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¿Qué había antes del Big Bang? Hawking dice tener la respuesta

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ELTIEMPO.COM
El famoso físico habló del polémico tema en el programa ‘StarTalk’ de National Geographic.
El programa ‘StarTalk’, de National Geographic fue el espacio en el cual Stephen Hawking dio su versión de la que sería la respuesta a una de las preguntas más importantes sobre el origen del universo (hecho que habría tenido lugar hace más de 13.800 millones de años).
Al preguntársele ¿Qué había antes del Big Bang? Hawking contestó casi de manera  inmediata al astrofísico estadounidense Neil de Grasse-Tyson que «no existía nada». Lo que parece una respuesta simple tiene una explicación bastante profunda que fue desarrollada durante la entrevista.

El famoso físico dijo a su colega que para despejar la duda se debe tener en cuenta una teoría conocida como la «propuesta sin límites» la cual postula que «la condición de frontera del Universo es… que no tiene frontera».

Para explicar esta afirmación se planteó la idea de imaginarse que el universo cuenta con un botón que permite rebobinarlo, al tener en cuenta que este está constantemente expandiéndose, el devolverlo en el tiempo causaría que se contraiga. 

De esta manera, el universo podría rebobinarse hasta el Big Bang y en consecuencia todo lo que conocemos se vería reducido en un solo átomo -o lo que él denomina como “una singularidad”- donde lo que conocemos ahora simplemente no existía. 

«Según la teoría de relatividad general de Einstein, el espacio y el tiempo juntos conforman un continuo de espacio-tiempo o variación, que no es plano pero curvo por la materia y energía que contiene (…) Adopto un enfoque euclidiano (tridimensional) a la gravedad cuántica para describir el inicio del Universo», declaró. 

Aunque el tema ya había sido puesto sobre la mesa por el Físico en un documental que se encuentra disponible en internet, la publicación de este nuevo video trasladó la discusión a diferentes escenarios como las redes sociales.
Un tema aún en discusión
Según Santiago Vargas, Ph. D. en Astrofísica y miembro del Observatorio Astronómico de la U. Nal, la propuesta de Hawking se remonta a los años 80 y es explicada con la analogía: “No hay nada al sur del polo sur, así que no hay nada antes del Big Bang”.

«Plantea que remontándonos hacia atrás 13.800 millones, la edad estimada del universo, no se alcanzaría un punto claro y definido del inicio del tiempo, propuesta a la que denomina ‘sin límites’. Por lo cual, los eventos que sucedieron antes de que ese punto empezara a expandirse no pueden ser explicados», apunta Vargas. 

Los eventos que sucedieron antes de que ese punto empezara a expandirse no pueden ser explicados

Para este astrofísico colombiano se debe tener en cuenta que existen teorías que proponen la existencia de múltiples universos, cada uno como una burbuja, y en este escenario se podrían incluso crear y destruir universos, probablemente cada uno con  tiempo y espacio propios. «Esto sería, en la analogía de Hawking del polo sur, tener en cuenta que más allá del polo sur hay más cosas cuando salimos de la Tierra y nos podríamos dar cuenta de que hay otros planetas (burbujas) con sus propios polos sur». 

A lo anterior, el experto enfatiza en que, pese a las teorías, aún ni Hawking ni nadie sabe qué sucedió en el momento del Big Bang y por eso es mucho el camino que queda por delante para dar respuesta a esta y otras preguntas abiertas que poco a poco deben irse puliendo, apoyándose en nuevos descubrimientos y observaciones.

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14 de marzo de 2018

Autor de la astrofísica moderna
Los mayores logros de Hawking

El físico teórico británico Stephen William Hawking, que falleció hoy a los 76 años en su casa de Cambridge, a unos ochenta kilómetros de Londres, es autor de buena parte de los descubrimientos de la astrofísica moderna.

https://www.pagina12.com.ar/101493-los-mayores-logros-de-hawking

– En 1959 inició sus estudios universitarios en la Universidad de Oxford. Después se doctoró en Física Teórica y Cosmología en Cambridge.

– En 1963, le diagnosticaron un tipo de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa progresiva que le impidió moverse y hablar, por lo que utilizó un sofisticado método electrónico para poder comunicarse.

– Tras obtener su doctorado, se dedicó a la investigación y a la enseñanza en los colegios mayores de Gonville y Caius.

– En 1965 se casó con Jane Wilde, con la que tuvo tres hijos: Robert, Timothy y Lucy.

– A mediados de la década de 1970 descubrió que la combinación de las leyes de la mecánica cuántica y de la relatividad general desmentían incluso que los agujeros negros fuesen completamente negros, pues emitían una radiación, conocida desde entonces como «radiación Hawking».

– En 1977 ingresó en el Departamento de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica de Cambridge, donde fue nombrado profesor de Física Gravitacional.

– En 1980 accedió a la titularidad de la cátedra Lucasiana de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica, la más importante de Cambridge, que ocupó Isaac Newton en 1663.

– En 1985 contrajo una grave neumonía en Suiza y los médicos aconsejaron retirarle la máquina que le mantenía con vida. Trasladado urgentemente al Reino Unido, fue sometido a una traqueotomía que le salvó la vida pero le dejó sin voz.

– En 1988 publicó su obra «Breve historia del tiempo», que se convirtió en un gran éxito a nivel mundial, con más de 25 millones de ejemplares vendidos.

– Considerado el heredero de Einstein, revolucionó la Física y fue también un divulgador científico conocido por sus teorías sobre los agujeros negros y la formación del universo.

– En 1990 pasó a convivir con su enfermera, Elaine Mason, con la que se casó en 1995.

– Entre 1993 a 1996 trabajó en la serie de televisión de la BBC «El universo de Stephen Hawking», basado en su libro «Una breve historia del tiempo».

