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Pobrologia, ptocologia o Cristología? Las extrañas acusaciones de Clodovis Boff -- José Comblin, teólogo

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CUADERNOS OPCION por los POBRES – CHILE.-MOVIMIENTO TEOLOGÍA de la LIBERACION
Correo: opcion_porlospobres_chile@yahoo.com.-Rosas 2090 – D, Santiago – Chile
Adital
Como varios amigos, quedé estupefacto cuando leí las acusaciones hechas por Clodovis Boff a la teología que él llama teología de la liberación. No existe ninguna institución llamada teología de la liberación de tal modo que muchos pueden preguntarse si son de la teología de la liberación o no. La acusación hecha al llamamiento teología de la liberación es totalmente indefinida.
Clodovis no cita nombres y no da ninguna referencia a ninguna de las obras de algunos autores que serían incriminados.

No cita las páginas en las que figuran los errores. La acusación es la siguiente: la teología de la liberación substituyó a Cristo por el pobre. El pobre ocupa el lugar de Cristo en el cristianismo. Esa sustitución es tan fuerte que los teólogos de la liberación substituyeron la cristología por una pobrelogía.

Esa acusación es espantosa. Suprimir el lugar central de Cristo es dejar de ser cristiano. En la palabra de Clodovis los teólogos de la liberación – cuyo nombre no aparece – ya no son cristianos. Quedan fuera de la Iglesia.

Los sacramentos que celebran o reciben son sacrilegios. Clodovis es mucho más severo que la Sagrada Congregación para la Defensa de la Fe, porque condena a muchos de un sólo golpe.
Además, los teólogos de la liberación quedan totalmente desacreditados en el pueblo de Dios. Deberían ser evitados porque podrían contaminar a las almas inocentes.

No existe lista oficial de los teólogos de la liberación. Pero hay algunos nombres que eventualmente podrían entrar en una lista no oficial, y sujeta a la revisión si algunos no aceptan esa identificación.
Quiero dar testimonio de que los teólogos de la siguiente lista, que conocí o conozco personalmente creen en el lugar central de Cristo en el cristianismo y no defienden la pobrelogía.

Quiero defender públicamente a Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo, Ronaldo Muñoz, Joao Batista Libânio, Luiz Carlos Susin, Cleto Caliman, Leonardo Boff, Carlos Palacio, F. Taborda, Agenor Brighenti, Jon Sobrino, I. Ellacuría, Pedro Trigo, Luis del Valle, Carlos Bravo, Miguel Concha, Virgilio Elizondo, Hugo Echegaray, Víctor Codina, Alberto Parra, Roberto Oliveros, José Luis Caravias, Pablo Richard, Paulo Suess, Diego Irarrázaval, Marcelo Barros, Juan Hernández Pico.

Estos teólogos creen en el lugar central de Cristo y no substituyen a Cristo por los pobres. Todos quieren destacar el lugar que ocupan los pobres en la revelación cristiana, pero nadie los pone en el lugar de Cristo. Pero todos son sospechosos. No quiero citar nombres de teólogas para que no sean expuestas a la sospecha, pero ninguna se aproxima ni de lejos a la tesis de la pobrelogía. Además, ellas se identificarían más con la teología feminista que con la teología de la liberación.

Yo mismo no sé si puedo figurar en la lista y me pregunto que si yo también coloco a los pobres en el lugar de Cristo, nunca más sería cristiano. Sin embargo, muchas personas me consideran como cristiano. ¿Estaría pues engañándolas? ¿Como salir de la duda? Seguro que hay teólogos que no conozco personalmente. ¿Los culpados estarían entre ellos? De cualquier forma, ya que la acusación es general, alcanzaría a todos los nombres citados.

Creo de mucha petulancia, por no decir de inconsciente arrogancia, acusar de esa manera a todos los colegas teólogos latinoamericanos, como si sólo él estuviese en posesión de la verdad.
Si encontró en algunos escritos ciertas expresiones que no entendió bien, o le suscitaron dudas, recuerde el principio de caridad: cuando no entienda bien una expresión, es necesario dar al autor el beneficio de la interpretación más favorable, hasta que argumentos más convincentes vengan a demostrar lo contrario.

