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¿Qué futuro aguarda a las CCP en España? -- Antonio Moreno, miembro de CCP de Andalucía

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CCP

En el 2009, nuestro amigo Luis Angel Aguilar escribía: “Repartidos en 14 coordinadoras provinciales y regionales, todavía podemos contabilizar más de 1200 hombres y mujeres que participamos en unas 115 pequeñas comunidades (CCP) en España. A ellas hay que añadir otras tantas que pertenecen a diversas Iglesias de Base, como las de Madrid, Murcia o Asturias -entre otras-, que también forman parte de lo que genéricamente llamamos en Europa CCB, aunque no estén coordinadas como CCP, pero con las que compartimos prácticamente el mismo modelo de sociedad y de Iglesia”.

Hoy seremos algunos menos, porque la edad media de las CCP españolas se sitúa en los 65 ó 70 años y no hay, ordinariamente, cambio generacional. Entonces debemos preguntarnos: Si en las CCP la inmensa mayoría somos mayores ¿qué futuro nos espera? ¿se acabarán dentro de poco con el último que apague la luz? ¿Deberemos aceptar sin más la defunción de las CCP? Si no es así ¿En dónde puede estar la clave de su mantenimiento?

1.- Nuestros fallos.- Es lo primero que debemos ver, porque es cierto que, junto a logros innegables, hemos cometido tambien muchos fallos en las CCP. Yo ahora me refiero a estos cuatro. En el diálogo podemos encontrar muchos más.

A) Durante la Transición y en los primeros años de la Democracia (1975-1982) nos sentimos eufóricos, nos creímos los mejores. Descubrimos, ayudados por la Teología de la Liberación y el movimiento de Cristianos por el Socialismo, que nuestra fe no es solo oración, culto, ritos, proclamación y celebración de la Eucarística etc., sino que ha de ser también fe liberadora, foco de evangelización, concebida como factor primordial de promoción humana, de lucha por la justicia, por la dignidad y derechos humanos, que debía concretarse en un compromiso individual y colectivo de participación en cualquiera de las organizaciones que se da el pueblo en la lucha por su liberación, por quitarse de encima la opresión que sufría y transformar la sociedad. Descubrimos que ese compromiso era un acto de amor al prójimo, sobre todo a los oprimidos o “pobres del Evangelio”, y en él estaban fundidos los dos planos: el natural y el sobrenatural, sin embargo, olvidamos con frecuencia, que nuestra fe es también don gratuito e interior y que nuestra respuesta personal liberadora se funda y madura en la oración y meditación de la Palabra, se proclama por la boca y se celebra en ritos, principalmente en el Bautismo y Eucaristía. Fue, sin duda, el inicio de entender nuestra fe en clave de laicidad, pero al tomar ese compromiso como única característica del cristiano, considerábamos que quien no militase en un partido de izquierdas no era cristiano, con lo que apenas nos distinguíamos de cualquier militante de esos partidos.

B) Nos decíamos Comunidades Cristianas Populares, pero ¿realmente estábamos insertados en el pueblo como las CEB en America Latina? O ¿Éramos más bien personas de la clase media, laicos de la HOAC y otros movimientos, sacerdotes y religiosas/os secularizados, sacerdotes obreros etc.? Ciertamente, luchamos junto al movimiento obrero y seguramente por nuestra actuación hoy lo que queda de la clase obrera mire con mejores ojos a los cristianos, no a la Iglesia jerárquica. Pero ¿no nos olvidamos del pueblo creyente? ¿No hemos mirado con altivez o desprecio a la masa que se declaraba católica y va a las parroquias, a los miembros de Cáritas, de las Cofradías y Hermandades? Por haber entendido nuestra fe solo en clave liberadora, llegamos al extremo de despreciar con frecuencia a estas masas cristianas que practican una “religiosidad popular”, basada en la asistencia a misa y en la recepción de los sacramentos y que se manifiesta en votos y promesas, en procesiones, romerías, peregrinaciones y en un sinnúmero de devociones y novenas. Nos creímos los mejores, pero nos aislamos del pueblo cristiano.

C) Que no ha habido intercambio generacional en nuestras Comunidades, es algo también evidente. Los hijos de los que militaban en las CCP no han aceptado nuestro modo de entender a Iglesia y la gente joven no ha entrado en las CCP. Nuestra propuesta no he tenido la fuerza de atraer a los jóvenes. Hemos ido creciendo sin jóvenes y hoy somos Comunidades de viejos.