– En 2004, tras reconsiderar su propia teoría sobre los agujeros negros, expuso una nueva, que cuestiona que los mismos sean una especie de pozo sin fondo, como él mismo había mantenido.

– A partir de 2005 sólo pudo comunicarse moviendo un músculo bajo su ojo con el que accionaba un sintetizador de voz.

– En 2005 presentó mundialmente desde Oviedo, España, la obra «Brevísima historia del tiempo», que simplifica y actualiza la anterior «Breve historia del tiempo», y que se publicó antes en castellano que en inglés.

– En 2007 realizó un vuelo a la estratosfera invitado por la compañía estadounidense Zero Gravity en el que pudo experimentar la ingravidez.

– En 2008 publicó «La clave secreta del universo», un libro dirigido a niños y escrito en colaboración con su hija Lucy.

– En 2009 abandonó la titularidad de la cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge y pasó a ser director de investigación en el centro educativo.

– En 2013 se estrenó un documental sobre su vida dirigido por Stephen Finnigan.

– En 2015 presentó en la Royal Society de Londres un proyecto de búsqueda de vida extraterrestre financiado por el multimillonario ruso Yuri Milner.

– En 2016 Hawking mostró su apoyo a un programa financiado por el millonario ruso Yuri Milner para enviar una nave a otro sistema solar, que incluye un nuevo modelo de sonda espacial y con el que promete alcanzar el sistema estelar más cercano, Alfa Centauri.

– En 2016 disertó en el Vaticano sobre la expansión del universo y dijo que preguntarse sobre «qué había antes del Big Bang» carece de sentido, pues «es como cuestionarse qué hay más al sur del Polo Sur».

– En 2017 un holograma con su imagen dio una charla de una hora en el Parque Científico de Hong Kong sobre sus experiencias en el campo de la investigación.

Otros de sus libros son: «La estructura a gran escala del espacio-tiempo» (1973), escrito junto con George Ellis; «Relatividad general: Revisión en el ventenario de Einstein» (1979), con Werner Israel; «300 Años de Gravedad» (1987), también con Israel; «Agujeros negros y pequeños universos» (1993); «Historia del tiempo de Stephen Hawking: una guía del lector» (1993), recopilado por Gene Stone; «Cuestiones cuánticas y cosmológicas» (1995) y «La naturaleza del espacio y el tiempo» (1996) -ambos con Roger Penrose-; y «El universo en una cáscara de nuez» (2000).

Ciencia
14 de marzo de 2018
Era el físico teórico, cosmólogo y divulgador más importante de estos tiempos
¿Por qué fue tan importante Stephen Hawking?
Por Pablo Esteban
https://www.pagina12.com.ar/101496-por-que-fue-tan-importante-stephen-hawking

«Fue un gran científico y un hombre extraordinario, cuyo trabajo y legado vivirá por muchos años. Su valentía y persistencia, y también su humor y brillantez inspiraron a gente de todo el mundo. Una vez dijo: ‘Este no sería un gran universo si no fuera el hogar de la gente que amas.’ Lo extrañaremos para siempre», señala el comunicado compartido por la familia del físico británico.

Stephen Hawking fue uno de los científicos y divulgadores más importantes de nuestra era. Falleció a los 76 años en su casa de Cambridge, Reino Unido, tras superar las limitaciones que desde hacía más de 50 años le imponía una enfermedad degenerativa y neuromuscular como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Volcar sus reconocimientos y su fama mundial alcanzarían para llenar extensos pergaminos y, aunque no consiguió un Nobel porque sus teorías físicas aún carecen de comprobación, formaba parte de la elite científica mundial al pertenecer a espacios como la Real Sociedad de Londres, la Academia Pontificia de las Ciencias y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Además, fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas (Lucasian Chair of Mathematics) de la Universidad de Cambridge durante el período 1979-2009.

Permanecía en una silla de ruedas y se comunicaba mediante un sintetizador de voz –que lo recubría de un tono robótico, metálico– y que se había visto obligado a utilizar tras una neumonía sufrida en 1985 que había complicado su cuadro general. Sus ironías y su tono burlón completaban la figura de un individuo de físico despatarrado y espíritu de acero. ¿Por qué Hawking fue tan importante? Porque modificó la reflexión humana respecto a las dinámicas más profundas y los engranajes que mueven al universo. En esta línea, sus principales aportes fueron realizados en el campo de los agujeros negros, volviendo una y otra vez sobre sus propios postulados que pretendían explicar con detalle sus características particulares (“Son singularidades del espacio-tiempo más comunes de los que se pensaba”) aunque nunca comprobó sus potencialidades de manera experimental y sentía que ello perjudicaba sus esfuerzos conceptuales (“La mayor parte de mi trabajo en agujeros negros podría no ser demostrada nunca”).

También fueron notorias sus contribuciones respecto al Big Bang. Su desvelo por el “gran origen” trepó tan alto que, entre sus grandes propósitos, pretendía desarrollar una “teoría del todo” que fuera capaz de unificar la teoría de la relatividad general con los conocimientos emergentes en física cuántica. De este modo, procuraba explicar –mediante un abordaje global– los fenómenos que acontecían en cada segundo y, en última instancia, otorgaban sentido a la existencia humana. Demostraba, a su turno, una profunda curiosidad por la vida extraterrestre y por temas de debate vigente como la inteligencia artificial, la destrucción nuclear y el cambio climático, ya que durante su madurez la salud de la Tierra despertaba sus angustias más recurrentes.

Su trayectoria personal simboliza el poder de una mente brillante en un envoltorio derruido. Tal vez constituyó la metáfora perfecta que puso en jaque la supremacía de lo superficial en el reino de las apariencias contemporáneas. Hawking nació en Oxford en enero de 1942 y cuando parecía llevarse el mundo por delante con su juventud y talento, a los 21 años (1963), recibió una noticia tan inesperada como trágica: padecía ELA, sus movimientos se reducirían de manera acelerada y los médicos presagiaron un futuro nada promisorio (apenas dos años de sobrevida). Sin embargo, su enfermedad no significó un obstáculo y pese a que sus posibilidades motoras se recortaron casi en su totalidad (con el tiempo, solo podría mover un par de dedos y algunos músculos faciales), todavía contaba con una fábrica que trabajaba a tiempo completo y con la máxima eficacia: el cerebro. Pronto, sus ideas tomaron un intenso vigor y obtuvieron relevancia internacional.

