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Para el día de las familias -- Juan Masiá Clavel, teólogo

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Religión Digital

(Reproduzco el post publicado el año pasado en RD para el día de la Sdagrada Familia -¡Día de la liberada familia de Nazaret1. Éste y otros textos han sido reproducidos también en el blog:
lacomunidad.elpais.com/apoyoajmc/posts
Este texto, junto con ensayos y columnas de estos últimos tres años, se encuentra recogido en el volumen recién publicado : Juan Masiá, Vivir en la frontera: Convivie en paz, creer con sensatez, disentir fielemente, aprender lo diferente, ed. Nueva Utopía, Madrid, 2009).

El día de la Sagrada Familia escuchamos la retórica laudatoria de las sacralidades de la familia, en el marco de convocatorias de manifestaciones pro-familia, aparentemente con buena intención, pero sospechosamente ambiguas por el guiño cardenalicio al público neoconservador.
Uno se acuerda de la frase de Unamuno: “Cuando oigas alabar exageradamente algo, pregunta contra quién va esa alabanza”.

Pero, en vez de entrar en la estrechez de los debates ideológicos, es preferible celebrar la liturgia de este día evocando a María, José y Jesús como Epifanía de la Vida, como familia liberada y liberadora.

Con sólo doce años ya se va de casa Jesús para meterse en el “lío de Abba” (Lc 2,49), que desembocará en el “lío de las redes”: Irse a pescar personas vivas para la Vida: Lc 5, 10. Pero María y José no son posesivos. Son familia que deja crecer. Años después, María, quizás ya viuda, lo tendría difícil. Jesús ha de marcharse camino del Jordán.

¿Familia liberada o acomplejada? Sus hermanos y hermanas menores (Mc 6,3) creen que el predicador se ha vuelto loco y los parientes quieren ir a recluirle (Mc 3,21). Pero él dice, señalando al “grupo de las redes”: “Estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3, 34-35). Uno le quería seguir a medias y Jesús le dice: “El que se queda en el círculo estrecho de la familia no vale para meterse en el lío de mi movimiento de redes por el Reino de los cielos” (cf. Mt 8, 22).

Son exigentes estos pasajes sobre la familia. ¿Los habrán meditado los dirigentes eclesiásticos mitrados, que predican retóricas sobre la sagrada familia para enardecer a públicos nostálgicos “neo-conservadores”?

Pero dejemos a un lado la anomalía intraeclesial en algunos territorios del estado español y volvamos la vista a la “Galilea de los gentiles”, para recordar concretamente algunas familias liberadas.

He visitado a cuatro familias amigas (las llamaré A., B., C. y D., protegiendo su intimidad), que tienen en común el ser atípicas, pero normales y corrientes, además de muy liberadas.

Uso intencionadamente la palabra “atípica”, lo más neutralmente posible, sin el mínimo rasgo de discriminación, y subrayo, para mayor garantía de ecuanimidad, que son cuatro familias normales y corrientes. 

La pareja A no tiene descendencia. Se plantearon en su día la fecundación in vitro, pero desistieron al cabo del tiempo y optaron por la adopción. En el contexto japonés, esto es atípico, porque la sociedad ve con prejuicio la esterilidad, exagera la vinculación genética y no favorece la adopción. Pero esta pareja es normal y corrientes. Ella, como bioeticista, y él, como ginecólogo, ayudan a parejas que eligen un programa de reproducción asistida; pero en su propio caso, por razones personales, han hecho otra opción por la que no se sienten acomplejados. Y tienen derecho a que se les respete…

La pareja B tiene tres hijas y un hijo. Tener más de dos es completamente atípico en Japón; pero el ser atípicos no les impide ser una familia normal y corriente, en el mejor sentido de la palabra. Crecen y dejan crecer. Y tienen derecho a que se les respete.

La pareja C no tiene hijos. Son una pareja estable de igual sexo. Hubieran querido una adopción para formar familia homoparental, pero tropezaron con dificultades legales. En el entorno social son indudablemente una pareja atípica, porque la sociedad no se ha liberado de prejuicios contra las parejas de igual orientación sexual y no ve bien este tipo de uniones; pero la comunidad católica con la que comparten la eucaristía no discrimina, conviven allí normal y corrientemente.Y tienen derecho a que se les respete…

La pareja D es un caso que merece narrarse con más detalle. Bauticé al bebé de la inmigrante surasiática en Tokyo. Abandonada por el marido en su país, trabajaba en un bar y ahorraba para enviar dinero a su madre. Queda embarazada de un cliente japonés, que le exige aborto, pero ella no quiere, desea dar a luz a la criatura. Él se desentiende y la abandona. En su cuarto realquilado y estrecho, veinte personas apretujadas compartimos una pobre comida para celebrar el bautizo del bebé que vió la luz en familia monoparental. Ella conoce meses después a un chico de su país, trabajador en Tokyo, de la misma iglesia y también separado. Él la acepta como es, con su criatura. Merecería llamarse José, como el esposo de María. Habrá nueva boda. Dice el párroco: «¡Vaya lío sobre los papeles, esto no hay manera de que lo aprueben los canonistas!· (“ratos y consumados” los matrimonios anteriores, y por la iglesia ambos).

Responde el coadjutor: «Pero así es la vida». E ironiza ante el teólogo: «¿Qué dicen tus alumnos seminaristas en el examen ante un caso como éste?» Pero el teólogo (un servidor) era eso que los talibanes de «la caverna» llaman un «dinosaurio postconciliar» y contesta: «No se arregla con papeles, sino con sentido común y evangélico». «¿Y si frunce el ceño algún doctor en cánones, graduado por universidad integrista?», dice un compañero. «Pues le echamos un latinajo para calmarlo: diremos que el aso matrimonial se arregló in foro conscientiae, como decía el P. Häring; o sea, que lo que no se puede arreglar de otro modo, se arregla ante Dios en el foro de la conciencia, porque “Dios quiere que vivamos en paz”, como decía Pablo (1 Co 7,15)».

El recuerdo de estas cuatro familias liberadas me anima en estos días, precisamente cuando se celebra el misterio de María, José y Jesús, Epifanía de la Vida: la Liberada Familia. Pero leo por internet noticias de mi país donde se reúnen convocados por mitrados «decimonónicos», bajo el titulus coloratus de exaltar la familia y, de paso, fomentar los movimientos nostágicos neoconservadores de la ultraderecha celtibérica.

Bueno, son anomalías de la iglesia en el estado español, que no acaba de hacer la transición, después de más de tres décadas de andar a gatas por la democracia, sin acabar de pon erse en pie…

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