D) Finalmente, está nuestro enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica. Hemos gastado demasiadas fuerzas en esa lucha, convenciéndonos al final que solo ha supuesto “dar coces contra el aguijón“. Hemos criticado sus pastorales, sus contradicciones, sus pecados, porque no podíamos estar de acuerdo con el poder que dictamina desde arriba imponiendo doctrinas, habiendo descubierto que la fe es un estilo de vida no unos dogmas. Pero, por otra parte, no hemos tratado, o lo hemos hecho en poca medida, de crear nosotros nuevas formas de vida en Iglesia o no hemos criticado a la jerarquía allí donde más podría dolerle: en el aspecto económico que recibe de su unión con el Estado. En definitiva, no promocionamos la Iglesia popular, ni el Estado laico.

2.- Inadaptación a los cambios socio-políticos.

Estos fallos hay que enmarcarlos dentro de la situación socio-política que hemos vivido. En la transición democrática luchamos por adquirir los derechos fundamentales democráticos de reunión, asociación, manifestación, amnistía política, etc., y para ello nos dotamos de instrumentos socio-políticos: sindicatos y partidos políticos que, en su momento, fueron creíbles y eficaces. Hoy nuestra lucha cambia de signo, debemos luchar por los derechos básicos humanos y constitucionales que hemos perdido o que el capitalismo neoliberal ha arrebatado al pueblo: el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, enseñanza, la atención a los mayores y personas discapacitadas etc. Y en esta lucha no nos sirven ya los sindicatos, los partidos políticos, las ONGs que tuvimos, se han vuelto inservibles por corruptos, lo que explica el desencanto de la gente respecto a los mismos. Toda esta situación ha influido también en la crisis de las CCP. Yo creo que desde los años de la Transición a hoy la sociedad ha ido cambiando y no nos hemos dado cuenta de ello. Y que los sindicatos, las ONGs, los partidos políticos de entonces se han ido corrompiendo ante nuestros ojos y no hemos dicho nada o muy poco. Y al quedarnos sin instrumentos no hemos sabido concretizar nuestro compromiso socio-político, que si no es único, sí es esencial e indispensable para nuestra fe liberadora. No hemos sabido adaptarnos a las circunstancias, por ello vivimos ahora nuestra fe en las CCP de un modo tibio, sin el entusiasmo del principio.

¿Es necesario dar todo por perdido? O ¿es posible encontrar todavía algunas claves para la recuperación de las CCP? Yo creo que si, que siempre es posible reformarnos y actualizarnos, pero ¿cuáles serán los retos y las claves de esta recuperación?.

3.- Los retos que se plantean hoy a las CCP.

Los resumo en estos dos:

3.1.- Adaptarnos a la nueva situación socio-política.

La historia no se repite, pero existen semejanzas y diferencias del hoy con el pasado, que es necesario reconocer para no repetir los errores cometidos. Si en la transición democrática se luchó por adquirir los derechos fundamentales democráticos de reunión, asociación, manifestación, amnistía política, etc., hoy se trata de recuperar otros derechos constitucionales que hemos perdido o que el capitalismo neoliberal ha arrebatado al pueblo. En España la dictadura neoliberal se muestra hoy más brutal que lo fuera la dictadura franquista, pues exige que todos los recursos existentes se supediten al pago de la deuda a los bancos acreedores alemanes, franceses, holandeses etc., que alimentaron nuestra burbuja inmobiliaria. Deuda particular que se ha transformado en deuda pública y cuyo pago nos exigen, sin importarles los sacrificios y recortes que el Estado tengan que hacer en el “estado de bienestar ciudadano”. Cuando escribo, el FMI pide nuevos recortes a España, para bajar el déficit de la deuda: subir de nuevo el IVA, bajar los sueldos un 10 %, tocar de nuevo las pensiones (Véase: http://economia.elpais.com/economia/2013/08/02/empleo/1375433844_528355.html ). Nuestra lucha por la democracia supone hoy la reivindicación y reconquista de estos derechos fundamentales, reconocidos en la Declaración de los Derechos Humanos y en el Título 1º de nuestra Constitución, que supone una denuncia radical y constante contra este Capitalismo que es imposible que pueda coincidir con planteamientos evangélicos.