Como si fuera poco, este científico británico descolló como un magnífico divulgador de las ciencias y operó como un eslabón irremplazable en la democratización del acceso y la participación del conocimiento científico de la ciudadanía, primero europea y luego mundial. Uno de sus materiales más exitosos, “Una breve historia del tiempo” (1988), logró vender más de 10 millones de copias alrededor del globo y su curiosidad inspiró a varias generaciones. Su obstinación por aferrarse a un mundo que no le ofrecía grandes expectativas siempre fue digno de reconocimiento. Su inteligencia, motivo de admiración. Hoy el universo ha ganado una estrella, aunque para ser justos, la ciencia tiene un nuevo agujero negro.
poesteban@gmail.com

25 SEP 2013
“Nunca he querido sentir pena de mí mismo”
Stephen Hawking, el científico más famoso del mundo, nos recibe en su territorio
La enfermedad que sufre avanza y aumenta la dificultad para comunicarse. Pero nada le impide charlar con el planeta
Acaba de presentar sus memorias y el Festival de Cine de Cambridge ha proyectado un ‘biopic’ sobre su vida
José Edelstein
https://elpais.com/elpais/2013/09/24/eps/1380040861_732966.html?por=mosaico

En el primer piso del Centro para las Ciencias Matemáticas de Cambridge, una puerta sobresale en la confusa coreografía del sinfín de oficinas idénticas. Aún se aprecian en ella cuatro pequeños agujeros en los que, hasta hace poco, otros tantos tornillos sostenían una discreta placa dorada con caracteres negros grabados en tipografía clásica que decían “Lucasian Professor”. El mismo rótulo había sido atornillado, en 1669, en la entrada del despacho de un veinteañero llamado Isaac Newton. Desde entonces, ser el titular de la Cátedra Lucasiana se ha convertido en una distinción legendaria que han compartido gigantes de la ciencia como quien me espera al otro lado de la puerta, Stephen Hawking.

Al entrar en su despacho lo encontré frente a su escritorio, recién llegado. El primer contacto visual tuvo un ingrediente inesperado. El científico más célebre de nuestro tiempo tenía enfundadas unas gafas muy oscuras. Ante mi inocultable extrañeza, Jonathan Wood, el asistente técnico que custodia con celo su sistema de comunicación, señalando la cegadora claridad que se colaba por los amplios ventanales, se apresuró a aclarar: “Las necesita para poder utilizar el sistema de comunicación”.

“Esta es mi voz”, sostiene. No quiere mejorar el sonido del sintetizador que habla por él

Mucho se ha escrito sobre su vida y llegó el momento de hacerlo él mismo. La semana pasada presentó sus memorias, My brief history (Mi breve historia), editadas por Random House, y el jueves se le esperaba en el Festival de Cine de Cambridge para la proyección de Hawking, un biopic sobre su vida que cuenta con su colaboración en el guion, estrenado al día siguiente en todo Reino Unido. Dos proyectos autobiográficos que lo devuelven al centro de la escena. ¿Hace falta mejor excusa para hablar con él?

Hawking padece desde los 21 años una esclerosis lateral amiotrófica que le ha inmovilizado progresivamente casi todo el cuerpo. A pesar de ello, sus hallazgos le colocan entre los más grandes físicos teóricos de la segunda mitad del siglo XX. Los aspectos teóricos más importantes que conocemos sobre el origen del universo y los agujeros negros han sido obra suya. Desolado ante el pronóstico de dos años de vida con el que se encontró al llegar a Cambridge, se apoyó en tres pilares: el amor de Jane Wilde, el incentivo intelectual de Roger Penrose y, no menos importante, su indómita y obstinada rebeldía, que le llevó a enfrentarse a la autoridad académica del momento, Fred Hoyle, principal crítico de la entonces denostada hipótesis del Big Bang. En un ar­­tícu­­lo escrito con Penrose casi íntegramente por teléfono demostraron matemáticamente que eventos en los que el espacio y el tiempo nacen o mueren son sencillamente inevitables en la teoría de la relatividad general. Poco tiempo antes, Penzias y Wilson habían descubierto accidentalmente que el universo emitía radiación térmica, indicio de que en el pasado debía haber sido cada vez más pequeño y caliente.

El Big Bang, como fruto de este teorema y estas observaciones, se convirtió en una teoría científica. Pero sus contribuciones más características tienen que ver con los agujeros negros, criaturas fantásticas del bestiario universal cuya atracción gravitatoria es tan intensa que ni la luz puede escapar. Ya confinado en una silla de ruedas, Hawking descubrió que estos debían tener entropía, un concepto estadístico asociado a sistemas compuestos. Pero, a diferencia de todos los sistemas conocidos, esta residía en su frontera, como si la información de la materia engullida por este monstruo voraz quedara registrada en una superficie imaginaria que lo rodea. Dedujo que los agujeros negros deben tener temperatura y, como todo sistema caliente, emitir radiación. Las aportaciones teóricas de Hawking dieron entidad a estas criaturas que, al radiar, eventualmente se evaporarían, llevándose consigo todo lo deglutido. Esto lleva a problemas conceptuales que aún tienen a mal traer a los físicos y que parecen encerrar la clave de una comprensión más profunda de la naturaleza.

