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P. Gustavo Gutiérrez, y el concepto evangélico de la amistad -- Jesús Roberto Ospina Salinas

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Adital

El Padre Gustavo Gutiérrez, que acaba de cumplir 85 años, es quizá el mayor discípulo universal de Jesucristo en el siglo XX e inicios del XXI. Su interpretación teológica del Evangelio, de la vida, obra y mensaje de Jesús, denominada Teología de la Liberación, TL, es de por sí una obra cumbre. Su intuición e inteligencia caló profundo en el mensaje evangélico, y desveló, descubrió, lo que el egoísmo humano recubrió por cerca de dos mil años.

Pero quienes lo conocen, saben que otra cumbre de Gutiérrez es su vida, especialmente la práctica de su amistad. Ello seguramente por su afán de ser discípulo de Jesús, y seguir sus enseñanzas, no sólo intelectualmente sino vitalmente. Por ello ha logrado un concepto radicalmente evangélico de la amistad, en íntima comunión con Jesús y fiel a su Evangelio, convirtiendo su vida en tributo de su discipulado, y por tanto en un referente de la nueva amistad entre los hombres hoy.

Signos de discernimiento

Amigo es la capacidad de tener afecto «puro y desinteresado”(1) hacia otra persona, y aunque no hay exactitud, se afirma que proviene del latín amicus(«amigo”), que a su vez derivó de amore («amar”). Pero lo cierto es que expresa sentimientos y grados de confianza y amor hacia el otro. De hecho Gutiérrez lo tiene, pero como con seguridad antes que ser teólogo, buscó ser discípulo de Jesús, y por eso encontró un sentido a su vida en la amistad con Jesús y con los demás.

Para entender la amistad de Gutiérrez, tenemos que entrar en el capítulo 15 del Evangelio de Juan(2), que es sin duda uno de los más bellos del evangelista. Allí Jesús conversa con sus apóstoles y les da signos de discernimiento para ser un auténtico discípulo. Primero reconocerlo como vínculo entre Dios y los hombres, y a la vez, que el origen de todo es nuestro Padre-Dios: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador”(3).

Un segundo aspecto para discernir el discipulado lo presenta el segundo versículo: «Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”(4). La unión con Jesús es para obrar(5), no es un estar sólo por el gozo que da vivir en y con Jesús, sino para dar vida y en abundancia(6). El que «permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada(7)”. Así, para Jesús, permanecer en Él es actuar su palabra, poner en práctica sus enseñanzas, aplicar en la vida humana todo su mensaje liberador.

Un tercer signo de discernimiento es la igualdad del vínculo que Jesús ofrece en el cuarto versículo: «Permaneced en mí, como yo en vosotros”(8). Se trata primero de una elección de Jesús, y en segundo lugar nuestra. La relación de integración primero la realiza Jesús, luego si buscamos permanecer en Él, no estamos solos, pues Él ya está con nosotros. Además, ésta unificación nos revela que todo nos viene de Dios a través de Cristo. Jesús como vínculo y finalidad.

Un cuarto criterio se desprende de los anteriores, y es que Dios–Padre todopoderoso dador de vida, puede darnos lo que pidamos, si lo pedimos en nombre de Jesús, como leemos en el versículo 7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis”. Obviamente no se trata de una licencia para enriquecernos o destacarnos por sobre los demás, que es justamente la mejor manera para que nuestro pedido no sea atendido.

La invocación, «pedid lo que queráis”, está unido a nuestra misión, «os he destinado”(9) a dar frutos, a evangelizar, a poner en práctica su voluntad de dar la vida(10), de amarnos unos a otros, sobre todo al más desvalido y pobre. Y claro, si permanecemos en Él, vale decir, si nuestra práctica revela nuestro discipulado, nuestra solicitud revelará nuestra voluntad de servicio, de amor al prójimo, y estará en la perspectiva de dar vida en abundancia a los demás.

