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Reporte socioeclesial de los hispanos -- José A. Gomes Moreira y Timothy Matovina

Publicado en

Situación actual del Ministerio Hispano en Estados Unidos
Según T. Matovina, durante la última década el debate sobre el papel del Ministerio Hispano en
Estados Unidos se dio en torno a cuestiones de “incorporación versus asimilación”. Un estudio
llevado a cabo por el Comité Episcopal sobre Asuntos Hispanos en 1999, revelaba que “hay una
tensión entre aquellos que proponen que la mejor manera de traer a los Hispanos a la Iglesia es
por su asimilación, tan pronto como posible, a la cultura Católica dominante (mainstream) de los
Estados Unidos, y entre los que abogan por una verdadera incorporación que requiere que los
Hispanos sean en primer lugar bien venidos en sus propios términos”.

Para entender la situación actual de los Ministerios Hispanos en el país, es útil recordar, aunque brevemente, la historia de su organización iniciada no antes de 1945 con el arzobispo de San
Antonio, Robert Lucey. Ese esfuerzo llevó a la fundación del Comité Episcopal para los Hispano-
hablantes (Bishop’s Committee for the Spanish Speaking), al Primer Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana en 1972 cuando el Ministerio Hispano ya tenía el estatus de Secretariado para Asuntos Hispanos dentro de la Conferencia de los Obispos, hasta el cuarto “Encuentro 2000”, que unió a líderes provenientes de los diversos grupos étnicos y raciales del Catolicismo Estadounidense, al igual que las Cartas Pastorales sobre el Ministerio Hispano de 1983, el Plan Nacional de Pastoral para el Ministerio Hispano de 1987 y al documento Encuentro y Misión: Una estructura pastoral renovada para el Ministerio Hispano de 2002.

En 2007, la reestructuración de la Conferencia de los Obispos de Estados Unidos (USCCB) estableció un nuevo Secretariado de Diversidad Cultural en la Iglesia, con la intención de fomentar la unidad de la iglesia y responder a las necesidades espirituales de los Latinos, Afroamericanos, Asiáticos y de las Islas del Pacífico, Indígenas (Native Americans), migrantes y refugiados. En el proceso, esa reestructuración desmanteló el Comité Episcopal de Asuntos Hispanos y cerró el Secretariado para Asuntos Hispanos.

Una meta importante de esta reestructuración es la de integrar a los Hispanos y otros grupos
históricamente poco representados, de manera más completa en la vida y misión de la Iglesia en Estados Unidos, que incluye su participación en las cinco metas prioritarias identificadas por la USCCB: 1) implementación de la iniciativa pastoral de matrimonio; 2) formación de la fe enfocada en la práctica sacramental; 3) vocaciones sacerdotales y religiosas; 4) vida y dignidad de la persona humana; y 5) reconocimiento de la diversidad cultural con especial énfasis en los ministerios Hispanos en el espíritu del Encuentro 2000. (http://www.usccb.org/priorities/)

Un gran número de líderes en el Ministerio Hispano expresó su preocupación de que en la reestructuración de la USCCB ellos perdieron tanto el importante apoyo nacional por sus esfuerzos como también el símbolo más relevante de visibilidad Hispana dentro del Catolicismo de Estados Unidos. En Agosto de 2007 el Consejo Nacional Católico para el Ministerio Hispano (NCCHM), fundado en 1991 por el sacerdote jesuita Allan Figueroa Deck, convocó un simposio de líderes del Ministerio Hispano que enviaron una declaración de preocupación y compromiso al Comité Episcopal de Asuntos Hispanos (que se encontraba todavía activo hasta su reunión final de noviembre de 2007).

La declaración agradecía “a los obispos que hablaron contra la decisión de la conferencia de subsumir estructuralmente el Secretariado para Asuntos Hispanos bajo una nueva Oficina [sic] para la Diversidad Cultural en la Iglesia”. Esta declaración también alertaba que “el plan de reestructuración puede impactar negativamente la atención pastoral y la formación de líderes Hispanos” cuyo número creciente y “con desafíos y oportunidades… requieren de recursos y apoyo institucionales que pueden ser diluidos por la agrupación del Ministerio Hispano al lado de otros ministerios étnicos y raciales”.

