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Rafael Díaz-Salazar: «Zapatero no ha practicado una política laicista antieclesial»

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diez-salazar.jpegRafael Díaz-Salazar acaba de publicar España laica en la editorial Espasa. Violeta Lavín, de la revista Noticias Obreras, ha conversado con él sobre esta temática que está actualmente en el centro de los debates nacionales.En el libro sostiene que «una de las tareas que España tiene pendiente es articular su diversidad. Debemos crear una cultura nacional del diálogo para que nuestro pluralismo ideológico, moral y religioso nos enriquezca a todos. Para que España pueda ser plural tiene que ser laica, pero ello no significa que la religión deba desaparecer de la vida pública».

-¿Qué problemas de nuestro país se abordan en el libro España laica?
Fundamentalmente la convivencia nacional en un país donde la ciudadanía cada vez es más plural, no sólo en el ámbito político e ideológico, sino también en el campo moral, territorial, cultural y religioso. Tenemos un gran déficit en cultura de la tolerancia activa. Han vuelto a resurgir las Españas enfrentadas.
El antagonismo ciudadano se está canalizando a través del debate sobre el laicismo, que es una especie de crisol donde se condensan cuestiones que nunca se han resuelto adecuadamente en la historia de España. Supimos resolver constitucionalmente el pluralismo político, pero todavía tenemos pendiente lo que denomino la Constitución Cultural de los españoles diversos y ésta requiere una laicidad inteligente, basada en la cultura del diálogo y en la amistad cívica de quienes tenemos identidades diferentes.

-¿Por qué el laicismo forma parte del debate político y cultural en nuestro país?
El laicismo es un movimiento que toma fuerza cuando en una sociedad se intenta reforzar el pluralismo cultural y moral y otorgar derechos a minorías que tradicionalmente han estado marginadas. En los últimos años se han creado asociaciones laicistas que han logrado convertirse en grupos de presión política y mediática. El laicismo se radicaliza cuando el clericalismo político entra en escena.

-¿Qué fines persiguen las asociaciones laicistas españolas?
El movimiento laicista español es plural y está dividido en varias corrientes y tendencias. Algunas se sitúan dentro del ateismo militante y anticlerical y otras no son antirreligiosas. Casi todas pretenden que en España se instaure el modelo francés tradicional de Estado y de escuela.
Pero una cosa es el laicismo como ideal cívico-moral y otra el tipo de asociaciones que lo representan en España, que no siempre traducen adecuadamente sus ideales, ni se insertan en los debates sobre la nueva laicidad que se plantean actualmente en Europa. A las asociaciones laicistas españolas les queda mucho camino para que lleguen a adquirir la madurez de las organizaciones laicistas europeas.

-También se analiza en el libro el laicismo del PSOE y de IU y el apoyo de los españoles a algunas reivindicaciones de la izquierda laicista, ¿por qué hay un desajuste entre el relativamente alto nivel de catolicismo de los votantes de izquierda y el discurso laicista de estos partidos?