Ninguna de sus predicciones ha podido ser comprobada. Más fríos que el espacio exterior, es imposible detectar la emisión térmica de los agujeros negros. Esto no quiere decir que no haya sólidas evidencias de su existencia: las estrellas que habitan en las inmediaciones del centro de la Vía Láctea, por ejemplo, describen órbitas muy pronunciadas alrededor de un punto en el que los telescopios no ven nada. Esta es la razón por la que no ha ganado el Nobel. Ha sido galardonado, no obstante, con una distinción más prestigiosa, la Medalla Copley, el premio científico más antiguo. Mientras que el Nobel premia cada año a entre seis y nueve científicos, la Copley se concede a una sola persona. La han ganado Darwin, Franklin, Einstein o Pasteur. Cuando fue difícil inclinarse por un candidato, como en 1838, la compartieron Faraday y Gauss. Hawking la recibió en 2006.

“Estamos en peligro de destruirnos a nosotros mismos por nuestra codicia y estupidez”

Hace tres décadas se propuso escribir un libro que explicara la física de frontera al gran público. Habituado al uso de un lenguaje metafórico y cargado de imágenes en sus charlas, se sentía preparado para solventar la enorme distancia que separa la física moderna del ciudadano de a pie. El proceso de escritura fue lento y se vio dificultado por una neumonía que lo puso al borde de la muerte. Fue necesaria una traqueotomía para salvarlo. Desde entonces quedó mudo. A pesar de ello, en 1988 salió Una breve historia del tiempo, que catapultó la divulgación científica a la categoría de best seller. El impacto que tuvo sobre la vocación de miles de jóvenes es incalculable.

Lo saludé, me senté a su lado y me observó con atención. El efecto que producen sus ojos claros al posarse sobre los nuestros, realzado por la quietud del resto de su cuerpo, es sobrecogedor. En ese momento, uno tiene la certeza de que él está con uno. Es un breve instante de comunión, de conexión intensa. Hawking se comunica a través de un ordenador integrado a su silla de ruedas y un programa especial con el que arma frases finalmente emitidas por un sintetizador, con una distintiva voz metálica y acento estadounidense. No ha querido saber nada con la posibilidad de mejorar la calidad del sintetizador o modificar el acento. “Esta es mi voz”, sostiene con lógica aplastante.

Hasta comienzos de la década pasada podía mover los dedos con suficiente agilidad como para manipular un ratón. Pero al perder movilidad hubo que recurrir al reconocimiento facial. Su anterior asistente, Sam Blackburn, diseñó un detector que sobresale de sus gafas como un minúsculo flexo, registrando el movimiento de su mejilla. Al depender de una única acción, el nuevo sistema le impedía navegar en la pantalla como lo hacía hasta entonces. La velocidad de escritura cayó en picado, hasta la palabra por minuto. Han explorado sin éxito toda clase de alternativas, desde el escaneo cerebral hasta el seguimiento ocular, pasando por un sofisticado monitoreo de su rostro que aproveche toda su gestualidad.

En el ángulo superior derecho de la pantalla hay dos cuadrados pequeños. En el superior tiene las letras del alfabeto, en cuatro grupos de siete. En el inferior, los números y algunas teclas de función. Un cursor pestañea realizando una danza perpetua sobre esos cuadrados. Cuando el flexo detecta un movimiento del maxilar que repercute en su mejilla, activa un clic. El cursor se queda en el cuadrado seleccionado y empieza a recorrer acompasadamente las distintas líneas. Una vez elegida una, recorre cada letra o signo. Cuando comienza a escribir, se abre una ventana, pegada a las anteriores, con diez palabras sugeridas, numeradas. Si se equivoca, debe esperar a que el cursor reinicie su danza imperecedera para dirigirlo hacia el icono de borrado.

“Intento llevar una vida plena. Soy más feliz ahora que antes de desarrollar la enfermedad”

Cuando uno habla con él, lo habitual es ponerse a su lado, viendo la pantalla del ordenador. Muchas veces, la lectura de la primera mitad de una frase preanuncia inequívocamente el final. Sin embargo, continúa su titáni­­co esfuerzo hasta acabarla. Recordamos su visita a Santiago de Compostela en 2008. A pesar de las dificultades que conlleva el momento de la comida, allí asoma su obstinada determinación. No dejó marisco sin probar y se aseguró de comer pulpo y percebes hasta el hartazgo. Mi inocultable acento argentino nos llevó a recordar su gusto por la carne y el tango, “… y el Papa. Soy miembro de la Academia Pontificia de Ciencias y espero verlo en la próxima reunión”. No sé si me sorprendió más que tuviera presente al Papa o que un agnóstico hubiera optado por esta referencia, pudiendo recurrir a otras.

Quizá por una cuestión de fatiga muscular se le entrecierran los párpados, en un movimiento involuntario que interfiere con su sistema de comunicación y le induce al error. Aprovecha su gestualidad limitada de sutiles movimientos, imperceptibles para quien no está habituado a ellos, para comunicarse con su gente. Para poder asentir o disentir rápidamente, o cuando no está en su silla de ruedas. Allí recurre también al método que utilizaba antes de disponer de un ordenador, el reconocimiento de las palabras, letra por letra, en una cartulina. La rigidez de su rostro se borra de manera explosiva cuando ríe. Quienes conocen su sentido del humor logran su carcajada con inusitada facilidad. En esos momentos, al igual que al sostener la mirada, asoma en toda su plenitud el ser humano que yace en las profundidades de su cuerpo inmóvil.

Stephen Hawking ha convertido en un hábito el apostar con sus colegas por alguna predicción científica. Con una particularidad: jamás ha ganado. La última, cuando apostó contra la existencia del bosón de Higgs. Siempre tuve la impresión de que tiene por sistema apostar contra lo que considera más probable. Como si desafiara a la naturaleza a tomar una senda inesperada, empujado por su obstinada rebeldía y su espíritu provocador. Lo comento y parece asentir con una muda carcajada.

