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PSICOPATOLOGÍA DEL NACIONALCATOLICISMO. Miguel G. Burgos

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Rebelión

Una de las configuraciones ideológicas más aberrantes, absurdas y peligrosas para la mente humana y para la sociedad es el nacionalcatolicismo.

Esta ideología político-religiosa, que también, con ligeros matices diferenciales, podría denominarse fascismo clerical, ultraconservadurismo-reaccionarismo, y más concretamente en España, nacional españolismo, tiene sus orígenes en el tradicionalismo a partir del reinado de Los Reyes Católicos, adquiriendo una concepción renovada en los primeros años del siglo XX, con el surgimiento de los fascismos, y que en nuestro país se ubicaría en la llamada Falange de José Antonio Primo de Rivera, Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma Ramos, etc., pretende últimamente resurgir como ave fénix de sus cenizas, aprovechando el caos existente a causa de la coyuntura política mundial , en nombre de la globalización neoliberal y sus dirigentes neocons, y, obviamente, no para intentar superar a éstos en pos de un devenir y objetivo histórico más racional y justo, sino para todo lo contrario: para intentar regresar a un pasado mítico más conservador, rígido e incluso totalitario en nombre de esos mitos falaces como “Dios” y “Patria”.

El nacionalcatolicismo, disfrazado a veces de otros términos posiblemente más eufemísticos y ubicado en grupos y partidos diversos con las variables ideológicas y estrategias que cada uno de ellos estime conveniente, intenta llegar a los parlamentos de los países europeos con su demagogia y su fundamentalismo u ortodoxia por métodos electorales, cuando estima que la sociedad se siente muy vulnerable y la racionalidad se encuentra bajo mínimos -a causa de la propia experiencia vital negativa bajo el pseudo socialismo, la influencia de Juan Pablo II y, en consecuencia, el adoctrinamiento generalizado oportunista del catolicismo situándole en comparativa-, y en algunos de ellos llegan a conseguirlo, como es el caso de la actual Polonia donde gobiernan esos gemelos, que no sólo golpean dos veces, sino que pueden golpear mucho más.

Las obsesiones de los nacionalcatólicos y similares con los conceptos del “Dios Católico” y una lectura particular y “tradicional” de “Su Patria” rayan en el patetismo y a veces en el delirio. Fruto de una educación perversa– a veces consciente, a veces inconscientemente- por sus padres y profesores en su etapa infantil – que como sabemos es la más delicada y vulnerable-, la consecuencia inexorable en muchos casos será la castración mental, y por consiguiente la anulación de la capacidad crítica para reflexionar y discernir lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo tolerante de lo intolerante, etc. Basándose sólo en mitos ancestrales y en falacias originarias, aplicando la analogía con un ordenador de poca capacidad, podríamos dilucidar que su configuración cerebral es limitada, con pocos programas –a veces inútiles- , con bloqueos e incluso con virus que dañan su disco duro y su memoria.

Si a ello le añadimos, la nula voluntad de adquirir conocimientos políticos, filosóficos, científicos y éticos nuevos –o desconocidos o no bien asimilados por ellos-, así como también prejuicios establecidos y fobias hacia otros colectivos-, la posibilidad de ser, pensar y sentir mejor o de manera más evolucionada y racional, se torna como un imposible.

El nacionalcatólico o el católico ultra o fundamentalista posee una configuración esencialmente cultural, mental y moral -en sus limitaciones y aberraciones- idéntica al fundamentalista islámico y al sionista; sólo les diferencia el decorado, los adornos externos, los ritos y liturgias particulares.

En cuanto a su nacionalismo exaltado, el fondo es el mismo, dicen amar fanáticamente a su patria –a su concepto de patria- , y no escatimarían ningún recurso violento si objetiva o subjetivamente llegan a creer que “su patria está en peligro”, bien debido a una invasión de otro país o bien porque los que gobiernan ad hoc en ellos no les resultan adecuados, aunque hayan contado con el sufragio mayoritario.

