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Reflexión 3ª sobre la segunda Asamblea eclesial de Chile: criterios y líneas pastorales en el primer desafío -- Agustín Cabré

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elcatalejodelpepe

La Asamblea señaló tres criterios para tratar el tema de la crisis de la fe y la búsqueda de sentido en la sociedad actual. Pidió
1) una iglesia encarnada que escuche, dialogue, tienda puentes de encuentro con la sociedad actual;
2) una iglesia que dé testimonio de servicio especialmente atendiendo las necesidades de los empobrecidos, que sea comunitaria, viva la austeridad y sea propositiva y protagonista;
y 3) una iglesia que se deje conducir por el Espíritu mediante el discernimiento, la permanente conversión, la renovación en la oración, sea contemplativa en la acción y evangelice al mismo tiempo que se deje evangelizar.

Estos tres criterios fundamentales son los que deben fijar los lineamientos que inspiren acciones concretas.
LINEAS PASTORALES.
La Asamblea confirmó la necesidad de profundizar la espiritualidad para abrirse a los nuevos tiempos y lograr un tipo de servicio pastoral (“conducción pastoral” lo llama) que sea participativo y en comunión.
¡Casi nada! Mucha tela hay que cortar aquí para lograr un traje decente en este hora del mundo. Vamos por partes, siguiendo el orden establecido por la Asamblea.
• Mejorar la formación laical y clerical. La formación laical tiene que empezar despertando el interés por la propia formación y por la temática a tratar. Nadie se va involucrar en procesos formativos, ni siquiera en lavamanos a la pasada sobre temas religiosos si no tiene interés en ello. Los laicos que acuden a cursos programados para profundizar sus conocimientos ligados a la cosa religiosa, son poquísimos. Hoy día hay una mayor facilidad de autoformación mediante los sistemas de educación a distancia, pero siempre será una minoría escuálida la que aproveche esas oportunidades. En el campo de la lectura…lamentablemente hay una falencia colosal. La asistencia a talleres, charlas, retiros y cosas similares es también muy escasa no solamente en relación al entorno social sino al interior de la propia comunidad cristiana. Va quedando solamente la predicación clerical para el 4 o 5% de los que asisten a la misa del domingo en una parroquia. Y en esta última instancia, generalmente no se aprovecha la ocasión para profundizar en los temas de la fe, la esperanza y la caridad, sino que se cumple con decir y escuchar algunas generalidades. Muchos curas en su homilía repiten lo mismo que se leyó en el evangelio, sacan un par de conclusiones moralistas y con eso se quedan tranquilos.
¿Dónde tiene la gente su fuente de conocimientos? ¿Dónde nutre su cultura? Históricamente lo hace en la escuela, en la calle y frente a la TV. Hoy día hay que agregar los medios de comunicación de bolsillo, con los nuevos instrumentos digitales, masivos, instantáneos, entretenidos y que hacen dependientes.
Hay que decir que en ninguna de esas instancias existe una buena oferta de formación cristiana. Alguno dirá que sí se da en la escuela. Si así fuera, no serían las clases de religión las más complicadas en el currículum escolar, las menos interesantes, las que son llevadas muchas veces por aficionados, las que los directores y jefes de programas del colegio conceden en los hechos, no en las declaraciones, una importancia menor que las otras asignaturas. Si la escuela fuera educadora de la fe, no tendríamos generaciones de agnósticos que se han formado en las aulas de congregaciones religiosas y colegios de iglesia o, lo que es realamente preocupante, una serie de profesionales (en el campo de la política y la economía se nota más) que ponen sus criterios lucrativos por sobre los valores humanos y cristianos.
