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Stop fluoruro -- Julen Lizaso

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Síntesis sobre fluorización del agua en Euskadi.
“¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de sólo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal” (Berta Cáceres)
a) Un poco de historia.
De niño escuchaba a mi madre decir: Nunca la humanidad conocerá mayor avance de progreso que, tener agua corriente en casa. A finales de la primera mitad del siglo pasado ya alucinábamos con la magia del «manantial» tras la pared de la cocina de la casa al ver fluir agua desde un tubo metido en ella.

El 70% del agua dulce que contiene el planeta (2,5% del total de agua), se utiliza para producir alimentos, estando cada vez más monopolizados, tanto la distribución de estos como el acceso a las fuentes y manantiales naturales. Un 31% de las fuentes de agua potable disponibles en el mundo está en Latinoamérica. Sin embargo, en esta región, 37 millones de personas no tienen acceso al agua potable y 110 millones sufren con la falta de saneamiento.

Las poblaciones vienen manifestándose respecto de las causas de estas problemáticas hace mucho tiempo. Esto se ejemplifica en todas las luchas llamadas “guerras del agua” que tiene como uno de sus símbolos más importantes la revuelta popular que se dio en Bolivia, entre enero y abril del año 2000, la cual puso en cuestión la privatización de este bien común frente a la presión del Banco Mundial.

b) Producción de plástico para envasado de agua de boca.

En España, un litro de agua envasada cuesta de 400 a 1.000 veces más que la del grifo y somos el tercer país europeo consumidor de agua «muerta» y séptimo del mundo. Los 132 litros persona/año, supone 1.500 botellas plástico cada segundo, es decir 50 millones de envases al año; dándose el caso que para producir una botella de plástico de 1/2 litro se gastan 3 litros de agua. Todo parece un despropósito si no fuera que las grandes empresas envasadoras (Danone, Nestlé, Coca-cola y Pepsi) facturan mil millones al año.

c) Repercusiones medioambientales.

La huella medioambiental del plástico en superficie, está a la vista y la de los fondos marinos es conocida. No tanto la referida a emisiones a la atmósfera.

El plástico es un derivado del petróleo. Al no reciclarse ni el 20% de envases, el resto termina con el polietileno y bisfenol A degradado, liberando metales pesados como el antimonio, que arrastrados por la lluvia y viento, termina en acuíferos y mares, cuando no en incineradoras emisoras de dioxinas al aire.
En 2008 el Gobierno británico hizo campaña a favor del consumo de agua del grifo, por considerar inmoral e insolidario beberla envasada en botellas de plástico. Al mejorar la del grifo, en dependencias oficiales, festivales y eventos públicos, prohibió el plástico, pues potabilizar 1.000 litros de agua para las fuentes costaba lo que un litro de agua envasada, sin contar la contaminación.

d) Tenemos agua potable en el grifo y fuentes públicas, pero…. ¿es saludable?

La seguridad que nos da el agua del grifo, a los menos que aún la bebemos, es responsabilidad del Gobierno vasco. Hemos quedado como único territorio europeo que además de seguir usando derivados del cloro (tóxicos e irritantes) como agente potabilizador, aún se añade flúor a nuestra agua potable.

Hasta la primera mitad del siglo pasado la fluoración era una práctica de uso exclusivamente industrial, pero en la segunda mitad y debido a su uso en humanos, por su indudable neurotoxicidad incluso en dósis bajas y debilitamiento del sistema óseo, se mantiene vivo el debate hasta hoy por sus efectos sobre la salud.

e) Precedentes de salud, mitos y bulos.

El mito de la “prevención de la caries dental” asociado con fluoruro, se originó en los EEUU en 1939, cuando el científico Gerald J. Cox, empleado por ALCOA, el mayor productor de residuos tóxicos de flúor, y siendo amenazados por las reclamaciones por daños de fluoruro, fluoraron algunas ratas de laboratorio, llegando a la conclusión de que el fluoruro reduce las caries y afirmaron que debería añadirse a los suministros de agua de la nación. El mismo Gerald J. Cox, que “demostró” que el mesotelioma no era causado por el amianto.