Es decir, la libertad del discípulo está asociada a la responsabilidad y a la fidelidad a un Evangelio de vida y solidaridad, de unión con el prójimo. De esta manera el ejercicio del discipulado se hace más libre cuanto más frutos podamos dar, cuánto más responsables somos de la vida de los demás(11). Y nuestros pedidos, concordantes con la orientación dejada por Jesús, tendrán respuesta tras ser consustanciales con la finalidad de los mismos.

Un quinto criterio de discernimiento es que en la medida que obramos y nos convertimos en discípulos (decisión libre y responsable), nos convertimos en la gloria de Dios, como lo indica el versículo 8: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”. La gloria de la obra plena de Dios, nuestra humanidad, es dar frutos por ser discípulos de Jesús, y por tanto es con esos frutos que glorificamos a nuestro creador. No dar frutos es no glorificar a Dios.

En 3 versículos(12) que anteceden al punto central del capítulo: dar la vida por los amigos, hallamos un sexto aspecto para discernir al discípulo: el amor, el gozo. Ser discípulo es dar fruto con amor: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor(13)”. El vínculo con Dios–Padre y Jesús–Hijo, a través de guardar, practicar, los mandamientos, es el amor, fuente de vida.

Y el séptimo signo de discernimiento es el de la amistad unida al amor. Jesús ensenó con coherencia, pues su palabra fue su obra, tal como vemos en un par de versículos ensamblados por el amor, el 12 y 13: «12Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos”. Así, el amor al prójimo tiene una cima, dar la vida por el amigo. La proximidad crea la amistad, y el amor al amigo vuelve la amistad en un signo de amor.

Amistad marcada por el discipulado

Así, la amistad evangélica está marcada por el discipulado, por hacer lo que Jesús nos enseñó(14), lo que en última instancia es el mandato del «viñador”, es decir del Dios – Padre de Jesús y nuestro. Por ello la amistad es la expresión del amor de Dios, encarnada en el cumplimiento de su palabra. No es una amistad fácil y complaciente, por el contrario es exigente y fiel a su origen, el servicio y el amor a los demás.

Finalmente, la cima del Capítulo nos lo da el versículo 15: «No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Jesús no busca dependencias ni anular personalidades, por el contrario está dispuesto a dar, ser uno entre nosotros, y por tanto busca que seamos como Él(15). Jesús busca elevarnos a través de su amistad, y de asumir el discipulado fiel de su mensaje, es decir la de servir a los demás(16).

Sabemos que información es poder, y por eso Jesús busca empoderar a los discípulos al compartir la información de su Padre, para que todos tengamos el poder que a Él se le ha conferido. Poder, como hemos visto, es la capacidad de servicio a través del amor a los hermanos, y que podemos tener tras permanecer en Jesús y estar unidos a Dios.

En el versículo 17, ya en la unidad de amistad con Jesús, donde se revela su horizontalidad, igualdad y voluntad de que el otro sea igual a Él, dice: «Lo que os mando es que os améis los unos a los otros”. La amistad como la marca del amor universal, y como protección frente a las amenazas expresadas en el versículo 18: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros”. Rechazar el individualismo, dar poder a los demás, amar la solidaridad y dar la vida por cumplir los mandamientos de Dios, es asumir el odio de quienes odiaron a Jesús.

Jesús primero propone que permanezcamos en Él para dar frutos con amor, convirtiéndonos así en sus discípulos y amigos, y por tanto pasibles de ser aborrecidos por los demás. Luego agrega en el versículo 19: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo”. Mundo asociado a carne(17), es decir, contrario al espíritu de amor de Dios.

De esta manera, la permanencia en Jesús nos saca del mundo preñado de individualismo y egoísmo, es decir, nos eleva a la condición de discípulos y por tanto nos hace seguidores del mandato de amarnos unos a otros, y dar la vida por los amigos, aquí y ahora. Mediante el discipulado somos Hijos de Dios para vivir en este mundo al servicio de los demás. Justamente si seguimos libremente a Jesús hemos salido del mundo, para vivir según el Espíritu, como diría San Pablo, practicando la justicia(18). Al hacer eso el mundo nos odiará, porque ya no somos funcionales al egocentrismo del mundo, sino a los valores del Reino de Dios(19).