La declaración se quejaba de que el plan del nuevo Secretariado para la Diversidad Cultural en la Iglesia “estructuralmente divide la Iglesia en dos grupos: uno para Católicos blancos y otro para Católicos que no son blancos conforme la Oficina de Censo de EUA”. Concluía con recomendaciones para resolver esas preocupaciones en la implementación de las cinco prioridades pastorales y el plan de reestructuración de la USCCB, y que los líderes Hispanos del Consejo Nacional Católico (NCCHM) prometían apoyar firmemente, a pesar de su desacuerdo.

Según la reflexión que T. Matovina hace de esos cambios, dentro de la USCCB existen tendencias
mayores que están dando una nueva conformación al apoyo de las estructuras para el Ministerio
Hispano en el país.

Por una parte, los fondos se han quedado alarmadamente escasos. Grupos como la Organización
Nacional para la Catequesis con los Hispanos (NOCH) ya se ha desintegrado y un sin numero de otras organizaciones están en inminente peligro de hacer lo mismo. Las oficinas regionales de Ministerio Hispano, creadas luego después del Segundo Encuentro de 1977, están todas prácticamente extintas y pasando por transformaciones hacia un modelo más autosostenido de operación. Algunas organizaciones católicas de la “cultura dominante” nacional muestran el deseo de incorporar a líderes hispanos, a ejemplo del Consejo Nacional para el Liderazgo Catequético (NCCL).

Felizmente, el padre Allan Figueroa Deck, cuya indicación como director ejecutivo del nuevo Secretariado para la Diversidad Cultural en la Iglesia que los líderes Hispanos apoyaron
entusiastamente, ha lanzado una iniciativa para crear un debate nacional con líderes del ministerio
Hispano con la finalidad precisamente de fortalecer nuestras estructuras nacionales y regionales.

De hecho, precisamente durante los días 6 y 8 mayo de 2010, en la Universidad de Notre Dame
en Notre Dame, Indiana, un grupo de aproximadamente 300 “líderes de todas las culturas, etnias
y razas presentes en la Iglesia de Estados Unidos han respondido a la Convocatoria de una Red de Diversidad Cultural Católica (USCCB News Release, 3 de mayo de 2010), hecha por el Secretariado dirigido por el padre Figueroa Deck, “para dialogar dentro de sus grupos respectivos y con la asamblea más amplia”. El tema escogido para la Convocatoria fue “Unidad en la Diversidad. Identidad Católica, Clave para el Futuro de la Iglesia en Estados Unidos”.

En entrevista para el anuncio de la Convocatoria, el padre Figueroa Deck afirmaba que “la
comunicación intercultural y las relaciones son más importantes que nunca para la Iglesia en nuestro país. Hoy esas relaciones proporcionan una llave para el crecimiento y vitalidad de la Iglesia como un Cuerpo en Cristo. Junto con los obispos, esos líderes están invitados a reflexionar y actuar sobre los desafíos y bendiciones que la diversidad proporciona a la Iglesia en nuestros tiempos”.

Cualquiera que sea el resultado de ese “debate nacional” (national conversation) para la
revitalización de aquellas estructuras, el “temible desafío”, como lo califica T. Matovina, es que el
centro de gravedad del ministerio Hispano estará más enfocado en las comunidades locales de lo
que ha sido hasta ahora desde la Segunda Guerra Mundial2, a lo que hay todavía que considerar
que las vocaciones sacerdotales y los recursos en parroquias y diócesis se han reducido a lo
mínimo. Eso significa que, a pesar del esfuerzo de líderes del Ministerio Hispano a ejemplo de personas como el propio padre Allan Figueroa Deck y su equipo en el nuevo Secretariado para la Diversidad Cultural en la Iglesia, ese fortalecimiento necesario de las estructuras en el ámbito nacional y regional es un desafío prácticamente imposible de realizarse en las actuales circunstancias.