“Educación e investigación” USA fue financiada por la industria del aluminio, fertilizantes y armas, en busca de una salida para los residuos de fluoruro que cada vez se incrementaban más, mientras conseguían aumentar las ganancias.

El “descubrimiento” de que el fluoruro “beneficiaba” a los dientes, fue pagado por la industria que necesitaba ser capaz de defender las “demandas de los trabajadores y las comunidades, envenenados por las emisiones de fluoruros industriales” (Bryson, 1995) y convertir un lastre en un activo.

Componente de los residuos en los procesos de fabricación de explosivos, fertilizantes y otras «necesidades», era caro para desechar de manera adecuada y hasta que se encontró un «uso» en el suministro de agua de Estados Unidos, la sustancia sólo fue considerada un residuo peligroso tóxico. La contaminación de fluoruro fue una de las mayores preocupaciones legales que enfrentaron los principales sectores industriales de EEUU.

A través de una maliciosa re-educación publica, se convirtió en el ingrediente activo de plaguicidas, fungicidas, raticidas, anestésicos, tranquilizantes, medicamentos fluorados, y un número de productos industriales y domésticos, geles fluorados dentales, enjuagues y pastas dentales.
Financiado por industriales de los EE.UU., en un intento de fomentar la aceptación pública del fluoruro, Edward Bernays, también conocido como el padre de las Relaciones Públicas, o el original “médico que baila”, inició una campaña de engaño para convencer a la opinión pública.

Barnays explicó: “Usted puede conseguir prácticamente que cualquier idea sea aceptada si los médicos están a favor. El público está dispuesto a aceptar, porque un médico es una autoridad para la mayoría de las personas, independientemente de lo mucho que sepa o no sepa” (Bryson, 2004).

El fluoruro se convirtió en sinónimo de progreso científico y desde que fue presentado al público como una sustancia que mejora la salud, agregada al medio ambiente por el bien de los niños, quienes se oponían al fluoruro fueron desechados como excéntricos, charlatanes y lunáticos. El fluoruro se convirtió en impermeable a la crítica debido a la implacable ofensiva de las relaciones públicas, y también debido a su toxicidad general. A diferencia de los productos químicos que tienen un efecto de firma, el flúor, un veneno sistémico, produce una gama de problemas de salud, por lo que sus efectos son más difíciles de diagnosticar.

f) El cloro y flúor en nuestras aguas de boca y contaminación de los ríos.

En toda España se usa el cloro libre en forma de hipoclorito sódico (lejía o lavandina) para potabilizar el agua del grifo, coincidiendo que es el más barato pero también el más tóxico e irritante de mucosas. El riesgo de generarse compuestos cancerígenos (Trihalometanos THM) al reaccionar los subproductos del cloro con elementos orgánicos en el proceso químico-potabilizador, debería seguir el modelo de países y territorios que ya sustituyeron por el ozono o clorito sódico (precursor del dióxido de cloro), siendo eternamente usado como esterilizador hospitalario y de material clínico y odontológico y desde 1.994 obligatoriamente en bolsas de plasma sanguíneo en formulación gas-dióxido.

El consumo de agua del grifo se da en familias de bajo poder económico y-o personas con sensibilidad ecológica y amantes de la economía circular, pues el agua envasada supone un plus de gasto familiar y agresión medioambiental al generar mucho residuo no degradable. Ambas contienen fluoruros y según la legislación española (RD 140/ 2003 y 1.798/2010) el contenido de ión fluoruro no pueden superar 1,2mg/litro, siendo obligado marcarlo en la etiqueta; valor inferior a la del agua del mar (1,4mg/litro), muy superior al de aguas naturales superficiales (0,1 a 0,5mg/litro).

Es injusto que las personas sensibilizadas con la huella medioambiental por la generación de plástico para envasar agua, al tomarla del grifo, podríamos estar pagando en salud personal, ya que el flúor artifical que de manera obligada los vascos ingerimos en nuestra agua, (por razones de “salud” impuesta por el Gobierno vasco desde 1.989), pudiera producir fluorosis y neurotoxicidad por acumulación, siendo la razón por la que países europeos se unieran a esa campaña de interés industrial y práctica iniciada en EEUU y todos los países anglosajones, desde 1.945. Exige cambiar el Decreto del GV 49/1988 del 1/3.
Hoy prohiben su uso, siendo Bélgica muy restrictiva al prohibir también en chicles, pastas dentríficas y medicamentos y próximamente en envases de pizzas y comidas rápidas, igual que Israel en 2.014. Euskadi impone “salud” a través de un producto indispensable y el de mayor consumo, con “justificación” de prevención contra las caries. Mayor cinismo no cabe cuando promueven el consumo de azúcar a través de yogures, bebidas y productos de consumo infantil y juvenil ¿qué se esconde detrás de esta práctica del Gobierno vasco?

