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Otoño 15 – Panel 7 -- Benjamín Forcano

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Benjamín Forcano11.El Estado Islámico. Entrevista al coronel Pedro Baños (Raúl González).
2. Errores y Terrores (Lluis Bassets)
3. Viernes 13, terror en Paris. (Baltasar Garzón-Dolores Delgado).
4. La razón real de la guerra contra Irak es el robo del petróleo.(Benjamín Forcano).
5. España ante el terrorismo y la guerra. (Comunicados de Attac de Francia y España)
6.Manifiesto sobre el terrorismo de la injusticia (Benjamín Forcano, Rafael Díaz Salazar, Julio Lois, Evaristo Villar)

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El Estado Islámico. Entrevista con el Coronel Pedro Baños
Raúl González Zorrilla.
Director de La Tribuna del País Vasco
Lunes, 3 de agosto de 2015 |

Coronel Pedro Baños Bajo

Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado de Estado Mayor, actualmente en situación de reserva, Pedro Baños Bajo, uno de los más destacados especialistas españoles en geopolítica, acumula una larga experiencia militar en ámbitos y lugares muy diversos.
 Como Teniente y Capitán ejerció el mando en las guarniciones de Burgos, Bilbao, Almería y Toledo. Entre 2002 y 2005 fue Jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo (Estrasburgo) y hasta 2010 enseñó Estrategia y Relaciones Internacionales en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas. Ese mismo año fue destinado a la División de Asuntos Estratégicos y Seguridad, de la Secretaría General de Política de Defensa, como Jefe del Área de Análisis Geopolítico. 

Colaborador en la sede del Parlamento Europeo de Bruselas como asesor militar, Pedro Baños ha realizado numerosos cursos, civiles y militares, en España, y en otros países como Alemania, Francia, Estados Unidos, Bélgica, Turquía, Reino Unido, Israel o China.Conferenciante habitual en temas de estrategia, geopolítica, inteligencia, terrorismo, Defensa y Seguridad, el coronel Pedro Baños, que también ha participado en tres misiones en Bosnia-Herzegovina (UNPROFOR, SFOR y EUFOR), repasa en esta entrevista exclusiva concedida a La Tribuna del País Vasco los orígenes del autodenominado Estado Islámico (EI), las repercusiones internacionales de las guerras que se libran en Irak y Siria y, sobre todo, el papel que debe desempeñar Occidente ante lo que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha definido como “la gran amenaza del yihadismo global”.

 ¿En qué contexto surge el autodenominado Estado Islámico (EI)?
 Hay que indagar con detenimiento en el pasado inmediato de Irak y Siria para entender los orígenes del Estado Islámico y, para ello, tendríamos que empezar por comprender lo que sucede con la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en el año 2003. Ese año, cuando Estados Unidos entra en Irak, se pone en marcha un proceso que descompone por completo la estructura burocrática del partido Baaz de Sadam Hussein, dominada hasta entonces por los sunitas. Debemos tener en cuenta que Irak como país surgió en 1919 como un estado artificial creado por los británicos que unieron a tres etnias que históricamente habían estado enfrentadas entre sí: los chiitas en el sur, los kurdos en el norte y los sunitas en el centro, en Bagdad, y en la parte occidental del territorio.
Los sunitas dominaban Irak alrededor de Sadam Hussein cuando el ejército norteamericano llegó en 2003 y les expulsó de todas las instituciones del país. Los suníes son obligados a abandonar las estructuras civiles, las fuerzas militares, los servicios de inteligencia y los órganos policiales con lo que miles de personas se marchan a la calle, sin control, con muchísima información, con dinero y con todas las armas que tenían en su vida profesional. 
Y todo esto provoca una grave inestabilidad…

 En ese momento se alumbra una situación que, por un lado, presenta a todas las fuerzas de Irak empeñadas en expulsar a los americanos del país, ya que consideran que éstos son una fuerza invasora. Y, por otra parte, estalla una guerra civil sectaria y brutal -que alcanza su mayor nivel de expansión entre los años 2006 y 2007- entre los sunitas que habían sido expulsados del poder iraquí y los chiitas que, junto con los kurdos, en menor medida, se hacen con el control de las instituciones de Irak tras la entrada de los norteamericanos en Bagdad.
Estados Unidos diseña el Gobierno de Nuri al-Maliki que, además,  a modo de venganza, comienza a cometer muchísimas tropelías contra los suníes que habían estado en el poder en los tiempos de Sadam Hussein. Bajo el mandato de Al-Maliki, a los sunitas se les encarcela sin juicio previo, se les margina de la vida política y social, y no se respeta ninguno de sus derechos más elementales.

 Miientras tanto, ¿qué ocurría en Siria?
 Mientras todo esto ocurría en Irak, en Siria estaba vigente el gobierno autoritario de Bashar al-Asad, que éste, a su vez, había heredado de su padre. Siria era, en esos momentos, un país laico y tremendamente tolerante desde el punto de vista religioso que vivía en un escenario de estabilidad y en el que convivían múltiples y diferentes creencias (yazidíes, drusos, cristianos o kurdos, entre otras) que estaban prohibidas en otros países de Oriente Medio o del Golfo. Dicho esto, hay que tener en cuenta que desde un punto de vista interno, una parte de la sociedad siria consideraba que el socialismo que preconizaba Bashar al-Asad no era lo suficientemente expansivo para las clases más desfavorecidas. Este descontento había propiciado, todavía de una forma muy latente, cierta convulsión social, que se vio incrementada porque coincidió en el tiempo con un periodo de grave sequía.

¿Cómo influyó en esta región el estallido de lo que se conoció como “Primavera Árabe”, en Túnez, en 2011?
En mi opinión, lo que ocurrió en Túnez en el año 2011 no tenía detrás motivaciones ideológicas o políticas, sino solamente unas reivindicaciones sociales y económicas. Por el contrario, lo que comenzará a suceder en Siria apenas unos meses después de las primeras revueltas en Túnez, de ninguna manera es algo espontáneo: se trata de un proceso absolutamente dirigido, manipulado e instrumentalizado desde el exterior.¿Por qué?

Porque, desde el punto de vista de Estados Unidos, Bashar al-Asad se había convertido en el máximo responsable de un país paria, de un país irresponsable que, según el Departamento de Estado, apoyaba el terrorismo, que intervenía en Líbano, que amenazaba a Israel y que apoyaba a organizaciones terroristas como Hezbolá.  Además, el partido Baaz de Bashar al-Asad defendía un socialismo muy particular, marcadamente anticapitalista, panarabista y, por supuesto, enfrentado con las monarquías del Golfo, no solamente porque éstas sean sunitas sino, sobre todo, porque son rigoristas. Hay que tener en cuenta que Bashar al-Asad y su grupo étnico son alauitas (rama chiita) que están enfrentados históricamente con los sunitas.

 Es importante entender que si todos los conflictos scon poliédricos y en ellos intervienen multitud de factores diferentes, el exponente máximo de esta complejidad es lo que está ocurriendo en Siria, donde se está produciendo, al mismo tiempo, un enfrentamiento religioso y un enfrentamiento geopolítico regional y mundial. No podemos olvidar que, en este contexto, Rusia, y en menor medida China, después de lo ocurrido en Libia y Egipto, trataron de poner freno a lo que consideraban un excesivo intervencionismo de Estados Unidos en la zona. En estos momentos, la única base militar que tiene Rusia en el exterior de su territorio se encuentra en el Puerto de Tartús, en Siria.
 Nacimiento del autodenominado Estado Islámico (EI)

 Recordemos que, en Irak, tras la invasión norteamericana de 2003, los sunitas se encontraban en lucha contra el Ejército de Estados Unidos a través de acciones terroristas, y también se encontraban enfrentados a los chiitas de Nuri al-Maliki, que les había reprimido y expulsado de los órganos de poder. Fundamentalmente, estos sunitas habían pertenecido a la policía, al Ejército o a algunos de los nueve servicios de inteligencia que tenía Sadam Husein, y además disponían de armas, estaban muy bien preparados militarmente y, en su mayor parte, poseían una amplia experiencia de combate en Afganistán. Los sunitas más combativos y más peligrosos para el régimen chiíta de Nuri al-Maliki habían sido encerrados arbitrariamente en múltiples prisiones iraquíes…

 Permítame que le interrumpa. ¿Puede decirse, entonces, que todo comenzó en Afganistán?   
Ciertamente, todos estos lodos vienen, estrictamente, de los polvos iniciales que se expandieron por Afganistán.En los primeros años ochenta del pasado siglo XX, la CIA norteamericana, el MI6 del Reino Unido, el ISI -el más grande de los tres servicios secretos paquistaníes-, y el Mukhabarat saudí crearon, con el objetivo de expulsar a los soviéticos de este país, un grupo de extremistas y de fundamentalistas islámicos que llegó a conseguir  reunir a 50.000 combatientes –muyahidines- de más de medio centenar de países. En este escenario hace su aparición por primera vez Bin Laden, que posteriormente, en 1988, fundaría Al Qaeda.