Todo parece indicar que la nueva etapa en la historia del Ministerio Hispano el ámbito local (diocesano, parroquial) tendrá la preponderancia.

Tres modelos operativos o cuatro “maneras de abordar” el Ministerio Hispano

Según T. Matovina, es en el ámbito local que se dará mayormente la confrontación entre los distintos modelos operativos preponderantes como Allan Figueroa Deck los llamaba en un artículo de 1986 titulado “El Ministerio Hispano alcanza la edad adulta”3, o entre las cuatro maneras de abordar como él prefiere llamar ahora en su articulo de 2010.

Los tres modelos Ministerio Hispano de A. Figueroa eran: tradicionalistas, reformistas y transformacionistas. Las cuatro maneras actuales de abordar el Ministerio Hispano pretenden
mapear las visiones operativas de muchos líderes actualmente comprometidos en el ministerio
hispano. Ellas reflejan los cambios eclesiales y las condiciones sociales que van desde los cierres
de iglesias a las controversias sobre la migración, junto con la dispersión geográfica de una
creciente población latina por todo los Estados Unidos. Se tratan de abordajes no necesariamente
excluyentes entre sí, aunque reflejan énfasis y prioridades divergentes.

Un primer abordaje es el que puede ser llamado de “movimiento”, en referencia al “movimiento
chicano” de los años 1960s y 1970s. Es el abordaje de las veteranas y veteranos que ayudaron
a crear y desarrollar el ministerio Hispano por décadas, algunos habiendo servido como líderes
desde el tiempo del primer encuentro en 1972 y todavía antes.

Ellos lucharon por mucho tiempo para hacer visibles a los Hispanos dentro del catolicismo de Estados Unidos y hacer que del liderazgo y del ministerio Hispano una prioridad, en muchas ocasiones aplicando lecciones T. Matovina se refiere aquí a la formación de un Comité de Obispos para el Ministerio entre la población Hispana, en su mayoría trabajadores migrantes en el Suroeste, en 1945 por el arzobispo de San Antonio Robert E. Lucey, a pedido de los Obispos de Estados Unidos. El “ programa bracero” había traído a miles mexicanos para trabajar en la agricultura. La oficina de ese Comité fue establecida en San Antonio y solo dejó esta ciudad en 1970 cuando fue transferida a Washington por el entonces obispo auxiliar de la arquidiócesis de San Antonio, Mons. Patricio Flores.

3 “ Hispanic Ministry Comes of Age” , America 154 (17 May 1986): 400-02. Cita de T. Matovina
aprendidas en los movimientos sociales y organizaciones comunitarias para promover los intereses Hispanos dentro de la Iglesia católica de Estados Unidos. Los miembros de ese grupo son los que se encuentran más frustrados con los recientes cambios en las estructuras y en el estado general del ministerio Hispano, cambios que pueden parecer ser un rechazo o reverso a los avances construidos sobre su propia sangre, sudor y lágrimas. Ellos nos hacen recordar que las conversaciones sobre el futuro deben apoyarse solidamente en una comprensión crítica del pasado. Su fidelidad, compromiso con la justicia, experiencia y sabiduría son inestimables.

Los nuevos inmigrantes conforman otro gran grupo de liderazgo. Las iniciativas en ministerio
Hispano en la iglesia católica de Estados Unidos tienden ser más fuertes entre los inmigrantes:
sus rituales y devociones tradicionales, necesidades espirituales y materiales reconocidas,
preferencia por el español, y profunda resonancia con los pastores que expresan solidaridad con
ellos los hace relativamente más fácil de formar comunidades vibrantes de fe.