En los medios de comunicación, poderosa instancia formadora de opinión y de cultura, no existe ninguna presencia seria que ayude a la educación en la fe y sea formadora de personas. El único canal de TV a nivel nacional que tenía la iglesia católica fue vendido a una empresa comercial. Es cierto que hacía muchos años que no ofrecía una parrilla programática que hiciera sospechar siquiera que se trataba de un canal cultural con valores cristianos. Pero en lugar de revertir ese estado de cosas se prefirió venderlo por buen dinero. Los que en la TV están salvando la situación son algunos canales privados de las iglesias de la Reforma, pero además de una programación poco interesante tienen el peligro de ser cajas recaudadoras de donaciones con las que se mantiene la programación y especialmente a los programadores. De otro canal internacional católico que llega a las pantallas y que tiene la sigla de …hay que decir que es recibido con sentido piadoso por mucha gente pero que tiene una línea doctrinal tremendamente anticuada lo que para muchos llega a ser repelente.
Los otros medios de comunicación al servicio de la formación cristiana tienen poca capacidad de llegada. Solamente la radio, por ser un medio reconocidamente eficaz, tiene más validez. Pero ahí hay que repetir lo dicho sobre la TV. Una emisora católica como radio María está dirigida a la población católica más fiel y devota y le dedica más tiempo a los rezos que a los temas formativos. Las emisoras evangélicas tienen música más entretenida, pero los discursos de los pastores generalmente son meras repeticiones de textos bíblicos dispersos y cansadores y la petición de dinero llega a ser un asalto al bolsillo de los radioescuchas.
La prensa tiene un objetivo formativo más serio porque es menos volátil. El escrito queda. Puede ser un predicador permanente. Tiene la cualidad de dejar tiempo para pensar, para volver a leer lo que interesa, para comentar con otros volviendo siempre a la base de lo escrito. Pero es un medio minoritario en un mundo de la imagen, de la rapidez del mensaje y de la liviandad de la mentalidad social de hoy.
¿Dónde se nutre la cultura de hoy? Volvemos a la pregunta. Y podemos responder: allí donde el pensamiento y la influencia cristiana no está presente.
Hay que reconocer que la formación cristiana no se da solamente a nivel de mass media. Se da también en la acción. Pero creo que en este punto hay una falencia pedagógica. Voy a poner un ejemplo que alguna vez me señaló un amigo comunista. Me dijo: ustedes los católicos quieren desarrollar una acción y llaman a reuniones y reuniones, hablan, discuten, escuchan lo que hay que hacer y cuando se sienten preparados para actuar…ya pasó la ocasión. Nosotros en el partido, a los interesados en una acción de rayados murales les damos el tarro de pintura, la brocha, y los lanzamos a la calle. La reunión viene después. Cuando nos encontramos y nos comunicamos qué hicimos, cómo lo hicimos, qué miedos o qué sentimientos tuvimos, que dificultades superamos. Cómo arrancamos de la policía, cómo ayudamos a un compañero en dificultades. Y así crecemos: nos formamos en la acción y no es la preparación para la acción.
Y me parece que por ahí se nos entrega un dato a tener en cuenta. La formación, si bien tiene un soporte académico, se da fundamentalmente por la experiencia. En este último tiempo un buen cauce de formación está siendo la lectura orante de la Palabra de Dios. Más que escuchar al predicador de la misa del domingo, la gente toma en sus manos la Biblia y la hace hablar para ellos. Y desde ahí, aplicando esa Palabra a su propia vida y a la vida social, saca las conclusiones que debe asumir. Participar en la liturgia de la comunidad, superando el ser un mero espectador, también ayuda a la formación en la fe.
* En cuanto a la formación clerical…lo primero que habría que decir es que debería tener una fuerte relación con el mundo de hoy. No puede ser una formación de espaldas a la realidad que vive la gente porque para servir a esa gente se están preparando los seminaristas. Me temo que haya rebrotado lo que parecía ya superado históricamente hace muchos años, cuando el clero era formado para ser pastor, para ser padre y hermano, para ser acompañante de la comunidad. Desde hace unos años, varios ya, está apareciendo un clero romanizado al máximo, desde los criterios hasta las vestiduras, alejado del pueblo del cual salió, con un sentido de casta sacerdotal propia del antiguo testamento. No sé si en los planes formativos se contempla la preparación seria y continuada en las artes de la comunicación. Me temo que no. No basta una formación académica buena si después no se sabe comunicar el misterio de Cristo en todo su esplendor y en toda su sencillez.

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