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Qué es para los cristianos laicos la comunidad (I) -- Salvador Mendoza

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Alandar

La comunidad cristianaSe han publicado numerosos libros en los que se explica con detalle y acierto lo que debe ser la Comunidad Cristiana, por lo que sería una pretensión un tanto pedante querer aclarar conceptos teóricos sobre la misma. Tampoco pretendo describir cómo es la comunidad cristiana de laicos. Comunidades hay muchas y muy diversas… Desde aquellas cuyos miembros viven juntos compartiendo mesa y techo…; las que han conseguido vivir en un mismo edificio con algún espacio común donde se reúnen y oran…; las que teniendo un proyecto común, cada uno vive donde puede, dedicando a las reuniones comunitarias algunas horas semanales… Hay comunidades parroquiales –ya las menos desgraciadamente- las hay extra parroquiales…

Nosotros somos de las mencionadas en tercer lugar y de las llamadas “parroquiales”, porque fue desde la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe de Madrid desde donde, hace treinta años, se nos invitó a vivir la experiencia comunitaria.

Es posible que nos parezcamos muy poco al ideal de comunidad que con frecuencia describen los teóricos del tema, pero al aceptar -no sin cierto temor y temblor- la invitación que nos hace Alandar, lo único que pretendemos es compartiros humildemente cómo fue nuestro proceso, cuál fue y cómo se gestó nuestro proyecto y a dónde estamos poniendo nuestros acentos en nuestra actual andadura comunitaria.

Cómo fue nuestro proceso:

La parroquia fue muy consciente de que formar una Comunidad Cristiana era algo que “no se podía improvisar”, que no surge por arte de magia, ni es la consecuencia o suma de la buena voluntad de la gente… Por eso la llamada fue en principio a vivir un proceso catecumenal de tres años, en el que a través de una temática bien planteada fuimos descubriendo los motivos profundos que nos habían llevado allí. Necesitamos ir conociendo también cuál era el Dios de cada uno, en qué Dios creíamos, qué imágenes y vivencias traíamos de Él… Fue entonces cuando nos percatamos de las falsas imágenes de Dios que muchos veníamos arrastrando y hasta qué punto era urgente “convertirnos” al Dios de Jesús. Otro caballo de batalla era la Iglesia… Si de Dios y de Jesús traía cada uno sus propias ideas, ¿qué pensábamos de la Iglesia? ¿quién era y qué era la Iglesia para nosotros?, ¿en qué Iglesia queríamos vivir y qué clase de Iglesia queríamos construir…?

A todas estas cosas y algunas más dedicamos tres largos cursos. Acabado el “proceso”, tampoco quisimos precipitar las cosas. Nos dimos tiempo suficiente, porque el paso a la Comunidad, que entre todos tendríamos que diseñar, debía ser una decisión personalmente reflexionada y sopesada.

Como era de esperar, ni todos aguantaron todo el proceso, porque descubrieron que lo que se les ofrecía no era lo que realmente buscaban, ni todos los que lo acabamos respondimos al reto comunitario…, aunque sí una mayoría suficiente como para ponernos a trabajar con ilusión nuestro “proyecto”.

Nuestro Proyecto:

Desde el primer momento quisimos ser realistas evitando la “comunidad ideal”.
Partiendo de nuestra realidad y de la lectura reflexionada y compartida de algunos libros, nos centramos en la búsqueda y concreción de “nuestra comunidad posible”. Una comunidad con unos “rasgos y unos gestos” muy concretos, muy nuestros…

Nuestros Rasgos:

1º.- Queríamos que fuera, ante todo, “Una Comunidad de Iguales”. y en la que (sin prisas, pero sin pausas,) pudiéramos “compartir lo que somos y tenemos. Era nuestro deseo de COMPARTIR VIDA
¿Pero qué entendíamos de verdad y qué seguimos entendiendo por COMPARTIR VIDA?:
Nuestra respuesta fue: Conocernos unos a otros tal y como somos y en profundidad, conocer nuestra realidad de vida familiar, laboral, ocio, estilo de vida en lo económico, en nuestros proyectos y decisiones, dejándonos confrontar en un discernimiento comunitario… Sabiendo que esto conlleva romper las barreras del individualismo y asumir las situaciones personales de cada miembro de la comunidad dentro de un equilibrio.
PAUTAS que nos dimos para realizarlo:
– Comunicarnos en verdad y libertad compartiendo lo cotidiano.
– Estar dispuestos a ejercer y aceptar la corrección fraterna.
– Dar a conocer nuestras decisiones importantes antes de tomarlas y discernirlas juntos.
– Comunicación de nuestros bienes, discerniendo, tanto hacia dentro como hacia fuera, el uso de
los mismos.
GESTOS concretos y espacios que elegimos para poder realizar dichas pautas:
– En nuestra realidad comunitaria: dentro de las reuniones, en convivencias, ejercicios, espacios de tiempo libre y vacaciones. Debemos decir a este respecto que al poco tiempo de formar la Comunidad decidimos vivir juntos, incluidos nuestros hijos, una semana de nuestras vacaciones veraniegas. Experiencia que seguimos realizando desde hace veinticinco años y que siempre ha sido uno de los momentos fuertes y más enriquecedores de nuestra comunidad.
– Celebrar la alegría del encuentro, casi siempre semanal, y los acontecimientos de la vida personal de los miembros.
– Crear un fondo común solidario que haga efectiva nuestra comunicación de bienes.

2º.- “Comunidad que tuviera como base y referencia constante el Mensaje y la Persona de Jesús”. Compartir “lo que somos y tenemos” cobra sentido para nosotros desde el deseo que tenemos de concordar nuestra vida con el Evangelio y compartir nuestra fe con los miembros de la comunidad. Jesús representa para nosotros el mejor modelo a seguir y, aunque estamos muy lejos de vivir en profundidad el mensaje de las bienaventuranzas, a ello tendemos y en ese intento seguimos empeñados…

3º.- “Comunidad que no viva para sí misma, sino para los demás”.
Nuestra comunidad no podía encerrarse en sí misma. La buena nueva del amor de Dios y de la Esperanza del Reino que celebramos y compartimos, choca con la cruda realidad de una sociedad injusta e insolidaria dominada por el sistema neoliberal capitalista que no hace sino acentuar la línea divisoria entre países ricos y pobres,. Esta experiencia nos duele y nos impulsa a asumir un compromiso serio en la defensa de las causas de los pobres.

Para nosotros estar de parte de los pobres es como estar de parte de Dios; vivir en solidaridad con ellos es como entrar ya aquí a participar en el Reino de Dios, que es reino de pobres y para pobres; hacer nuestra su causa es hacer nuestra la causa de Jesús.

Estos han sido y siguen siendo los objetivos básicos de nuestra comunidad a los que volvemos cada año al programar el curso. Si decía al principio que “una comunidad no se improvisa”, después de veintiséis largos años de intentarlo, seguimos constatando que “tampoco se acaba nunca de vivir como realmente nos gustaría” y que hay que volver a las raíces para revisar, evaluar y reforzar aquellos aspectos o valores comunitarios que el tiempo, la rutina o nuestros propios defectos y limitaciones, hacen que se vayan desfigurando…

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