La preponderancia de clero Latino nacido en el extranjero – un análisis estadístico reciente mostraba que cinco de cada seis entre los 2.900 sacerdotes Latinos en los Estados Unidos nació en el extranjero – fortalece la prevalencia de un ministerio Hispano enfocado en el inmigrante utilizando el español.

Programas para orientar a esos recién llegados a los Estados Unidos se encuentran los de la
Facultad de Teología de los Oblatos en San Antonio, la Universidad Loyola Marymount en Los
Ángeles, y el Seminario San Patricio en Menlo Par, California, pero, infelizmente esos programas
no alcanzan a todos los sacerdotes emigrados que vinieron a servir en los Estados Unidos.
Consecuentemente nuevos líderes con frecuencia conocen poco o nada sobre el desarrollo histórico en el ministerio Hispano.

Esos líderes tienen a ecuacionar ministerio Hispano con ministerio en lengua española, a veces inclusive juzgando como Latinos deficientes quienes hablan mal español o no saben e identifican con su herencia cultural Hispana. Pero esos líderes también traen energía y espíritu en las parroquias, movimientos apostólicos, grupos de oración y las luchas diarias de los inmigrantes por la dignidad y supervivencia.

Sus conexiones con América Latina son vitales en alimentar el sentido de comunión y misión hemisféricas que el Papa Juan Pablo II llamó en su exhortación apostólica Ecclesia in America y el papa Benedicto XVI estimuló en su discurso de abertura para la Conferencia Episcopal de Aparecida en 2007. Sobretodo, la dedicación de los líderes de los nuevos inmigrantes es esencial para el alcance comunitario de la Iglesia a nuestras hermanas y hermanos emigrados quienes están entre los miembros más despreciables y vulnerables de la sociedad americana.

Un tercer grupo de liderazgo es el de los integracionistas, quienes acentúan el mandato de incorporar a los Latinos en todos los niveles de la iglesia y la sociedad. Muchos defensores de este abordaje sirven la Iglesia en las parroquias y diócesis donde una presencia significativa de Hispanos ha florecido durante las dos últimas décadas, un escenario en el cual los Latinos típicamente son recién llegados en congregaciones euro-americanas establecidas.

En un gran número de casos una única parroquia católica tiene más de dos grupos lingüísticos representados, exacerbando el desafío pragmático de servir una congregación tan diversa, frecuentemente con un sacerdote sobrecargado de trabajos. Intencionalmente o no, algunos esfuerzos de integración se proceden en un ritmo y manera que los Hispanos perciben como un intento de asimilación forzada. Muy frecuentemente los parroquianos establecidos rechazan a los intentos Hispanos de modelar la vida parroquial con la justificación de que “nuestros ancestros construyeron esta iglesia” o “nosotros llegamos aquí primero”.

Sea como sea, los integracionistas iluminan la realidad pastoral de la masiva transición
generacional en la población latina de Estados Unidos. La tendencia actual indica que dentro de
las próximas tres décadas el número de latinos de tercera generación va a triplicar, la segunda
generación va a doblar, y el porcentaje total de la primera generación de inmigrantes va a declinar.
Los integracionistas hacen recordar que los esfuerzos de los padres y de los líderes pastorales de
formar a los jóvenes latinos en la fe católica, así como hasta qué punto estos jóvenes practiquen
la fe mientras se adapten dentro de la iglesia y en la sociedad, va a ser decisivo para las próximas
décadas del catolicismo norteamericano.

Un cuarto grupo de liderazgo, los jóvenes y los jóvenes adultos, incluye la mayor parte de los
abordajes anteriores, especialmente el de los nuevos inmigrantes e integracionistas. Por su visión,
su vitalidad y su gran número – los latinos conforman casi la mitad de los católicos de Estados
Unidos con menos de treinta años de edad, y más de tres cuartos de los católicos con menos de
dieciocho años de edad en los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California – los líderes
latinos jóvenes merecen una categoría propia.