Según Ian E. Stephen, especialista investigador en las implicaciones del flúor para la salud, durante el mandato de Margareth Thatcher se triplicaron los presupuestos para la fluoración del agua en Irlanda del norte (hoy prohibida) . Según él y muchos otros autores, experimentaron con el fluoruro los nazis como método de domesticación de la voluntad de los prisioneros. Hoy con naturalidad, en psicofármacos antidepresivos, hipnóticos y ansiolíticos y en forma de gas neurotóxico en el campo militar. Al margen de las razones en su día, hoy ¿porqué se sigue añadiendo fluoruro al agua del grifo en Euskadi?

Siendo dudoso el beneficio directo en la salud bucodental, y dándose que podía añadirse fluoruro a la leche, sal u otros de consumo voluntario y no obligado como es el agua del grifo, resulta inconcebible este empeño en nuestros gobernantes y desidia de la oposición, cuando Europa entera se ha desmarcado de esta práctica insalubre, para pasar a fomentar el consumo de verduras y frutas ecológicas regadas con aguas subterráneas (contienen hasta 10mg/litro de fluoruro) y de ellas recibir el aporte de flúor en la dósis diaria suficiente.

g) Informes europeos del siglo XXI….y su escaso eco en la prensa española.

A mediados de enero de 2.020, los principales medios de la prensa nacional se hacían eco del informe del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal): «El 5% de los cánceres de vejiga en Europa, son atribuibles a la exposición a trihalometanos (THM) en el agua del grifo. España es el cuarto país de Europa con más casos de cáncer de vejiga asociados a ese agua».

La Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamiento (AEAS) nos asegura el mismo día que la calidad del agua del grifo: «En todos los casos cumple la exigente normativa española». Cumple la normativa, pero el 11% de cánceres de vejiga que se dan en España se asocian al consumo de agua del grifo. Países escandinavos, centroeuropeos y Benelux, no alcanzan 0,6% de media y en Alemania el 0,2%, a pesar de que beber agua del grifo es mucho mas generalizado en sus casas y restaurantes que en España. Desde la sostenibilidad ecológica (generación de plástico), huella de CO2 (transporte de agua envasada), salud y economía (gasto a la sanidad pública) y economía social (gasto familiar), nunca aparece en la agenda política del Gobierno Vasco.

Increiblemente tampoco en la de la oposición que se dice de izquierdas, a pesar de habérsele interpelado en prensa animándoles a que susciten este debate en el parlamento vasco, pues por mucho que el Gobierno vasco lo niegue, existe gran controversia científica en cuanto al uso artificial del flúor, tanto como agente benefactor para la salud bucodental como neurotóxico.

En la actual coyuntura del Sars2-Covid19, por imposición del uso de mascarilla, y posible obligatoriedad de vacunación total para acceder a centros escolares, el Gobierno vasco, ante el silencio de la comunidad médico-científica, docente-universitaria y política-sindical, será el único gobierno autónomo del estado español, en imponer salud de manera sistémica en tres cuestiones básicas.

Esta medicación compulsiva es un atentado al derecho internacional recogido en Convenio Europeo de Derechos Humanos y Biomedicina, que en la normativa referida a la salud global de la ciudadanía dice: “Una intervención en el ámbito de la Sanidad sólo podrá efectuarse después de que la persona afectada haya dado su libre e informado consentimiento. Dicha persona deberá haber recibido previamente una información adecuada acerca de la finalidad y la naturaleza de la intervención, así como de sus riesgos y consecuencias”.