 El movimiento talibán, por su parte, surge en Afganistán, bajo el llamamiento del propio pueblo afgano, con el objetivo de expulsar a los muyahidines que, a su vez, habían conseguido expulsar a los soviéticos. Los talibán eran los estudiantes puros del Corán que se hallaban en la frontera entre Pakistán y Afganistán, y que fueron llamados por los afganos para poner orden en el desorden, el caos y la violencia impuesta por los muyahidines después de hacerse con el control del país. 
Pues bien, cuando en 2011 comienzan en Siria las revueltas contra Bashar al-Asad, rápidamente se observa que los rebeldes, por sí solos, no podrán derribar al Gobierno de Damasco. Es en ese punto cuando a “alguien” se le ocurre repetir la táctica y buscar a un grupo de personas militarmente bien preparado, bien entrenado, que sea suní y que sea capaz, de un modo feroz, de expulsar del poder sirio a Bashar al-Asad. Así se crea, importando a los sunitas represaliados en Irak, el posteriormente autodenominado Estado Islámico que, en aquel momento se llamó Estado Islámico de Irak y Levante.
 
¿Quién es ese “alguien” detrás del Estado Islámico? 
Los principales analistas independientes no dudan en afirmar que en la aparición en Siria del Estado Islámico tuvieron mucho que ver los servicios de inteligencia turcos y los países del Golfo, encabezados por Arabia Saudí que, por cierto, es un país que, de forma oficial, comete actos tan execrables y horrendos como los que comete el Estado Islámico. En 2014, Arabia Saudí ejecutó, por decapitación, a casi un centenar de personas. En algunos casos por ser “responsables” de “crímenes” tan abominables como ser homosexual o cometer adulterio o brujería.

En este punto, y para darnos cuenta de esta influencia de Turquía y de las monarquías del Golfo, es importante tener en cuenta dónde surge, geográficamente, el Estado Islámico. Si nos fijamos bien, el EI empieza sus acciones en el norte de Alepo (segunda cuidad siria) porque es una zona muy próxima a Turquía en la que el servicio secreto de este país, el Milli Istihbarat Teskilati (MIT), actúa con comodidad. Por ello, la mayoría de expertos piensan que tuvieron que ser  los servicios secretos turcos los que, en un primer momento, suministraron armas, apoyo y financiación al Estado Islámico. A ello se une el hecho, según lo declarado oficialmente por los principales líderes políticos europeos, de que ha sido a través de la frontera turca como han llegado la mayoría de los combatientes extranjeros –y muy especialmente los procedentes de la UE- que han ido engrasando las filas del Estado Islámico. Una cosa debemos tener clara: si el EI, incluso con la fuerza que tiene en estos momentos, no tuviera apoyo externo, no existiría. Esta es la auténtica realidad.

La estrategia militar del Estado Islámico es magnífica, está perfectamente diseñada y planificada. Quien está dirigiendo la batuta de esta gente es alguien muy experto en temas militares y estratégicos, sin olvidar los propagandísticos. Esto es importante tenerlo en cuenta porque, en ocasiones, la imagen que llega a la opinión pública es que el Estado Islámico solamente está formado por un puñado de salvajes que se dedica a quemar y decapitar a muchísimas personas. Pero esto no es solamente así, en absoluto. Estamos hablando de la civilización más antigua del mundo. Esta gente nos lleva una ventaja de siglos de astucia, especialmente a los europeos, que nos creemos el centro del mundo y no lo somos en absoluto. 

¿Dónde nace militarmente el Estado Islámico?  
Como decíamos antes, ya hemos visto que en Irak se encontraba un gran número de personas despreciadas, humilladas, apartadas y, en ocasiones, encarceladas, muy preparadas militarmente. Y hemos visto que, en un momento dado, a “alguien” se le ocurre que esta gente puede ir a luchar a Siria para acabar con el régimen de Bashar al-Asad y para apoyar a unos grupos de rebeldes que, desorganizados y enfrentados entre ellos, son tan bárbaros como los demás. 
En ese momento, y “casualmente”, es cuando se produce la huida de la prisión de máxima seguridad más importante de Irak de un millar de combatientes suníes. A estos presos se les traslada a Siria, se les dota de armamento y se les financia con generosidad, y, en muy poco tiempo, pasan de ser 1.000 a ser 5.000, llevados y pagados desde muchos lugares del mundo. Fanáticos, gente marginada, mercenarios y gente con ganas de aventura, hay en todos los lugares. Si proporcionas a estas personas una bandera en la que arroparse, una idea por la que luchar y por la que morir, y además les entregas una paga, tienes un ejército formado.
 
Así fueron los primeros pasos del Estado Islámico. Los suníes iraquíes, tras contemplar el avance inicial del Estado Islámico en Siria, vuelven a llamar a este país a parte de estos combatientes para que colaboren también en la lucha ya abierta contra el chiita Al-Maliki, líder del gobierno iraquí, que había comenzado a represaliar con extrema dureza las manifestaciones pacíficas producidas en Irak en el marco de las llamadas revueltas árabes. Es, de este modo, como también comienza la presencia, de un modo organizado, del Estado Islámico en Irak. 
 
A partir de este punto, el EI pone en marcha una efectiva, truculenta y terrorífica campaña a través de los medios de comunicación y las redes sociales, divulgando sus decapitaciones y asesinatos, y tratando con ello de conseguir un importante efecto publicitario que tiene varios objetivos: captar fondos, atraer nuevos combatientes, conseguir el apoyo de las poblaciones sunitas e intimidar a los ciudadanos de los países que, en esos momentos, están luchando contra ellos. Esta actividad propagandística les funciona perfectamente, en parte por sus méritos, pero, sobre todo, porque Occidente, a través de sus medios de comunicación, no deja de agrandar la imagen del Estado Islámico. 

¿Por qué Youtube acoge millones de vídeos en los que se recogen todas y cada una de las tropelías y salvajadas del EI? ¿Por qué ocurre esto cuando si a alguien se le ocurriera, por ejemplo, colgar un vídeo de violencia machista o de pederastia éste apenas duraría unos minutos en el canal? ¿Por qué se siguen manteniendo los montajes audiovisuales del Estado Islámico? ¿Cómo llegan estos vídeos a todas las televisiones del mundo? ¿Por qué todos ellos son distribuidos a través de Site Intelligence Group, una empresa privada de comunicación, de estudios y de análisis norteamericana? Y lo que es más importante: si asumimos que uno de los fines principales del Estado Islámico es atemorizar a los ciudadanos occidentales a través de la propaganda, y lo están consiguiendo, y si coincidimos en que, tal y como explicaba Margaret Thatcher, la publicidad es el oxígeno del que viven los terroristas, ¿por qué los medios occidentales están proporcionando al EI este oxígeno? Esta es una de las grandes cuestiones que tendríamos que plantearnos si queremos enfrentarnos a este tema con seriedad. 

Más allá de la retórica que suelen utilizar los líderes de este grupo a la hora de hablar de los fines de su organización, ¿cuáles son, desde un punto de vista geopolítico, los objetivos fundamentales del EI? 
Lo que llama la atención, lo que está de moda, es señalar la voluntad del Estado Islámico de conquistar el mundo, de alzarse, nuevamente, con el Califato histórico. Pero, en mi opinión, lo que busca el EI son exclusivamente objetivos locales. 
En Siria, el objetivo es muy claro: expulsar del poder a Bashar al-Asad. Por cierto, no he leído todavía ningún análisis serio sobre lo que realmente significaría expulsar del poder a Bashar al-Asad y que reflexione sobre qué salvajes y extremistas se quedarían con este país en el caso de que esto ocurriera.

