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Raquel Mallavibarrena, de Redes Cristianas, responde al cuestionario del Papa

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Religión Digital

«Es urgente revisar a la luz del Evangelio, la indisolubilidad del matrimonio»
«No vivimos en una sociedad solo de católicos y que no acepta más que un modelo de familia»
«Ojalá esta consulta al Pueblo de Dios iniciada con el cuestionario sea el comienzo de algo habitual para que los laicos y los bautizados en general podamos participar en la toma de decisiones en la Iglesia». Estas son mis respuestas del Papa al cuestionario para el sínodo de la familia.

1.- Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia sobre la familia

a) ¿Cuál es el conocimiento real de las enseñanzas de la Biblia, de la (encíclica) ‘Gaudium et Spes’, de la ‘Familiaris consortio’ y de otros documentos del magisterio postconciliar (Vaticano II) sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cuál es la formación de nuestros fieles para la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?
El conocimiento es muy pobre en general, durante unos años, después del Concilio, se fomentó mucho la formación de los laicos (escuelas de teología etc…) pero en todo caso no fueron tantos los que participaron en esas iniciativas. Si los documentos estuvieran redactados de manera más sencilla y abordasen los problemas que viven tantas familias dándoles perspectiva y esperanza seguramente tendrían más difusión

b) Allí donde la enseñanza de la Iglesia es conocida, ¿es aceptada integralmente? ¿Hay dificultades en ponerla en práctica? ¿Cuáles?

Más allá de unas ideas generales con las que es casi imposible estar en desacuerdo, la impresión que dan muchas enseñanzas de la Iglesia en lo relativo a la familia y en concreto a la pastoral matrimonial es que parten de una gran desconfianza en el ser humano, en lugar de partir de una valoración positiva de la sexualidad, con la que hemos nacido todos, parece que es solamente algo necesario para la procreación y un motivo por el cual todos podemos volvernos personas egoístas que solo buscan placer etc…Así es muy difícil la aceptación de una serie de prohibiciones a las que no se encuentra fundamento y que es tarea ardua cumplir. Respecto a la familia, aunque no se diga expresamente, con frecuencia aún subyace un modelo de familia tradicional que puede ser válido para algunos pero que puede y debe ser compatible con otros muchos, que se están dando cada vez más entre muchas personas católicas. Por otro lado, a veces se trata a los católicos como personas no adultas que no pueden tomar sus propias decisiones incluso en temas de gran intimidad.

c) ¿Cómo es difundida la enseñanza de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales en el ámbito nacional? ¿diocesano, parroquial? ¿Qué catequesis se hace sobre la familia?
Mi experiencia me dice que me alegro mucho de haber estado en parroquias y comunidades con mentalidades abiertas y positivas sobre las cuestiones de la familia, lo mismo puedo decir de mi propio ámbito familiar. Es una pena que en cuestiones tan importantes para la vida de una persona con frecuencia no se enfoquen esos programas y catequesis de manera ilusionante y que fomente los cristianos adultos que lleven las riendas de su vida familiar y que sean capaces de ir acogiendo nuevas situaciones que se les presenten a la luz del Evangelio. No vivimos en una sociedad solo de católicos y que no acepta más que un modelo de familia, afortunadamente nos enriquecemos todos con la diversidad de personas con las que compartimos nuestra vida y ello nos debe interpelar continuamente para que la pastoral familiar no sea algo estático y rígido sino abierto a la realidad de cada persona y en definitiva para que la familia sea algo acogedor y una experiencia de amor que nos construya como personas.

d) ¿En qué medida -concretamente sobre qué aspectos-tal enseñanza es realmente conocida, aceptada, rechazada y/o criticada en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de la enseñanza de la Iglesia sobre la familia?
Lo que más se conoce es lo más polémico, lo que más chirría con la mentalidad moderna y con los conocimientos científicos actuales (hay cantidad de cuestiones a las que la Iglesia se niega a aceptar y que están en oposición con las evidencias científicas que hoy se tienen)
Siempre me ha parecido un error, por injusto y en buena medida falso, pensar que los que no son católicos son egoístas, están equivocados etc…Que se insinúe o se diga abiertamente que una persona (católica o no) que se ha separado de su pareja es egoísta o incluso frívola, que se cargue contra las personas homosexuales, que se ofenda y estigmatice a unos padres que favorecen la selección de embriones para su segundo hijo y así salvar al primero que está enfermo, que se tilde de asesina a una mujer que aborta… son cuestiones que chocan con la misericordia y además no admiten que se pueda vivir la sexualidad y la realidad familiar de manera honesta pero siguiendo otros patrones y criterios distintos de los tradicionales.

