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Pronunciamiento sobre la coyuntura de Bolivia -- Red Ecuménica Fe y Política Bolivia

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Los que firmamos este documento, cristianos y cristianas de base de diferentes Iglesias, comprometidos con las luchas y las esperanzas de los sectores populares de Bolivia, creemos importante emitir una voz pública diferente. Porque desde el campo religioso y específicamente cristiano, en la actual coyuntura solamente se escuchan las voces de las jerarquías eclesiales que, salvo raras excepciones, por una pretendida posición de rectoría moral sobre la sociedad, hoy están cerradas a vislumbrar signos de vida y esperanza en las luchas de este pueblo.

No solo la jerarquía es Iglesia; no sólo los clérigos ni los que aparecen en la sociedad como los “especialistas de la religión”. Iglesia somos todos y todas los que hemos descubierto en nuestra realidad que la memoria de un campesino palestino llamado Jesús de Nazaret, su vida, su testimonio, sus palabras y acciones, su muerte en manos de los poderosos de su tiempo y sobre todo el hecho de haber superado la muerte, son relevantes para todo tiempo y cultura, para todo pueblo que se levanta contra la opresión y busca colectivamente una vida más digna. Y para lograr ello, asumen la tarea de construir estructuras económicas y políticas alternativas al sistema dominante.

Nosotras y nosotros creemos que esto está sucediendo en Bolivia. Y por ello consideramos que no podemos callarnos.

1.En esta coyuntura tan centrada en las elecciones del próximo 6 de diciembre, pensamos que es urgente una mirada a la realidad más allá de las apariencias. Es necesario recordar que existen desafíos más arduos que las elecciones. Luego de la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, nos encontramos con el serio desafío de construir nuevas leyes que deben regir la vida social, económica y política del país. Y en estos desafíos deberíamos involucrarnos todos, porque los asuntos que las nuevas leyes abarcan nos afectan a todos.

2.Con esta actitud de ir más allá de las apariencias, los sectores conservadores deberían comprender que este amplio apoyo popular al gobierno del MAS (ratificado desde 2005 en sucesivos actos electorales, con cifras que marcan récords nunca vistos en nuestra historia democrática) es producto de la clara memoria que tiene el pueblo de lo que fue el proyecto político de saqueo y corrupción durante el periodo neoliberal, en el que los ricos manejaban el país como una prolongación de sus haciendas y sus empresas, sometidos a los intereses del capital transnacional. Abriendo un nuevo ciclo de emancipación popular en nuestra historia, nuestro pueblo se hartó de ellos y les dijo “basta”.

Por eso, hoy, lo menos que podrían hacer los ricos –si quieren sostener una mínima ética cristiana- es reconocer sus errores, su falta de visión y de escucha al pueblo, cuando no su complicidad con los crímenes contra este pueblo, contra la economía y contra la democracia del país. La tozuda actitud de los sectores de derecha de querer presentarse hoy al margen de aquella historia de corrupción, saqueo y muerte, es la peor señal que dan al pueblo y a la historia. Simplemente, el pueblo más conciente y crítico ahora ya no les cree. Nosotros igualmente, como parte de este pueblo, no les creemos.

Por otra parte, pensamos que cuando los ricos y los partidos de derecha descalifican este proceso de transformaciones sociales, acusando al gobierno del MAS de “totalitario”, lo único que están haciendo es recurrir a la mentira, tratando de encender los más bajos instintos de temor en las clases medias y en los sectores populares. Porque si hay algo que exigirle al gobierno del MAS no es que nos salve del riesgo del totalitarismo, sino que no traicione la esperanza y la orientación política que le mandan los sectores populares, que buscan transformaciones profundas y verdaderas en el país.

3.Con esta misma actitud de ir más allá de las apariencias, el MAS tampoco debería engañarse con realidades frágiles y aparentes. Este amplio apoyo que aún tiene es señal evidente del respaldo popular, pero este respaldo es de un pueblo sujeto de la historia, que por tanto es quien tarde o temprano le pedirá cuentas del cumplimiento de las promesas y proyecciones que hace hoy. Este pueblo, que busca cambios más profundos, es el verdadero sujeto de transformación social. Este pueblo señala, con su clamor y su movilización, a los actores visibles del “proceso de cambio”, que el cambio debe ir siempre más allá de lo pragmáticamente posible, más allá del cálculo de los burócratas. Este pueblo, que tiene fresca la memoria de la larga noche neoliberal, señala a los actuales responsables del aparato estatal que el cambio requiere, sobre todo, un pueblo consciente, crítico y participativo en los destinos del país.

En un contexto de mayoritario apoyo al gobierno del MAS, los jerarcas de éste deberían también preguntarse si sus políticas están promoviendo el crecimiento de este pueblo como sujeto de esta historia de transformación. ¿En qué medida y cómo el nuevo plan de gobierno prevé que las organizaciones del pueblo sean protagonistas del cambio y no sólo los caudillos, los arribistas o los “buscapegas”? Habría que interpelar al gobierno sobre su real apoyo a unos cambios profundos, sobre todo para que el pueblo sea sujeto y no masa consumidora de consignas y prebendas, que no le dejan crecer con dignidad.

