InicioRevista de prensaiglesia catolicaPor qué me siento desterrado##Joven de 24 años

Por qué me siento desterrado -- Joven de 24 años

Publicado en

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Difundimos esta experiencia que nos envía un joven de 24 años. Aunque no está firmada, no es una carta anónima, que no solemos publicar. Sabemos quién es su autor, su nombre y apellidos. Pero él prefiere no firmarlo para no implicar a terceras personas. Es una carta muy experiencial y llena de vida, sentimientos, inquietudes y anhelos. Merece la pena ser leída hasta el final. (Redacción de RR. CC.)
Hasta hace unos meses, era uno de los “pocos” jóvenes que iba a la iglesia. No solo eso, y no pretendo tirarme flores, era uno de los miembros más activos de mi comunidad: monitor de poscomunión, representante de los jóvenes de mi parroquia, voluntario de Caritas… entrega que me llenaba y que veía valorada en gran parte de los miembros de mi comunidad, a los cuales quiero como si fueran de mi familia.

Todo ello sin que supusiera un obstáculo en mis estudios y en mi vida.

Siempre he sido muy crítico con “mi” Iglesia, aunque nunca he sido persona de expresar abiertamente mis ideas, sino de ver, oír y callar, y de actuar llegado el momento. A parte de crítico, siempre he anhelado otro tipo de comunidad, más cercana a las primeras comunidades, tal y como las interpreto cuando leo el Evangelio: más pobres, sin la necesidad de dinero para financiar cultos (¿necesito millones para reunirme con mis amigos, comprar un tetra brik de vino barato y compartirlo cómo hizo Jesús?), sin templos, sin la dicotomía excluyente clérigo-laico, sin límites o trabas para ofrecer a tus hermanos tus dones o carismas, independientemente de que se sea hombre casado, soltero, mujer u homosexual.

Si mi pastor se hubiera sentado a escuchar a un hijo muy querido por él, como me ha demostrado muchas veces, le hubiera expresado todo esto y hubiera sabido que no comprendo el andamiaje clerical que se proyecta hasta nuestros días y que se está agotando por sí mismo, no por una secularización o laicismo agresivos. Y no sólo eso, sino que podría haberme ayudado a superar mis problemas y a pulir mis dones y, también, mis numerosos defectos.

Sin embargo, me sentí utilizado. No sólo me sentí ninguneado y poco respaldado en ciertos momentos en los que mi labor estaba siendo entorpecida, sino que centralizó ciertas cosas sobre mi espalda.

Yo no pido que nadie me ayude en una labor que no siente, pero si decide sin consultar que participemos en un acontecimiento que va a ser para el disfrute de la juventud de tu comunidad, reparte el peso, haz partícipe a todos no solo en el disfrute, también en la preparación. Pero qué buscaba, ¿una vocación? ¿Absorber el tiempo y la vida de un chaval? No te hagas el despistado, amigo mío, que a mis padres les dijiste abiertamente que lo que no habías conseguido con otro compañero lo ibas a intentar conmigo. Sus “insinuaciones” me habían entrado por una oreja y salido por la otra, hasta que me sentí utilizado y metió el dedo en la llaga.

Aunque al final no pudo ser, porque la vida y las relaciones humanas son así de complejas, durante la preparación de la acogida de peregrinos de la JMJ junto a otras parroquias de mi ciudad, me enamoré de una compañera (y lo escribo con una sonrisa en la boca pese al final triste). Desconozco si había llegado a los oídos de mi párroco, aunque no me extrañaría porque se especulaba sobre nuestra relación e iba de boca en boca. La cuestión fue, que durante una convivencia de jóvenes, que se celebró días después de que ella me rechazara, este funcionario vaticano no tiene otra cosa que decir, que si no me como una rosca (como si el supiera lo que como o dejo de comer, aunque es poco…) es porque quizá mi sitio esté en el seminario.

Todo ello dicho entre bromas y en un ambiente distendido, pero que causaron en mi una profunda herida, más cuando sé cuál es su intención. Cuando digo lo de funcionario vaticano, lo digo con mala leche, lo confieso, porque como figura sacerdotal no consigo perdonarle. Como ser humano al que quiero, sí, pero no soy capaz de ignorar su condición. Sé que su intención no era hacerme daño, quizá el sea otra víctima, o se le haya ido la lengua por la complicidad que teníamos, o simplemente, es su idea y no hemos sabido entendernos.

Pero esa bromita, ha desencadenado en mí una serie de miedos y complejos, de sentimientos de culpa y de despersonalización del que aun me estoy recuperando. A parte de un gran dolor, porque al sentirme incomprendido y utilizado abandoné mi comunidad, me alejé de mis queridos amigos y amigas porque ir a la parroquia me ha generado dolor. Alguna vez he escuchado decir al clero, que los que se alejan de la Iglesia es porque tienen una fe inmadura. ¿Quiénes son para juzgar la fe de cada uno?