Ya en la precisión de los efectos que nos traerá ser amigos de Jesús, el versículo 20 dice: «Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”(20). Cuántos mártires en el mundo, ora desaparecidos físicamente ora ignorados en su andar diario y silencioso, por su amistad con Jesús.

Como hemos visto, hay una gradación(21) del concepto de la amistad en Jesús. Comienza con la unidad con Jesús y con su/nuestro Padre Dios para dar frutos con amor, y devenir en discípulos de Jesús, iguales a Él en el servicio y fortalecidos por su amor. Siendo la cima del Capítulo, la amistad de Jesús y las exigencias que ésta trae para todo cristiano fiel. No es amistad para sufrir, sino para el gozo en Dios(22), pero el amor a los demás puede traer enemistades, como las tuvo Jesús.

Amistad de raíz evangélica

Así, la vida de Gustavo está sellada por este hermoso pasaje del Evangelio de Juan. Se nota que la amistad de Gutiérrez nace del encuentro con la vida de Jesús, no sólo teológicamente, sino principalmente por el ejercicio del mensaje evangélico. Por ello a través de su amistad, Gustavo busca, como Jesús, expresar el mandamiento universal de amar al prójimo, preferentemente al desvalido y pobre.

De allí su sencillez, el poner por delante al amigo, el saber escuchar, el ser una luz en términos evangélicos(23), el no buscar figurar sino servir, hace de él la esperanza del amigo. Aunque él nunca se lo propuso, es un ejemplo de amistad a seguir, por su fidelidad a Jesús y a nuestro Padre. En ese sentido, se puede afirmar que el ejercicio de su amistad nos devela el mensaje de amistad de Jesús que hemos reseñado, da un sentido nuevo al concepto de amistad, que por ser humana, tierna y solidaria, trasciende y se vuelve auténticamente un encuentro con Dios.

Y por esa fidelidad Gustavo ha sufrido, y aun sufre, animadversiones y enconos, pero que las conoce y perdona porque ello responde a las consecuencias de su amistad con el Resucitado. Gustavo lo sabe, porque Jesús no dijo no tener enemigos, sino que el imperativo es amar al que se hace enemigo de uno(24). El reconocimiento de una enemistad «gratuita”(25) no anula la otredad, aunque sea totalmente opuesta, y por tanto no elimina el amor, sino que lo exige con mayor fuerza por la condición humana-divina de todas y todos como Hijos de Dios.

La grandeza de Gustavo está en su sencillez, en su afán de revelar el mensaje evangélico desde la práctica de su mensaje. La sabiduría se nutre del conocimiento(26). Esa coherencia con el Evangelio es sin duda su mayor tesoro. Es por eso que tener la amistad de Gustavo es conocer el Evangelio, y entender su pensamiento teológico es conocer la práctica de Jesús. En ese sentido, TL es a la vez reflexión y vida, y nos remite al Jesús compasivo, sufriente, alegre, crucificado y resucitado.

Al unimismarse el autor y la obra, el pensamiento asume la vida del prosista, por eso TL está allí en la humildad de la vida del pobre, en su esperanza jalada por el tiempo, en su acto de liberación del egoísmo, raíz última del pecado, y en su esfuerzo por acoger el don del Reino de Dios en el acto cotidiano de hacer justicia, de ser solidario, honesto y veraz. Por ello TL es a la vez un camino y una espiritualidad, como la propia vida de Gustavo.

Gustavo sin proponérselo, es un sacerdote ejemplo de amistad y vida, por permanecer en la letra y en el espíritu del Evangelio de Jesús. Así, su amistad no habla sólo de apoyo puro y sincero, sino de compromiso con un mensaje de vida, que justamente en su implementación libera, como es la Buena Nueva traída por Jesús. No es posterior al acto, el acto mismo de aplicar el mensaje cristiano nos eleva en amistad con Dios.

