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Reavivar fe y reinterpretar creencias 4: relativizar lenguaje teológico -- Juan Masiá Clavel, teólogo

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La Comunidad

(Reproduzco en estos 8 posts extractos del epílogo de TEOLOGÍAS EN ENTREDICHO, publicación que recoge las ponencias de la Escuela de Teología K. Rhaner-H.U. Von Balthasar, organizada por la UIMP, sede de Santander, en agosto 2011)
Relativizar el lenguaje teológico

La segunda propuesta es renunciar a absolutizar cualquier lenguaje teológico. Si, por miedo a que vacile la fe bajo vientos de pluralismo, la apoyamos con el rodrigón de la absolutización dogmática de las creencias o el exclusivismo de la interpretación teológica de éstas, la tarea del encuentro de transformación mutua acabará en un atolladero. Para salir de ahí necesitaremos relativizar sin miedo los lenguages de las teologías.

( “Cuando el único rayo luminoso de la fe, escribe R. Panikkar, es refractado por el prisma de nuestra conciencia es descompuesto en tantos rayos conceptuales cuantas sean las estructuras intelectuales mediante las cuales el puro acto de fe es expresado. Los ‘colores ’ y los ángulos de los rayos son distintos, es verdad, pero su fuente es una sola, y pueden volver a ser reunidos. La heterodoxia es la mezcla de los colores o la confusión de los ángulos de incidencia. La ortodoxia no necesita defender que sólo pueda existir una única refracción. Numerosos colores pueden aparecer en la pantalla doctrinal”. Mito, fe y hermenéutica, Herder, Barcelona, 2007, p.213 ).

El Sutra del Loto Sígueme、Salamanca, Kosei Publishing Co., Tokyo, 2009 ) puede servir de orientación para esta tarea; destacan dos palabras clave: la “pluralidad de los recursos” con que predica el Buda y el “vehículo único” de su enseñanza. Los “recursos salvíficos” o “estratagemas hábiles” (en sánscrito upaya, y en japonés, hôben) de la predicación del Buda encarnan una relativizacion notable del lenguaje religioso. El Buda emplea como recursos salvíficos diversos modos o verdades para exponer el Dharma o Verdad Única, sin absolutizar ninguno de ellos. El “vehículo único” (ichijô、en japonés; eka-yana, en sánscrito) es el único Camino de la gran Verdad, en que convergen los caminos de las pequeñas verdades. A través de la pluralidad de manifestaciones religiosas se expresa la unidad de la realidad última.

El Buda se manifiesta de diversas maneras y utiliza diversos lenguajes, que han de ser relativizados. Para salvar a todo el mundo, habla en cada momento y lugar el lenguaje asequible al auditorio. Pero todos los lenguajes y vehículos no son más que hábiles recursos, estratagemas salvíficas. “Con el fin de salvarlos a todos, me manifiesto como extinguido, cual recurso de salvación. Pero, en realidad, no me extingo: permanezco. No estoy en la otra orilla, sino aquí, entre vosotros, anunciando día a día el mensaje del Dharma.” (Id., cap. 2: Recursos salvíficos).

La Verdad no es monopolio elitista de un grupo; es para todo el mundo. Por eso, el Buda recurre a infinidad de recursos o estratagemas de salvación; la diversidad de “vehículos de la enseñanza”, acomodándose al modo de ser del recipiente.

Uno de sus mensajes centrales es precisamente la unidad en la diversidad y la prioridad de la experiencia religiosa básica sobre la variedad de sus expresiones. No hay muchos vehículos, sino uno solo, se nos repite una y otra vez. En el sabio del clan de los Shaka, (Shakyamuni en sánscrito; Shakamuni en japonés y en español), se manifestó, como en otros Budas o iluminados, el secreto del Buda eterno, símbolo de la Vida que sostiene y envuelve todo, que existe desde siempre y para siempre.

Discuten los lingüistas si su nombre debe traducirse literalmente como “el Así-ido” o “el Así-venido”. En realidad, es el “Así-Siempre-Presente”. En japonés, Nyorai: el que “viene de la luz y de la realidad”; en sánscrito, Tathâgata, el “así tal cual”, al que la devoción popular llamará el Bhagavat o Bienaventurado, el Reverenciado en todo el mundo.

El Sutra de los sentidos innumerables, que sirve de obertura al Sutra del Loto, nos dice que los sentidos de la enseñanza son inagotables, porque es inagotable el aspecto auténtico de toda realidad. Además, porque la infinidad de manifestaciones del Dharma jamás explica exhaustivamente su sentido profundo.

“…La naturaleza del agua es una, mientras que ríos y arroyos, pozos y estanques, torrentes y canales, y el océano mismo son, cada uno, distintos y diferentes… Mi predicación del comienzo, del medio y del presente es una en su letra y su expresión, mientras que los sentidos son diferentes”. ( Primera parte del tríptico de sutras del Loto: “El Sutra de los sentidos innumerables”, en: El Sutra del Loto, pp. 13-46).

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