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El pasado 16 de diciembre celebramos en el Centro Asturiano de Madrid un acto sobre la figura del nuevo Papa león XIV, aprovechando la circunstancia de que el Vicario Episcopal Ángel Camino, Agustino santanderino, es el titular de la Vicaría VIII de la archidiócesis madrileña, y que fue compañero de estudios y amigo de Robert Prevost dentro de la Orden agustiniana.
Ya en aquel entonces, surgió la posible visita papal a nuestro país. Y en efecto, Ángel Camino nos aseguró que ésta estaba en marcha y que al menos en Madrid ya la estaban preparando en el ámbito eclesial. Ahora la visita ya se ha confirmado para el próximo mes de junio y, por ello, analizamos su repercusión a todos los niveles.
Aunque no se coincida íntegramente con las posiciones del Vaticano en todos los aspectos, por ejemplo en el aplazamiento del diaconado de las mujeres, planteado por la congregación para la doctrina de la fe, es indudable que el Papa León representa una continuidad con la línea del Papa Francisco, si bien con sus propios acentos.
Su reciente Jornada por la Paz Mundial, realizada el pasado 11 de abril en la basílica de San Pedro supuso un hito en el posicionamiento de la Iglesia católica en la defensa de la paz y contra las guerras incesantes. No era la primera vez que León XIV se refería a la cuestión, pero la solemnidad empleada en la Jornada y, sobre todo el contexto internacional en que se produce, significan un evidente enfrentamiento con los señores de la guerra.
Por ello no se ha hecho esperar la reacción virulenta de Donald Trump,
tildando de débil al Papa y defensor de delincuentes.
Pero esta vez el Vaticano no ha dudado en dar una respuesta contundente, poniendo la ética por delante de la diplomacia, para acreditar la gravedad de la situación geopolítica mundial.
Éste es el Pontífice que vamos a recibir entre el 6 y el 12 de junio en España: Madrid, Barcelona y Canarias serán las 3 etapas elegidas para fijar sus mensajes.
En primer lugar, desde la independencia de cada parte, existe una coincidencia de fondo con el gobierno español respecto al conflicto bélico internacional.
Esto facilita sin duda un nivel de diálogo muy fluido entre el Papa y el Presidente Pedro Sánchez, que ojalá sirva para reforzar la postura pacifista en la actual situación.
De otra parte, la positiva intervención del Papa para alcanzar el acuerdo sobre la reparación a las víctimas de los abusos sexuales producidos en el entorno de la Iglesia, con la actuación ejecutiva del Defensor del Pueblo, significa un elemento de confluencia muy apreciable, aunque la jerarquía católica patria se haya resistido largamente a consensuarlo.
Sí, aquí está una de las cuestiones más vidriosas, porque el Presidente de la Conferencia Episcopal Luis Argüello no ha sabido respetar la neutralidad exigible a la institución eclesiástica en debates políticos partidarios, como la convocatoria anticipada de elecciones generales, situándose al lado de las derechas sin rubor, arrastrado por la tradición eclesiástica de ser mediación política conservadora. Un caso ejemplar de esta deriva impropia lo supone la cadena COPE, un instrumento ideológico al servicio de las derechas, siendo un medio propiedad de la Conferencia Episcopal.
Afortunadamente, la regularización de inmigrantes, apoyada por la Iglesia, y aprobada por el gobierno progresista, demuestra que ante las realidades sociales más acuciantes puede haber una clara coincidencia entre la izquierda y la iglesia para luchar contra la desigualdad social.
Por eso la Jerarquía católica española debe evolucionar como lo viene haciendo el discurso de los últimos papas.