El autor podría decir que escribió dentro de un género literario; el género de la acusación, lo que explicaría y justificaría sus expresiones inflamadas. Utiliza un lenguaje fiscal. No se debería tomar tan literalmente las acusaciones que son, antes que nada, ejercicios de elocuencia.

Es muy posible que haya lectores que puedan tomar literalmente las acusaciones. Pueden inclusive abrir procesos. Estas denuncias recuerdan un hecho histórico que podría ser un precedente. Recuerdo al padre Roger Vekemans, que, para mi confusión, era del país en que nací. Después de Medellín, Vekemans declaró la guerra a Gustavo Gutiérrez y le prometió que iría a destruirlo. Dejó Chile, fue para Colombia y fundó un centro DESA, dedicado exclusivamente a atacar y denunciar la teología de la liberación. Vekemans lanzó el tema de la teología de la liberación como la fachada que esconde el marxismo en la Iglesia. Según él, la teología de la liberación era la penetración del marxismo en la Iglesia. Era una corrupción total del cristianismo.

Vekemans fundó una revista para repetir indefinidamente las mismas denuncias. Hay una frase famosa de Voltaire que dice que repitiendo siempre la misma mentira, finalmente produce efecto. Fue lo que hizo Vekemans. Tuvo bastante éxito. Suministró a Alfonso López Trujillo toda la documentación para atacar a los teólogos de la liberación. Este llegó más lejos. La Instrucción del cardenal Ratzinger sobre la teología de la liberación repite todos los argumentos de Vekemans.

Es verdad que el Papa Juan Pablo II proclamó que la teología de la liberación estaba muerta. Pero de pronto ahora, pueden descubrir en Roma que todavía no estaba totalmente muerta y que necesita de un golpe final.

La nueva herejía ya recibió un nombre: pobrelogía. Dar un nombre es muy peligroso porque las personas se contentan con repetir el nombre, lo que las dispensa de leer las obras. El nombre inclusive no es muy adecuado literariamente. Mezcla el portugués con el griego. Todas las palabras que terminan en -logía, empiezan con una palabra griega: teología, cristología, pneumatología antropología, cardiología, oftalmología, ecología, psicología, oncología, dermatología, etc. Aquí debía ser «ptochología” ya que en griego pobre se dice «ptochos». Clodovis multiplica los argumentos para mostrar que Jesús está en el centro del cristianismo.

Nadie va a discordar. Es como enseñar el catecismo al señor vicario… Pero esa repetición de los argumentos parece insinuar que los teólogos de la liberación son muy ignorantes de la cristología. Entonces muchos lectores van a pensar que esos teólogos son igual de ignorantes. ¿Qué se consigue con eso?

Quien va a sufrir con esas controversias, son los pobres. Los teólogos tienen comida garantizada, casa garantizada. Si son condenados, no van a sufrir mucho. Quien va a sufrir serán los pobres en la medida en que la Iglesia se desinteresa de ellos por miedo a caer en una herejía. Siempre oí a Gustavo Gutiérrez decir que la teología de la liberación puede morir y no importa. Lo que importa, son los pobres. Para un cristiano la teología es algo completamente secundario y dispensable. Sin embargo, los pobres no son dispensables. No se puede ser cristiano sin acoger el mensaje que viene de los pobres.

Algunos pueden quedar exasperados por la preocupación constante por los pobres. Recuerdo una frase que se hizo famosa y que fue pronunciada por un alto dignatario eclesiástico. Mons.Leonidas Proaño fue obispo de Riobamba en Ecuador durante 30 años. En su diócesis los indígenas constituyen el 80% de la población. Cuando llegó a la diócesis, descubrió el estado de horrible miseria de los indios que era tratados como animales. Dedicó su vida a la liberación de los indios, a la liberación cristiana. Vivió pobre, visitó constantemente los miserables pueblos de la montaña donde moran los indios. Su casa estaba siempre abierta para los indios que venían a la ciudad para vender las pocas cosas que podían vender.

