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OP24, y el espíritu de Francisco de Asís que se cuela como el agua dando VIDA

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La COP24 tendrá lugar del 3 al 14 de diciembre de 2018, en Katowice, Polonia.
Estos días miembros de la familia franciscana han estado presentes antes y estarán en el evento de la COP24, y lo hacen con es ese mismo espíritu que movió a Francisco de Asís a cantar a las criaturas; para los franciscanos y franciscanas es un imperativo espiritual el cuidar y defender esta CASA COMÙN, y la comunidad de vida; es en esta comunidad o fraternidad, donde se da una codependencia, cofiliación y coexistencia entre todos los vivientes que habitamos este mismo espacio y aire común.
“La COP24 es el nombre informal de la 24ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). La COP24 tendrá lugar del 3 al 14 de diciembre de 2018, en Katowice, Polonia. Es relevante para los franciscanos participar de la COP de cualquier manera posible.

En primer lugar, porque la COP es el único espacio donde la negociación sobre las soluciones a la crisis climática por parte de los delegados gubernamentales realmente ocurre, y la dimensión ética debe enfatizarse en las soluciones. Los franciscanos pueden colaborar con otros grupos interreligiosos y ONG especialmente a este respecto. Y, en segundo lugar, tal movimiento puede ser el signo y el ejemplo para amplificar conciencia en la Iglesia, ya que la dimensión ecológica de la conversión cristiana no es todavía el tema famoso en la comunidad cristiana misma… En tercer lugar, COP es un lugar excepcional donde uno puede escuchar los poderosos testimonios de los más vulnerables del mundo, varios activistas y expertos, y dialogar con ellos. Son víctimas de la crisis social y ecológica, así como de los profetas de nuestro tiempo. Al igual que el encuentro con el Cristo en un leproso ha cambiado la vida de San Francisco, es fundamental que los franciscanos sean tocados por aquellos que se ven afectados por la injusticia sistemática” (Oficina General de JPIC, Roma).

La ONU, como ente rector o facilitador a nivel internacional, trata de mover sinergias (nosotros desde Jesús diríamos los corazones) y propiciar espacios donde se encuentren los representantes de países, y lleguen a consensos comunes:
“La Convención Marco no obligaba a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y no establecía un mecanismo para hacerla cumplir. Por eso, se negociaron varias “extensiones” de ese tratado, incluyendo el famoso ‘Protocolo de Kyoto’, en 1997, que definió los límites de emisiones que los países desarrollados debían lograr en 2012. En el ‘Acuerdo de París’, adoptado en 2015, todos los países del mundo acordaron limitar el calentamiento global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales y mejorar la financiación para lograrlo.

El Acuerdo de París es la única opción viable para hacer frente al cambio climático y ha sido ratificado por 184 Estados parte. Entró en vigor en noviembre de 2016.
Contiene varios compromisos importantes:
Limitar el aumento global de las temperaturas por debajo de los 2°C e intentar que la subida no sea superior a 1,5°C.

Aumentar la financiación para las medidas contra el cambio climático, incluyendo el objetivo de los 100.000 millones anuales de los países donantes a los menos desarrollados.
Crear planes nacionales sobre el clima de aquí a 2020, que incluyan objetivos de reducción de emisiones.
Proteger los ecosistemas, como los bosques, que absorben los gases de efecto invernadero.
Fortalecer la resiliencia y reducir las vulnerabilidades frente al cambio climático.
Terminar un programa de trabajo para implementar el acuerdo en 2018.
Estados Unidos se unió al Acuerdo en 2016, pero, en julio de 2017, anunció que se retiraría. Sin embargo, este país seguirá formando parte al menos hasta noviembre de 2020, la fecha establecida para poder solicitar legalmente retirarse del pacto.

Según un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5°C sobre los niveles preindustriales, ayudará a prevenir que haya daños devastadores para el planeta y sus habitantes, incluyendo la pérdida irreversible del hábitat de los animales del Ártico y la Antártida; las olas de calor extremo mucho más frecuentes; la escasez de agua para 300 millones de personas; la desaparición de los arrecifes de coral que son esenciales para la vida marina; el aumento del nivel del mar que amenaza a los pequeños estados insulares…La ONU estima que, si conseguimos que el aumento de la temperatura se quede en 1,5°C en lugar de 2 °C 420 millones de personas menos sufrirían los efectos de este fenómeno…Todavía estamos muy lejos de conseguir un futuro sin emisiones, pero la urgencia de avanzar es mayor que nunca” (https://news.un.org/es/story/2018/11/1446711).

Este esfuerzo de la comunidad internacional, se debilita ante los países poderosos que son los mayores responsables del calentamiento global y por tanto del cambio climático, siendo uno de los principales el gobierno guerrerista, bélico y xenofóbico de los EEUU. No es extraño que un gobierno que promueve las guerras entre y contra los países, también sea el destructor de la Creación, aun siendo un pueblo creyente en Jesucristo.