No se atiene a verdad el Gobierno vasco al decir que el fluoruro (demostrado neurotóxico y presunto vector carcinogénico), “no es un medicamento”; por tanto, al añadir flúor al agua potable, está medicando a la fuerza a toda la población. Relativizado a como han ido rectificando todos los países que ya lo prohiben, esto es una grosería inmoral en lo político-económico (se gastan millones en fluorar toda el agua de la red pública cuando solo el 3% se usa para beber y cocinar) y una falacia desde lo cuantitativo a lo cualitativo en lo técnico, al no informar sobre la razón de mantenerla y seguir medicando con un químico insalubre de manera forzada, a sabiendas de lo desinformada de una ciudadanía apática y una oposición política desviada de lo común diario. También en España las otras dos CCAA que lo venían haciendo como son Andalucía y Galicia, en la década pasada…han dejado de fluorar sus aguas.

El fluoruro es un tóxico residual de la industria del aluminio, fosfatos y biocidas que en EEUU, hoy aún, el argumento anticaries, lo usan como filón para darle salida y negocio, cuestionado en medio siglo entre agrios debates científicos.
Una década mas tarde, fué el químico clave (hexafluoruro de uranio) en la producción de bombas atómicas, al ser el neurotóxico y genotóxico más conocido como carcinógeno por encima del plomo y arsénico, y ello está documentado en montañas de estudios científicos llevados a cabo en Japón, de que no fué la radiación sino el fluoruro el principal agente mortal y mutágeno.

La Dra P. Mullenix en su día directora de toxicología del Centro Dental Forshyth en Bostón y hoy una de las más destacadas críticas de la fluoración del agua, asegura: El fluoruro es una poderosa toxina del sistema nervioso central (SNC) acumulativo en el tejido cerebral incluso en dósis muy bajas. Reafirmado por estudios en China asegurando:“Disminuye el coeficiente intelectual en niños”.
¿A qué interés o el de quién obedece este hacer del Gobierno vasco, cuando en Europa el 97% la rechaza incluido el resto de España? No sirve que digan que las dósis de fluoruro utilizadas están muy por debajo del umbral de toxicidad.

Desde el sentido común y la razón constitucional del derecho europeo y no alineados con el norteaméricano, no pueden medicarnos a la fuerza, haciendo seguimiento al país que desde el final de la Segunda Guerra mundial, es la cuna de desdichas globales, tanto sean bélicas, sanitarias, medioambientales, alimentarias, bloqueos comerciales, quebrantos financieros y energéticos, etc
No en vano fue un ciudadano suyo, quien alertó sobre las verdaderas razones de fondo por las cuales, aun avanzado el siglo XXI, persisten en su cruzada de seguir fluorando las aguas de beber: “La verdadera razón para el tratamiento del agua es la de reducir la resistencia de las masas contra la dominación y el control y la pérdida de libertad. En la parte posterior del hemisferio encefálico izquierdo existe un área pequeña responsable de la fuerza del individuo para resistir contra la dominación. Repetidas dosis mínimas de fluoruros reducirán, después de cierto tiempo y poco a poco, la fuerza del individuo para resistir contra la dominación mediante el envenenamiento y la narcotización paulatinos de dicha parte del cerebro. La consecuencia es la incapacidad de tomar decisiones por sí mismo. ¡Esto hace que se sea manipulable!

Digo esto con toda la seriedad y sinceridad de un científico que lleva casi 20 años investigando la química, bioquímica, fisiología y patología de los fluoruros. Toda persona que tome agua artificialmente fluorizada durante un año o más, no volverá a ser la misma nunca más, ni psíquica ni físicamente.”
(Fuente: Jim Keith, Control del consciente, citado del “The American Mercury”.

Japón es por excelencia el país que se aplica con exquisitez saludable en el tratamiento del agua en la red domiciliaria, fuentes públicas y hosteleras, con estandares de control de calidad superiores a los de plantas embotelladoras. “Yo no compro ni bebo agua embotellada, porque se que el agua corriente que tenemos por todas partes es segura y deliciosa” declaraba orgulloso el director del Departamento de Aguas de Tokyo, desvelando que: “El tratamiento de nuestra agua lo hacemos con ozono; siendo que es un fuerte oxidante (O3) desintegrador de patógenos y sustancias nocivas, los temidos trihalometanos”.