La primera cosa que hizo Mons. Leonidas fue organizar una casa de acogida en la ciudad para que los indios pudiesen asearse y tomar un baño, pues en sus montañas falta agua. La segunda cosa que hizo, fue la reforma agraria en dos granjas-caserío de la diócesis en las cuales descubrió los instrumentos de tortura que se usaban para forzar a los indios a trabajar.

Fueron 30 años de lucha. Basta ver a los indios de hoy en día para apreciar que su trabajo no fue en vano. Hace algunos meses, el presidente de la república fue a Riobamba para proclamar Proaño patrimonio de la patria. La Asamblea Constituyente decidió que sería obligatorio en todas las
escuelas del país enseñar la vida y las enseñanzas de Proaño. Un día un periodista preguntó a esa alta personalidad eclesiástica lo que pensaba de Mons. Leonidas Proaño. La personalidad respondió «Es un hombre muy bueno. Pero él tiene la manía de los indios!» Entonces podríamos también decir de algunos teólogos: «Es un hombre bueno, pero él tiene la manía de los pobres!».

Comprendí mejor la centralidad de los pobres en el cristianismo en un episodio de mi vida. Fue también en Ecuador. Ocurrió en 1976, cuando 17 obispos fueron presos en Riobamba. Había también unas 40 personas, curas, religiosas, laicos y laicas. Entre estos estaba Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz. Yo estaba en medio. Fuimos todos conducidos por soldados armados de metralletas hasta un cuartel de Quito y dejados en una sala, sin explicación. En medio de la noche, algunos obispos creyeron que sería muy bueno celebrar la eucaristía. Pero ¿cómo encontrar el pan y el vino? Una señora ecuatoriana fue a hablar con los soldados y consiguió convencerlos para que trajesen algo de pan y de vino.

Habían celebrado la eucaristía. Pues, en ese mismo día, uno de los obispos, Mons. Parra León, obispo de Cumaná en Venezuela, celebraba sus 50 años de sacerdocio. Estaba tan emocionado que lloraba. Entonces él dijo: «Hace 50 años que celebro la eucaristía todos los días sin perder ningún día. Más sólo ahora estoy entendiendo!».

Se puede celebrar la eucaristía pensando en todo lo que enseñan los teólogos y los liturgistas. Se puede celebrar con mucha piedad y devoción, con muchos sentimientos de amor, más sin entender. No se entiende la eucaristía y por regla general no se entiende a Jesucristo a partir de la piedad, de los sentimientos religiosos, o a partir de los conocimientos teológicos. Todo eso es secundario y no permite penetrar en la realidad. Cuando el obispo estaba preso (una cárcel menos mal, suave), estaba en una situación de impotencia, era pobre. Entonces entendió.

Clodovis quiere resaltar que lo fundamental de la teología es proclamar: «Cristo es el Señor». Creo que todos los teólogos lo tienen claro y nadie va a discutirlo. Mas el problema es otro. El problema es «¿quien dice «Cristo es el Señor»? ¿Dónde? ¿Cuándo?

El general Videla decía «Cristo es el Señor». El general Pinochet decía «Cristo es el Señor» ¿Era auténtica fe? ¿O era blasfemia? La elite latinoamericana que oprimió a los pueblos durante 500 años siempre ha proclamado: «Cristo es el Señor». ¿Era un acto de fe? ¿Todavía es un acto de fe? Este es nuestro problema. Los teólogos latinoamericanos afirmaron: quien puede decir «Cristo es el Señor» con honestidad, como expresión de toda su vida, son los pobres. De ahí el lugar central de los pobres, que no afecta en nada al lugar central de Cristo, sino todo lo contrario: lo confirma.

Los poderosos proclaman «Cristo es el Señor», pero su vida dice: «El Señor, soy yo!» El grito de Paulo «Cristo es el Señor» es una protesta en contra de todos los demás «Señores», una denuncia de la opresión, un desafío lanzado contra los que se creen los Señores. Es una negación de todos los poderes opresores. ¡Solamente hay un Señor!

