partida”. En este caso de un resistencia indomable que en treinta años ha conseguido que la verdad de los crímenes de los industriales del amianto sea indiscutible. Aunque no haya tenido lugar todavía la necesaria justicia, reparación y punidad de los mismos y la de sus ayudantes y legitimadores, socios de AVINA, su fundación encubridora.

Quizás Romana no ha soportado la insensibilidad del Tribunal Supremo italiano.  El veredicto de la Corte de Casación fue una sorpresa muy desagradable – dice Romana – un resultado amargo para mi batalla. Hemos luchado durante años para probar que los propietarios de Eternit eran conscientes de los peligros de las fibras de amianto y nunca lo dijeron. Fue una lucha como la de David contra Goliat y me las arreglé para luchar durante tantos años porque podía sentir el pueblo de Casale cerca de mí. Eran mis fuerzas. Estábamos convencidos de que después de ganar en el Tribunal de Primera Instancia y en el de Apelación, también se ganaría en Casación. No fue así y ahora no podemos decir que estamos satisfechos. Nosotros no hicimos nada para merecer un final así. Se burlaban de nosotros. Yo creo- añade Romana – que los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia no pueden haber conocido la historia de Casale, de otro modo no podrían haber dado una sentencia tan indiferente.

Romana no exagera cuando sostiene que en 1992 se prohibió el uso del amianto en Italia, a los pocos años del cierre de Eternit, y a partir de ahí se ha ido prohibiendo hasta en 55 países en la actualidad, y que todo esto comenzó a partir de la pequeña ciudad de Casale: una lucha que parecía desesperada, que comenzó por un grupo de personas que estaban de luto por sus muertos, encabezada por una viuda que hoy puede sentirse orgulloso de lo que hizo y de lo que se ha obtenido.

Pero Romana es ante todo una referencia mundial, una diosa de la resistencia contra el dolor y la injusticia. Por eso la colocamos en el mejor de los Olimpos.

El futuro de Casale
Romana ha sido sustituida en la presidencia por un presidente y un vicepresidente, miembros de la asociación, con la particularidad de que se trata de dos enfermos que llevan dos años sufriendo un mesotelioma pleural, un cáncer con muy poca esperanza de vida. Su objetivo dicen” es continuar con la lucha por la justicia, incluso esperamos la confirmación del proceso Eternit dos, pero esta vez por asesinato (para evitar la prescripción). Nuestra enfermedad – dicen- en particular nos anima a un compromiso constante que podría ser una referencia a los que están y estarán en estas condiciones”.

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