2.- Sobre el matrimonio de acuerdo con la ley natural…

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto en ámbito institucional, educativo y académico, como en ámbito popular? ¿Qué ópticas antropológicas se sobreentienden en este debate sobre el fundamento natural de la familia?

Creo que el concepto de ley natural ha de ser revisado y actualizado, puede ser un concepto vacío o que suene raro si no sabemos muy bien a qué nos estamos refiriendo y creo que es eso lo que puede estar ocurriendo en muchos ámbitos.
La realidad familiar es fuerte en España, con la crisis se está viendo que los lazos y la solidaridad familiar están siendo muy importantes. La sabiduría popular, el sentido común y la experiencia nos van guiando y el fundamento natural de la familia, más que con palabras muy elaboradas y lejanas, está en ese amor incondicional de todos para con todos los miembros de la familia, en esa convivencia que nos ayuda a saber relacionarnos y a crecer como personas.

b) El concepto de ley natural con relación a la unión entre el hombre y la mujer ¿es comúnmente aceptado como tal de parte de los bautizados en general?

Sí, es comúnmente aceptado pero se va consolidando cada vez más la aceptación de una unión entre dos hombres o dos mujeres, y estas uniones no se ven como antinaturales.

c) ¿Cómo es contestada en la práctica y en la teoría la ley natural sobre la unión entre hombre y mujer en vistas de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?

Lo aceptado socialmente es la unión entre un hombre y una mujer para formar una familia, la sociedad va por delante de la Iglesia no viendo problema en parejas que no se casan pero que conviven y forman una familia, parejas que se rompen y dan lugar a otras etc…Como he dicho antes, las legislaciones y la sociedad acepta cada vez más las familias formadas por parejas homosexuales, cosa que la Iglesia rechaza.

d) En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?

Creo que lo primero es establecer un diálogo sincero que permita discernir los motivos reales por los que esas personas quieren casarse por la Iglesia y ver si ello tiene sentido. Ahora existe el matrimonio civil y por tanto casarse por la Iglesia no es obligatorio. No hay que desvirtuar o trivializar el sacramento pero tampoco excluir a nadie que sinceramente quiera comprometerse en matrimonio mediante la celebración católica.

3.- La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización.

a) ¿Cuáles son las experiencias surgidas en los últimos decenios en orden a la preparación al matrimonio? ¿De qué manera se ha intentado estimular el deber de evangelización de los esposos y de la familia? ¿De qué manera promocionar la conciencia de la familia como «Iglesia doméstica»?
Las preguntas parecen indicar que la preparación al matrimonio debe insistir en que la familia va a ser cristiana, que debe evangelizar etc…y con ello no se puede estar en desacuerdo pero para mí lo importante de la preparación al matrimonio es conseguir que los futuros esposos no lo tomen como un trámite que hay que pasar sino como algo que les va a ser verdaderamente útil en primer lugar para clarificar y consolidar su decisión de contraer matrimonio y después para situar esa nueva vida que van a emprender en común dentro de su vida de creyentes en la fe católica, no va cada cosa por su lado, sino que su ser de creyentes afecta a todos los ámbitos de la vida y en este caso afecta a su vida matrimonial y familiar. Hay muchos sitios en los que la preparación al matrimonio se hace con estos objetivos y entonces sí merece la pena

b) ¿Se ha conseguido proponer estilos de plegaria en familia que consigan resistir a la complejidad de la vida y cultura actuales?

No tengo mucha información al respecto pero en todo caso las dificultades son grandes debido a los horarios y la complejidad del día a día de tantas familias.

c) En la crisis actual entre generaciones, ¿cómo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de transmisión de la fe?

El testimonio sincero de vivir lo más coherentemente posible de cara a los hijos es a mi juicio algo esencial en la transmisión de la fe. Pero hay que admitir que con bastante frecuencia los hijos aceptan y heredan los valores humanos pero no la fe de sus padres, que a veces piensan que han cometido algún error y se sienten culpables.

d) ¿En qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?
Es delicado hablar de caminos ejemplares en este tema. Esos movimientos suelen ser muy conservadores y presentan un modelo de familia tradicional que no encaja con muchas realidades antiguas. Puede y debe haber referentes pero no se debe sacralizar un modelo de familia concreto sino unas actitudes básicas que los miembros de una familia (se ésta la que sea) deben tener como creyentes.