El papel de la teología no consiste en buscar cuáles son las palabras que expresan la fe, sino en lo que es la fe realmente vivida. Pues, no se entiende a Jesús a partir de la teología, sea ella de liberación o de prosperidad. La cuestión no es saber lo que significan las palabras atribuidas a Jesús en las celebraciones o en la teología. No se trata de entender las palabras escritas en la Biblia para entender la realidad. Jesús aparece en su verdadero sentido, como realidad, a partir de una situación en la cual el cristiano se asimila a él.

Viviendo lo que él vivió, se puede entender. Solamente los pobres pueden decir de modo auténtico «¡Cristo es el Señor!» Todos los demás pueden decir las palabras correctas que en su caso, solamente expresan figuración, imaginación, sensibilidad y hasta comedia. La piedad puede engañar mucho, creando la ilusión de fe cuando se trata de una fantasía mental, o de una fórmula administrativa de un buen funcionario que es pagado para decir esas cosas.

Quien no es pobre, puede aprender de los pobres, con la condición de ser muy humilde. Jesús vivió la impotencia, la fragilidad de los pobres. Para entenderle hay que entrar en la misma condición. Jesucristo es el centro del Reino de Dios, el centro de toda la historia de la salvación, el centro de la vida de cada discípulo. Pero no se trata del nombre de «Jesucristo», sino de la realidad. Pues, esa realidad de Cristo solamente se manifiesta a quien vive en él, con él, viviendo la misma
experiencia humana. Por ello hay una centralidad de la pobreza como acceso a la centralidad de Jesucristo.

Esto no es nuevo. En todas las fases de la historia de la Iglesia hubo cristianos que entendieron bien eso. En América Latina, después de siglos de dependencia y de pasividad colonial con los ojos cerrados sobre la condición de los indios o de los negros, hubo un despertar. Los ojos se abrieron. Obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos y laicas, se habían convertido cuando habían descubierto la realidad de la humanidad y el vacío de su religión.

Por ello hubo la Conferencia de Medellín que fue como el descubrimiento de Jesucristo en su realidad, en su presencia. Era necesario descubrir a los pobres para descubrir a Jesucristo. La Conferencia de Medellín fue preparada por el Pacto de las Catacumbas. El día 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, 40 obispos del mundo entero se habían reunido en las catacumbas de Santa Domitila en Roma y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Cada uno se comprometía a vivir pobre, a rechazar todos los símbolos o privilegios del poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. No era comedia, porque ya estaban actuando así. En esos cuarenta había un número importante de brasileños y latinoamericanos y, más tarde, otros lo suscribieron también.

Algunos creen que la opción por los pobres es una expresión de la caridad para con los pobres. Creen que significa amor a los pobres Siendo eso también, es secundario. La gran cuestión es el conocimiento de Jesucristo. ¿Que es conocer a Jesús? ¿Donde y como se conoce a Jesucristo? La centralidad de los pobres viene del hecho de que los pobres entiendan lo que es Jesucristo. Esto no quiere decir que todos los pobres hacen esa experiencia, pero sí que el conocimiento se hace desde dentro de esa condición. Nosotros podemos aprender de ellos. Nada vamos a aprender nocionalmente, pero sí vivencialmente.

La centralidad de los pobres no compromete en nada la centralidad de Cristo. Pero contrariamente, permite que se entienda mejor. Un sacerdote puede ser un buen funcionario del culto, que celebre con mucha piedad, de un comportamiento intachable, uno de esos curas que nunca dan problemas a su obispo. Mas no entiende nada. Probablemente nunca tuvo oportunidad para aprender. La culpa no es suya. Por otro lado, en los evangelios Jesús se identifica con los pobres. El que se da a los pobres, es dado a él. La sabiduría popular transmitió fielmente esa enseñanza. Encontrar un pobre en el camino es encontrar a Jesucristo. El problema aparece en las grandes ciudades. La gente encuentra tantos pobres que es imposible evocar constantemente a Jesucristo. Solamente algunos pueden hacer eso.

