¿Por qué los pueblos votan a la derecha? -- Secretariado Social Mexicano

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Hoy, millones de brasileños acuden a las urnas para decidir entre la continuidad del gobierno de Lula da Silva y el regreso del bolsonarismo que, en la primera vuelta, obtuvo cerca del 47 % de los votos, pese a los fatales antecedentes que dicha gestión tuvo y anuncia profundizar.

Una dramática —y reiterada— evidencia nos pide detenernos. Dentro de unos días, Estados Unidos renovará su Congreso y, a finales de noviembre, España celebrará elecciones generales. Estos procesos llegan precedidos por una oleada de regresiones autoritarias en Nuestra América: las derechas radicales han conquistado o recuperado el poder y mantienen amplios respaldos populares, incluso después de experiencias marcadas por la corrupción, el deterioro de las condiciones de vida y graves violaciones de derechos humanos. ¿Por qué sucede esto?

Ha caducado el tiempo de las respuestas simples: que millones votan engañados, desconocen las consecuencias de sus decisiones o han sido manipulados por los medios. La propaganda, la desinformación, los fraudes, el desgaste de los gobiernos progresistas, las crisis económicas y la inseguridad influyen. Pero, incluso juntos, estos factores no explican suficientemente la magnitud y reincidencia de tales adhesiones. Por numerosos que sean los votos obtenidos mediante prácticas ilegales o fraudulentas, no alcanzan para explicar el respaldo electoral de millones de personas que —en Brasil, pero también en Perú, Ecuador, Chile, Honduras…— parecen apoyar conscientemente a la derecha.

¿Qué lleva a estos amplios sectores —que padecen también la explotación, el despojo y la desigualdad— a respaldar proyectos que han contribuido a perpetuar esas mismas condiciones mediante la concentración de la riqueza y del poder? ¿Qué razones intervienen en la decisión de amplios sectores populares de asumir como propias las demandas de una minoría privilegiada? ¿Cómo es posible que se oculten en la conciencia colectiva las estructuras que producen la desigualdad y debilitan los vínculos de solidaridad?

El escenario internacional agrava estas contradicciones. Por un lado, el regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense, después de una campaña marcada por la hostilidad y la xenofobia, muestra la capacidad electoral de esos discursos. Su gobierno, además, ha intervenido mediante respaldos políticos y económicos a candidaturas afines en América Latina.

Por otro lado, en Gaza, el genocidio cometido por la entidad sionista con el respaldo militar y diplomático estadounidense exhibe ante la conciencia colectiva la incapacidad —y complicidad— de los gobiernos del mundo para detener estos y otros crímenes de lesa humanidad, que se normalizan y permanecen impunes ante nuestros ojos. Semejante barbarie pone de manifiesto, de facto, el desprecio por el derecho internacional y la profunda degradación moral de un orden mundial capaz de contemplarla, justificarla y sostenerla. ¿Qué queda de «lo humano» cuando hemos llegado a semejantes extremos?

Frente a estas contradicciones, los movimientos populares y los gobiernos progresistas tampoco hemos encontrado respuestas suficientes. No se trata únicamente de reconocer que las políticas redistributivas, aun cuando han mejorado la vida de millones de personas, no han conseguido transformar de raíz las estructuras de desigualdad, corrupción y concentración del poder, mientras muchos movimientos sociales han visto debilitada su autonomía crítica y organizativa.

Se trata también de contemplar, con estupor, cómo conquistas políticas alcanzadas mediante décadas de luchas incansables pueden disolverse de un momento a otro, con el respaldo electoral de amplios sectores populares por cuyos derechos tantas personas han entregado sus esfuerzos y, muchas veces, literalmente la vida. ¿Qué no hemos comprendido todavía de estas contradicciones? ¿Qué nos está faltando para que las conquistas sociales se conviertan también en convicciones capaces de resistir las ofensivas de quienes buscan revertirlas?

Quizá esta contradicción esté revelando cuánto desconocemos todavía sobre la formación de las convicciones y decisiones políticas de nuestros pueblos. ¿Qué experiencias, memorias, creencias, aspiraciones y relaciones de poder intervienen para que amplios sectores de la población voten por el retorno del fascismo? ¿Cómo se entrelazan las condiciones materiales de vida con los afectos, las identidades, los vínculos comunitarios y las distintas maneras de comprender la dignidad, la justicia, la libertad y la autoridad? ¿Qué está cambiando en nuestras sociedades para que proyectos que parecían históricamente derrotados recuperen semejante fuerza?

Estas interrogantes también alcanzan a nuestras propias certezas. ¿Cuánto conocemos realmente de las transformaciones que atraviesan la vida cotidiana de nuestros pueblos? ¿Qué experiencias y voces han quedado fuera de nuestras interpretaciones y prácticas de lucha? ¿Qué necesitamos revisar, aprender o incluso desaprender para comprender procesos que parecen contradecir buena parte de nuestra experiencia histórica? La gravedad del momento exige una reflexión colectiva capaz de cuestionar nuestras explicaciones habituales y abrir caminos que todavía no alcanzamos a imaginar. Entre ellos, volver a escuchar a las juventudes y reconocerles el protagonismo que les corresponde en una historia que, a fin de cuentas, ellas habrán de vivir y transformar.

Necesitamos emprender esa búsqueda junto a los pueblos que han conquistado y defienden su autonomía y dignidad —como Cuba, Palestina y nuestros pueblos originarios—, aprendiendo de sus resistencias y fortaleciendo la educación popular, la organización comunitaria y la solidaridad internacionalista. Nuestra tradición liberadora nos exige defender la dignidad humana y enfrentar las estructuras de dominación. Comprender por qué tanta gente vota a la derecha exige también atrevernos a mirar más allá de nuestras certezas y reconstruir, desde abajo, los caminos de la emancipación colectiva, porque debemos seguir creyendo que otra humanidad y otro mundo son posibles.

© Secretariado Social Mexicano
25 de octubre de 2026