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Panel ético-espiritual-político -- Benjamín Forcano, teólogo

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Esto pasa hoy en España
1. Abreme,hermano (Diamantino)
2. Anunciar hoy el Evangelio de Jesús (Benjamín Forcano)
3. Carta a un amigo que se pregunta sobre el papa Francisco (Benjamín Forcano)
4. Esto pasa hoy en España (José María Alvarez)
5. Un profeta que llora (José Antono Pagola)
6. Cambio de mentalidad: Dios no es responsable del mal en el mundo (B.Forcano)

1

ABREME, HERMANO
Diamantino García
(En el XIV Congreso de Teologia)

Abreme, hermano.
He golpeado a tu puerta,
He llamado a tu corazón
para tener un techo,
para tener un poco de fuego para calentarme;
ábreme, hermano.
No soy negro,
ni un piel roja,
ni un oriental,
ni un blanco,
SINO SOLO UN HOMBRE
el hombre de todos los tiempos,
el hombre de todos los cielos
UN HOMBRE COMO TU.

2

ANUNCIAR HOY EL EVANGELIO DE JESUS
A LOS 50 AÑOS DEL CONCILIO VATICANO II

Benjamín Forcano

Introducción
El concilio Vaticano II despertó gran interés porque se propuso buscar nuevas formas de transmitir al hombre de hoy el mensaje cristiano. El concilio no hacía sino encauzar lo que venía abriéndose camino desde hacía tiempo. Se aprobaron al fín documentos importantes, pero no sin que sobre bastantes asuntos se incluyeran posiciones contrapuestas. Y por unas y otras se decantaron los diversos grupos nada más acabar el concilio, aunque en los primeros momentos fuera mayoritaria la tendencia aperturista.

Fueron los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI quienes frenaron fuertemente el impulso renovador del concilio. Surgieron en ese largo intervalo movimientos o fenómenos de creciente alejamiento de la fe católica en los países desarrollados y, dentro de las instituciones eclesiales, niveles preocupantes de corrupción en el ámbito económico y en el campo de las relaciones interpersonales, hasta el punto de que sobre algunos de ellos debió ocuparse la legislación civil.

Hoy a los 50 años de su celebración, pese a las resistencias de los grupos más conservadores, y bajo la guía del papa Francisco, comprendemos mejor que la renovación eclesial apenas quedó iniciada. Y nos proponemos expresar en qué aspectos es más urgente acometer y profundizar esa renovación. Serían tres, en nuestro parecer, las grandes cuestiones a tratar: el mensaje que anunciamos, la forma de vida como lo practicamos y la estructura organizativa en que funciona la Iglesia.

El mensaje que anunciamos. El mensaje de la Iglesia es el de Jesús. Pero dicho mensaje debe ser expuesto en nuestro tiempo librándolo de todas las limitaciones e imperfecciones en que la historia las ha ido plasmando y que hoy son insostenibles a la luz del conocimiento y del avance de las diversas ciencias: razón y fe, ciencia y teología deben avanzar escuchándose y respetándose, seguros de poder armonizarse sin contradicción. Tal postura de escucha y diálogo acabará afianzando el camino de la autocrítica y colaboración sin que la Iglesia se erija en norma y depósito exclusivo de la verdad y reconozca la verdad existente en todos los credos filosóficos y religiosos. La fidelidad a la propia identidad no puede hacerse con menosprecio o menoscabo de otras identidades. Ni superar insuficiencias o errores de pasado puede considerarse una carencia de espíritu o de amor a la Iglesia sino simplemente saber descubrir en la novedad secular y moderna la llamada a reformular muchos de nuestros asertos y doctrinas tradicionales.