e) ¿Cuál es la aportación específica que parejas y familias han conseguido dar respecto a la difusión de una visión integral de la pareja y de la familia cristiana que sea actualmente creíble?
Como se predica con el ejemplo, hay muchas parejas y familias que aportan su experiencia de vida en común siguiendo los valores del Evangelio. No hay un modelo único, lo común es esa vivencia de los valores del Evangelio que puede concretarse de diversas maneras.

f) ¿Qué atención pastoral ha manifestado la Iglesia para apoyar el camino de las parejas en la formación y de las parejas en crisis?
La atención prestada va sobre todo en la línea de que no se rompa la pareja, lo cual puede tener sentido y es bueno en muchos casos pero en otros quizá la mejor solución es la ruptura. Puedo decir que la parroquia en la cual está mi comunidad de base tiene desde hace muchos años una pastoral para separados y sería muy positivo que esta pastoral se extendiera a otras parroquias.

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles,

a) La convivencia «ad experimentum» (experimental), ¿es una realidad pastoral de relieve en la Iglesia particular (local)? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente?
Es cada vez más frecuente que una pareja conviva antes de casarse, aunque no «esté permitido a los católicos» ello no es obstáculo para que se dé esa convivencia previa antes de formalizar la relación con el matrimonio. Esta convivencia previa puede ser más o menos prolongada y estar más fundamentada o menos según unos planteamientos cristianos, creo que la pastoral debería entrar en diálogo con esta realidad antes de lanzarse a condenarla y ver qué motivaciones llevan a ella y si son compatibles con las convicciones cristianas. Me consta de algunas parroquias que asumen que se da esta realidad a la hora de diseñar los cursos de preparación al matrimonio.

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento ni religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos fiables?

Yo no tengo datos pero cada vez son más frecuentes esas uniones

c) Los separados y divorciados que se vuelven a casar ¿son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular? ¿En qué porcentaje se podría estimar numéricamente? ¿Cómo se afronta esta realidad a través de programas pastoral adecuados?
Pertenezco a una parroquia en la que hay desde hace muchos años una pastoral de separados y divorciados, me temo que no es así en la mayoría de las parroquias. La atención y acompañamiento a personas que sufren con una separación y que si deciden rehacer su vida encuentran el rechazo del magisterio de la Iglesia es muy importante. Es urgente revisar a la luz del Evangelio, la indisolubilidad del matrimonio, qué tiene de genuinamente cristiana y qué del transcurrir de la Historia. No cabe en la mentalidad moderna que el fracaso de una relación de pareja impida de por vida que esas personas puedan ser felices en otra relación. Además, los procesos de nulidad (única posibilidad para un segundo matrimonio) son muy controvertidos y dolorosos para las personas que acuden a ellos de buena fe, sin querer exagerar o forzar argumentos para conseguir la anulación de su matrimonio.

d) En todos estos casos, ¿cómo viven los bautizados sus irregularidades? ¿Son conscientes de ellas? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?
Hay diferentes situaciones y procesos, desde los que se apartan de la Iglesia, pasando por los que pueden vivir su situación con sentimiento de culpa hasta los que han conseguido tener paz interior y vivir «su irregularidad» con el convencimiento de que es lo que deben hacer según su conciencia. Es necesaria y urgente una pastoral de acompañamiento de y de acogida para estas personas.

e) ¿Cuáles son las peticiones que las personas divorciadas y vueltas a casar dirigen a la Iglesia, respecto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en esta situación, ¿Cuántas piden estos sacramentos?
Vuelvo a insistir en la necesidad urgente de acompañar y acoger a personas católicas que sufren o han sufrido por su separación matrimonial, al rehacer su vida con otra persona encuentran el rechazo de la Iglesia por su situación «irregular», son afortunadas las que encuentran comunidades y parroquias en las que pueden vivir su fe en esa nueva etapa de su vida, lamentablemente no es así en general.

f) ¿La simplificación de la praxis canónica, respecto al reconocimiento de la declaración de anulación del vínculo matrimonial podría ofrecer una real contribución positiva para la solución de los problemas de las personas implicadas? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
Mi opinión es que hay que revisar qué se entiende por matrimonio nulo y evitar en todo caso la situación de «divorcio encubierto» que a mi juicio ocurre de hecho cuando vemos cómo matrimonios de varios años, con hijos etc…consiguen la anulación de su matrimonio con argumentos de falta de madurez etc… Los procesos de nulidad son motivo de gran sufrimiento para los que quieren ver anulado su matrimonio, con frecuencia tienen que forzar situaciones y declarar cosas que si no faltan a la verdad se acercan mucho a ello para conseguir que el matrimonio sea declarado nulo. Creo que hay que revisar qué significa la indisolubilidad del matrimonio y tener en cuenta el sentido que puede tener mantener a toda costa un matrimonio que realmente no existe como tal.