La desinfección de microrganismos patógenos en el agua de beber viene desde finales del siglo XIX en que Bélgica utilizó cloro en forma de hipoclorito-lejía. Francia desde primeros del siglo pasado utilizó el ozono como hoy Holanda, Italia y Alemania el cloro pero en su forma de dióxido de cloro, siendo que hoy Bélgica abandona el cloro para pasar a potablizar con luz ultravioleta (UV).

“El Cloro libre se recombina formando trihalometanos, subproductos de la cloración del agua potable, entre ellos el cloroformo, un potente carcinógeno. En pocos segundos, los gases inhalados pasan directamente a la sangre mientras nos duchamos, resultando mucho más pernicioso que si ingerimos directamente el agua clorada”.
Evidentemente que el uso del cloro está plenamente justificado como potente desinfectante para eliminar eventuales focos de infección que, de no efectuar tratamiento sanitario, desembocarían en una crisis epidémica de tipo infeccioso…. pero en la formulación hipoclorito-lejía es muy perjudicial.
El uso del flúor es quizá todavía más polémico que el del cloro. Si bien se admite su presunta eficiencia en la prevención de la caries infantil, con el tiempo se han observado numerosos efectos indeseados, desembocando en una controversia curiosa de la cual se prevé un no lejano abandono completo de su uso, en base a una normativa europea de obligado cumplimiento a todos sus miembros, con solo seguir las recomendaciones extraidas de estudios de los efectos del fluoruro en la salud, realizados en la Universidad de Harvard.
De los biocidas oxidantes, el dioxido de cloro es el oxidante más selectivo. Pero el ozono y el cloro (hipoclorito-lejía) son mucho más reactivos que el dioxido de cloro, y serán consumidos por compuestos muy organicos. El dioxido de cloro sin embargo, solo reacciona con compuestos de sulfuro reducidos, y aminas secundarias y terciarias, y algun otro reactivo reducido organico activo. Esto permite muchas menor dosificacion de dioxido de cloro para lograr un residuo más estable que el ozono y el hipoclorito. El dioxido de cloro, generado correctamente, se puede utilizar con eficacia en un cargamento orgánico mucho más alto que el ozono o el hipoclorito debido a su selectividad.
En toda la península potabilizan con hipoclorito sódico (lejía) de bajo poder oxidativo (O1), excepto en Córdoba y Andorra que lo hacen con dióxido de cloro con poder oxidativo superior (O2), siendo que cuanto menor sea este valor en el componente potabilizador, es más barato y exige mayores dósis.

Según el Premio Nóbel de Medicina del año 2.000 Robert Carlton: “La fluoración de aguas es el mayor fraude científico del siglo que acaba”.

“En una sociedad donde los productos conteniendo asbesto, plomo, berilio y muchos otros carcinógenos han sido retirados del mercado, es sorprendente que el fluoruro sea aceptado tan a fondo y ciegamente. Parece absurdo que estemos dispuestos a pagar a la industria química para que desechen sus residuos tóxicos y que los agreguen a nuestro suministro de agua”.

“Aquellos que manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de nuestro país … nuestras mentes son moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar” (Bernays, 1991 ).

Como bien dice el periodista y aventurero Alberto Vazquez-Figueroa: «Cuando tengas un invento revolucionario, antes de mirar a quién beneficia, permanece atento al poder que tiene aquel a quien perjudica». Es lo que no tuvo en cuenta el bueno de Nikola Tesla, al anunciar sus descubrimientos sobre la energía libre para la conducción de energía eléctrica, sin cables ni contador…siendo este simple aparato medidor, el quid del negocio de la energía que se disputan la jauría para llevarnos hasta ese embudo que mide el consumo, siendo el principal móvil de las últimas guerras del petróleo, crisis energéticas y burbujas y quiebras económicas desde la segunda década del siglo pasado. No se tuvo en cuenta al lanzar el plástico como elemento versatil-multiuso. Hoy se benefician los mismos, que aunque separados tienen el poder de fabricarlo. Hoy lo pagamos, quienes tendríamos la fuerza si nos unieramos en resonancia con la Biosfera, a favor de la fauna marina, mares y acuiferos terrestres…inundados por esa siembra venenosa de microplásticos.

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