En todo caso, el caminar específico de nuestra Iglesia, anunciando la Buena Nueva, no debe hacerse olvidando o subestimando el mancomunado caminar de la humanidad, que a todos dicta básicos e imprescindibles principios éticos, como fundamento y garantía de una ética universal. Ahí, en la justicia, la verdad, la solidaridad y la paz está unida la humanidad sobre otras particulares verdades o crencias. La lucha por la dignidad universal y por desarrollar y conseguir los valores y derechos que le son propios, es lucha compartida por todos.
3
Carta a un amigo
que se pregunta sobre el Papa Francisco

Benjamín Forcano
Madrid, 23 de junio de 2013
Hermano y amigo:
Al fín, puedo ponerte unas líneas en relación con tu carta al papa Francisco. No sé si le has dado publicidad o ha corrido solo entre círculos de amigos. Da lo mismo.
Puede ser opinable o discutible el estilo de este género de carta. Porque, en primer lugar, no es fácil disponer de una información veraz y correcta acerca de aquel a quien, en este caso, dirigimos la carta. Se han dado, desde el principio , enfoques y opiniones diversas sobre la personalidad y modo de actuar de este papa, que como todo ser humano tiene una larga, variada y legítima evolución , aunque pueda observarse un sustrato fijo en el flujo sucesorio de su edad y circunstancias.

Por eso, hay que proceder con mucho tiento si se quiere acertar, de modo que no nos metamos a hacer juicios sobre lo acertado o equivocado de su actuar e ir más bien a señalar aquellas tareas o responsabilidades que le incumben y debiera asumir en su nuevo ministerio petrino en el momento actual.

Y la experiencia e historia nos muestran que una misión como la generada en la vida de la Iglesia católica para el papa, depende mucho de su libertad , entereza y fidelidad al Evangelio, pero también de factores y estructuras que condicionan fuertemente y muchas veces negativamente, esa libertad y fidelidad. El contorno puede evolucionar y se lo puede renovar, y debemos intentarlo con todos los medios, pero podemos proyectar ingenuamente nuestros deseos, sin darnos cuenta de las resistencias y obstáculos objetivos que se oponen a los cambios propugnados. Los cambios, sobre todo cuando se trata de cambios profundos, deben ser promovidos y garantizados desde abajo, desde la fuerza y participación del colectivo que se siente envuelto en esos cambios.

Dicho esto, yo no me atrevería a darle lecciones o pautas a un papa sobre lo que tiene que hacer, como si yo fuera su consejero o todo dependiera de él. Sabe él, mejor que cualquiera de nosotros , desde la realidad misma de su vida y desde el momento en que es elegido, las tareas a cumplir que se le reclaman a la Iglesia en la sociedad actual. Su información y formación no están ajenas al sentir universal de la Iglesia y a los problemas y retos que se le plantean. La responsabilidad compartida nos lleva , primariamente , a señalar y situar la gravedad de las cuestiones que deben conocerse y afrontarse sin demora, entre todos.

1.El seguimiento de Jesús, norma y clave para todas las reformas.
Unicamente me atrevería a mencionar, como punto de partida básico y esencial para todas las reformas, lo que es fuente, referencia, clave y medida indispensable: el seguimiento de Jesús, que obliga a en cada época a volver a él para proseguir con radicalidad y con el mayor acierto su misma misión: el anuncio de la Buena Nueva, la llegada del proyecto del Reino de Dios.

Esa es la norma fundante y, por lo mismo, principal y más determinante. Lo cual supone que, quienes -la comunidad eclesial- nos embarcamos en la misma aventura y misión que Jesús, conozcamos a fondo cuál fue su estilo de vida (principios, actitudes, sentimientos, opciones primordiales, criterios de acción) y aplicarlo, como él lo hizo en su sociedad, nosotros en la nuestra. Y esto se debe crear y recrear constantemente, como así ha sido a lo largo de la historia.

Pero, en ese reinventar aplicando en cada situación histórica, no todo lo que se ha logrado y promulgado ha sido correcto y concorde con el Evangelio y no resulta lógico y congruente mantenerlo a la luz de los conocimientos, avances y conquistas que posteriormente se han dado. De lo contrario, podemos confundir, como así ha ocurrido, creaciones y adaptaciones propias de una época, -limitadas y contingentes por necesidad- con lo esencial del Evangelio y darlas como perennes e inmutables.