4.Bajo la memoria de los mártires de este “proceso de cambio”, es necesario mirar más allá del ajetreo electoral: los problemas de fondo del país no se resuelven sólo con elecciones. Si bien es importante que crezcan las fuerzas populares, ese crecimiento del poder popular no sólo debería ser cuantitativo, sino sobre todo cualitativo. Esto quiere decir, más fortaleza en las organizaciones de base, allí donde el pueblo delibera y asume colectivamente la responsabilidad de construir una nueva sociedad. Pero también significa un pueblo consciente de su rol y exigente con el Estado y el aparato público para que éste cumpla su rol en la resolución estructural y sostenible de los problemas de la población. El poder debe ser construido por todo el pueblo. El gobierno, arropado por un masivo apoyo en las urnas, nunca debería sustituir o apagar la fuerza transformadora que viene del pueblo organizado. Igualmente, los dirigentes del movimiento popular más directamente relacionados con el aparato de poder estatal, tampoco deberían sentirse que ellos son el pueblo, sino deberían tener la clara convicción que se deben a sus bases, a esta fuerza transformadora que viene siempre de abajo.

5.En ese afán de búsqueda de una mirada más profunda y crítica de la coyuntura, es necesario señalar algunos temas cruciales para este crecimiento cualitativo del poder popular:

a.Ante la reforma autonómica que se está operando en el país, el gobierno debería superar el eslogan de que las Autonomías son “el remedio para todos los males”. Antes lo decían los ricos, ahora lo dice el gobierno. Pero la reforma autonómica es sólo un cambio en la forma de administración estatal, un mecanismo de administración del territorio y de los recursos. Los ricos hasta hace poco la exigían a su gusto y capricho, con tintes federalistas y hasta separatistas, para tener todo el control de los recursos naturales, desnaturalizando y despedazando los principios básicos de solidaridad y soberanía, que son el fundamento del país como tal. Ahora es el propio MAS el que asume la bandera de las Autonomías, pero igualmente sin la necesaria y suficiente deliberación y participación de la gente. Con o sin Autonomías, la preocupación de la población es que las reformas al Estado no deberían dejar más indefensos a los sectores populares frente al poder de los ricos.
b.Otro tema crucial en el proceso de reforma política es la nueva legislación sobre Participación y Control Social. En medio de la reforma autonómica, el pueblo necesita contar con canales amplios para hacer efectivo su rol de sujeto en las decisiones de la gestión pública. La nueva ley de participación y control social debería recoger la crítica que los sectores populares más conscientes hacen del anterior modelo de participación que sigue vigente desde la engañosa ley de Participación Popular del año 94, funcional a las reformas neoliberales. El reconocimiento del fracaso o, por lo menos, de las serias limitaciones de la autonomía municipal en estos últimos 15 años, debería ser la base para re enfocar la legislación sobre participación y control social, evitando que los operadores del Estado tengan poder sobre la población y sea más bien ésta la que les señale y defina su actuación. Sólo así podremos profundizar una democracia más participativa y directa. Es necesario, pues, que la nueva ley potencie las prácticas de democracia que lleva nuestro pueblo no sólo en las urnas, sino en los barrios, en las comunidades indígenas y campesinas, cuando se organiza y moviliza para luchar por sus derechos, por dar solución a los problemas y necesidades más básicas, como el agua potable, el saneamiento básico, el empleo, la salud, la educación.
c.La política nacional sobre recursos naturales es de vital importancia para consolidar una base económica soberana y con suficiente respaldo para garantizar los derechos sociales exaltados en la nueva constitución política del Estado. Las políticas sobre minería e hidrocarburos hasta ahora no han cambiado sustancialmente en su orientación extractivista y con predominio del capital privado transnacional. El gobierno debería recordar la línea marcada por la movilización popular del 2003 y 2005, hacia un rol protagónico del Estado, para re-encauzar su función protectora del Bien Público, antes que el interés del capital privado.

Éstos y otros temas estratégicos en la orientación de las políticas estatales, deberán definirse en los próximos meses y años, con la nueva Asamblea Legislativa. En este proceso, el pueblo organizado no puede estar ausente, si queremos construir un real proceso de transformaciones de largo alcance. Este es el desafío principal del actual momento que vive el país. Las elecciones no deberían encubrirlo. Sólo con el compromiso colectivo de un pueblo crítico y consciente de su rol en la historia, podremos consolidar transformaciones estructurales sostenibles para nuestro país, y superar definitivamente los proyectos conservadores que someten a nuestro pueblo a la avidez del capital y del lucro privado.

Cochabamba, 29 de Noviembre de 2009.

Firman el documento, por la Red Ecuménica de cristianos y cristianas comprometidos con las transformaciones políticas desde los sectores populares:

Enrique Zabala,
Otto Hölters,
Miguel Esquirol,
José Manuel Canaviri,
Julia Zamora,
Jubelina López,
Esteban Judd,
Estela Ramírez,
Eva Pari,
Henry Hidalgo,
Patricio Rondeau,
Miguel Miranda,
… y todos/todas los/las que quieran sumarse añadiendo su nombre y difundiendo este texto.

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