 Siria, en manos de Bashar al-Asad, era un país socialista que no gustaba a muchos; además, era un país nacionalista árabe, que tampoco gustaba demasiado; y, por si todo esto fuera poco, estaba enfrentado a las monarquías del Golfo, que tienen subyugados a sus ciudadanos. Además, Siria se había enfrentado a Israel –con quién todavía está oficialmente en guerra, pues tan sólo existe un alto el fuego, sin haberse firmado ningún acuerdo de paz- y había apoyado a Hezbollá en Líbano, país al que considera como parte de su territorio histórico. En este contexto, y en el marco de las “primaveras árabes”, Siria apareció como el enemigo a batir a nivel internacional y para ello se fomentaron, se alentaron y se financiaron las disidencias internas para acabar con Bashar al-Asad. Al mismo tiempo, Rusia, por necesidades geoestratégicas (Puerto de Tartús), e Irán, por compartir creencias chiitas, comienzan a apoyar al régimen sirio, además de impedir que se repitiera la intervención que se dio en Libia.

 Por otro lado, el objetivo estratégico del Estado Islámico en Irak es, sin duda, hacerse con la mayor parte de territorio posible, con el mayor número de habitantes y con la mayor cantidad de recursos energéticos, para, al menos, poder sentarse a negociar con el actual Gobierno de Al-Abadi un reparto proporcionado del poder y, sobre todo, de los beneficios obtenidos por la venta del petróleo. Para presionar en este sentido, para poder negociar desde una posición de fuerza, el EI trata de quedarse con los hidrocarburos iraquíes, pero también con los recursos acuíferos de este país. Por eso, la mayor parte del terreno capturado por el EI en Irak está alrededor del río Éufrates (y en menor medida del Tigris), ya que en un país mayoritariamente árido y desértico, quien domina el agua, domina a la población, y quien domina a la población, domina el Estado.

Estos son los objetivos principales. Cierto es que el Estado Islámico se está expandiendo en una Libia descompuesta, que es un caldo de cultivo ideal para este tipo de organizaciones, pero su presencia en este país, desde un punto de vista estratégico, solamente trata de distraer la atención de los que son sus objeticos fundamentales: Siria e Irak. Lo mismo puede decirse de Afganistán, donde los talibán –actualmente divididos en al menos tres facciones principales- no permitirán su asentamiento a largo plazo en el país, por más que ahora algunas facciones minoritarias, por oponerse a las demás, haya declarado lealtad al Estado Islámico.

 También parece que existen muchos grupos terroristas y milicias islamistas, a lo largo y ancho del mundo, que han mostrado “su lealtad” al Estado Islámico, pero todos estos son grupos que persiguen objetivos locales en sus respectivos ámbitos de influencia. ¿Por qué dicen que muestran fidelidad al Estado Islámico? Porque, de esta forma, se atribuyen parte del poder propagandístico que tiene esta “marca”.
 ¿Es difícil acabar militarmente con el Estado Islámico”
 Hay que tener en cuenta una cuestión fundamental: se dice que el EI dispone de unos 50.000 combatientes, como máximo. Desde una lógica militar, estamos hablando de 50.000 combatientes que se encuentran en una de las zonas más llanas y desérticas del mundo. Y que son observados permanentemente por drones, aviones de reconocimiento y satélites que tiene una capacidad mínima de reconocimiento de 20 centímetros. 

Estamos hablando, militarmente, del escenario más fácil del mundo para obtener una victoria.  ¿Dónde se refugia al Estado Islámico? En el interior de las poblaciones, que es otra de las formas que, desde tiempos inmemoriales, han tenido los ejércitos de protegerse del avance enemigo. Por eso, intentar terminar con el EI de un modo muy activo provocaría muchas bajas civiles. Pero, dicho esto, ¿cómo no se va a poder acabar con una “amenaza para el mundo”, tal y como dicen algunos, que está formada por 50.000 combatientes que, además, carecen de recursos aéreos y que tampoco tienen medios potentes de defensa antiaérea?
Si de verdad se quisiera acabar con ellos, con 50.000 hombres en un terreno desértico, sin medios aéreos y sin defensas antiaéreas, se tardaría apenas un puñado de horas. Tres divisiones acorazadas, con fuerzas especiales y apoyo aéreo y de artillería a distancia, sería suficiente. Por este motivo, a todas esas voces que dicen que el EI es poco menos que el enemigo que va a acabar con el mundo, hay que decirles que no es el caso. 
 
¿Qué papel desempeña el control del petróleo en este escenario de conflicto multibanda?
Hay algunos análisis pretendidamente serios que afirman que el Estado Islámico obtiene, al año, entre 500 y 2.000 millones de dólares por la venta de hidrocarburos. Con relación a esto, hay que tener en cuenta que cualquier vendedor necesita, siempre, un comprador, Y, por otro lado, hay que ser conscientes de que todo el petróleo tiene su propia marca, su propio ADN. De hecho, es posible determinar de qué reserva ha salido determinada cantidad de petróleo, ya que éste nunca sale puro sino que brota contaminado por una serie de compuestos que varían dependiendo de la zona en donde se encuentra el pozo. Esta traza puede seguirse. 

En otro orden de cosas, para vender petróleo, en crudo o refinado, por valor de 2.000 millones de euros, hay que mantener una logística muy compleja que permita transportarlo fuera de Irak y de Siria. Como decíamos antes, estamos hablando de territorios llanos y prácticamente desiertos, ¿cómo es posible que nadie pueda seguir los convoyes de camiones que sacan el petróleo de estos territorios? Y, lo más importante, ¿quién está comprando ese petróleo? Tiene que haber algunos países o algunas empresas multinacionales que estén adquiriendo este petróleo, que podría venderse con reducciones en el precio del barril de hasta 30 dólares.  Además, se da la circunstancia de que Irak, a pesar de la situación sumamente convulsa que atraviesa el país, está produciendo actualmente más petróleo que en toda su historia. Es claro que si el Estado Islámico, los kurdos y otros actores están cediendo petróleo, hay que pensar que alguien se está beneficiando de estas ventas.

Entonces, ¿cómo habría que acabar con el EI?
Para luchar efectivamente contra el Estado Islámico hay que intervenir sus fuentes de financiación. Las principales son la venta de petróleo y la venta del patrimonio arqueológico de Irak y Siria.  Se calcula que el EI cuenta con unos 1.000 millones de dólares para mantener el “Estado” que quiere formar alrededor de una interpretación máxima y rigorista de las leyes islámicas, un “Estado” en el que actualmente viven entre seis y ocho millones de personas. Si se les cercena las fuentes de financiación que tienen para, de una manera u otra, mantener a estas personas, antes o después una gran parte de esta población se volverá contra ellos. El EI está obligado a gastarse, además, unos 10 millones de dólares mensuales en mantener a sus combatientes. Si en un momento dado estos combatientes dejan de cobrar su mensualidad, se marcharán.
 
 Otra línea de actuación consiste en mantener reuniones y encuentros con los líderes tribales suníes para garantizarles que se les va a restituir en sus puestos políticos y en su estatus social y económico a cambio de que ellos mismos se encarguen de expulsar a estos combatientes.
Otra vía de trabajo pasaría por reunir seriamente a todas las partes implicadas en el conflicto (Turquía, Irán, monarquías del Golfo, Estados Unidos y Rusia, fundamentalmente) y exigirles la búsqueda inmediata de una solución a un problema que ellos, en mayor o menor medida, han creado.

 En mi opinión, una intervención militar, exclusivamente, contra el EI, no es la solución. Una intervención militar excesivamente potente causaría muchas bajas civiles en Irak y en Siria. También comenzarían a surgir voces críticas en las sociedades occidentales porque comenzarían a producirse bajas en nuestras filas. Además, hay que tener en cuenta algo muy importante en este mundo: su percepción de la venganza. La venganza es uno de los pilares de la sociedad musulmana. Cada vez que alguien mata a una persona de una familia, el resto de ésta se encuentra obligada a vengarse, pasen las generaciones que pasen. Por ello, y como está ocurriendo en Afganistán, una intervención militar demasiado fuerte provocaría un enquistamiento del problema.

 ¿Posee o tiene acceso el Estado Islámico a armas de destrucción masiva? 
Lo primero que hay que definir es qué es un arma de destrucción masiva. Si entendemos por armas de destrucción masiva las armas que tienen un gran poder destructor en un breve espacio de tiempo y con consecuencias permanentes, estamos hablando entonces de medios nucleares, biológicos, químicos o radiológicos.
 ¿Puede hacerse el EI con armas nucleares potentes que, además, y esto es importante, dispongan de su respectivo medio de lanzamiento? Creo que esto, en el momento actual, es prácticamente imposible. Una cuestión diferente es que los combatientes del EI puedan acceder a lo que se conoce como una bomba sucia, que prácticamente se puede fabricar en cualquier universidad que tenga un buen laboratorio. Pero los efectos de una bomba de este tipo son bastante limitados.