Tal posición ha supuesto una sacralización de normas, conductas y costumbres que se han sumado y pretendido conservar e imponer a todos, aún en contra de los nuevos y legítimos avances. Esta sacralización de creencias y doctrinas, de códigos y modelos de conducta nos han impedido proseguir la tarea creativa y renovadora en el mundo moderno, nos hemos quedado desfasados y descolgados del ritmo de la historia y ha hecho que, tras siglos de pensamiento único y uniformidad cultural (exégetica, teológica, pastoral, ética, litúrgica y jurídica) nos encontremos con tareas atrasadas que se debieran haber analizado y solucionado hace tiempo.

El Vaticano II fue un intento encomiable en este sentido, pero los pontificados de los papas que le siguieron no acertaron a ver la necesidad y urgencia de esta renovación , sino que más bien la frenaron dando impulso y alas a las posiciones conservadoras, un tanto idolatradoras del pasado y aborrecedoras de los signos y cambios innovadores del presente.
Se trata , por tanto, de volver a la fuente, a la norma y modelo primeros de Jesús de Nazaret, -de su proyecto y espíritu- , ya que de ellos mana y llega a nosotros la luz , orientación e ímpetu necesarios para los cambios necesarios.

2. Las reformas competencia de la Iglesia entera
Y, en segundo lugar, dar con la estrella que debe guiar todas las reformas que están por hacer. Esas reformas no competen sólo al papa – ni le competen ni es capaz-, sino que son propias de la Iglesia entera. Y esta implicación de todos no se da sin que, previamente, se logre lo que es de imprescindible importancia: democratizar el poder y el gobierno en la Iglesia.

El poder sube de abajo a arriba, pasa de la comunidad a los por ella elegidos, debe ser fiel eco y ejecución del sentir universal de la Iglesia, de la voluntad de todos debidamente expresada. Y esa reforma es sustancial si se quiere que el poder no se acumule en una persona o en una minoría que se aisla de la comunidad y procede arbitraria y despóticamente.
Sin esta democratización primera, no es posible entender bien y aplicar coherentemente el mensaje de Jesús en nuestra sociedad, tal como él lo hizo en la suya. El poder, auspicado por Jesús, dista leguas de los caminos seguidos por el poder político y de los mismos caminos seguidos por el poder eclesiástico.

En este sentido, las tareas que se deben emprender ya están a la vista, son expuestas y reclamadas fuertemente por la Iglesia y tú mismo enumeras siete de ellas. Pero, quedarían en nada, si el papa no lograse salirse del círculo omnipotente y antievangélico de su poder y sustraerlo a quienes subordinadamente se lo apropian en los dicasterios romanos.

Creo que el papa Francisco ha entendido muy bien esto y de ahí su gesto de encomendar a una comisión colegial, plural y representativa, extraña a los muros intrarromanos del Vaticano, la reforma de la curia. Es un paso fundamental si se quiere llegar de verdad a las reformas necesarias. Sólamente desde una conexión y participación democrática del pueblo de Dios, en los grados que mejor pueda hacerse, garantiza la anhelada e impostergable reforma, decretada por el Vaticano II.
Desplazo, pues, la mira del papa al pueblo, de la cúspide pervertidamente endiosada a la comunidad democráticamente organizada, sin caer en el señuelo de endilgar toda la responsabilidad al papa, tal como se hacía desde el organigrama piramidal de su poder, establecido desde siglos.

3. El Papa Francisco, no es fruto de una elección calculada con el imperio.
La segunda parte de tu carta alude a una dimensión importante, históricamente hablando, de la Iglesia: su relación con los Estados o con el poder político. Es una cuestión compleja, de la cual se ha escrito mucho y que nos pone en guardia contra todo intento de alianza o subordinación a los poderes políticos. Han sido muchos y reiterados los nexos con el capitalismo, que la han dañado grandemente y le han hecho perder libertad y credibilidad en el mundo actual. Cada caso requiere análisis y consecuencias particulares.