Citando a Ken Johnson- Mondragón, nota que los adolescentes latinos conforman cuatro categorías pastorales distintas: los buscadores de identidad, los que se mueven hacia el centro de la vida norteamericana, los trabajadores inmigrantes, y los adolescentes miembros de gangas y de alto riesgo.

Incorporación o integración

Los abordajes sobre el ministerio que incluyen a los nuevos inmigrantes y los integracionistas reflejan una característica central y duradera del catolicismo en Estados Unidos: el intento de incorporar a diversos grupos y recién venidos en un cuerpo de fe unificado. Un punto frecuente de contienda es como lograr la meta de incorporación. Muchos católicos interesados abordan o asunto de la integración de los latinos a través de una cuestión fuertemente debatida de si la integración de los ellos deben mantener el idioma español y herencia al adoptar la lengua dominante y el ethos cultural de los Estados Unidos.

Entrevistas de líderes diocesanos y parroquiales llevadas a cabo para un reporte del Comité Episcopal sobre Asuntos Hispanos en 1999 revela desacuerdos entre los católicos de Estados Unidos sobre el asunto de la “incorporación versus asimilación”. El reporte del estudio indicó que “hay una tensión
permanente entre aquellos que proponen que la mejor manera de traer a los Hispanos a la Iglesia
es por su asimilación en la cultura y el catolicismo dominantes (mainstream) en los Estados Unidos lo más rápido posible, y aquellos que abogan que la verdadera incorporación requiere que los Hispanos sean acogidos primeramente en sus propios términos”.

Un grupo afirmaba que “forzar a los Hispanos a asimilar inmediatamente solamente reproduce su status subalterno dentro de la Iglesia” y abogaba por ofrecer sacramentos y otras actividades
en español, convocando y educando a los líderes Hispanos, y, “una vez que la comunidad
católica Hispana haya ganado suficiente fuerza, entonces y solo entonces” incorporarlos más
ampliamente en la vida parroquial. Otro grupo defendía que una tal “visión gradualista” corre
el “peligro de hacer los mismos errores del pasado, de producir ‘mini-parroquias nacionales’
excluyentes que dividen la Iglesia” (http://www.nccbuscc.org/hispanicaffairs/study.shtml).

Hoy la norma en la mayoría de las diócesis es por parroquias integradas o multiculturales, aunque de hecho muchas de esas congregaciones podrían ser más precisamente juzgada de parroquias “Americanizantes” que promueven la asimilación de los recién llegados o, por el contrario, parroquias “segmentadas” en la cual dos o más grupos comparten las instalaciones de la misma iglesia pero permanecen substancialmente aisladas una de la otra (http:// www.emergingmodels.org/doc/Multicultural%20Report%20(2).pdf).

Históricamente las razones para el abandono de la estrategia pastoral de parroquia nacional son las congregaciones debilitadas y edificios envejecidos de previos grupos de inmigrantes, la pérdida de la fe entre algunos descendientes de inmigrantes que identifican el catolicismo con las prácticas “arcaicas” de su comunidad parroquial nacional, continua disminución de sacerdotes y de recursos económicos, y la contienda de que las parroquias nacionales llevan a la fragmentación del cuerpo de Cristo.

Hacia el futuro

Según T. Matovina, el Ministerio Hispano en Estados Unidos enfrenta tres grandes desafíos si se
realiza el potencial del mutuo enriquecimiento entre los Latinos y el resto de la comunidad católica.

El primer desafío es renovar la visión del Ministerio Hispano de una manera inteligente. En el ámbito nacional y regional, es necesario ser suficientemente astutos para reconocer que, a no ser que ocurra un milagro, en las actuales circunstancias el debilitamiento de algunas de las estructuras que tantos trabajaron para construir es irreversible. El desafío más urgente es como remodelar los esfuerzos para que sean más efectivos que nunca en la promoción de los ministerios en el ámbito local de la diócesis y de la parroquia.