 Si hablamos de armas químicas, hay que tener en cuenta que el abanico de este tipo de armamento es muy variado. Un arma química puede fabricarse prácticamente en casa. Pero de disponer de grandes cantidades de armas químicas, con sus respectivos vectores de lanzamiento, es un tema muy diferente, y yo creo que hoy es algo prácticamente imposible para el Estado Islámico. Por otro lado, todo el mundo tiene mucho miedo a las armas biológicas porque, al final, nunca sabes si éstas se van a volver contra ti. Para tener un arma biológica, primero debes tener una vacuna contra esa arma biológica, y yo creo que el Estado Islámico no tiene esta capacidad.
 En estos momentos, ¿es el Estado Islámico la principal amenaza para Occidente?
El Estado Islámico debe ocupar muchos de nuestros esfuerzos de defensa, pero nos debe preocupar lo justo y, desde luego, no nos debe obsesionar en absoluto.  Hay que luchar contra el fanatismo violento y hay que luchar contra los radicalismos que pueden llegar a perjudicar seriamente a nuestras sociedades, pero lo que nos tiene que preocupar de verdad es la seguridad de los seres humanos.

 Cuando hablamos de que el EI es una amenaza para Occidente, debemos concretar qué entendemos por Occidente.  
Barack Obama, por ejemplo, dice que nos enfrentamos al “yihadismo global” porque esto es un problema global de todo el mundo. Es una falacia. No se puede afirmar que nos encontramos ante un “problema global” cuando, incluso, hay países de la Unión Europea que no se sienten concernidos por esta amenaza. ¿El “yihadismo global” es, por ejemplo, una amenaza para un país como Venezuela, que tiene anualmente más de 25.000 muertos por delincuencia común? ¿Qué preocupa el “yihadismo global” a países sudamericanos como El Salvador u Honduras, que están puestos contra las cuerdas por la presión de las maras (mafias) locales? ¿Qué vamos a decirles del “yihadismo global” a países como Japón o Corea del Sur? A la inmensa mayoría de los países del mundo, el “yihadismo global” no les afecta en absoluto.
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Errores y terrores (Lluis Bassets)
Lluís Bassets
| (El País, 23 de noviembre de 2015 )
Todo lo que ahora sucede ha ocurrido ya antes. Como si estuviera leyendo un guion escrito por otro, François Hollande parece seguir los mismos pasos que George W. Bush hace 14 años. Y no solo el presidente de la República, sino Francia entera, incluso Europa y el mundo, se enfrentan a una película de horror que ya habíamos visto, a una pesadilla que ya conocemos e, incluso, a unos errores que nos arriesgamos a repetir.
La primera analogía la ofrece la dimensión y el carácter del ataque. El enemigo ha escogido lugares significativos de cada uno de los países. Para destruirlos o perpetrar en ellos el mayor daño posible. En el 11-S fueron las Torres Gemelas, como símbolo de la arrogancia capitalista, en Nueva York; y el centro de mando militar de la primera potencia, el Pentágono, en Washington, aunque los terroristas querían también lanzar un avión contra el Capitolio.

En el 13-N, la noche del París multicultural y desinhibido, los bistrós y boîtes del barrio entre Bastille y République, y el palco presidencial del estadio de Francia donde se hallaba François Hollande para presenciar un partido de fútbol, el deporte más popular, entre las selecciones de Alemania y Francia. Todo un símbolo de Europa.
Tras la semejanza en el objetivo de los terroristas, la semejanza de las reacciones, estimuladas por el carácter presidencialista de ambos sistemas políticos. En ambos casos, el presidente y comandante en jefe se dirige a sus compatriotas, reúne a los parlamentarios y responde a la guerra con la guerra. Idéntica es la respuesta de los ciudadanos, arremolinados alrededor del presidente y de la bandera nacional. Una oleada de simpatía y solidaridad con el país amigo atacado transporta a sus aliados y vecinos. Todos somos americanos entonces, todos somos París ahora.

Los ataques transforman a los máximos dirigentes, Bush entonces y Hollande ahora, en su imagen, comportamiento, incluso ideas. También van a transformar sus políticas, en las que fácilmente se romperá el delicado equilibrio entre seguridad y libertad. E incluso cambiarán sus relaciones internacionales: en el caso de Bush condujo a un giro unilateralista y agresivo en política exterior y a la división de Europa, y en el de Hollande de momento le ha llevado ya a un acercamiento a Rusia.

El enemigo es el mismo, en sus características e ideología, aunque no lo sea estrictamente en su nombre y en los medios empleados. Y este hecho es el más inquietante, puesto que 14 años después el monstruo no ha sido vencido sino que ha crecido y se han multiplicado sus tentáculos e incluso su capacidad mortífera. Mohamed Atta y sus secuaces emplearon aviones como armas de destrucción masiva y para secuestrarlos utilizaron cúteres y cuchillos de plástico. Abdelhamid Abaaoud y sus comandos, en cambio, actuaron con Kaláshnikov y explosivos, manejados con precisión militar. Los primeros pertenecían a Al Qaeda y los segundos al autodenominado Estado Islámico, el último y más exitoso avatar de un terrorismo que crece y expande por todo el mundo hasta liberar territorios donde impone su violencia desenfrenada, como ya ha sucedido en Siria e Irak.

La repetición de la película, ahora en territorio europeo y amplificada en su alcance y peligrosidad, es la expresión de un fracaso múltiple y continuado. Hay un fracaso inmediato en la prevención de los ataques, fundamentalmente por fallos que se atribuyen a policías y servicios secretos. Atta y sus amigos pudieron entrenarse en una escuela de aviación de Florida y Abaaoud y los suyos han cruzado fronteras y pasado controles policiales sin ser detectados. Pero hay un fracaso más de fondo en la respuesta antiterrorista y sobre todo en la acción sobre las causas de esta violencia inusitada en los países donde tiene su origen. Si la guerra global contra el terror era efectivamente una guerra, parece claro que 14 años después la estamos perdiendo. Los errores de entonces explican los desastres de ahora, de manera que si los repetimos estaremos profundizando la trinchera en la que nos hundiremos en el futuro.

La serie de errores de Georges Bush ya son un clásico, conocido de todos. La guerra preventiva y ajena a las convenciones internacionales. Las mentiras de la CIA sobre las inexistentes armas de destrucción masiva que sirvieron para justificar la invasión de Irak. La limitación de las libertades y derechos individuales a través de las llamadas Patriot Act o leyes de excepción votadas masivamente por los congresistas bajo la emoción patriótica suscitada por los ataques. El uso de la tortura, el secuestro y la ejecución extrajudicial para los terroristas. El horror de Abu Ghraib, la cárcel iraquí donde los presos eran torturados, vejados sexualmente y fotografiados por soldados estadounidenses. La creación de limbos jurídicos, como Guantánamo, donde detener indefinidamente sin juicio ni cargos a los sospechosos.

Todos estos errores fueron regalos propagandísticos para el terrorismo. E incluso algo más. Nada seduce más a los terroristas como la erosión de los valores atribuidos a Occidente y la anulación de las libertades y garantías individuales por mor de la lucha antiterrorista. Con esta primera batalla ya ganada, todas las partes se igualan en esta guerra y se abren a las actitudes equidistantes de quienes denuncian la violencia de todos. Pero el mayor error y el de más graves consecuencias fue el desmantelamiento de las estructuras del Estado baasista y especialmente de sus cuerpos armados, cuyos generales se han convertido en la estructura militar del Califato terrorista.

Bush sabía que Sadam Husein no tenía nada que ver con Al Qaeda ni con los ataques del 11S. Pero también conocía por las encuestas de opinión que los atentados habían despertado el apetito de guerra entre sus conciudadanos. Solo hacía falta una excusa para lanzarse a la nueva guerra que le pedían sus consejeros neocons. Se la proporcionó la CIA con la fabricación de las pruebas falsas sobre las armas de destrucción masiva. Con ellas se lanzó a la invasión y al derrocamiento de Sadam, con la idea inicial, totalmente fracasada, de convertir Irak en una democracia próspera y ejemplar, que hiciera cundir el ejemplo en toda la región, sin caer en la cuenta de que estaba fabricando un Estado fallido y cuarteado, surbordinado al enemigo iraní y minado por el terrorismo sectario en que se ha convertido el país árabe.