No creo, sin embargo, por infundada y en modo alguno demostrada, en esa alianza actual con los poderes del imperio, que le habrían llevado a una sigilosa y calculada elección del papa actual, como el garante necesitado para neutralizar el resugir emancipatorio y socialista de América Latina, de la revolución francesa y de la Compañía de Jesús debidamente depurada y domesticada.
Ese es un peligro –muy real y que nos acecha sutil y tercamente- pero nacido de quienes interesada políticamente o predeterminada por fobias contra la Iglesia o por ilusas nostalgias infantiles no creen ni confían en que la Iglesia –animada y poseída por el espíritu de Jesús- puede realizar de verdad cambios y reformas por muchos largamente deseadas.
Un fuerte abrazo
Benjamín Forcano

4

ESTO PASA HOY EN ESPAÑA
José María Alvarez (Pipo)
Para analizar bien lo que está pasando en nuestro país, que está haciendo sufrir, y mucho, a millones de personas, especialmente a parados y jóvenes, hay que seguir tres pasos: Ver, Juzgar y Actuar.
1.Lo que yo creo más grave y denunciable es:
1. La ayuda a los bancos: Vimos con asombro cómo los bancos hacían caja a costa del pueblo español simplemente siendo intermediarios entre las ayudas europeas y el Estado Español. Nuestros préstamos los recibíamos a través de los bancos a un interés bastante más alto que el que pagaban los bancos a la UE. Era dinero europeo, también español, nuestro.

2. Los desahucios. Es lo de la parábola. A los ricos (los bancos) se les ayuda o se les perdona la deuda (ya se habla de los millones que los bancos no devolverán). En cambio ellos, los bancos, a quienes no pagan las hipotecas los echan de casa. El evangelio condena claramente estos comportamientos tan escandalosamente inmisericordes e incoherentes.

CIFRAS DE DESAHUCIOS EN ESPAÑA: Hacia finales de 2012, según la PAH – Plataforma de Afectados por la Hipoteca-, el número de desahucios llegaría a los 171.110 desde el comienzo de la crisis en julio de 2008. Ni el Gobierno, ni el INE ni las entidades bancarias ofrecen datos claros ni contrastados.
Según el Banco de España los desahucios subieron en 2013 en relación a 2013. En los 6 primeros meses de 2013 hubo 19.567 desahucios, casi tantos como en todo 2012, año en el que hubo 23.774.17

3. El futbol. El montante total de la deuda de los equipos españoles profesionales, exceptuando Real Madrid y Barcelona, es de unos 3.600 millones de euros. La propia Hacienda se niega a revelar las deudas de Madrid y Barcelona.
La deuda de los clubes de fútbol con la Seguridad Social asciende a 16,6 millones de euros (16.615.542,68€), a fecha del pasado 13 de mayo, según refleja la respuesta del Gobierno a una pregunta formulada por el portavoz socialista de Deportes en el Congreso.

4. Fraude fiscal. Las grandes fortunas y grandes empresas concentran el 71,8% del fraude fiscal total, un porcentaje que supone una pérdida recaudatoria para el Estado (=el pueblo español) de más de 42.000 millones de euros anuales, según un informe de técnicos de Hacienda, hecho público el 28-11-2013.
5. La corrupción. Con 5,9 millones de desempleados, el paro es la principal inquietud para los ciudadanos. La corrupción ya preocupa más que la debilidad económica. Nunca antes en la historia de la democracia, el malestar hacia los políticos y los partidos había llegado a un nivel tan alto. Tampoco nunca antes habían coincidido casos enormes de corrupción que alcanzan al partido del Gobierno, PP, a exministros, que tocan las ayudas sociales y que degradan las finanzas públicas hasta abrir agujeros que tardarán en cerrarse.

Gürtel, los ERE de Andalucia, Malaya, Bárcenas… Son los grandes casos de cohecho, malversación y fraude que salpican a políticos –también a empresarios y cargos sindicales-. Hace dos décadas, el asunto que agitó al partido del poder fue Filesa, que se cerró en el Supremo con la primera condena por un escándalo de financiación ilegal de un partido: el PSOE.
Son escandalosos, y caen quizás dentro del concepto de corrupción, los elevados sueldos de cargos públicos sobre todo en las instituciones europeas. Igualmente otros que desempeñan cargos en instituciones económicas o ex políticos que reciben buenos sueldos por estar en consejos de administración con el único objetivo de aprovechar su influencia.

