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Papa Francisco: “no te comportas según la verdad del Evangelio” (Gál 2, 14) (VI) -- Rufo González

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CelibatoNo es solución evangélica: Curas casados en “lugares muy remotos” y célibes en “lugares muy próximos”
Ni crisis de fe ni dudas sobre el ministerio
La inmensa mayoría de los curas casados afirma no tener problemas de fe ni sobre el papel del sacerdote en la Iglesia. El Reino de Dios exige leer los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio. El amor surgido en la pareja cuestiona la ley canónica. La conciencia –“núcleo más secreto y sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella” (GS 16)- oye el “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (He 5, 29), tantas veces invocado por la Iglesia. He aquí un testimonio:

“Siempre dejé claro que mi decisión de casarme no implicaba ni crisis de fe ni dudas sobre mi ministerio. Que fue tomada por coherencia interior al no encontrar razones objetivas para que renunciásemos a ello, al no verlo incompatible con el ministerio que estaba realizando, ni poder aducir motivos de índole histórica, ni teológica, ni antropológica o psicológica para justificar una tal renuncia. Nos parecía que, en nuestro caso, la pura razón canónica no era suficiente. Aunque gratificante en muchos aspectos, no fue fácil tomar una decisión de ese calibre. Y en muchos aspectos fue un auténtico calvario, desde las luchas interiores iniciales hasta la clarificación final, desde la nueva ubicación laboral hasta el reajuste en ambientes completamente nuevos …” (“Curas casados. Historias de fe y ternura”. Moceop. Albacete 2010. p. 171).

Curas casados en “lugares muy remotos”

Esta posibilidad la sondeó san Pablo VI ante la situación de la Iglesia de Camboya y Vietnam. El arzobispo de Saigon, Nguyen van Binh, informó que los catequistas estaban dispuestos a suplir al clero exterminado, pero sin celibato. Pablo VI pidió a la Congregación para la Doctrina de la Fe buscar una solución. La Plenaria decidió: “no se podía hacer una excepción porque ello supondría romper la disciplina general en la materia. Si el Papa quería abolir el celibato obligatorio, era su responsabilidad” (C. Alcaina: “Roma veduta. Monseñor se desnuda”. Liber Factory. Madrid 2016, p. 175).

También Francisco lo plantea con mucho miedo: “Podría haber alguna posibilidad de ordenar a hombres casados en lugares muy remotos donde hay comunidades católicas que rara vez tienen misa porque no hay sacerdotes. Pero, incluso para esa situación, se necesitaría mucho estudio”. La historia se repite: “Pablo VI lo intentó. Se esforzó. Consultó. Hizo trabajar a la Curia. Lo anunció. Luego, cedió. Se desinfló y desistió. No tuvo arrestos para llegar hasta el final…” (C. Alcaina: o.c. p. 172).

La carestía de presbíteros solteros está en “lugares muy remotos” y “muy próximos”. Resulta hoy absurdo eliminar la exigencia del celibato por razones meramente locales. Jesús no impuso esa ley. Por tanto, la Iglesia, si busca el bien de sus comunidades (que tengan quien les explique el Evangelio y presida sus sacramentos) debe buscar cristianos (varones y mujeres) que satisfagan esas necesidades. En la cultura actual “cualquier discriminación y cualquier injusticia de género son, antropológicamente, contrarias a la igual dignidad de todos los seres humanos; teológicamente, van en contra de la creación de ser humano como hombre y mujer a imagen y semejanza de Dios; eclesialmente, son contrarias al movimiento igualitario de Jesús de Nazaret, al principio de fraternidad-sororidad que debe regir en la Iglesia y a la igualdad de las cristianas y los cristianos por el bautismo” (Juan José Tamayo: “Mujeres diaconisas: cristianas subalternas”. Web de Redes Cristianas. Mayo 16 de 2019).

Recuperar un concepto creativo, evangélico, de la tradición y de la revelación

Francisco quiere abrir caminos, pero se muestra muy dudoso. El 10 de mayo último, en encuentro con la Unión Internacional de Superioras Religiosas, comentó el resultado de la Comisión sobre el diaconado femenino. Los consultados, dice, no concuerdan sobre si era o no sacramento la “ordenación” de mujeres. Cierre de la Comisión y a esperar. En el fondo no se quiere avanzar con los datos evangélicos, la historia y la mentalidad de hoy. Comparto lo que dice Jesús Martínez Gordo:

“No queda más remedio que seguir insistiendo y, sobre todo, argumentando… Pero también quiero decir, críticamente, que urge recuperar -por fidelidad a lo dicho y hecho por Jesús- un concepto creativo o, mejor dicho, “evangélico” de la tradición y de la revelación, aparcando el esclerotizado y “arqueológico” que -liderado en el postconcilio por el entonces profesor J. Ratzinger- todavía campa por sus fueros en muchos colectivos eclesiales (incluida, por supuesto, la Curia vaticana). Francisco parece tener dificultades para superar y salir de esta concepción fosilizada de la tradición y de la revelación. Sería un enorme error dejar pasar una o dos generaciones para dar este pequeño -y, a la vez, importantísimo- paso en la Iglesia” (RD 13.05.2019 Jesús Martínez Gordo).

“Busquemos nuevos caminos, ¡esto nos hará bien a todos!”

En la homilía del pasado día 10 de mayo, en la capilla de santa Marta, ante las hermanas del Cottolengo, Francisco habló sobre la “docilidad a la voz del Señor”:

“Hoy quisiera agradecerles, y a través de ustedes, a tantos hombres y mujeres, valientes, que arriesgan la vida, que van adelante, que también buscan nuevos caminos en la vida de la Iglesia. ¡Buscan nuevos caminos! ‘Pero padre, ¿no es pecado esto?’. No, ¡no es pecado! Busquemos nuevos caminos, ¡esto nos hará bien a todos! Siempre que sean los caminos del Señor. Pero seguir adelante: yendo adelante en la profundidad de la oración, en la profundidad de la docilidad, del corazón abierto a la voz de Dios… Pidamos hoy la gracia de la docilidad a la voz del Señor y del corazón abierto al Señor; la gracia de no tener miedo de hacer cosas grandes, y la delicadeza de cuidar las cosas pequeñas» (10.05.2019 | RD).

Obligados por la ley, no por la fe, a dejar su ministerio

Obispos y presbíteros casados se rebelan contra la ley. El Espíritu de Dios les ha sostenido “la fe que se traduce en amor” (Gál 5, 6) a la comunidad. Son numerosos los testimonios de sacerdotes ejemplares, infieles a la ley –por considerarla dañina a su humanidad-, pero fieles a la fe. Lean, por favor, “Curas casados. Historias de fe y de ternura” (Moceop. Albacete 2010). Son vidas de “hombres y mujeres, valientes, que arriesgan la vida, que van adelante, que buscan nuevos caminos en la vida de la Iglesia”. “Hay que decir que estos hombres han tenido la libertad y el coraje de tomar la propia vida en sus propias manos, para conducir esas vidas como ellos veían que era lo que más y mejor cuadraba con su propia humanidad” (J.M. Castillo en “Curas casados. Historias de fe y ternura”. Moceop. Albacete 2010. p. 351).

Jaén, 30 de mayo de 2019.

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