No ha sido pues una cadena de errores sino un gran error estratégico. La pregunta no es qué se ha hecho mal, sino si acaso se ha hecho algo bien. Será difícil que Francia, y los europeos con ella, incurramos en los mismos y graves fallos, principalmente en una invasión a gran escala. El desmantelamiento de un Estado, sin contar con una rápida y eficaz substitución de estructuras políticas, administrativas y de seguridad ha sido siempre una operación de altísimo riesgo. No lo tuvieron en cuenta Bush y sus neocons y luego tampoco lo han tenido en cuenta Cameron y Sarkozy con la destrucción de la Libia de Gadafi, ni Obama con su inhibición respecto a la destrucción de la Siria de Bachar el Asad.
La verdadera fuerza del Estado Islámico, es decir, su territorio, las armas capturadas de los ejércitos desmantelados y gran parte de los numerosos guerreros reclutados, se debe a la destrucción de tres estados árabes desde 2003 sin que existieran ni planes ni capacidades para construir estructuras estables alternativas
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Viernes 13, terror en París
Baltasar Garzón / Dolores Delgado
(El PAIS – 17 NOV 2015)
La vida cotidiana entrecruza alegrías y penas. El día 13 de noviembre de 2015 discurría como cualquier otro viernes. Hasta el comienzo de la noche, los proyectos de miles de parisinos eran los normales de un fin de semana en cualquier país; en las esferas oficiales, evaluar los acuerdos de la última asamblea de la Unesco o los preparativos de la próxima Cumbre del Clima eran las prioridades. Nada presagiaba lo que, instantes después, escenificaría el horror en su sentido más amplio e insospechado para los ciudadanos normales y corrientes. La violencia y su expresión terrorista como negación de la humanidad hizo, de nuevo, acto de presencia.

La constante de la violencia terrorista no es irracional, sino metódica y meticulosamente planeada y ejecutada, atacando a la sociedad en su conjunto, que no puede blindarse de forma absoluta. Su acción se basa en la certidumbre del autor y la indefensión de la víctima. El tiempo juega a favor de los estrategas del terror. Los terroristas han dejado de ser selectivos y su acción es sistemática e indiscriminada contra quienes no están preparados para defenderse de la misma. Eligen los objetivos para que los efectos sean demoledores, porque el ciudadano medio, sin acceso a la información, es más vulnerable frente a actos de barbarie, especialmente cuando son próximos.
En París, los terroristas eligieron los escenarios más fáciles, asumiendo que caerían o serían detenidos en la acción. Rifles de asalto, explosivos y lugares accesibles; lo demás ya es conocido.

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¿Qué puede hacer la sociedad civil? Los Gobiernos idean planes de prevención, presentan acciones de emergencia para responder a las atrocidades ya acontecidas, unas veces desencadenan guerras cuyas consecuencias son imprevisibles o bastante predecibles y otras responden con el envío de tropas a zonas de conflicto. Y, cuando esto acontece, nos preguntamos ¿acaso nadie piensa en las consecuencias posteriores?, ¿nadie se plantea cuál va a ser la reacción de la otra parte?, ¿alguien pensó que las acciones occidentales en Afganistán o Irak no iban a tener respuestas sostenidas en el tiempo?

Es descorazonador que los líderes de los países democráticos no logren superar sus diferencias
Han tenido que pasar 12 años para que Tony Blair haya reconocido que la guerra de Irak está en la base de la generación del terrorismo del Estado Islámico que, sin aquella acción ilegal y sin justificación, nunca hubiera aparecido. Ahora nos toca sufrir las consecuencias. Todas las acciones humanas, antes o después, las tienen para unos o para otros, sufriéndolas los que ninguna responsabilidad tuvieron.

La ciudadanía tiene el derecho a ser protegida y protegerse. Los móviles de los terroristas son tan difusos que pueden acomodarse a todo espacio y lugar y en cualquier tiempo; siempre tendrán su “justificación” para actuar en respuesta a la agresión previa, real o ficticia, de la que fueron objeto. Mientras tanto, se sigue atizando el fuego en Siria, y los países democráticos o con apariencia democrática siguen perdidos en disquisiciones, intereses cruzados y prioridades excluyentes que impiden acuerdos y posiciones realmente efectivas frente al fenómeno. Todo lo más, se distribuyen los espacios para bombardear y exhiben su incapacidad para hallar una solución pacífica y sostenible en ese país y en otros. Las condolencias y los lamentos de dolor están muy bien y son necesarios para acompañar al que sufre y dar salida a nuestra propia frustración, pero sería mucho mejor si consiguiéramos evitar la causa del dolor.

Es descorazonador que, a pesar de los atentados que se suceden en forma sistemática, los líderes de nuestros países no sean capaces de superar sus diferencias para adoptar un plan de profundo alcance que aborde de una vez por todas las causas profundas del terrorismo en su versión actual, que no es ni más atroz ni menos que antes; solo más próximo. En la conciencia de vulnerabilidad que se proclama es donde tenemos que hallar la fuerza para avanzar una solución social, política, económica y humanitaria consistente con este fenómeno, que parte de una concepción del mundo y unos valores diferentes.

Han tenido que pasar 12 años para que Tony Blair reconozca que la guerra de Irak está en la base del terrorismo
La aparente imposibilidad de comprensión amerita un profundo estudio social compartido entre los pueblos y no necesariamente entre los Gobiernos sobre las causas del problema; un análisis económico, que incluya la realidad que subyace bajo las estructuras del Estado Islámico, así como las redes de apoyo y ayuda y de los beneficiarios de su acción; un profundo examen de la incidencia del factor religioso, extremo que nadie quiere abordar públicamente y que, sin embargo, todo el mundo asume como factor fundamental, y, finalmente, un análisis sobre la violación sistemática de los derechos humanos en los escenarios de barbarie.
Debe darse un paso más, porque si a pesar de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas, los trenes de Madrid, el metro de Londres, los sabotajes de aviones, los ataques a hoteles, y de las respuestas de Occidente invadiendo países, potenciando o participando en guerras, la solución no se encuentra, es que algo se está haciendo mal.

La confrontación debe ser entre los valores del ser humano y el atavismo de la violencia
Los pactos antiterroristas y el diálogo entre partidos políticos están muy bien, pero la ausencia de aproximación a la fuente del problema hace inútiles esos esfuerzos. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a combatir las causas? No olvidemos que las armas y los explosivos utilizados en los seis atentados del viernes 13 en París estaban en Francia, y que, por muy inhumanos y execrables que sean los actos, son humanos los ejecutores y humanos los que les han ayudado y financiado. Frente a esta realidad, creemos que es urgente la aproximación al problema desde el análisis de las causas y no solo desde la eliminación de los efectos que, en todo caso, no se está produciendo.
La confrontación debe ser entre los valores del ser humano y el atavismo de la violencia. Buscar la fórmula para una convivencia armónica es el verdadero objetivo. Mientras tanto, el principio de confianza entre países, compartir experiencias, la acción conjunta y la búsqueda de sinergias entre los pueblos afectados son las vías para definir una estrategia integral frente a la barbarie, haciéndole más angosto el espacio y eliminando cualquier justificación a su actuación. Hoy es el dolor de Francia, antes el del Líbano, Afganistán, Rusia, Egipto, Israel o Palestina o el de cualquier otro lugar del mundo en el que la necedad humana gobierne o desgobierne. Para combatirlo es necesaria la acción conjunta por un futuro de esperanza, superando la desesperación de este momento.
.Dolores Delgado es fiscal antiterrorista y Baltasar Garzón es jurista.

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EL problema, Sr. Powell, es el robo del petróleo y el robo no hay ética en el mundo que lo justifique

Benjamín Forcano

Hay un clamor popular universal contra la guerra de Irak. (Escribo en febrero de 2003) Todo el mundo sabe que la razón real de la guerra es el robo del petróleo. Pero, eso, así, tan claro, es tan feo, tan repugnante que hay que hacer todo lo posible para que no aparezca. El crimen y la mentira por parte del Estado y, en este caso, del más poderoso Estado del mundo, no es de recibo, pues los Estados tienen como fin el bien común, basado en la justicia y la verdad. La mentira, se supone, no es de oficio. Pero, tan estridente es en este caso la contraposición entre lo que oficialmente se dice y lo que oficialmente se oculta, que la hipocresía resulta escandalosa. Todo el mundo sabe que la razón es el robo del petróleo. Pero, no importa.
Quieren que sigamos prestando oído a los decires oficiales. Irak es uno de los más grandes yacimientos de petróleo. Y poseer el petróleo es decisivo para imponer el dominio económico. Lo sabemos, pero a nosotros nos quieren hacer creer que se trata de liberar al pueblo de Irak, que está sufriendo lo indecible bajo la bota de un tirano execrable. En otros momentos, ese tirano fue amigo de Estados Unidos, apoyado y armado por él, pero entonces eso convenía a los intereses del imperio. En otras partes, otros tiranos tuvieron sometidos a sus pueblos en la miseria, en el miedo y en el horror de la muerte y perduraron en el poder porque los gobiernos de EE. UU. los apoyaron, los armaron y los legitimaron. «El presidente del planeta anuncia su próximo crimen en nombre de Dios y de la democracia. Así calumnia a Dios . Y calumnia, también, a la democracia, que a duras penas ha sobrevivido en el mundo a pesar de las dictaduras que los Estados Unidos vienen sembrando en todas partes desde hace más de un siglo» (Eduardo Galeano).