En los ERE se investiga la malversación de 136 millones. Malaya, la cantidad récord defraudada: 500 millones. La Policía dice que la red de Correa movió 25,5 millones. La trama Gürtel estafó un mínimo de 120 millones de euros. Hacienda dice que Bárcenas defraudó 11,5 millones. El PSOE con Filesa ingresó 6 millones. Etc., etc.
6.Y por causa de todo esto vienen luego los recortes…. Como no hay dinero, debido a los impagos del futbol, al fraude fiscal, a lo que nos roban los corruptos, etc. etc., se derivan los recortes en los servicios sociales, en la sanidad pública, en educación…

Un ejemplo: Existen 189.427 personas a las que se les ha reconocido el derecho de acogerse a alguna de las ayudas de la ley pero siguen aguardando a recibir la prestación económica o el servicio del que son acreedores. El recibir o no la prestación depende del lugar de residencia del beneficiario. En total, son 11 las regiones que incumplen el plazo máximo de seis meses para reconocer el derecho a acceder a una prestación. Los retrasos son «especialmente significativos» en Andalucía, Asturias, la Comunidad Valenciana y Extremadura, donde se superan los 300 días. En conjunto, el término medio es de 246 días (algo más de ocho meses). Estos datos corresponden al análisis de expedientes tramitados entre enero de 2011 y abril de 2013.

Cuando los trabajadores de servicios sociales hablan del desmantelamiento del sistema de dependencia y del retroceso que sufre la ley se refieren a cuestiones como la reducción de la principal partida a través de la cual el Estado destina fondos a las comunidades autónomas, que en 2013 ha caído casi en 200 millones (un 14%) respecto al año anterior.
Otro ejemplo. La restricción en la atención sanitaria de los inmigrantes. El Consejo de Estado considera que el Proyecto de Reglamento de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) propuesto por el Ministerio del Interior «introduce limitaciones o restricciones» al derecho de los inmigrantes recluidos a la atención sanitaria y pide al Ejecutivo que modifique su redactado porque considera que «no resulta aceptable».

7. El paro. En las encuestas el paro se percibe como el principal problema que tiene España. Por consiguiente todos somos conscientes de la gravedad del problema. En el conjunto de España, el número de parados registrados aumentó en enero en 113.097 personas, hasta contabilizar un total de 4.814.435 parados.
Pero, ¿por qué no hay trabajo si hay tantas necesidades –individuales y sociales- sin satisfacer? Porque en este sistema sólo se crean puestos de trabajo que generen beneficios satisfactorios. El trabajo no está en función de las necesidades sino del beneficio a obtener. Etc. Etc.

8. Las causas y consecuencias
– Causas estructurales Se pueden resumir en una: el capitalismo neoliberal productivo y financiero. Es necesaria una mayor protección de los intereses de los más débiles. La corrupción está institucionalizada.
– Causas personales: ausencia de ideología, de ética, de moral… que tengan como núcleo de referencia el bien integral de las personas. No hay referencias de comportamiento, valores que orienten las decisiones: vale lo que me favorece, aquello de lo que saco provecho. El beneficio, el dinero es lo único que importa. Tenemos muchos comportamientos corruptos. Quienes están más obligados a denunciar la perversidad de este mundo no lo hacen: intelectuales, curas…

– Consecuencias: aumenta el número de pobres, de marginados o excluidos, los trabajadores están más explotados, los enfermos y los que están con necesidades de atención especial están menos atendidos o nada atendidos, a los inmigrantes se les niega la sanidad… Hay miedo a perder el trabajo y en la empresa se pasa por lo que sea para no ser echado, desesperación al ver que pasa el tiempo y no encuentran empleo… Vivimos en un mundo de esclavos, impotentes para enfrentarnos a las fuerzas dominantes que, por otra parte, casi desconocemos, que están fuera del alcance de nuestra capacidad de acción, entre ellos los manipuladores financieros…
Podemos incorporar aquí el juicio lúcido y certero del Papa Francisco:
«Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común.

Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real.
A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta».

ACTUAR: ¿QUÉ PODEMOS HACER?
9. Unificados en lucha común para lograr un sistema económico a favor del hombre.
Podemos ser altavoces de una voz clara y contundente que parece no ha tenido el eco suficiente ni en la sociedad ni en la Iglesia: la voz del Papa Francisco. Asumimos los juicios de valor sobre nuestro mundo que él ha emitido en su Exhortación «La alegría del Evangelio» y por eso decimos que efectivamente la humanidad está en manos de un sistema económico que propicia que cada vez haya más pobres, más marginados, más excluidos. La inequidad es una de las principales características de nuestra sociedad.