Para conseguir este “estado básico de bienestar” habrá que inventar también nuevos medios instrumentales. El reto que hoy se nos presenta a los miembros de las CCP es el de buscar, descubrir y promocionar nuevas plataformas de participación ciudadana, al mismo tiempo que tratamos de renovar las viejas instancias políticas y sindicales de clase que se nos han vuelto inservibles. En primer lugar, las CCP tendremos que crear y seguir participando hoy en las nuevas plataformas de beneficencia -porque la gente pasa hambre- como son los Bancos de Alimentos, Caritas, comedores sociales, acogida de personas que viven en la calle, de inmigrantes etc.; esta labor de beneficencia es hoy fundamental, a causa de la crisis y en imitación de las primeras comunidades cristianas, que repartían sus bienes “según las necesidad de cada uno” (Hch 2,45), sin olvidar que esas plataformas de beneficencia aunque sean necesarias, son el sustituto de una justicia social que debe ejercer el Gobierno y no lo hace. Pero, sobre todo, habrá que promover la participación de las CCP en las nuevas plataformas que el pueblo se da, de lucha por la justicia y el restablecimiento de los derechos humanos fundamentales y constitucionales, tales como el Movimiento del 15 M; Democracia real YA; Plataforma Afectados por la Hipoteca; las Mareas de Educación, Sanidad, Función Pública; Asambleas ciudadanas constituyentes y de la Deuda ilegítima etc., sin olvidar las ONGs, DDHH, los Acoges de inmigrantes, los sindicatos verdaderos de clase y los partidos políticos que promuevan realmente una sociedad sin clases etc.

3.2.- Buscar un nuevo rostro de Iglesia

Dejada atrás la larga y horrible etapa de Juan Pablo II y de Benedicto XVI (Wojtyla y Ratzinger), durante la que el nuevo Papa Francisco reconocía en su viaje de Brasil, que: “la Iglesia se ha mostrado demasiado lejana de las necesidades (de los humildes), demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones; quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta” (http://internacional.elpais.com/internacional/2013/07/27/actualidad/1374948221_344203.html ), parece que las circunstancias eclesiales también están cambiando. Tras la renuncia de Benedicto XVI el 28 de febrero de 2013, el nuevo papa Francisco esta dando pasos positivos en la reforma de la Iglesia, entre las que podemos citar: las comisiones para reforma de la curia y la investigación sobre el banco vaticano, la defensa de la laicidad del Estado y el reconocimiento de los gays etc. . Por todo ello, el reto de las CCP no es seguir criticando a la jerarquía, que también, sino el empeño en buscar un nuevo rostro histórico de la Iglesia, es decir, promover la alternativa de una Iglesia popular en un Estado laico.

3.2.1.- Una Iglesia popular, alternativa a la Iglesia clerical. El Vaticano II implantó la revolución copernicana de que la autoridad que proviene de Dios (Rom.13,1-2), no recae primeramente en el Papa, obispos, sacerdotes, sino en el pueblo cristiano: “La Iglesia es el nuevo pueblo (laós) de Dios” (LG,9), exponiéndolo ampliamente en los cc.1 y 2 de la LG y tratando en el capítulo 3º de la jerarquía. La eclesiología anterior, con el Vaticano I, lo consideraba al revés. Efectivamente, en esta “comunidad de creyentes”, todos formamos una unidad básica, un nuevo pueblo (laós) de Dios. Según esto, toda la Iglesia es popular, laica en su sentido etimológico, dándose una identificación entre cristiano y laico o perteneciente al pueblo de Dios, aunque posteriormente en él existan distintos carismas ministeriales. Por ello, los obispos y la jerarquía en general, no pueden identificarse, como se ha hecho siempre, con “la Iglesia“, ni están “sobre” ella, sino “dentro” de ella, junto al resto del pueblo cristiano.