Los diversos nacionalistas fanáticos y fundamentalistas religiosos al ser todos presas de una psicopatología cultural y visceralismo ofuscado, se disputan su “patria” y su “dios particular” hasta llegar al enfrentamiento entre ellos si las condiciones sociales e históricas lo permiten, eliminando, obviamente, vidas por delante. Hay que decir una vez más que religión monoteísta y nacionalismo son dos caras de la misma moneda; un concepto no puede existir sin el otro, se retroalimentan recíprocamente. Y si a ello añadimos el componente económico –factor real de fondo de todo conflicto-, se vislumbra la Santísima Trinidad del Mal”

Ciñéndome al típico nacional católico español, que es el que mejor conozco, no hay en él noticia política en la prensa de nuestro país que no sea susceptible de sólo verlo bajo el prisma de su ideología concreta tan encorsetada. Aunque a veces sea difícil saber discernir entre el que miente deliberadamente y aquél que se engaña a sí mismo creyéndose su falacia como si fuera la verdad, sí se puede obtener la conclusión de que en ambos casos abusan de pensar siempre mal de algo o de alguien, aunque los hechos posteriores muchas veces desmientan sus hipotéticos análisis. Por ejemplo, el mito tan reiterado desde los años 30 del “se rompe España” que tanto contribuyó a un golpe de estado, una guerra civil de tres años y treinta y seis de dictadura franquista. bajo esa ideología –el nacional catolicismo- se vuelve a escuchar ahora en boca de políticos de las derechas –desde el sector más duro del PP hasta Alternativa Española- y de emisoras mediáticas al servicio de ellos –desde la COPE a Radio Intercontinental-, y de sus portavoces al servicio de la infamia, la tergiversación, el alarmismo y la crispación –desde el liberal agnóstico Losantos hasta el nacionalcatólico García Serrano.-.

Curiosamente, en este aspecto, parte de la derecha liberal y conservadora laica –o mejor dicho, no confesional- se une a la orquesta del nacionalcatolicismo, y ésta –no considerándose liberal- se une a la otra en criticar no sólo a la izquierda socialdemócrata que ahora gobierna, sino también a todas las demás. ¿Cuál derecha hace fotocopia de lo qué dice la otra? ¿Dónde está el origen?

El origen está, naturalmente, en el nacionalcatolicismo, que ha impregnado de manera manipulada a muchos españoles durante cuarenta años, el cual no es fácil librarse de él.

El típico nacionalcatólico con el cinismo y victimismo que le caracteriza para engatusar a ciudadanos españoles con pocas referencias culturales, afirma una y otra vez la falacia-trampa de “Hay que respetar la tradición cristiana y a nuestra patria, porque venimos de ahí y somos lo que somos debido a ello, y la izquierda en cambio se lo quiere cargar.” Para empezar, el que algo sea muy antiguo no indica que sea cierto y que tenga siempre que permanecer si la razón y el sentido común lo desdeña o lo supera, y si democráticamente, así se decide. En segundo lugar, nadie quiere eliminar y menos aún con toda intención y alevosía nada de eso, por muy negativo que sea para el desarrollo cultural, ético y social del individuo. Lo único que se hace algunas veces –y según quién sea- es criticar con argumentos y respeto toda aberración y toda injusticia, y lo único que hay qué hacer es esperar que la sociedad vaya moderando y despertando paulatinamente de toda ideología que le daña, le limita y le domina, sea ésta la que sea.

En tercer lugar, esa generalización simplificada de “la izquierda” no sólo les denota su anti izquierdismo irracional y visceral por el pánico que tiene a que el mundo gracias a la izquierda sea para todos un lugar más justo y habitable, sino que también recrimina a más de la mitad de los españoles, incluso a los creyentes cristianos de izquierda que hay bastantes. Pero obviamente, el católico de extrema derecha, se siente molesto con éstos, porque otros aún creyendo en su doctrina aberrante, al menos en cuestiones morales son más coherentes por cumplir con lo que dice el propio Evangelio: ayudar a los pobres y marginados de la Tierra. De las máximas evangélicas basadas en el perdón y el amor, denotan o bien no conocerlas o rechazarlas por no adaptarse a sus odios e irracionalidades –no juzgues y no serás juzgado, no hagas a los demás lo que no te gusta que te hicieran a ti, no está bien el ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio… y menos aún si tu enemigo te abofetea, pon la otra mejilla. El nacionalcatólico en cuestiones religiosas, bastante tiene ya con cumplir los ritos litúrgicos, obedecer a todo lo que diga el Papa de Roma, agarrarse a las sotanas de cualquier obispo, acudir a la jerarquía eclesiástica para que bendiga y aporte dinero a su partido ultra y mirar de vez en cuando su cuenta corriente bancaria.