A pesar de eso, el Sr. Powel pregona y recalca ante la vieja Europa, que la política estadounidense no tiene nada de qué avergonzarse de lo hecho en estos 100 últimos años. ¡Vamos, que ni la Santa Madre Iglesia Católica! Pero, ¿no es el petróleo un bien natural del pueblo de Irak, que él y sus gobernantes tienen que administrar? El Sr. Bush y su gobierno lo saben, pero ellos quieren para sí ese petróleo, para mantener su hegemonía económica y política y, por sí y ante sí, deciden apropiárselo manu militari. Ahora, no piensen que esto lo hacen por móviles de robo y dominación, no, lo hacen para repeler una amenaza terrorista terrible, para detener a un loco que posee armas de destrucción masiva, para defender la vida y seguridad de Occidente y delvolver al pueblo irakí la libertad y democracia.

Todo el mundo sabe de este doble juego. Pero, los representantes del Pentágono, una y otra vez, vuelven a explicarnos lo mismo: que su política no quiere sino castigar a este peligroso asesino, que no ha cumplido con la obligación de desarmarse y que ha burlado reiteradamente las resoluciones de las Naciones Unidas. El Sr. Bush, y plantilla, saben que mienten, pero decir en este caso que ellos van a robar, es feo, muy feo, y tan impúdico, que todavía necesitan esconderlo, para no sublevar la conciencia de la población mundial. A Sadan Husein «se le acaba el tiempo de desarmarse», le conmina el Sr. Bush. Las investigaciones de los inspectores no valen, pero los portavoces del Pentágono no cejan de aparecer en nuestros periódicos, radios y pantallas queriéndonos convencer de que Irak no ha cumplido, de que oculta armas de destrucción masiva y no merece más oportunidades.

Y tienen poder para, nos guste o no, verlos, oirlos y sermonearnos sin cuento. Y seguirán por si, finalmente, pueden conseguir lavar su mala conciencia con el jabón de una legalidad inexistente. Es su estribillo: el tirano no se desarma. Y lo dice quien, más que nadie, está superarmado, con armas tecnológicas de efectos increíbles y que ha hecho uso de ellas como nadie y que debiera, según los acuerdos de no proliferación nuclear, desarmarse. Y tenemos que soportar que el Sr. Bush, como si fuera voz y conciencia nuestra, – la del eje del Bien- , exija que otros países se desarmen y que él pueda seguir ensayando e incrementado su inmenso arsenal bélico. Si la realpolitik del imperio, y colaterales, se movieran por un mínimo de ética y humanidad, podrían calcular hasta qué extremos de desarrollo, de cooperación y de promoción de los países empobrecidos, podrían llegar si la locura de su dominadora carrera armamentística revertiera por el camino de la igualdad, del respeto y del derecho internacional. Me sobrecogen las cifras en gastos de esta desvariada política y me da miedo pensar en un monstruo agitado por intereses de una política ciegamente racista e imperialista, capaz de desoir la desesperación, las lágrimas y quebrantos de todo un pueblo, abocado inmisericordemente al matadero. A mí me produce vergüenza y pena extraña tener que contemplar la arrogancia con que el gobierno más poderoso del mundo exhibe sus armas y flamantes ejércitos para ir a luchar contra un pueblo empobrecido y humillado, estigmatizado, asediado y bombardeado, que es como si se defendiera con tirachinas.

¿Sr. Bush ha abierto Vd. su conciencia ante el abismo del genocidio que van a perpetrar y han abierto la de sus soldados y agentes para que, espantados, les dejen a Vds. solos ante el crimen? No resisto a ofrecerle, a Vd., hombre de escasa cultura según confesión propia, las palabras de Mons. Romero, arzobispo de El Salvador, asesinado pocas horas después de decir lo que ahora le digo: «Hermanos soldados, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la misma ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, le ordeno: ¡Cese la represión!».

La trampa es muy sencilla: la maquinaria mediática de Estados Unidos es paralela a su maquinaria militar, quieren imponer el pensamiento único, lo que ellos dicen que es verdad todos tenemos que decir que lo es, aunque sea mentira. Sólo su prepotencia mundial les lleva a pensar que pueden comparecer en donde quieran para remachar «sus» razones y hacernos creer que la razón de esta guerra no es el robo del petróleo. Pero, ahí, somos más fuertes que ellos: en razón, en pruebas, en sabiduría y en humanidad. «Cada nación tiene una igualdad soberana», es el principio sobre el que reposa la organización de las Naciones Unidas. Una nación puede ser más o menos pequeña: territorial, económica o militarmente, pero posee una igualdad esencial que le equipara, en derechos y obligaciones, con todas.
Me felicito que, finalmente, políticos y sindicalistas, que en recientes actos, marchas y manifestaciones contra la guerra, han brillado por su ausencia, se sumen ahora a esta ola de solidaridad universal contra la muerte. Pese a todo, nos queda una dignidad natural, que nadie puede borrar. Porque el problema, Sr. Powell, es el robo del petróleo. Y el robo no hay ética alguna en el mundo que lo justifique.
http://www.alainet.org/es/active/3089

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Comunicado de ATTAC España ante el terrorismo y la guerra (22 noviembre 2015)

 Tras las matanzas perpetradas en París y en Beirut la pasada semana, desde ATTAC España mostramos nuestro apoyo solidario y comprometido a la ciudadanía francesa y libanesa ante el odio ciego y asesino de quien comete una barbarie de estas características.
Desgraciadamente esta barbarie es la que viven también millones de personas a diario en muchos países, en guerras provocadas por intervenciones militares occidentales, como Libia, Siria, Líbano, Irak, Pakistan, Palestina, etc.
Ante esta situación y tras la afirmación institucional de nuestro país vecino de “Francia esta en guerra”, decretando el “Estado de sitio” y proponiendo una modificación de su Constitución para ampliar estas medidas, y teniendo en cuenta los pasos dados por el gobierno de España de reafirmar esa intervención, y prestar su colaboración institucional, afirmamos que esta reacción solo conduce a la reproducción de esa misma barbarie.
Esta guerra que ahora se proclama desde occidente, es la consecuencia de las intervenciones de los gobiernos de EEUU en Irak y en Afganistán y de las actuales intervenciones francesas y del conjunto de países que forman la alianza OTAN (entre los que esta España) en Irak, en Libia, en Siria, en Mali, en Chad, en Níger o en la República Sudafricana.

Siendo además, estos mismos gobiernos neoliberales de occidente, a través de la promoción de grupos terroristas, quienes han contribuido a desestabilizar estas regiones, bajo el sucio objetivo de hacer negocio con la extracción de recursos naturales comunes, la venta de armas y dando lugar a la proliferación de mafias de todo tipo.
Por ello afirmamos que la cultura de la guerra desgraciadamente no tiene como único valedor a ese terrorismo salvaje, sino que por desgracia es practicada por la gran mayoría de gobiernos que comparten estrategia geopolítica desde de la OTAN. Y gracias a la promoción de la cultura del miedo orquestada a través de los medios de comunicación, ante la violencia salvaje de los terroristas, pretenden legitimar la respuesta con una violencia mayor, retroalimentando de forma exponencial la promoción de la cultura de la guerra.
 Desde ATTAC España decimos basta!
Basta de soluciones patriarcales y belicistas para resolver problemas patriarcales y belicistas!!
La solución al horror no es un horror mayor! La solución al horror es la PAZ, el respeto entre pueblos y la construcción de una sociedad basada en la aplicación de los Derechos Humanos.