Para que esto se pueda dar es necesario realizar una franca discusión sobre cuál de las actuales estructuras nacionales y regionales son las más esenciales para mantener los ministerios locales. … La mayor tragedia sería si las organizaciones entraran en ese discernimiento con el estrecho parroquianismo de cada cual defender su propio turf y permitir que las organizaciones nacionales y regionales sean reestructuradas meramente conforme la ley de la “supervivencia del mejor”, o del “mas equipado”.

En las parroquias y diócesis, el lugar primordial del ministerio Hispano, se necesita un análisis más
profundo de los cuatro abordajes delineados arriba, junto con otras que puedan ser articuladas.
El propósito de esas conversaciones no es discutir que un abordaje determinado sea superior que los demás. El discernimiento de cual abordaje se debe enfatizar no deberá estar basado
principalmente en las preferencias de un líder pastoral, sino en las necesidades de la comunidad
de fe que él o ella sirve.

Muchos de los líderes de pastoral muy sabiamente combinan elementos de más de un abordaje. “La identificación de la propia visión que uno tiene del ministerio Hispano – un conjunto de percepciones y prioridades a que muchas veces nos adherimos inconscientemente – es un importante primer paso hacia un examen crítico con relación a nuestros varios abordajes del ministerio y como podemos más efectivamente ponernos al servicio de Cristo y de la Iglesia”.

Mientras las organizaciones hispanas disciernen la renovación del ministerio Hispano para que esta responda a los jóvenes y ancianos, inmigrantes recién llegados y residentes establecidos, y la tremenda diversidad entre los católicos Hispanos, un segundo desafío importante que se enfrenta es la paridad del liderazgo en todos los niveles de la Iglesia. “Para eso es necesario reconocer quienes somos. La iglesia católica en los Estados Unidos ya no es una iglesia formada por una gran mayoría de inmigrantes, como lo fue hace un siglo, ni tampoco es apenas una iglesia ‘Americanizada’ como frecuentemente se presume.

Al contrario, es una iglesia cuyos líderes en todos los niveles son la mayoría católicos descendientes de europeos pero cuyos miembros conforman un creciente número de inmigrantes latinos, asiáticos y africanos, junto con un gran contingente de latinos nativos y católicos afro-americanos y algunos indígenas americanos. Nos ancestrales en la fe nos enseñan que la estrategia más efectiva para construir una Iglesia diversa pero unida es convocar y formar líderes de todos los grupos que conforman la Iglesia, haciendo deliberados esfuerzos para asegurar que los líderes de cada grupo participen activamente en las decisiones que nos afectan a todos”.

Un tercer gran desafío es ser coherente con una visión eclesial de integración enraizada en el evangelio y en dos mil años de historia y tradición de la iglesia. Un error a ser evitado es igualar unidad con uniformidad. La expectativa de los Hispanos, inclusive los inmigrantes recientes, participen en las misas en inglés y en los eventos parroquiales por motivo de “unidad” frecuentemente proporciona en el mejor de los casos una armonía superficial. En el peor de los casos esto causa frustración, resentimiento, y una trágica preferencia de los Hispanos de votar con sus pies y abandonar la participación en la vida parroquial católica. …

Una auténtica incorporación envuelve mutuo respeto, capacidad de escuchar a los demás y permitir que su perspectiva modele a mi propia. Eso significa no solo la participación Hispana en las parroquias y diócesis, sino también considerar las perspectivas Hispanas en las conversaciones más amplias y en los procesos de toma de decisiones que dan forma al catolicismo en los Estados Unidos. …

En las últimas décadas los Hispanos han estado más inclinados en acentuar la misión de la iglesia, frecuentemente a través del pedido de más financiamiento para las oficinas de ministerio Hispano, iniciativas juveniles, esfuerzos de alcance comunitario, y programas de capacitación y formación de líderes, así como un aumento de las misas en español, en obispos hispanos, celebraciones de días de fiestas que son parte de las tradiciones Hispanas y programas de formación culturalmente sensitivas para seminaristas y otros líderes Hispanos.