Ahora bien, esta Iglesia popular no es algo abstracto y genérico, sino que se hace presente en las Iglesias particulares o domésticas en donde se concretiza el Pueblo de Dios o la Iglesia universal. Así lo dice la LG, n.26: “las legítimas reuniones locales de fieles que unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesias” y los documentos de Medellín (Cap.15. Pastoral de conjunto. Punto 3 Orientaciones pastorales. Comunidades Cristianas de Base. n 10, ) añaden, que las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) latinoamericanas son: “el núcleo primero y fundamental de esta comunión eclesial, la cédula inicial de la estructuración de la Iglesia”. Pues lo mismo podemos decir de nuestras Comunidades Cristianas Populares: al ser legitimas reuniones locales de fieles, ellas son verdaderas Iglesias particulares o cédulas iniciales de estructuración eclesial. No somos un movimiento apostólico más o un grupo o movimiento parroquial, sino verdaderas Iglesias particulares o domésticas. En tal sentido, las CCP suponen una verdadera eclesiogénesis o el nacimiento de una nueva Iglesia popular, colocándose estas Iglesias particulares o domésticas al mismo nivel de las parroquias y las diócesis, porque en ellas está todo lo esencial de la Iglesia sacramento de salvación, siempre que proyecten en la sociedad su fe liberadora y se abran a las demás comunidades eclesiales para formar la Iglesia católica y universal, esperando a la futura Iglesia escatológica, en donde se llegará a la plenitud. Iglesia popular que “reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo» ( LG n.8).

El reto fundamental que se nos presenta, pues, a las CCP es el de si tenemos conciencia colectiva de ser núcleos o cédulas de verdaderas Iglesias particulares y una nueva eclesiogénesis. Si nuestra preocupación básica es afirmar y divulgar nuestra experiencia de que somos un nuevo rostro o una nueva forma histórica de ser Iglesia: Iglesia popular, de los pobres y marginados. Partiendo de esta conciencia, sí es pertinente preguntarnos qué futuro aguarda a esta forma nueva de ser Iglesia, no tanto lo que nos sucederá a los miembros que ahora la formamos, personas mayores sobre todo. El problema de si existe o no relevo generacional es importante, sin duda, pues alguien tendrá que continuar el proyecto, pero no es determinante. Creo que lo determinante es hacer fluir por nuestras Comunidades nuevos ideales o sangre nueva, no sólo sangre joven, es decir, un nuevo tipo de relaciones evangélicas o de Iglesia popular entre nosotros y con el mundo que nos rodea. Si este nuevo rostro histórico de ser Iglesia es vivo y atrayente, ya vendrán nuevas personas, maduras y jóvenes, para continuarlo, como nos cuentan los Hechos de las primeras comunidades, a las que, tras el discurso de Pedro (2,41): “se les agregaron aquel día como unas tres mil almas «.

Otro reto a que deben responder las CCP es el de profundizar en su vida espiritual interior a ejemplo de Jesús, quien no solo “hizo y enseñó” (Hech 1,1), sino también “se retiraba a orar a un lugar solitario” (Mc 1,35). Esto supone, ante todo, el estudio y meditación de la Biblia, especialmente del Éxodo, de los Profetas, Evangelios, Cartas paulinas, Hechos, Apocalipsis etc., que iluminen y orienten la vida cristiana de los miembros. Fe interior y espiritual manifestada en la oración y meditación frecuente, ayudada, si es necesario, de técnicas orientales. Fe proclamada por la boca (Rom 19,8), celebrada en el culto, con los ritos y símbolos adecuados a la realidad y cultura de los pueblos, sobre todo, los ritos de iniciación o Bautismo y de fraternidad o Eucaristía. En las CCP, por tanto, debemos vivir cada vez más, nuestra religiosidad interior, lo que olvidamos con frecuencia y ser lugar también donde se viva la “religiosidad o espiritualidad popular”.