Su espíritu lúdico es extraordinario. Parece muy orgulloso de su presencia en Los Simpson, a juzgar por los muñequitos en su despacho. También de su participación en Star Trek y The Big Bang theory. Hace pocas semanas participó por videoconferencia en la Comic-Con de San Diego, anunciando que no podía estar allí porque de camino había pinchado. Su presencia en la cultura popular es icónica. Sus charlas siempre contienen momentos llenos de gracia que él disfruta demorando el silencio propio para escuchar las risas del público.

Si su conexión con el universo abstracto de la física teórica es milagrosa, no lo es menos su preocupación por asuntos sociales que uno podría suponerle remotos. Su compromiso social y político puede apreciarse en algunas de sus declaraciones y también en sus elegidos silencios. Es un férreo defensor de la sanidad pública y de la necesidad de invertir en investigación científica. Se define ideológicamente como socialista, lo que no le impidió manifestar su firme rechazo a la guerra de Irak impulsada por Tony Blair. “El futuro de la humanidad y de la vida en la Tierra es muy incierto. Estamos en peligro de destruirnos a nosotros mismos por nuestra codicia y estupidez”.

A principios de mayo se vio envuelto en una polémica. Había aceptado una invitación a participar en una conferencia organizada bajo el auspicio de Simón Peres en Jerusalén. Envió una carta a los organizadores anunciando que declinaba su participación, tras consultar a científicos palestinos que había conocido en Ramala en 2006. La carta trascendió a la prensa y la plataforma Boicot, Desinversión y Sanciones señaló que Hawking se había adherido a su causa. Las críticas arreciaron de inmediato. Nadie se detuvo a leer su declaración en el contexto que supone el pacifismo militante de alguien que, además, ha visitado Israel en diversas ocasiones, ha recibido su máxima distinción científica y mantiene estrechos vínculos con sus investigadores. Alguien que nunca se adheriría a boicoteos que representan la negación del diálogo.

Hawking dedicó, con conmovedor esmero, tres cuartos de hora a explicarme su posición, que, en definitiva, busca contribuir a su restablecimiento. “Yo iba a ir a Israel con la condición de dar una conferencia en Cisjordania porque siento que las universidades palestinas necesitan contactos con el mundo exterior, pero todos los académicos palestinos me dijeron que debía respaldar el boicoteo. Sentí mucho no haber ido. Si lo hubiera hecho, habría dicho que Israel necesita hablar con los palestinos y con Hamás, como Reino Unido hizo con el IRA. No haces la paz hablando con los amigos, sino con los enemigos. Estoy feliz de que las conversaciones de paz estén ahora retomándose. Si esto hubiera ocurrido antes, yo habría ido a Israel”.

“La ciencia debe prevenir o curar las discapacidades. Nadie quiere serlo si puede evitarse”

Su relación con la discapacidad ha cambiado con los años. Durante tiempo fue reacio a que se lo identificara con ella. Desafiante, se diría, le dio la espalda y optó por ignorarla. “Nunca he querido sentir pena de mí mismo”. Impresiona la dignidad y fuerza de voluntad con las que lleva adelante su vida. “Quiero hacer las cosas de la mejor manera posible. Siempre he intentado sobreponerme a las limitaciones de mi condición y llevar una vida lo más plena posible. Soy más feliz ahora que antes de desarrollar la enfermedad”. Con el correr de los años, la creciente dependencia de cuidadores y la consciencia de su privilegiada posición, se convirtió en voz de referencia en la lucha por la integración de las personas discapacitadas. Aceptó con orgullo la solicitud de participar en la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Londres. “Los Juegos han mostrado que los atletas discapacitados son como cualquier otro y deberían ayudar a que la gente con alguna discapacidad sea aceptada. Creo que la ciencia debe hacer todo lo posible para prevenir o curar las discapacidades. Nadie quiere serlo, si puede evitarse. Espero que mi ejemplo dé ánimo y esperanza a otros que estén en situaciones similares para que nunca se rindan”.

Su postración le confiere cierto aire atemporal. Uno olvida con facilidad su edad. El año pasado, quien debió morir antes de los 25 celebró su cumpleaños número 70. La cena tuvo lugar en el imponente comedor del Trinity College, el más distinguido de la Universidad de Cambrid­ge, con 32 premios Nobel y figuras como lord Byron, Nabokov, Russell y Wittgenstein entre sus antiguos miembros. El único invitado al que el riguroso esmoquin le quedaba como un guante era Daniel Craig; no lucía extraño ataviado como James Bond. El principal ausente de la cena fue el agasajado, por problemas de salud. Estuvo su madre, Isobel, con quien mantuvo una relación muy cercana hasta que falleciera, hace pocos meses, a los 98 años.

Nos mudamos al Potter room, punto neurálgico del departamento de matemática aplicada y física teórica. Las lámparas están apagadas y las ventanas laterales producen un juego onírico de luces y sombras en su rostro. Hawking parece estar a gusto posando y dejándose llevar por los comentarios risueños que a menudo convocan su risa franca y su mirada atenta. Luego las voces se apagan y el científico más famoso del planeta vuelve a centrarse en la pantalla de su ordenador, señal inequívoca de que sus pensamientos transitan los pliegues de la urdimbre del tiempo y el espacio.

14 marzo 2018
“Miren las estrellas, no sus zapatos”: Stephen Hawking
Murió el emblemático astrofísico inglés, gran investigador, divulgador e ícono cultural.
Por Carlos Chimal
https://www.letraslibres.com/mexico/ciencia-y-tecnologia/miren-las-estrellas-no-sus-zapatos-stephen-hawking

Sereno del cosmos, testigo de cómo su cuerpo luchaba por mantener la coherencia, Hawking fue un diletante que aprendió la lección. Su destino era convertirse en un universitario “decoroso”, es decir, no tenía idea clara de lo que quería hacer con su vida. Un día rodó por las escaleras de su casa en Oxford, le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica) y le pronosticaron dos años de vida. Entonces emprendió el viaje a las estrellas en lugar de quedarse lamentando su suerte, mirando la derrota en la punta de sus zapatos.