Mientras esos esfuerzos abarcan y reflejan los intentos de reformas internas en áreas como la liturgia y la participación en el liderazgo eclesial, estos son primordialmente dirigidos hacia las preocupaciones más amplias de equipar la Iglesia para servir y acompañar sus miembros Hispanos en su fe y en las luchas de cada día.

En pocas palabras, mientras los líderes católicos hispanos con frecuencia perciben a la iglesia
católica como una institución significativa que podría hacer más para levantar a sus hermanas
y hermanos que sufren, los líderes católicos americanos de origen o descendencia europea tienden a ser más preocupados con la democratización y la adaptación de la iglesia en el milieu de Estados Unidos o, al contrario, con la alarmante preocupación de que el catolicismo americano haya de hecho progresado ya demasiado lejos en el camino de tornarse más americano que católico.

Una de las posibilidades más prometedoras de incorporar a los Hispanos en la Iglesia de los Estados Unidos es su potencial de ayudar a trascender ese impasse. Desde las parroquias locales hasta las organizaciones nacionales, la tendencia de los Hispanos en enfocar sobre la misión de la Iglesia hace recordar a todos de que, como se dice, no es tanto el hecho de que la iglesia tenga una misión, sino que la misión evangelizadora de Jesucristo convoca a la Iglesia.

Comprometiendo a los Hispanos en la toma de decisión requiere romper viejos hábitos de asumir
que sus perspectivas están subsumidas en las perspectivas y paradigmas existentes.

Sabremos que la incorporación de los Hispanos haya tomado raíces profundas cuando, aunque articuladas de forma tenue o fuerte en los canales de formación de opinión católicos, las perspectivas e intuiciones de los líderes Hispanos se tornen en parte central de nuestras deliberaciones colectivas como una comunidad de fe. Este no es meramente un desafío pragmático para asegurar que retengamos a los miembros Hispanos, ni una estrategia sociológica para la cohesión grupal. Más fundamentalmente, es un desafío eclesial ser la Iglesia de todo el pueblo de Dios que el evangelio nos llama a que seamos.

La Reciente Convocatoria de la Red de Diversidad Cultural Católica

Los días 6-8 de mayo del corriente, un grupo de obispos y líderes se reunió en la Universidad de Notre Dame, Indiana. El próximo reporte incluirá información sobre esa Convocatoria, y una reflexión sobre sus resultados y propuestas.

Bibliografía
:

Figueroa Deck, SJ Allan. “Hispanic Ministry: New Realities and Choices”. Director Ejecutivo del
Secretariado de Diversidad Cultural en la Iglesia, Conferencia de Obispos Católicos de Estados
Unidos, Octubre de 2008. Artículo bajado de la página de web del Secretariado en febrero de
2010.

Matovina, Timothy. “Hispanic Ministry and U.S. Catholicism”. Articulo en prensa, enviado por email
por el autor.

INSTITUCIONES HISPANAS Y SIGLAS UTILIZADAS

ACHTUS – Academy of Catholic Hispanic Theologians of the United States
CARA – CARA@georgetown.edu
FIP – Federation of Pastoral Institutes
ICLM – Midwest Cultural Institute for Leadership
MACC – Mexican American Catholic College, San Antonio
NCADDHM – National Catholic Association of Diocesan Directors of Hispanic Ministry
NCCHM – National Catholic Council for Hispanic Ministry, 1991, led by Allan Figueroa Deck.
Umbrella group for some 60 Hispanic Catholic Organizations
NCCL – National Conference for Catechetical Leadership
NOCH – National Organization for Catechesis with Hispanics
NPC – Northeast Pastoral Center, New York
SEPI – South East Pastoral Institute
Tepeyac Institute – Instituto Tepeyac (El Paso, Texas)

USCCB – Conferencia de los Obispos de Estados Unidos

Este informe forma parte del Informe elaborado por el Observatorio Socio-Eclesial de Amerindia
compilado por Virgilio Uchoa y Gabriele Cipriani

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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