g) ¿Existe una pastoral para acercarse a estos casos? ¿Cómo se desarrolla tal actividad pastoral? ¿Existen programas sobre ello en ámbito nacional y diocesano? ¿Cómo se anuncia a separados y divorciados vueltos a casar la misericordia de Dios y cómo se concreta el sostén de la Iglesia en su camino de fe?
Conozco los casos de algunas parroquias en Madrid que llevan ya bastantes años en esa dirección de acogida y misericordia (vuelvo a decir que la palabra misericordia puede llevar a pensar que esas personas han cometido un error que debe perdonarse y en muchísimos casos no es así) pero creo que son excepcionales.

5.- Sobre las uniones de personas del mismo sexo…

a) ¿Existe en vuestro país una ley civil que reconozca las uniones de personas del mismo sexo equiparadas de alguna manera al matrimonio?
Sí, desde 2005.

b) ¿Cuál es la actitud de las Iglesias particulares y locales tanto frente al Estado Civil promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, como frente a las personas implicadas en este tipo de unión?

La jerarquía de la Iglesia Católica y los sectores conservadores católicos han mostrado una gran falta de comprensión y sentido cristiano hacia estas uniones con sus manifestaciones y opiniones a la sociedad. Algunas declaraciones podrían tacharse incluso de inconstitucionales por su falta de respeto a leyes aprobadas por el Parlamento y por su ataque a personas que no han hecho nada malo y que tienen los mismos derechos que cualquiera. La ignorancia sobre los estudios científicos que se han hecho sobre la homosexualidad queda también de manifiesto en esas declaraciones.

c) ¿Qué atención pastoral es posible tener hacia las personas que han elegido de vivir según este tipo de uniones?

A pesar de la marginación a la que se les somete, hay muchos homosexuales cristianos que se sienten plenamente creyentes y viven su fe como cualquier bautizado con enormes dificultades para hacerse un hueco dentro de una Iglesia que como institución los margina pero que a la vez mantiene una gran hipocresía al ocultar la homosexualidad de un número no pequeño de miembros del clero y congregaciones religiosas.

d) En el caso de uniones de personas del mismo sexo que haya adoptado niños, ¿cómo comportarse en vistas de la transmisión de la fe?

Lo primero para mi es considerar que los niños no deben pagar las consecuencias de las decisiones que hayan tomado sus padres y la Iglesia. Por otro lado creo que la aceptación de que hay distintos tipos de familia cristiana es un proceso que la Iglesia debe emprender cuanto antes, la sociedad ya lo ha hecho y nos ha adelantado con creces. Es difícil de entender una postura tan cerrada de la Iglesia a otros tipos de familia cuando socialmente se ven con normalidad en sectores cada vez más amplios.

6.- Sobre la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares…

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes con relación a los niños nacidos y crecidos en familias regularmente constituidas?
No tengo datos concretos pero me imagino que es muy baja

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué solicitan? ¿Solo los sacramentos o también la catequesis y la enseñanza en general de la religión?
Lo importante es el acompañamiento y la acogida, creo que eso es lo que piden fundamentalmente, si se da ese clima positivo los sacramentos y la catequesis serán algo natural, de otro modo será construir en falso.

c) ¿De qué manera las Iglesias particulares se acercan a la necesidad de los padres de estos niños para ofrecer una educación cristiana a los propios hijos?

Mi impresión es que ese acercamiento solo se da en casos contados.

d) ¿Cómo se desarrolla la práctica sacramental en estos casos: la preparación, administración del sacramento y el acompañamiento?
En los pocos casos en que se desarrolla es importante la normalización de la situación, no se parte de una situación de culpa de los padres y se procede como en los demás casos.

7.- Sobre la apertura de los esposos a la vida…

a) ¿Cuál es el conocimiento real que los cristianos tienen de la doctrina de la (encíclica) «Humanae Vitae» sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia hay de la evaluación moral de los distintos métodos de regulación de los nacimientos? ¿Qué profundizaciones se podrían sugerir sobre ello desde el punto de vista pastoral?
En las generaciones más jóvenes el conocimiento de la encíclica será pequeño y en general y lamentablemente lo que se percibe es la prohibición a la utilización de métodos anticonceptivos que socialmente se aceptan sin mayor problema. Es una cuestión fundamental y creo que la Iglesia Católica se ha quedado completamente desfasada en sus planteamientos. Afortunadamente siempre ha habido sectores del clero que han visto las cosas con más apertura y ello ha beneficiado a muchos católicos y católicas que han podido tomar decisiones sin arrastrar sentimientos de culpabilidad. Hay que poner al día la doctrina de la Iglesia teniendo en cuenta los conocimientos científicos y las opiniones del campo de la bioética en su pluralidad, no vale atender solamente a determinados posicionamientos ideológicos.

b) ¿La doctrina moral es aceptada? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que hacen difícil su aceptación en la mayoría de las parejas?