Por otro lado, mucha gente tiene dificultad en aceptar que la consideración de los pobres cambia toda la cristología, como cambia la pneumatologia, la eclesiología y las representaciones usadas para hablar de Dios. Cambia toda la teología tradicional, al menos en Occidente. Esto no puede sorprender. La cristología tradicional se concentró alrededor de los dogmas de los 4 primeros Concilios, y de la teoría anselmiana de la redención. Esto quiere decir que era muy parcial, muy particular, centrada en pocas cuestiones. Históricamente, nuevas cuestiones aparecen de forma que obligan a situar todo de una nueva manera. Nuevas lecturas de la Biblia hacen que aparezcan con nuevas perspectivas.

Es significativo que los obispos de la generación de Medellín, los curas que les siguieron, tuvieron que pasar por una conversión. De repente, descubrieron que la teología que habían aprendido en el seminario escondía una parte de la realidad y que hechos evidentes obligaron a descubrir,
por ejemplo, lo que la Biblia dice de los pobres. Un obstáculo es el prejuicio de que Jesús anuncia una buena nueva para todos. Pues él anuncia una noticia pésima para los ricos que van a perder todo, para los sacerdotes que van a perder el templo y desaparecer, para los doctores cuya ciencia se vuelve irrelevante, para los fariseos cuya santidad queda desenmascarada, para Herodes.

La buena nueva es para los pobres, los desamparados, los perseguidos. Pero sucede que muchos cristianos insisten en borrar las diferencias y leen el evangelio como si se dirigiera a todos igualmente, como si Jesús hablase para los hombres por regla general, sin ninguna referencia a su situación, tal como hacen los filósofos griegos. El propio documento de Aparecida presenta el evangelio como buena noticia válida para todos, sin ninguna diferencia. De hecho, para quien estudió solamente la teología tradicional, no hay problema. Para ellos el evangelio es lo mismo para todos, aunque los textos bíblicos e innumerables documentos de la Tradición manifiesten a cada página que no es verdad. La teología podía esconder el evangelio. Desconfío que ella no era completamente inocente, pero que tenía algunos motivos menos religiosos para silenciar ciertos aspectos de los evangelios.

Un día un campesino de la región pernambucana me dijo: «Yo soy analfabeto, pero cuando oigo al vicario explicar el evangelio, creo que él no lo lee todo, porque lo que lee, siempre se lo aplica a sí mismo“.Ese campesino era muy inteligente. Pues el vicario elige siempre lo que es favorable a él. Está claro que Clodovis no ignora todo eso. Pero muchos lectores lo ignoran y pueden quedar confundidos a causa de sus prejuicios. Continuarán creyendo que los pobres no tienen nada que ver con la doctrina cristiana, en particular con la cristología.

Pensarán como siempre que los pobres son objeto de caridad de los cristianos y los cristianos deben reconocer ese deber de caridad. Como decía un día el cardenal Daniélou: «los pobres tienen lugar en un párrafo de un artículo de un capítulo del tratado sobre caridad». Los pobres serían objeto de la compasión de los cristianos porque sufren mucho. Si esa fuese la opción preferencial por los pobres, esta sería totalmente inofensiva e irrelevante. Los pobres no toman el lugar de Cristo, pero ellos tienen un lugar especial, fundamental, central en Cristo. Que la teología de la liberación muera o no, no importa. Pero después de Medellín la teología no podrá seguir siendo lo que era.

* (N.T.) Transcriptor – Editor al español: Enrique A. Orellana F.
* As extrañas acusacones de Clodovis Boff. Diciembre 2008.
Traducción del portugués al español: Juan Hernández Jover. Otros colaboradores
Sofía Schmidlin Sol, María Angélica Fernández, Rosemari de Almeida, Miguel Esquirol.

Al publicar en medio impreso, favor citar la fuente y enviar copia para:
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