Más allá de las declaraciones provocadoras, punzantes, sobre casi cualquier tema (desde el viaje en el tiempo hasta la forma de los alienígenas) que su fama le permitía realizar, ¿qué quedará de su trabajo en astrofísica y, en particular, en cosmología? Recordemos que le tocaron años maravillosos en este antiquísimo campo del conocimiento humano. Las sondas espaciales, los nuevos y más potentes telescopios con sus finos detectores infrarrojos y, luego, ultravioleta, la radioastronomía, se conjugaron para convertir esta ciencia especulativa en una gran ciencia experimental. Las ideas de Hawking acerca del origen, estructura y evolución del Universo adquirieron un sentido profundo, pues siempre estuvo pendiente en lo que sucedía en las rendijas que se estaban abriendo en ambos lados de la escalera cósmica: hacia lo infinitamente pequeño, el ámbito cuántico, y su conexión con lo inmensamente grande. Aceleradores de partículas, sondas espaciales y telescopios eran la masa que llevaba a su pizarrrón para convertirla en bocadillos físico-matemáticos.

En la década de los ochenta apenas se tenía una idea aproximada sobre la naturaleza de los hoyos negros. Hawking escogió ese evento cataclísmico para ejemplificar sus ideas cosmológicas, animado por su tutor, Dennis Sciama. Fue él quien indujo a Hawking a estudiar la flecha del tiempo. Así llegó al trabajo del matemático Roger Penrose, quien suponía que si la teoría de la relatividad general de Einstein estaba en lo cierto, en el centro de los hoyos negros se estaría produciendo un colapso del espaciotiempo, es decir, una singularidad. Hawking pensó, entonces, que si la flecha del tiempo pudiera invertirse, esto sería válido para todo el Universo. Sin embargo, como sabemos, la relatividad general no considera relevante la existencia de la mecánica cuántica. Así surge la obsesión de su vida: encontrar una teoría de todo, una explicación matemática, física, cabal, que explique de manera unificada las fuerzas electromagnéticas con la gravedad, una teoría que dé cuenta de lo que sucede en las galaxias y al interior de los átomos que las constituyen. Y la mejor ventana para asomarse y comprobar si su explicación era válida o no fueron los hoyos negros.

Quizá su gran aportación haya sido empujar las barreras atávicas del pensamiento, no detenerse si los cimientos de algunos paradigmas parecen tambalearse. Cuando en 1972 un estudiante, Jacob Bekenstein, se acercó a él con ideas contrarias a sus hipótesis sobre las “contradicciones” en una de las verdades universales más establecidas, la segunda ley de la termodinámica, a principio se molestó pero después revisó sus matemáticas y se dio cuenta de que, en efecto, la idea de que los hoyos negros no pueden radiar energía era errónea. De hecho, se dio cuenta de que la termodinámica desempeñaba un papel clave en la dinámica de los hoyos negros, así como los principios de la mecánica cuántica.

Conocida como “Radiación de Hawking”, hasta ahora no ha sido comprobada y por eso no ganó el premio Nobel. Los telescopios más poderosos no han podido verificar si en lo que podemos atisbar de los hoyos negros existe una temperatura, esto es, partículas que irradian calor. Y si esto es así, hay entropía. De hecho, la ecuación que describe este fenómeno se llama ecuación de Bekenstein–Hawking. El problema es que si de los hoyos negros pueden irradiar calor, con el tiempo se disiparán. Por tanto, ¿qué sucede con toda la información que contiene? Si desaparece, viola un fundamento de la teoría cuántica, pero si escapa del hoyo, entraría en contradicción con la teoría de la relatividad. Una paradoja imposible de resolver hasta ahora. En 2004 reconoció que los hoyos negros no pueden perder información, como había creído hasta entonces, y siguió en su búsqueda de empatar la mecánica cuántica con la gravedad.

El valor de Hawking como personaje de la cultura popular contemporánea es indiscutible. Su coraje para neutralizar su condición física mediante el humor y la duda útil han inspirado a muchas personas alrededor del mundo. Sus libros deben ser leídos como verdaderas guías astrales. Cuando le pregunté por qué creía que la astrofísica y, en general, las ciencias deberían prosperar, me respondió: “Entre otras muchas razones (enfrentar el caos de la realidad cotidiana, apreciar la belleza intrínseca, resolver problemas prácticos para la supervivencia de las sociedades), porque nuestro destino es regresar de donde venimos”.

Marzo 14, 2018
Adiós, profesor Hawking
Por: Julio César Londoño
http://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/julio-cesar-londono/adios-profesor-hawking.html

Murió ayer en Cambridge, a los 76 años, el físico teórico Stephen Hawking. Había empezado a morir en 2015, cuando se le atrofió el último músculo que controlaba, el risorio, que le permitía comunicarse y manejar la computadora.

Nació el 8 de enero de 1942 en Oxford. La cifra le encantaba porque celebra el centenario de la muerte de Galileo y del nacimiento de Newton, 1642.

Stephen casi no nace. Europa ardía con el fuego de la Segunda Guerra Mundial y Oxford era uno de los objetivos de los bombarderos alemanes. Pero quisieron los astros y los agujeros negros que en diciembre de 1941 se pactara, en una reunión secreta de alto nivel, que los bombarderos alemanes respetarían las ciudades de Oxford y Cambridge, mientras que la aviación inglesa haría lo propio con Gotinga y Heidelberg. El convenio apuntaba a proteger los centros académicos más importantes de los dos países (de tarde en tarde los bárbaros razonan) y salvó de paso la vida del bebé de los Hawking.