Pese a que me pidió perdón y trató de quitarle hierro a sus palabras, lo que él me dijo de cachondeo (es un tío con un gran sentido del humor), ya se lo había escuchado a otro funcionario semanas antes desde un púlpito: “en la actualidad, en la que hay tantos divorcios y fracasan tantas relaciones… quizá sea consecuencia de no interpretar lo que ha querido el Señor de nosotros”… Con dos cojones, la causa del fracaso de tus relaciones no es una falta de respeto y educación hacia la persona que amas. Y la solución no es educar y romper tabús y roles en torno a la relación hombre-mujer, si no esconderte en un convento. Mis deseos y espíritu familiar me invitan a casarme el día de mañana con una mujer y a tener hijos, ¿me tengo que sentir culpable, traidor y sucio por ello?

Como ya he dicho, no comparto el andamiaje clerical. También considero que una mujer no te distrae como una manzana prohibida, ni que una familia te quite tiempo para volcarte en tu comunidad y asumir responsabilidades que supongan un servicio, un amor y un apoyo dirigido a tus amigos (¿Pensáis que un obrero que se pasa el día trabajando tiene más tiempo para su familia que un cura?). Tenemos el ejemplo de los curas secularizados (que se casan y se ganan el pan trabajando) integrados en comunidades de base, de los pastores y pastoras protestantes, de los curas católicos de rito oriental… y grandes ejemplos que nos ha dado la historia de hombres con familia y volcados con la fe y con los derechos humanos, como Vicente Ferrer, Martin Luther King, Desmond Tutu, Jerónimo Podestá o Albert Schweitzer… ejemplos más que suficientes para ver que una esposa y unos hijos no están reñidos con el servicio y el activismo cristiano por los derechos de los más desfavorecidos y con ser un profeta.

Con esto quiero apoyar otras formas de poner en práctica tu carisma, un celibato opcional y un mayor peso de las mujeres con carisma (de hecho, hay mujeres muy preparadas para ser curas, no se trata de feminismo barato), así como el respeto por la opción de cada uno. Y a esto llegamos a la pregunta del millón: ¿Quiero ser sacerdote? No.
Primero, porque yo me inclino más por la figura del misionero. Pese a que hable poco, el que se para a escucharme sabe que me encantaría ser misionero laico o cooperante de ONG en el Tercer Mundo, inspirándome en figuras como Vicente Ferrer o Schweitzer, al menos durante una etapa de mi vida. O por la figura del activista por los derechos humanos, como Luther King o Tutu.

Segundo, porque no comparto el andamiaje clerical, ritualista y sacramental. No me pidáis que confiese, que dé misas diarias, que administre sacramentos o evangelice. No siento impulso por ello, me da igual que la gente crea o no crea, que engrose las filas de mi religión o de otra, que se case por la Iglesia o por lo civil, que enseñen a sus hijos el Jesusito de mi vida o no… Mi opción única, desde el cristianismo, es que los pobres puedan prosperar y liberarse de las cadenas opresoras del sistema.

Por qué me siento desterrado (II)

En el fondo, yo no quiero ser ni católico ni protestante, como si se tratara de un sello marcado sobre mi piel, sino seguir a Jesús y convivir con mis hermanos, sean de la rama cristiana que sean, me da igual, más cuando hay que avanzar hacia el ecumenismo. Si la Iglesia, como misterio, no como institución física, quiere llegar a todo el mundo y unirnos a todos los seguidores de Jesús bajo un manto universal, no debe ser tan normativa ni institucional, sino comprender los designios de los tiempos y las peculiaridades culturales de cada rincón del mundo.

No podemos pretender, que en África o Latinoamérica tengan la misma cultura social y religiosa que en Europa, sino dejar que el espíritu se exprese a través de sus formas. Esto me hace recordar el caso de dos obispos católicos centroafricanos que estaban casados. Pese a contar con el apoyo de su comunidad, Roma les cortó la cabeza por su “doble vida”. Pero si nos paramos a estudiar la cultura africana, veremos que en muchos sitios no se concibe esa idea de hombre sin familia.

O el reciente caso de Margalló, obispo argentino, que víctima del sistema vaticano se vio obligado a llevar a escondidas su relación con el amor de su vida (qué gran maltrato para una mujer tiene que ser que tu hombre te esconda). Digo víctima, porque este hombre tenía dos carismas, el del sacerdocio y el amor de una mujer, y se negaba a renunciar a los dos, no por egoísmo ni por querer una religión a su medida, sino porque su ser podía complementar ambos carismas. Sin embargo fue cobarde y lo escondía, defendiendo la postura oficial.

Según dicen, este obispo, pese a no ser un revolucionario izquierdoso, más bien moderado, se volcaba hacia los pobres y los curas pobres, además de enfrentarse a los malos políticos. Hasta en círculos no católicos, era considerado un buen obispo. Pues Roma le ha obligado a dimitir por amar a una mujer, no por ser mal obispo o por esconder abusos sexuales a menores. Se especula que las fotos han sido filtradas por sus enemigos políticos. Roma, en lugar de defender y comprender a su fiel pastor, le hace el juego a la política, se acuesta como una puta con el viciado poder.