Es cierto que esta “religiosidad popular” que practica el pueblo cristiano y que se manifiesta de mil maneras en novenas, procesiones, romerías etc., tiene deficiencias manifiestas: es una religiosidad de tipo cósmico, en la que Dios es respuesta a todas las incógnitas y necesidades del hombre, que no resiste las críticas del conocimiento científico; es una religiosidad mágica, pagana y supersticiosa que tiene un carácter utilitario, comercial y revela un cierto temor a lo divino etc. Pero por “religiosidad o espiritualidad popular“, también “se entiende una Iglesia que busca encarnarse en los medios populares del continente y que, por lo mismo surge de la respuesta de fe que esos grupos den al Señor” (Puebla n. 263B). Esta religiosidad popular posee también indudables valores humanos, al expresar un sentido de identidad personal, solidaridad y pertenencia en los grupos que la forman, que responde a deseos de seguridad y simultáneamente a la necesidad de adoración y gratitud hacia el Ser Supremo y que, igualmente, es una reserva de virtudes cristianas, al expresar su fe de un modo simple, emocional, colectivo y de práctica sencilla de la beneficencia y caridad. El reto que se les presenta hoy a las CCP españolas, por muy extraño que nos parezca, es, a semejanza de las CEB latinoamericanas, el de transformar esta religiosidad popular -la del pueblo cristiano que va a misa los domingos y recibe los sacramentos, también el de las Cofradías, Hermandades y romerías -, y elevarla desde los niveles inferiores y débiles, hasta una fe adulta, comprometida y liberadora. Creo que de ahí puede venir una renovación de las CCP, seríamos entonces verdaderamente Comunidades populares.

El siguiente reto de las CCP es de ser foco de evangelización. A las Comunidades Cristianas Populares no les basta vivir y celebrar internamente su fe, dedicarse al estudio de la Biblia y a la oración, a la alabanza y a las manifestaciones de culto e incluso a la caridad. Es necesario que sean foco de evangelización, concebido como factor primordial de promoción humana, de lucha por la justicia, por la dignidad y derechos humanos, y esto, no solo en el plano socio-político, al que nos hemos referido antes, sino también en las relaciones de la Iglesia y el Estado. Es decir, promover una Iglesia popular en un Estado laico.

3.2.2. Iglesia popular en un Estado laico.- Creo que este es un tema que, junto a nuestros compromisos socio-políticos, olvidamos tratar las CCP y hoy me parece uno de los retos más urgente que se nos presenta a las CCP: el trabajar por un Estado laico a nivel español, donde la Iglesia católica no siga gozando de los privilegios que le otorgan los Acuerdos del 1979. Pedir la anulación de tales Acuerdos es otro de los retos urgentes que hoy se les plantea a las CCP, pero mientras esto no se consigue tendremos que seguir denunciando y combatiendo los puntos neurálgicos de estos Acuerdos. Esta denuncia es una de las críticas más eficaces que podemos hacer a la jerarquía eclesiástica, en donde más daño se le puede hacer, en el económico. Tendremos que pedir la anulación de: La asignación del clero que este año, en virtud de la «la casilla del IRPF», la Iglesia católica recibirá la cantidad de 247 millones de € y que Hacienda ingresa cada mes en una cuenta de la Conferencia episcopal de la que los obispos y los párrocos cobran su salario, como unos funcionarios más (1). La anulación de la nómina de los profesores de Religión en los colegios (700 mill) y la financiación de los centros concertados de ideario católico. El mantenimiento del patrimonio artístico en manos de la Iglesia católica. La financiación de los capellanes del ejército, hospitales, cárceles, cementerios o capillas universitarias (50 mill.) y, sobre todo, la normativa que la Ley Wert quiere implantar, equiparando la asignatura de Religión al resto de asignaturas para la evaluación y obtención de becas y la eliminación de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” etc., etc. En definitiva, entre los retos fundamentales que, a mi parecer, se le presenta hoy a las CCP es el de promover una Iglesia popular o laica en un Estado laico, en donde exista una separación absoluta del Estado y de las Religiones, sea cual sea su denominación. Y, junto a ello, promover una Ley de libertad de conciencia no solo de libertad religiosa, en virtud de la cual, todas las cosmovisiones sean reconocidas y respetadas, sean religiosas, agnósticas o ateas. En relación a esto, el último reto a señalar a las CCP, sería el fomentar el diálogo, no solo interreligioso con las demás confesiones religiosas, sino también con los agnósticos y ateos, en este mundo cada vez más secularizado y cuando el cristianismo va pasando cada vez más a la diáspora.
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1)Puede verse en Redes Cristianas algunos datos sobre la financiación de la Iglesia católica en España, en el año 2012. [En línea: http://www.redescristianas.net/2013/04/18/algunos-datos-sobre-la-financiacion-de-la-iglesia-catolica-en-espana-abril-2013francisco-delgado-presidente-de-europa-laica/ . Consulta 29-05-2013].

Antonio Moreno de la Fuente
CCP Sevilla, agosto 2013 (*)
(*) Charla tenida en las vacaciones de las CCP en Pontevedra, agosto 2013

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