Para acabar con esta guerra cruzada y global, debemos poner en el centro de toda política la CULTURA DE LA PAZ de la mano de los DERECHOS HUMANOS.
La CULTURA DE LA PAZ es esa que no resuelve los conflictos a través de la violencia, es aquella que se esfuerza por agotar las vías de relación horizontal para la resolución de los conflictos, pero también es aquella que lucha proactivamente contra la guerra, en cualquiera de sus expresiones.
El terrorismo desde la cultura de la Paz se derrota, promoviendo y consolidando un pacto internacional antiterrorista que, en el contexto actual, incluya medidas como las siguientes:
– Iniciar la desmilitarización de las sociedades, comenzando por la nacionalización y racionalización de la producción de armas, en el camino hacia su prohibición. Con especial fijación en la no facilitación de armas a los grupos terroristas.

– Supresión de los Paraísos Fiscales (centros off-shore), que ejercen, entre otros, de vías de financiación de los grupos terroristas que se benefician del secreto bancario que en éstos opera y sirve de refugio de capitales extraídos con negocios ilegales.
– Programa Europeo de Acogida de los y las refugiadas porqué son el germen de lo nuevo que tiene que nacer en esos países en las fases de posguerra, que huyen precisamente del horror del que hemos sido lamentablemente objetivo.
– Fortalecimiento de las estrategias para junto con los miles de refugiados y refugiadas y la ciudadanía libre de esos países, promover iniciativas políticas de desmilitarización y establecimiento de la democracia participada por la ciudadanía.

– Eliminar toda posibilidad de comerciar con la vida de las personas, acabando con las redes mafiosas de tráfico de inmigrantes en todo el planeta.
– Promover iniciativas políticas de fortalecimiento y defensa de los Derechos Humanos, con especial atención en la prestación de Servicios Públicos Universales en todos los países, eliminando factores de riesgo, como la pobreza y la exclusión, que contribuyen a la extensión en la sociedad de discursos fanáticos.
 .Rechazamos de antemano toda restricción al derecho a manifestarnos, a luchar contra este mundo depredador y por las alternativas conjuntas de los pueblos del Sur y del Norte.
Y ante un proceso electoral, en el que nos jugamos, entre otros elementos, el cambio de paradigma que supone la instauración de la Cultura de la Guerra en nuestras sociedades, hacemos un llamamiento al conjunto de organizaciones sociales, partidos políticos y ciudadanas y ciudadanos a manifestarnos.
POR LOS DERECHOS HUMANOS, POR LA PAZ
NO AL TERRORISMO, NO A LA GUERRA!!
Se trata simplemente de reapropiarnos todos y todas del presente y del futuro de nuestro mundo!!
¡OTRA SOCIEDAD ES POSIBLE Y NECESARIA!

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MANIFIESTO SOBRE EL TERRORISMO DE LA INJUSTICIA
A propósito de la campaña internacional contra el terrorismo

(Publicado en EXODO, abril de 2002)
BENJAMÍN FORCANO
RAFAEL DÍAZ SALAZAR
JULIO LOIS
, EVARISTO VILLAR

 
En medio del conflicto, no se puede ser neutral
Convencidos de que la humanidad tiene un destino común, de que todos los pueblos poseen la misma dignidad y derechos, de que las relaciones entre ellos tiene que establecerse sobre la confianza mutua, el respeto y la cooperación, deseamos expresar públicamente nuestra palabra, como un aportación más a esclarecer los problemas de las actuales tensiones internacionales.
Nunca en temas de ética, y menos de esta envergadura, se puede ser neutral. El silencio delata por lo menos un implícito asentimiento a lo que está ocurriendo y una pérdida de la actitud evangelizadora profética que debe distinguir a los que siguen a Jesús de Nazaret.
Esta nuestra declaración tiene como base la situación creada entre los países desarrollados y subdesarrollados. Es ya un dato evidente que esta situación no ha surgido al azar, sino como consecuencia de una serie de políticas dirigidas por el egoísmo nacional, el lucro y el afán de dominar a otras naciones. Tales políticas producen marginación, atraso, enfermedad, analfabetismo, pobreza, hambre, exclusión, humillación, sufrimiento, emigración y otros efectos que pesan negativamente sobre los pueblos que se intenta explotar y dominar.

La violencia de las religiones manipuladas
En este sentido, queremos desenmascarar el chantaje que la política occidental, con EE UU a la cabeza, pretende producir sobre la opinión pública presentando el fenómeno del terrorismo actual como efecto de un choque de etnias, culturas o religiones. 

No negamos la presencia que el factor religioso ha representado en la violencia y en las guerras de la historia, pero tal presencia ha estado no pocas veces manipulada por intereses y poderes políticos, logrando de esta manera que las religiones se apartaran de su misión primigenia de asegurar la fraternidad y la paz. 
Los fanatismos religiosos son reales, pero más que originantes de la violencia son las más de las veces derivados de otros factores primordiales. En ese sentido, el factor religioso puede desempeñar una labor de legitimación del fundamentalismo económico más bárbaro. Todavía hay quienes creen que el neoliberalismo es enemigo de la irreligión y que defiende los grandes valores religiosos, cuando en realidad lo que ese neoliberalismo produce es injusticia y, como consecuencia, violencia, represión y hasta terror.

La violencia original y originante de la injusticia
En nuestra opinión, el factor primordial de la violencia es la injusticia impuesta por el capitalismo mundial a través de las multinacionales y otras instituciones en colaboración con poderes económicos y políticos dominantes.
Queremos subrayar que la violencia original y originante, la primera y más importante, es la producida en nuestro tiempo y en tiempos pasados, por la injusticia estructural, que pertenece a los Estados con mayor poder económico y que se vincula con el Orden Mundial, que es el que genera desigualdades entre los pueblos ricos y pobres. 
No hay más que reparar en estos datos:
– En 1997 el 20 % de la población más rica del planeta se repartió el 86 % de la riqueza mundial.
– Sólo en 1999 los países endeudados realizaron a favor de sus acreedores una transferencia de 114.600 millones de dólares. 

– La deuda externa es un instrumento de guerra contra los países pobres: la deuda de los países pobres es del orden de 2,5 billones de dólares. La devuelven con un cuchillo en la garganta. La de EE UU es de seis billones de dólares. Y nadie obliga a EE UU a devolverla.
– De los 800 millones de habitantes de África, más de 400 viven con menos de un dólar al día y están desnutridos. En el año 2000 las multinacionales invirtieron en el mundo por valor de 1 billón 270.000 millones de dólares. África sólo logró atraer un 1 % de esa inversión. 
-Mil millones de personas se acuestan todas las noches con hambre. La cuarta parte de la población nunca ha tenido un vaso de agua potable.

– Sólo a causa del sida han muerto 22 millones de personas y hay 36 millones contagiados.
– No es de extrañar que la diferencia entre países ricos y pobres lejos de disminuir haya ido en aumento. En el año 1820 era de 3 a 1; en el 1992 es de 72 a 1. 
Es un engaño colosal querer sobrepasar la vista sobre esta realidad y achacarla sin más a episodios de fanatismo religioso. La realidad es como es y no hay más camino para la comprensión y solución de sus contradicciones que mirarla de frente y llamarla por su nombre. Hay políticas que son injustas y execrables, basadas sobre el egoísmo, la dominación y la desigualdad, que niegan la dignidad y derechos fundamentales de las personas y de los pueblos. Esas políticas generan injusticia, provocan miseria y opresión y acrecientan la frustración y el odio hasta la desesperación.

No deja de ser aleccionador y confortante que, a pesar de todas las cortinas de humo, el análisis que hacen la mayor parte de científicos, sociólogos y politólogos va en este camino: no se puede eliminar el terrorismo sin acabar con aquellas situaciones que propician y almacenan injusticia.
Cuando los explotados y sometidos deciden exigir sus derechos y acabar con la injusticia impuesta, entonces la violencia original reacciona con violencia represiva y, llegado el caso, con violencia terrorista. Porque terrorismo, escribe Ignacio Ellacuría, «no es lo que hacen los que son llamados terroristas de antemano, sino que son terroristas los que hacen terrorismo, objetivamente definido como tal». Y, en este sentido, la violencia estructural original actúa muchas veces como violencia terrorista.

La farsa ofensiva del dualismo entre el Bien y el Mal
No podemos admitir que, en contra de la realidad personal e histórica del ser humano, se intente establecer una línea divisoria entre el Bien y el Mal, alistando a unos de una parte (los terroristas) y a otros de la otra (los no terroristas): «Quien no está con nosotros, está con el terrorismo».
Esta afirmación denota una gran simpleza. Por la sencilla razón de que es uno sólo (el hoy emperador del mundo) quien, por sí y ante sí, define quiénes son los terroristas, sin definir antes en qué consiste el terrorismo y porque la definición la hace dándose a sí mismo como exento del terrorismo. Sólo desde esta premisa, se puede convocar una campaña unilateral antiterrorista, en la seguridad de que, quienes la compartan, la obedecerán más por miedo que por convicción.