Además, «esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones— cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes».
Hemos de enfrentarnos a este sistema con todas nuestras fuerzas y todos nuestros medios: participando o apoyando los movimientos que luchen contra él, integrándonos o, al menos, votando a los partidos políticos que más se opongan al neoliberalismo productivo y financiero, comprometiéndonos en la lucha sindical o a través de asociaciones alternativas ciudadanas, culturales… etc.

Todo tendría que estar unificado en una común lucha de liberación para poder conseguir quitarnos el yugo implacable que nos oprime a todos, que nos empobrece a todos, que maltrata cada vez más fuertemente a más gente… Sólo unos pocos son excepción: los que son cada vez más ricos, que son aquellos a los que este sistema sirve. Lo hemos visto anteriormente: estamos ante unas muy potentes fuerzas que, por otra parte, son inmisericordes ante el dolor que ellas mismas producen.
Como dice el Papa Francisco es necesaria «una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano». «…La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona».

También, siguiendo las pautas de Jesús de Nazaret, y las marcadas también últimamente por nuestro Papa Francisco, hemos de ser solidarios acogiendo, acompañando y compartiendo lo que somos y tenemos con los pobres, marginados o excluidos, que han de ser nuestros preferidos, individualmente, pero sobre todo a través de las asociaciones o instituciones que encauzan la solidaridad hacia los más necesitados, de aquí y de todo el mundo.
5
UN PROFETA QUE LLORA (Jn 11,1-45)
José Antonio Pagola

Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, «tu amigo», está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.
Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él «se echa a llorar» junto a ellos. La gente comenta: «¡Cómo lo quería!».

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?
El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y «seguir tirando». Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?
Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.
Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?». Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es «descansar en el misterio de la misericordia de Dios».
6
CAMBIO DE MENTALIDAD
Dios no es responsable del mal en el mundo

Cuenta el evangelista Lucas que en cierta ocasión se le acercaron a Jesús gente amiga para decirle que en un barrio de Jerusalén se había derrumbado la torre de Siloé y había aplastado a 18 personas. Jesús les contestó enseguida que no pensaran que estos galileos muertos acabaron así por sus pecados, como si lo ocurrido fuera un castigo de Dios. NO hay tal, les dijo.

Hoy, a muchos de sus seguidores, nos repetiría lo mismo, pues está a la vista que no tenemos claro el problema del mal y su relación con Dios. Muchos, ante la presencia del mal, decimos: o Dios no puede evitarlo y entonces no es omnipotente; o no quiere, y entonces es un malvado. ¿Cómo un Dios, que es amor, no interviene para solucionar las desgracias? No interviene, luego no existe. Y nos hacemos ateos.

Nosotros, cristianos del siglo XXI, es cierto que seguimos leyendo las tradiciones religiosas del pueblo judío. De poder hablarnos directamente, Jesús, buen conocedor de esas tradiciones, nos diría muy aproximadamente:
-Mirad, Yahvé o Dios no es, como tantas veces habéis oído, causante de los males del mundo. No es El quien castiga mandando toda suerte de males: desastres de la naturaleza, enfermedades, muertes. En mi tradición religiosa, es cierto que los autores sagrados afirman una y otra vez que Dios es el causante de las desgracias, infortunios y enfermedades: “Yo mando el bienestar y las desgracias”, dice Isaías. Y el salmista: “Me has mostrado tu enojo, y tus castigos me han destruido”. Pero no, no es así.

Y añadiría:
-Este modo de pensar a vosotros os debiera resultar fácil comprenderlo. No se conocían entonces las leyes de la naturaleza, ni las causas de la enfermedad, ni las causas de los fenómenos ambientales, apenas se contaba con la libertad y responsabilidad humanas. Por lo cual, ante cualquier cosa que sucedía, al no saber darle explicación, se la atribuía a Dios. Todo lo que ocurría, Dios lo quería o lo provocaba.
Así se pensaba entonces.