Stephen supo que algo no andaba bien un día que tuvo problemas para amarrarse los zapatos. Tenía 21 años. A los 36, cuando ya los estragos de la esclerosis eran devastadores, nadie habría adivinado que viviría tantos años ni que se convertiría en un ícono de la ciencia contemporánea. Imposible encontrar uno mejor: cuadrapléjico, con voz robótica, cuerpo desarticulado, ojos azules, rostro desfigurado, una cabeza muy grande para su cuerpo de 42 kilos de peso, autor de investigaciones sofisticadas sobre astrofísica y la reputación de ser el hombre más inteligente del mundo, Hawking era el símbolo perfecto de una ciencia que acaricia la ambición de descifrar el universo y crear cyborgs.

Hizo dos aportes notables a la física: un modelo matemático para describir los agujeros negros (sumideros de energía, materia altamente concentrada) y la demostración, junto con Roger Penrose, de los ‘teoremas de la singularidad’. El primero es importante porque se cree que el universo se originó a partir de la explosión de un agujero negro, pero los físicos ortodoxos encuentran todo esto demasiado metafísico. Estoy de acuerdo. El Big Ban, ese estremecimiento de la nada en el no-tiempo y el no-espacio, que produjo partículas sin masa en t = 0 y una billonésima de segundo después el bosón de Higgs y finalmente gases, piedras, estrellas, flores y pájaros, es una teoría descaradamente mágica. Hawking lo sabía pero trabajaba sobre ella porque le parecía un tris menos inverosímil que el Génesis.

Cuando abandonó a su esposa para casarse con una de sus enfermeras, ella se vengó escribiendo Música para conmover estrellas. “Lo difícil”, afirmó allí, “no fue bañarlo, vestirlo, darle la sopa, cuidar los niños y prepararle las notas de sus conferencias durante 25 años, sino convencerlo todas las mañanas de que él no era Dios”.

Su mejor recuerdo era el homenaje que le hicieron sus colegas una tarde de enero de 2003. Mientras el sol doraba los viejos muros de Cambridge, el sintetizador de voz de Hawking agradeció el gesto de los profesores con un discurso breve pero emotivo. Cuando el auditorio lo ovacionaba de pie, y la Sinfónica de Londres ejecutaba su pieza favorita, La cabalgata de las valquirias, llegó Roger Penrose, su profesor y compañero de investigaciones, y los dos sabios se fundieron en un abrazo estrecho y largo. “No quedó un ojo seco en el auditorio”, recordaba Hawking.

Soñó como todos con la Teoría del Todo, y fracasó, como todos.

Buen viaje, profesor Hawking. Que el cometa más rutilante lo acompañe hasta el fondo mismo del agujero más negro.

Stephen Hawking, un científico brillante
con estatus de estrella del rock

EL ESPECTADOR, 14 Mar 2018 – 5:40 AM
Agencia Afp
Su vida fue objeto de una película ganadora de un premio Oscar. «Mi objetivo es simple», dijo en una ocasión. «Es entender completamente el universo, porqué es como es y porqué existe simplemente».

AFP
El físico británico Stephen Hawking, que falleció este miércoles a los 76 años, era el científico más popular del mundo desde Albert Einstein, un genio que desveló secretos del universo y luchó contra una terrible enfermedad.
Hawking disfrutaba de un estatus de estrella del rock, y su vida fue objeto de una película, «The Theory of Everything», que le valió el Oscar al actor que lo encarnaba, Eddie Redmayne. 

Nacido en la ciudad universitaria de Oxford, cerca de Londres, el 8 de enero de 1942, en el tricentenario de Galileo, Stephen William Hawking siempre creyó que la ciencia era su sino.
Pero el destino fue cruel. A los 21 años le diagnosticaron una forma atípica de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ataca a las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios. Lea también: Murió Stephen Hawking a sus 76 años
Contra todo pronóstico, Hawking superó las predicciones que le daban entre dos y tres años de vida, aunque sufrió los devastadores efectos que progresivamente le dejaron paralizado y le permitieron comunicarse sólo a través de un ordenador que interpreta sus gestos faciales.
La primera ministra británica Theresa May lamentó la muerte este miércoles del popular científico británico Stephen Hawking, al que describió como «una mente brillante y extraordinaria». En contexto: Stephen Hawking: de estudiante vago a genio de la física. También: Así funcionaba la sofisticada computadora que le devolvió el habla a Stephen Hawking

«El profesor Stephen Hawking era una mente brillante y extraordinaria, uno de los grandes científicos de su generación. Su valentía, humor y su empeño en aprovechar la vida fueron una inspiración», escribió May en la red social Twitter sobre el astrofísico fallecido a los 76 años.
«Su legado no será olvidado», sentenció May.

‘Una vida normal’ 
«Traté de llevar una vida lo más normal posible, y no pensar en mi enfermedad o lamentar las cosas que me impide hacer, que no son tantas», escribió una vez el científico, que utilizaba una silla de ruedas «inteligente». Hawking, sin embargo, distaba mucho de ser normal.
En el interior de su cada vez más deteriorado cuerpo había una mente brillante, fascinada por la naturaleza del universo, cómo se formó y cómo podría terminar.
«Mi objetivo es simple», dijo en una ocasión. «Es entender completamente el universo, porqué es como es y porqué existe simplemente».

Muchos de sus trabajos se centraron en unir la relatividad (la naturaleza del espacio y del tiempo) y la teoría cuántica (la física de lo más pequeño) para explicar la creación y el funcionamiento del cosmos.
En 1974, se convirtió en uno de los más jóvenes miembros de la Royal Society, la sociedad científica más prestigiosa del Reino Unido, con sólo 32 años.
En 2014, el cinetífico prestó su voz robótica para hacer una versión de la célebre canción Galaxy Song del grupo cómico británico Monty Python.

En contexto: Diez frases célebres de Stephen Hawking

Titular de la cátedra de Newton

En 1979, fue nombrado titular de la prestigiosa Cátedra Lucasiana de la Universidad de Cambridge, centro al que llegó procedente de la Universidad de Oxford para estudiar astronomía teórica y cosmología.
La cátedra, a la que tuvo que renunciar al cumplir la edad límite de 67 años, fue ocupada tres siglos antes por el ‘padre’ de la gravedad Isaac Newton.