Desde la publicación de la Humanae Vitae ha habido mucho rechazo e incumplimiento, no se entiende por qué una pareja abierta a tener hijos no puede utilizar métodos no abortivos para ser responsables en sus decisiones y a la vez disfrutar sanamente de la sexualidad sin el riesgo de embarazos frecuentes y no deseados.

c) ¿Qué métodos naturales se promueven de parte de la Iglesias particulares para ayudar a los cónyugues a poner en práctica la doctrina de la «Humanae vitae»?
Los métodos naturales suelen ser muy poco fiables y el riesgo de que se produzca un embarazo aumenta por tanto. No sé entiende qué problema hay con otros métodos ya que, como he dicho antes, la apertura a tener hijos no tiene por qué darse en cada acto sexual, sino que debe ser un planteamiento general, la doctrina de la Humanae Vitae es desde su publicación muy contestada en ese aspecto.

d) ¿Qué experiencia hay sobre esta cuestión en la praxis del sacramento de la penitencia y en la participación en la eucaristía?

No puedo contestar directamente a la pregunta pero vuelvo a insistir en la revisión de lo que puede considerarse como pecado en relación con las preguntas anteriores, la decisión en conciencia responsable de la utilización de métodos anticonceptivos no abortivos no es motivo, a mi juicio de un apartamiento de la eucaristía o de la necesidad de la confesión.

e) ¿Qué contrastes se evidencian entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil a este respecto?

Ya he dicho antes que la doctrina de la Iglesia en estos aspectos está completamente anticuada y desfasada de lo que se acepta en la sociedad civil.

f) ¿Cómo promover una mentalidad mayormente abierta a la natalidad? ¿Cómo favorecer el aumento de los nacimientos?
No se puede pedir a una familia con dificultades laborales y económicas que tenga muchos hijos. La Iglesia debería ser mucho más crítica con las políticas sociales y económicas que llevan a tantas parejas jóvenes a situaciones de precariedad laboral que les impiden tener una casa y establecerse en condiciones adecuadas para tener hijos de manera responsable. No es solamente una cuestión de egoísmo y de no querer complicarse la vida.

8.- Sobre la relación entre la familia y la persona,

Jesucristo revela el misterio y la vocación del hombre: ¿la familia es un lugar privilegiado para que esto suceda?
Así lo creo.

¿Cuáles situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?
Las dificultades en la convivencia, crisis, separaciones, problemas económicos y laborales, problemas con los hijos,…

¿En qué medida la crisis de fe que pueden sufrir las personas incide en su vida familiar?
Lógicamente una crisis de fe afecta a la persona en su aspecto más íntimo, en sus convicciones y enfoque se su vida, por tanto tendrá repercusiones en las relaciones familiares, las consecuencias serán más positivas o más negativas en función de cómo se resuelva la crisis.


9.- Otros desafíos y propuestas.

¿Existen otros desafíos y propuestas respecto a los temas tratados en este cuestionario, que sean consideradas como urgentes o útiles de parte de los destinatarios?
Creo que el tema del aborto y las cuestiones de reproducción asistida o de nuevas técnicas de implantación de embriones para evitar enfermedades tienen mucho que ver con la familia y no se han tratado en el cuestionario. De nuevo la Iglesia mantiene una postura de rechazo absoluto sin escuchar a toda la comunidad científica y no solamente a un sector de la misma, y lo mismo puede decirse respecto a los expertos en bioética. El acercamiento a la realidad humana de las personas que toman decisiones en estos campos con la mejor voluntad de acertar es algo urgente que debe hacerse antes de mantener posturas rígidas de condena.

Finalmente me parece importante que este cuestionario haya llegado a la base de la Iglesia, en concreto a las personas que formamos las familias, y que no se haya quedado reservado a la jerarquía (hombres célibes por mucha experiencia pastoral que puedan tener) o a grupos seleccionados por ella.

Ojalá esta consulta al Pueblo de Dios iniciada con el cuestionario sea el comienzo de algo habitual para que los laicos y los bautizados en general podamos participar en la toma de decisiones en la Iglesia.

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