La izquierda española ha sido históricamente laicista, anticlerical y antireligiosa. El PCE e IU se abrieron al mundo cristiano hace decenios, pero en los últimos años han abandonado esa política y hoy tienen el laicismo anticlerical como identidad. El PSOE fue laicista antieclesial. Hace algunos años inició una apertura al mundo cristiano, pero la nueva dirección no ha logrado darle cuerpo orgánico a esa política.
Pero una cosa son los partidos y otra los gobiernos. En este sentido, el gobierno de Zapatero no ha practicado una política laicista antieclesial. Las asociaciones laicistas están muy irritadas con él por no haberlo hecho. También un sector importante de los medios de comunicación afines al laicismo critican la política de generosidad con la Iglesia que, según ellos, ha realizado el gobierno socialista.
En la dirección del PSOE y de IU falta un análisis adecuado de lo que es hoy el mundo cristiano y por eso sólo se centran en asumir o rechazar las demandas episcopales. Los datos del CIS que ofrezco en el libro muestran un desajuste entre el nivel de catolicismo de los votantes de estos partidos y la falta de una política específica hacia el mundo cristiano. También muestran el bajísimo nivel de apoyo de los votantes de la izquierda a la campaña emblemática de las asociaciones laicistas sobre la expulsión de la enseñanza de la religión de la escuela pública.
Especialmente el PSOE debería tener en cuenta las opiniones de George Lakoff, un gran especialista en comunicación política que ha sido invitado por la ejecutiva del partido para enriquecer el programa electoral y la estrategia del partido. Lakoff en una entrevista en el diario Publico (20 de enero de 2008) ha afirmado lo siguiente: “Existen grupos católicos que no están de acuerdo con el discurso oficial. Muchos católicos son progresistas. El PSOE debería contactar con ese ala de la Iglesia y hacerla su aliado”. No sé si la dirección del partido será capaz de tener en cuenta sus opiniones , más allá de una coyuntura electoral, y diseñar de una vez por todas una política hacia el mundo cristiano. Algo que prácticamente toda la izquierda europea realiza.

-¿Cuáles son las señas de identidad del laicismo?
El laicismo es un movimiento humanista que ha aportado grandes valores morales. Se basa en la defensa del pluralismo religioso y moral y en la autonomía de la política respecto a la teocracia y el clericalismo. Reivindica la libertad de conciencia con fundamento ético, la neutralidad del Estado respecto a las ideologías y religiones, la igualdad jurídica de los ciudadanos y las organizaciones, la centralidad de la escuela pública para corregir desigualdades, otorgar capacidades y generar ciudadanos éticos.
El laicismo no es constitutivamente antirreligioso y antieclesial. Se opone a la religión y a la Iglesia sólo en la medida en que éstas sean obstáculos a su defensa del pluralismo y a la necesaria distinción entre leyes, ética y religión. Su enemigo, por así decirlo, es el clericalismo político, no la religión.

-Me ha llamado la atención el concepto ‘laicismo religioso’ que se desarrolla en el libro
Algunos de los ideales del laicismo aparecen en algunas religiones, especialmente en el cristianismo originario, que es antiteocrático, anticlerical y antifundamentalista. Históricamente, los primeros defensores del laicismo son minorías religiosas perseguidas por Estados basados en una única confesión religiosa. Grandes personalidades religiosas, como Gandhi, han sido laicistas religiosos. Los misioneros cristianos en países musulmanes piden que el Estado sea laico.
Es cierto que en Europa históricamente el laicismo ha sido anticlerical y, en bastantes corrientes, antirreligioso. En gran medida, se debió al tipo de religión e Iglesia imperantes. Actualmente hay cuatro tipos de laicismos: religioso, neutral respecto a la religión, excluyente de la religión e incluyente de lo religioso. Muchas personas religiosas son laicistas: defienden el Estado laico, la escuela pública, la autonomía del orden jurídico y político siempre que se ajuste a la moral del orden constitucional, el diálogo entre éticas plurales, la enseñanza laica y no confesional de la religión, la autofinanciación de las iglesias, el rol público de la religión en la sociedad civil, la acción conjunta con laicistas no religiosos por el bien común.

-¿Cuáles son las líneas principales del debate europeo sobre la nueva laicidad?
En Europa el laicismo es muy plural y el modelo francés tradicional no es el dominante. Más bien es una excepción europea. Por poner sólo un ejemplo, en todos los países europeos existe la enseñanza confesional de la religión y en bastantes es una asignatura obligatoria. Se está realizando un balance de las luces y sombras de un siglo de laicismo. Preocupa mucho la educación moral y la creación de un vínculo intercultural que sea capaz de articular la soberanía del orden constitucional y las expresiones públicas de las identidades colectivas (religiosas y no religiosas).
Desde luego, casi nadie defiende hoy que la religión es un asunto privado y que las Iglesias no son actores públicos en la sociedad civil. En España, salvo excepciones, estos debates no se conocen y las asociaciones laicistas están bastantes desfasadas respecto a lo que es hoy la nueva laicidad europea. Por eso dedico un capítulo a exponerlos ampliamente.