-Si habéis leído mis enseñanzas, habréis visto que yo me propuse cambiar este modo de pensar. Comencé a curar enfermedades en nombre de Dios y también a devolver la vida a algunos que habían muerto y demostrar de esa manera que Dios no quería ni la enfermedad ni la muerte. Un día me trajeron un ciego y me preguntan: “¿Maestro, este hombre nació ciego por culpa de sus pecados o por los pecados de sus padres? Ni lo uno, ni lo otro, les contesté. Dios no envía las enfermedades como castigo. Nunca.
Igual que la noticia mencionada antes de que en un barrio de Jerusalén se derrumba una torre y aplasta a 18 personas. Eso es un accidente no querido por Dios y no es un castigo por las maldades de las personas. Todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos estar preparados (Lc 13, 4-5).

Este posible relato de Jesús nos dice que de Dios procede todo lo bueno que hay en la vida, no lo malo. Dios ama, nos ama profundamente y no puede mandar nada que nos haga sufrir.
Y quiere que estemos seguros de esto, porque Dios no provoca ni envía desgracias. Y cuando llega el caso, interpretamos mal su enseñanza cuando comentamos por ejemplo aquel pasaje de que “Ni un pajarito cae por tierra sin que lo permita el Padre que está en los cielos” . Nosotros hemos concluido: luego si alguien cae o sufre una desgracia es porque Dios lo ha consentido.

No es así. “Sin que lo permita el Padre”, es una mala traducción o una añadidura según los exegetas. Su enseñanza correcta sería: “El pajarito no cae sin el Padre, sin que Dios esté a su lado, es decir, sin que Dios caiga junto a él y lo acompañe.
Muchos siguen pensando como los antiguos: Dios es responsable de todos los males que suceden en la sociedad. Ante un enfermo seguimos diciendo: “Tienes que aceptar lo que Dios dispone”, “Hay que aceptar la voluntad de Dios”. No, Dios es un Dios de vida y no de muerte. Dios manda la vida, nunca la quita. Pensar así , es ignorancia u ofender a Dios, que es amor. Dios no hace sufrir a nadie, ni tan siquiera aprieta: (“Dios aprieta, pero no ahoga”). El hace todas las cosas con amor y ternura.

Ante una enfermedad, ante un accidente, muchos siguen preguntando: ¿Por qué Dios me ha mandado esto? Son miles los accidentes de tráfico, debidos a fallos del conductor, de la ruta, del peatón, del vehículo, pero en lo íntimo el afectado culpará a Dios por el accidente.
Miles de niños nacen con malformaciones. Y miles de padres siguen preguntando: ¿Por qué Dios ha querido esto para mí?

Más de 500 millones de personas sufren hambre en el planeta, cuando se producen alimentos más suficientes para que nadie pasara hambre. Sin embargo, muchos dicen: ¿Cómo voy a creer en Dios, cuando tanta gente muere de hambre?
Hemos eliminado enfermedades como la viruela, la poliomielitis. ¿Cuántas enfermedades no habríamos eliminado, si el dinero dedicado a las armas, las bombas y las guerras lo hubiéramos dedicado a la investigación?
Muchos siguen pensando que el responsable de las enfermedades, catástrofes y muertes es Dios.

La verdad es que Dios nos creó mortales. Pero para nadie Dios tiene fijado el día de su muerte. En ese hecho, intervienen una serie de factores propios de nuestra responsabilidad humana.

Dios quiere el bien, ama el bien y asiste a cuantos trabajan por el bien. Y nuestra tarea es colaborar con Dios para que cada vez haya más bien a nuestro alrededor, no reprocharle la existencia del mal.

Como aquel hombre que le pregunta a su amigo: “¿Tú rezas a Dios?”. “Sí, todas las noches” “¿Y qué le pides? “No le pido nada; como sé que él siempre da lo mejor de sí, simplemente le pregunto en qué puedo ayudarlo”.
(Cfr. Para una ampliación de estas reflexiones, Ariel Alvarez, “Dios y el mal en el mundo: para una ecología mental, EXODO, 2012, Nº 116).

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