Conviene señalar hasta qué punto esta postura encubre una actitud de soberbia y desprecio de los demás pueblos, la convicción racista y xenófoba de que su superior nivel de vida les es debido connaturalmente y la blasfema confesión de que esta diferencia abismal se debe, en última instancia a Dios, y es El quien la bendice.
Con un poco de sentido común y una pizca de filosofía se entiende que este planteamiento es burdo. Nunca el Bien y el Mal, tratándose de humanos, se halla de una u otra parte, así puramente. No hay seres que encarnen lo uno o lo otro. Pero a Bush le resulta útil , en el tablero de la humanidad, jugar con el dualismo del bien y del mal, como quien juega con fichas blancas o negras, con la particularidad de que él marca quiénes son las fichas negras. Es el juego peligrosamente insinuante de las palabras, sobre todo a partir del 11 de septiembre de 2001. 

La caída de las Torres Gemelas de Nueva York fue un atentado trágico, pero también un pretexto de oro para urdir la campaña mundial contra el terrorismo, es decir, contra el mal. Todo el mundo sabe que ese acto de violencia terrorista no ha sido el primero ni el mayor. Ha habido masacres tan desoladoras como ésta, aunque seguramente menos espectaculares. Pero en este caso señalaba un corte histórico, porque las Torres Gemelas eran el santuario del dios dinero, de la ley del comercio global, del mercado total. Y ese dios fue asesinado , en su propio templo, por quienes hacía tiempo se sublevaban contra su dominio. 
En nuestros días el imperio norteamericano, con la cohorte de Estados que le secundan, no toleran que nadie se salga del ámbito de su dios: el mercado total, que debe dominar todos los rincones del mundo.

La muerte de la justicia y de la democracia 
La justicia, decía J. Saramago en la conclusión de Porto Alegre, sigue muriendo todos los días. Muchos han confiado en ella, la han esperado en el día a día, 
«Como una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo, una justicia en la que se manifestase , como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano… Si hubiere esa justicia , ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería , para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que ha sido».

La justicia, la única que acabará con el terrorismo y traerá la paz, nos obliga a ponernos en pie, a revisar el incumplimiento de esos Derechos Humanos hace cincuenta años promulgados, a vivificar partidos políticos caducos y movimientos sindicales burocratizados, a examinar la decadencia de las llamadas democracias y rellenarlas con una participación directa del pueblo, a establecer unas nuevas relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial.
Hace años que las Naciones Unidas establecieron una dinámica de conferencias y cumbres internacionales con el fín de abordar un conjunto de problemas producidos por la asimetría de la globalización, con la convicción de que la lucha contra la pobreza era, además de un imperativo moral, una exigencia práctica para la estabilidad del sistema.
 
La conferencia intergubernamental celebrada últimamente en Méjico concluyó con el documento de «Consenso de Monterrey», el cual deja poco espacio para el optimismo. En él se exigen claras reformas y se imponen estrictas condiciones a los países pobres, en tanto que a los países desarrollados apenas si se les exige cambios en las instituciones más importantes y que son las que regulan los mecanismos de intercambio comercial y de ayuda a los países más necesitados. La ayuda ( un 0,39 % del PIB como promedio para el año 2006) es inferior a la acordada ya en los 90 (un 44 %). La unilateralidad de los países donantes va a ser la que se imponga, ya que son ellos mismos los que acaparan un 66 % de los votos en el FMI y en otras instituciones. Nadie va a creer que van a hacer efectiva la ayuda para los objetivos de la Declaración del Milenio y que el Banco Mundial evaluó entre 40.000 y 60.000 millones de dólares anuales. 
Lamentablemente, gran parte de los acuerdos del pasado han quedado relegados al capítulo de las buenas intenciones y otro tanto va a va a ocurrir con los presentes.

Propuestas para el cambio y mejoramiento
Señalamos algunas propuestas que, de una y otra parte, se sugieren como clave imprescindible para un cambio operativo en el Orden Internacional:
– Acabar con la dictadura de los mercados financieros mediante la creación de mecanismos democráticos planetarios.
– Acabar con el capitalismo financiero que, a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), decide sin ningún control político la suerte de los pueblos basándose únicamente en el criterio del beneficio y siempre a favor de los más fuertes.

– Acabar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, después de cambiar su función a partir de los años 70, opera antidemocráticamente, dispone de mecanismos de bloqueo y es el principal responsable del fracaso del desarrollo de los países pobres. El FMI no es reformable: hay que suprimirlo. Y sustituirlo por un sistema de representación rotatoria para todos los Gobiernos del Planeta.
– Acabar con el Banco Mundial (BM) que, con su política inversora, provoca daños irreparables en el medio ambiente. Su política debe ser sometida al control democrático de los parlamentos nacionales y ser objeto de negociaciones transparentes.

– Impedir que, frente a la globalización neoliberal, sectores fundamentales de la vida humana caigan bajo la dinámica y dominio mercantilizador. Vigilar y reglamentar los mercados financieros para que no hagan lo que les da la gana. Controlar los movimientos de capitales , combatir los paraísos fiscales , inspirándose en el impuesto Tobin y hacer realidad la solidaridad con los países del Sur, poniendo fín a los planes de ajuste estructural que deslegitiman a los Estados, devalúan la Soberanía Nacional y someten a las sociedades, no a las élites, a las obligaciones inflexibles del FMI.

Idolatría del dinero o ateísmo religioso
Desde la situación de pobreza, los países del Tercer Mundo difícilmente plantean la cuestión de Dios en términos de negar su existencia como condición para salir de la alienación y permitir que el hombre sea él mismo y recupere sus poderes. En Occidente, sí que el camino hacia la liberación humana se lo hace pasar modernamente por esta negación de Dios.

Sin embargo, el mismo Occidente seguramente sospecha que, tras su decretada muerte de Dios, ha erigido otros dioses que lo suplen y cumplen con sus funciones. Es significativo que los poderes fundamentalmente económico-políticos se presenten como defensores de la religión y de Dios mismo, cuando en realidad de verdad el dios que ellos adoran es el dios Mammón, venerado secretamente en el santuario de sus negocios.
Este dios materialista es el que representa una negación frontal de la fe cristiana, es la idolatría del dinero, con la injusticia que genera, la que se constituye en incompatibilidad con la fe.

En este sentido, la tarea fundamental de los que creemos en Jesús de Nazaret, es desidolatrizar, pero entendiendo como tal el desenmascaramiento de dioses históricos que, en nuestro contexto actual, configuran y dominan la vida social, sobre todo en su aspecto económico injusto y en otros aspectos que le acompañan como derivación y justificación. La dominación que estos ídolos ejercen se presenta como inapelable, incuestionable e intocable, como si de dioses se tratara, imponen su ortodoxia (ideología) y se alimentan del sacrificio de millones de víctimas.
El planteamiento de Jesús de Nazaret es inequívoco: «No se puede servir a dos señores: la fe en Dios excluye la fe en el dios dinero». Porque los señores del dinero, si logran entronizarse en el corazón humano y en las instituciones del poder, exigen su propio culto, un culto que se convierte, si es preciso, en asesino.

Nos duele que la Iglesia Católica, de la que nosotros somos miembros, y que acumula una sabiduría y experiencia más que seculares sobre la unidad y fraternidad de los pueblos, no haya hecho sentir en estos momentos , con el relieve y fuerza necesarios, la autoridad moral de su enseñanza y la haya ocultado vergonzosamente , dando lugar a una significativa e imperdonable omisión y el consiguiente descrédito entre quienes forman parte de ella y la contemplan desde fuera.

Creemos que, con ser importante los problemas de la moral familiar y sexual , no lo son menos los que se ventilan en el campo de las relaciones socioeconómicas y políticas. Sin embargo, es en las primeras donde la Iglesia muestra una solicitud puntual y extrema y en las segundas un desentendimiento clamoroso que resulta intolerable en las actuales circunstancias.

Denunciamos esta postura seudocristiana , que rehúye comprometerse en la trama y conflictividad de la historia, como si tal tarea no le incumbiese o hubiera de remandarla para después de la vida. Esta fuga contradice el espíritu del Evangelio. Pensamos que la fe es inseparable de la justicia, de la fraternidad y del amor, que hay que verificar en la historia y sociedad terrenas y que, cuando se procede en sentido contrario, se mutilan aspectos esenciales del mensaje evangélico.
Éxodo, Nº 63, abril de 2002

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