-¿Es la Iglesia católica un obstáculo para la construcción de la laicidad en España?
Una parte de la jerarquía de la institución eclesial y los movimientos neoconservadores que difunden su estrategia son un claro obstáculo. Pero la Iglesia española es amplia y plural y en ella hay una cultura de la laicidad mayor que en muchas otras instituciones y asociaciones.

-¿Son incompatibles el catolicismo y el laicismo?
Depende del tipo de catolicismo y de laicismo. En el libro expongo la afinidad de la propuesta de Pablo VI en la Ecclesiam Suam con un modelo basado en el laicismo inclusivo de la religión. Este modelo se realizó en la revolución americana y se está abriendo paso en Italia e incluso en Francia. Los obispos franceses han valorado positivamente los cien años de laicismo en su país.

-En España laica propone una Alianza de Culturas Cívicas para la laicidad, ¿en qué consiste este proyecto?
Para construir laicidad en España tenemos que instaurar una cultura nacional del diálogo basada en una apertura de unas culturas a otras con el fin de encontrar puntos comunes para el bien del país. Tiene que acabarse de una vez por todas el “guerracivilismo” y por eso recuerdo tanto a Manuel Azaña, especialmente cuando en su discurso ‘Paz, piedad y perdón’ pedía una cultura de la reconciliación nacional como lección permanente de la guerra civil.
En nuestro país existen culturas cristianas, liberales, conservadoras, socialistas, comunistas, anarquistas, nacionalistas. Activemos el encuentro y el diálogo entre ellas. E intentemos realizar un trabajo conjunto en algunos ámbitos. Al menos, que nunca cese un diálogo razonable y el cultivo de la amistad cívica entre adversarios frente al odio político e ideológico.
He propuesto diez objetivos concretos para una Alianza de Culturas Cívicas que tienen como común denominador la educación moral y espiritual para una ciudadanía socialmente activa. Pretenden, además, ser un conjunto de indicadores para ver qué aporta cada una de las culturas citadas a la consecución de esos objetivos. El transfondo tiene que ser la laicidad, sin ella no saldremos de la guerra de unas culturas contra otras a través de un uso de las leyes desde convicciones ideológicas o religiosas.

-¿Una España más laica favorece o dificulta la convivencia nacional?
El aprendizaje de la laicidad es necesario para la convivencia de los españoles plurales y diversos. Articular nuestro pluralismo para vivir juntos y bien comunicados los diversos es un objetivo que tenemos que conquistar en España. Cuanto más compleja y variada es la ciudadanía, se requiere más laicidad; es decir, más independencia en el ámbito político-jurídico, más deliberación entre éticas plurales, y más diálogo entre quienes somos distintos por nuestras identidades ideológicas, morales y religiosas.
En mi libro hablo de la necesidad de activar el ‘principio de precaución moral’ dentro de una cultura del diálogo nacional. Antes de legislar sobre materias éticamente sensibles, debe instaurarse en la sociedad civil una deliberación moral en la que tienen que intervenir todos los sujetos y comunidades ideológicas, morales y religiosas; pero una vez realizada esa deliberación, las instituciones jurídicas y políticas han de tomar decisiones e instaurar leyes desde su legítima soberanía constitucional y parlamentaria.
La Iglesia puede realizar una gran contribución al diálogo y a la reconciliación nacional, pero tiene que regular sus intervenciones públicas desde la cultura de la laicidad. Debería inspirarse en el modelo de catolicismo laico francés que en un espacio de laicismo institucional fuerte ha demostrado durante el siglo XX ser el catolicismo europeo más creativo e innovador.

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