De alguna manera, como los mejores discípulos de Jesús, la amistad sencilla y humilde de Gustavo vivirá por siempre, y por ello su sabiduría le hace decir que «Cuando yo muera le pido que tengan en cuenta que yo amé mucho más de lo que nunca me atreví a decir”(27). Y aquí expresamos –quizá balbuceando- reflexiones que más de uno tiene en su fuero interno, pero que con toda seguridad no representa sino una pequeñez de la enorme amistad que los pobres y Dios tienen a Gustavo.

Notas:

(1) Diccionario de la Real Academia Española.
(2) Tomado de la Biblia de Jerusalén de la edición de 1976.
(3) En este Capítulo, Jesús le dedica 8 versículos (30%) a invocar la permanencia en Él para dar frutos, para pedir al Padre, para evitar el pecado.
(4) En este Capítulo, Jesús llama a todos los discípulos a dar frutos o a obrar (versículo 24), es decir el 22% del capítulo lo dedica incidir en la necesidad del discípulo que da frutos. Tanto la permanencia en el amor de Jesús y del Padre, como el dar frutos producto de esa permanencia, ocupan más del 50% del Capítulo.

(5) El versículo 4 indica que «Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”.
(6) En el Capítulo 10 del mismo Evangelio de Juan, versículo 10, Jesús dice: «El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.
(7) Versículo 5: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”.
(8) En el versículo 16 del mismo capítulo, Jesús dice: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda”.

(9) Recordemos el versículo 16: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda”. Subrayado nuestro.
(10) En el versículo 12 señala que «Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Y en el 13: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos”.

(11) Libertad que está entonces unida a la expansión de nuestro servicio. Así, cuánto más discípulos somos, más nos acercamos a Dios, y por tanto más libertad tenemos para decidir si seguimos con Él o hacemos cosas diferentes. Ello porque Dios es libertad.
(12) El 9, «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor”, el 10, «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”, y el 11, «Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado”.
(13) Aquí la referencia de Jesús a los mandamientos de Dios, es para destacar que dar fruto, practicar la palabra de Dios, es cumplir sus mandamientos.
(14) Otro versículo nos aclara el punto: «14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”.

(15) En el Evangelio de Mateo, capítulo 17, Jesús expulsa un demonio y los discípulos le preguntaron por qué no pudieron hacerlo ellos. Y Jesús en el versículo 20 le dice: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Desplázate de aquí allá’, y

se desplazará, y nada os será imposible”.
(16) En el Capítulo 13 de Juan, Jesús señala en los versículos 14 y 15: «14Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”.
(17) San Pablo en Romanos capítulo 8 versículos 3 y 4, dice: «Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, 4a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu”. Así, la carne como expresión de egoísmo y contrario al espíritu de Dios.

(18) En Filipenses Capítulo 1, versículos 9, 10 y 11, San Pablo expresa: «Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, 10 con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, 11 llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”.
(19) En el Evangelio de Mateo, Capítulo 6 versículo 33, se señala: «Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”.
(20) Igualmente, en el versículo 24 nos recuerda que «Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre”.

(21) Según el Diccionario, gradación es: 3. Período armónico que va subiendo de grado en grado para expresar más un afecto.
(22) En el versículo 11 Jesús dice: «Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado”.
(23) En Mateo 5 versículos 14-16 leemos: «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
(24) En el Evangelio de Lucas 6, versículos 27-33 Jesús implora: «Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!”.
(25) En el sentido de que no se busca ni propicia, y por el contrario se encuentra cuando por mandato de Jesús uno busca la solidaridad con el prójimo e intenta aliviar su dolor y fatiga.

(26) En el sentido de la «facultad sensorial del hombre” que le permite estar en la realidad.
(27) Tomado del artículo de Eloy Jáuregui publicado en el blog «lamula.pe”, el lunes 17 de junio de 2013, y denominado, «Caza propia: El cielo para los pobres. El Padre Gustavo Gutiérrez, fundador de la «Teología de la liberación», cumple 85 años y sigue bregando por acercar la iglesia a los desvalidos. Crónica de un peruano ejemplar”.

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