Es de sobra sabido que el nacionalcatólico en el aspecto moral deja mucho que desear. Aparte de abusar del ejercicio de la hipocresía, también utiliza el insulto continuo y la mentira de manera cruel y mezquina contra todos los personajes públicos –desde el menos relevante hasta un premio Nobel- , bien porque estos sean de izquierdas, ateos, agnósticos, bien porque sean homosexuales o que tomen alguna droga no oficial, bien porque sean críticos contra cualquier institucional tradicional -Iglesia y Ejército-, o por denunciar la invasión colombina y sus atrocidades, o por desenmascarar mitos, o por ser partidarios de la paz y el diálogo entre personas, pueblos y civilizaciones, o por ser partidario de la eutanasia cuando el individuo lo solicita al no soporta el sufrimiento, puesto que el nacional católico prefiere que sufra porque así –dice- lo quiere su Dios…

Los nacional católicos y falangistas, muchos de ellos nostálgicos con disimulo o no del franquismo, suelen ser en general antiliberales, antimarxistas, antidemócratas –aunque en esto ahora una parte nieguen serlo- , patrioteros exasperados, meapilas miserables y contradictorios respecto al aborto, la eutanasia, la homosexualidad y el transexualismo. Las publicaciones que consideren pornográficas, las ven como pecado y acusan a las instituciones académicas y al Gobierno de promoverlo con fines perversos…Algunos de ellos desde sus programas de radio llegan hasta el delirio afirmando con todo el odio frases como “!A este hijo de puta de dibujante de La Biblia Porno le colgaba yo de los cojones puesto que ha ofendido a la Virgen María, que es mi madre!!!”. Son generalmente partidarios de la pena capital o de la cadena perpetua, incluso de asesinar a los médicos que practican el aborto y la eutanasia, amantes delirantes de la Historia del pasado más lejano –suelen estar obsesionados con el Imperio Romano y el Español y justificar a Franco-, partidarios de las guerras cuando éstas les interesa , islamófobos –cuando Hitler dominaba Europa se declaraban antisemitas-, antivascos y anticatalanes por considerarlos sin matices separatistas, homófobos horteriles y barriobajeros que despiadadamente con ironía se mofan de los homosexuales, etc., etc.

El origen de su amor por el uso de la violencia contra los que consideraban enemigos –, su envidia sublimada y reprimida manifestada por el odio a los que las ejercen anticipándose, su descarado cinismo, sus limitaciones culturales, intelectuales y éticas, sus contradicciones rozando la esquizofrenia, sus recovecos para justificar el objetivo perseguido de su discurso sesgado y capcioso, los insultos dirigidos a los gobiernos elegidos democráticamente e insultando todos los días al presidente de la nación como “indigente intelectual e inquilino de la Moncloa que padecemos”, sus interpretaciones retorcidas y erróneas con una lectura dogmática contra el pluralismo político e ideológico, su ironía taimada con el dedo acusador contra aquellos que en un pasado fueron como ellos pero que por amplitud cultural y reflexión intelectual dejaron de serlo, su puerilidad e ingenuidad en creer en cuentos de hadas de historia sagrada que choca con la presuntuosidad y prepotencia de la que hacen gala acusando a otros de lo mismo, etc. etc. tienen un origen: el adoctrinamiento en sus años infantiles de dos mitos absurdos, pero que por fortuna cada día son menos los individuos que los creen a pie juntillas. Esa imagen de hombre mitad monje-mitad soldado en términos generales ha pasado por fortuna al rincón de la historia, pero los nacionacatólicos más fanáticos -dentro y fuera del PP- todavía no se han enterado. Su psicopatología producida por esas ideas falsas y negativas se lo impiden, más ellos parece ser que se sienten muy felices, aún engañando a su público fiel y potencial.

Afortunadamente, somos muchos los que no quisiéramos que llegaran al poder ni por vía democrática ni por un golpe de estado para imponernos su peculiar locura. Su concepto de España y su doctrina dogmática religiosa representa un peligro para todos. Tenemos experiencia de ello.

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