Hawking puso a prueba las teorías de Newton en 2007, cuando a los 65 años de edad realizó un vuelo de gravedad cero en Estados Unidos, en lo que esperaba fuera sólo un primer paso antes del vuelo suborbital espacial que esperaba llegar a realizar. «Pienso que la raza humana no tiene futuro si no va al espacio», insistió en los últimos años de su vida.
«Creo que la vida en la Tierra está ante un riesgo cada vez mayor de ser destruida por un desastre, como una guerra nuclear repentina, un virus creado genéticamente u otros peligros», dijo.

Para cuando participó en el vuelo, Hawking era mundialmente famoso y conocido como un comunicador ingenioso y dedicado a hacer accesible la ciencia a un público lo más amplio posible.
Su libro de 1988 «Historia del Tiempo» buscaba explicar a los no científicos las teorías fundamentales del universo y se convirtió en un superventas con millones de copias vendidas en todo el mundo.
Fue seguido en 2001 por «El universo en una cáscara de nuez», y también protagonizó numerosos documentales e incluso hizo apariciones estelares en populares series televisivas como «Star Trek» y «The Simpsons».

En 2007, Hawking publicó un libro para niños, «La llave secreta de George para el universo», con su hija, Lucy, en el que trataba de explicar el sistema solar, los asteroides, sus queridos agujeros negros y otros cuerpos celestes.
Recibió innumerables reconocimientos y títulos honoríficos, y fue condecorado Comandante de la Orden del Imperio británico por la reina Isabel II.
El astrofísico continuó trabajando e investigando hasta el final, sin perder su curiosidad y su humildad ante los innumerables misterios de la ciencia.

«Me parece que acabo de perder 100 dólares», admitió en 2012 tras el anuncio del descubrimiento del bosón de Higgs, la escurridiza partícula postulada por Peter Higgs y considerada como el santo grial de la cosmología.
El único enigma que, según él, nunca logró desentrañar, fueron «las mujeres». «Un misterio total», declaró una vez a la revista New Scientist.
Hawking contrajo matrimonio en 1965 con Jane Wilde, con quien tuvo tres hijos. La pareja se separó al cabo de 25 años y él se casó con su enfermera, Elaine Mason, mucho más joven, de quien también se divorció en 2006 en medio de rumores de maltrato.

La misteriosa conexión de la muerte de Hawking con Einstein y Galileo
Para muchos se trata de una coincidencia casi cósmica entre tres grandes genios de la ciencia. 

Galileo, Einstein y Hawking son tres de los científicos más importantes en la historia de la humanidad.
Foto: 
Archivo particular / EFE
 
CIENCIA
 
ALBERT EINSTEIN
 
STEPHEN HAWKING
Por: ELTIEMPO.COM, 14 de marzo 2018 , 02:24 p.m.

Se podría decir que son varias las características que unen a Stephen Hawking, Albert Einstein y Galileo Galilei, pese al lapso temporal que los separó. Los tres han sido considerados revolucionarios de su época,  marcaron con su legado la historia científica de la humanidad y con sus descubrimientos abrieron una puerta a la generación de nuevo conocimiento. 
Sin embargo, tras la el fallecimiento del científico británico, autor de la teoría sobre los agujeros negros, algunos usuarios empezaron a dar a conocer la que para ellos es una asombrosa coincidencia numérica al analizar alguna información de la vida de estos tres genios.

El primer dato conector es la fecha de nacimiento de Hawking, el 8 de enero de 1942, pues ese mismo día se cumplía el aniversario número 300 de la muerte del astrónomo, matemático y físico italiano Galileo Galilei.

La seguidilla de asombrosas conexiones continua tras conocerse la muerte del autor de ‘Breve historia del tiempo’, pues murió este miércoles a los 76 años, edad en la que también lo hizo Albert Einstein.

Casualmente también fue un 14 de marzo de 1879, hace 139 años, que nació el padre de la teoría de la relatividad especial. Las redes sociales no tardaron en dar cuenta de estas coincidencias.
Stephen Hawking también conquistó la pantalla y la música
Consejos de Stephen Hawking para disfrutar la vida

Oscar D. Sanchez@ODOSMO_
8 de enero de 1642 – Muere Galileo Galilei
8 de enero de 1942 – Nace Stephen Hawking

14 de marzo de 1879 – Nace Albert Einstein
14 de marzo de 2018 – Muere Stephen Hawking#RIP #StephenHawking
2:23 – 14 mar. 2018

Roger @ElMajeDelOso
Vaya dato interesante.
Stephen hawking nace 300 años después de la muerte de Galileo Galilei y muere el dia que nace Albert Einstein.#stephenhawking
23:58 – 13 mar. 2018
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Tal parece que la ciencia acompañó a Hawking hasta el último de sus días, pues murió en la fecha en que se celebra el día del número infinito Pi (3,14), pues al tratarse del mes 3 y el día 14 sería la fecha que más se le parece al valor numérico irracional

P. Alejandro Godoy H.@Paalgoh
Stephen Hawking nació justamente 300 años después que Galileo Galilei y muere hoy (en Inglaterra 14 de marzo) el día del cumpleaños de Albert Einstein y del número π (pi).

Hasta su último respiro hizo de su vida una ciencia matemática.
2:28 – 14 mar. 2018

Mente a punto@menteapunto
Muere Stephen Hawking, el hombre más inteligente del planeta. Gracias por enseñarnos tanto, del universo y de la vida. Gracias por ser un ejemplo constante de que las barreras solo están en la mente. Naciste honrando a Galileo, te vas honrando a Einstein. Y a Pi (π). D.E.P.
5:19 – 14 mar. 2018
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