Al igual que estos días, tras el golpe de Estado en Paraguay, donde el ex obispo Fernando Lugo ha sido depuesto como presidente, la Iglesia, en lugar de apoyar a ese pastor que un día reorientó su carisma hacia la política, ha sido de los primeros en reunirse con el nuevo presidente. Es lo que hay, Lugo, aparte de volcarse con los pobres, era de izquierdas. Yo no quiero una Iglesia perfecta, sin errores, eso es imposible, yo no quiero una jerarquía de “izquierdas”, pero no admito que se acueste con la oligarquía opresora. Que no hagan de la religión un instrumento alienante, un opio para el pueblo.

Porque entrando en el juego del poder, estás dinamitando el trabajo de los misioneros que trabajamos para aliviar las penas que sobre los parias de la tierra genera el sistema.

Margalló no es un hipócrita ni ha cometido escándalo alguno (qué bello escándalo amar a una mujer). La hipócrita es la Iglesia Católica, que admite que pastores anglicanos casados se pasen a las filas católicas por rechazar los avances hacia el sacerdocio femenino y hacia el respeto a la homosexualidad que está experimentando la Iglesia Anglicana. Sin embargo, a los curas casados católicos no les dejan dirigir una comunidad. Así solo conseguirán que la Iglesia sea un búnker conservador y sumiso. Ahí está el “ecumenismo” vaticano.

Es tristísimo ver a cristianos lapidar a este obispo por caer en las garras de una Eva. Jesús no nos enseñó a juzgar, hermanos míos. Y más, el celibato ni es un mandato de Dios ni siempre ha sido así. Los primeros apóstoles eran hombres casados, incluso podemos considerar apóstoles a mujeres como María Magdalena. Durante siglos los sacerdotes se casaban.

Habrá quien me diga, pues en la Iglesia existe la figura del diácono, nadie te obliga a ser célibe o a ser sacerdote… ¿Seguro? ¿Entonces por qué hay desafortunadas campañas vocacionales? ¿Por qué se trata de educar en el celibato en el seminario? ¿Por qué se condena faltar a la castidad, si eso no te impide ser un buen pastor? El problema es que sufrimos una dictadura de hombres célibes que guardan y establecen las normas de la moral. El diácono y el laico, ni pinchan ni cortan.

Y no es que queramos imponer nuestras ideas, yo no quiero cortar, como hacen otros. A mí me gustaría vivir mi fe, desarrollar mis ideas y convivir con mis hermanos, sean progresistas o sean conservadores, sean célibes o no. Yo no quiero que un conservador o un célibe acepten mis ideas ni que las adopten, pero si quiero que se respeten y me dejen expresarlas en libertad. Deseo que la Iglesia sea plural: que el teólogo de la liberación no sea censurado ni en círculos católicos ni por la Congregación para la doctrina de la Fe (actual Inquisición) y que los dones no repriman esos otros dones, el del saludable placer sexual y el de la familia, como placentero es compartir un vino con tus colegas antes de que los sacerdotes de tu época de juzguen y te crucifiquen.

Cuánto nos hemos alejados del proyecto de ese laico indignado que rompió esquemas fosilizados en su religión y que nos trajo un mensaje de paz, amor y liberación. Seguimos juzgando a los que traen aires frescos, aunque ya no se crucifique a la gente o se le queme en la hoguera. Y mi reflexión no implica un solo debate (sexo sí, sexo no, quizá sea el menor, la obsesión por el sexo la tienen otros) sino otros como las relaciones Iglesia-Política o las trabas para que otra teología sea posible. Tampoco es un mensaje anticlerical o anticelibato, esos modelos pueden convivir con otros, pero sí es un mensaje que exalta el “sacerdocio universal” y sin distinciones que nos legó Jesús.

Si lo que he escrito es una sarta de desviaciones, si alguien considera que estoy traicionando a la Iglesia Católica Apostólica Romana, y me considera incorregible… ya sabe, que me señale y que me escupa, yo pondré la otra mejilla. Pido disculpas de antemano si ofendo a alguien, no es mi intención.

Últimos artículos

Comunicado de Somos Iglesia Internacional sobre Dignitas Infinita

Incapaz de autorreflexión crítica Publicado: 15 de abril de 2024Categoría: Últimas Noticias Respuesta a la carta del...

Relación actualizada de los colectivos que forman Redes Cristianas

Alandar Asociación Teológica Juan XXIII Católicas por el Derecho a Decidir Comités Óscar Romero Comunidades Cristianas CEMI Comunidades de...

‘La Iglesia debe ser profética’

Reflexión y Liberación Según +Pedro Arrupe, la Iglesia no podía dar la espalda a las...

Noticias similares

Comunicado de Somos Iglesia Internacional sobre Dignitas Infinita

Incapaz de autorreflexión crítica Publicado: 15 de abril de 2024Categoría: Últimas Noticias Respuesta a la carta del...

Relación actualizada de los colectivos que forman Redes Cristianas

Alandar Asociación Teológica Juan XXIII Católicas por el Derecho a Decidir Comités Óscar Romero Comunidades Cristianas CEMI Comunidades de...

‘La Iglesia debe ser profética’

Reflexión y Liberación Según +Pedro Arrupe, la Iglesia no podía dar la espalda a las...