El papa Francisco, nos expresa: “Esta hermana (la tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que « gime y sufre dolores de parto » (Rm 8,22)” (LS 2).

Ser creyente en Jesús nos define: de estar del lado de la VIDA, de defenderla y cuidar del más débil (Mc 3,1-6). Además, nuestra opción creyente, va acompañada por el modo franciscano de estar y actuar en la realidad misma, dice el papa Francisco:
“Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología (San Francisco de Asís), amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10). “La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio” (LS 11).

“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (LS 13).
“La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan” (LS 23).

“Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo” (LS 26).
Es importante dar pasos éticos que transformen las prácticas en lo personal, comunitario y social, esto incluye el modo pastoral en la Iglesia católica: “Si la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano” (LS 119).

“Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS 139).
Que bien los franciscanos y franciscanas entrando en la COP24, de manera simbólica como la “hermana agua”: transparente y sencilla, fuerte y limitada, servicial y dadora de vida.

Fray René Arturo Flores. JPIC, El Salvador

«QUEREMOS UNA IGLESIA QUE PROMUEVA EL PROTAGONISMO DE LAS MUJERES Y DE LOS ACTORES NATIVOS»
Asamblea Presinodal en Manaos: «Soñamos con una Iglesia osada, dialogal, inclusiva, pobre y solidaria»
«Una Iglesia que quiere expresarse en una liturgia y sacramentos inculturados y que da valor a la religiosidad popular»
José Manuel Vidal, 02 de diciembre de 2018 a las 21:37
  

Asamblea Presinodal en ManaosRD

Queremos una Iglesia que insiste en la ministerialidad, con los ministerios existentes, promoviendo el diaconado permanente y diaconisas, el ministerio de la presidencia eucarística, para hombres y mujeres
El Consejo Indigenista Misionero carga contra Bolsonaro por equiparar a los indígenas con animales
Cardenal Barreto: «El Sínodo amazónico va a ser un banco de prueba para la Iglesia y para el mundo»
(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Si hay algo en lo que el Papa Francisco está insistiendo dentro del proceso del Sínodo para la Amazoníaes en la necesidad de escuchar las voces de los pueblos, los clamores que vienen de la base. Todo eso está siendo recogido en diferentes niveles, que van desde los encuentros en pequeños grupos a aquello que la Secretaría del Sínodo llama Asambleas Presinodales. Una de estas asambleas ha tenido lugar en Manaos, de 30 de noviembre a 2 de diciembre, reuniendo representantes de las nueve circunscripciones eclesiásticas do Regional Norte 1 de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil – CNBB.

Como señalaba en una carta enviada por el Cardenal Baldisseri, Secretario del Sínodo, al Arzobispo de Manaos, Monseñor Sergio Castriani, con motivo del encuentro, «las Asambleas Territoriales nos ayudan en todo el territorio de la Amazonia a participar activamente en la preparación del Sínodo Pan-Amazónico», insistiendo en no olvidar que «el objetivo del Sínodo Pan-amazónico es la evangelización de los pueblos de los territorios pan-amazónicos, con especial atención a los pueblos indígenas, a la salvaguarda de la Creación y al actual y urgente tema de la ecología integral».

El Sínodo para la Amazonía se está convirtiendo en algo que, más allá del resultado final, que debe aparecer en la exhortación apostólica postsinodal, está provocando que surjan nuevas actitudes prácticas a ser asumidas por la Iglesia católica en la región. De hecho, como reconoce Baldisseri en su carta, «estoy seguro de que las respuestas al cuestionario, fruto del trabajo y del discernimiento de estos días, serán muy útiles para su Archidiócesis y toda la región amazónica».

Monseñor Mario Antonio da Silva, Obispo de Roraima y Presidente del Regional Norte 1 de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil – CNBB, ha reconocido en la Asamblea que «la sinodalidad es algo que nos lleva a caminar juntos, a identificar los peligros y lo que el pueblo necesita». De hecho, ésta es una actitud que le gusta a Jesús, quien en el Evangelio siempre alabó al grupo de los discípulos cuando éstos caminaban juntos, en la misma dirección.

La importancia de esta dimensión de un caminar común, también fue destacada por Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, quien insistía en la dimensión pan-amazónica del Sínodo, destacando el tradicional papel profético de la Iglesia latinoamericana como defensora de los pobres. En sus palabras, definía el Sínodo como un kairós, un tiempo de gracia, resultado de la misión de la Iglesia en la Amazonía. En ese sentido, el Secretario Ejecutivo de la REPAM, mostraba que la Iglesia no puede continuar caminando aislada ante los desafíos contra la vida que están apareciendo en el horizonte. De hecho, las fuerzas del mal están juntándose, lo que exige una unión eclesial.

Mauricio López veía tres dimensiones presentes en el Sínodo para la Amazonía, definiéndolo como proceso, que genera posibilidades, acontecimiento, pues es la primera vez en que el pueblo está siendo escuchado, y herramienta, que ayudará a recoger las voces proféticas amazónicas.

En Brasil el Sínodo se desarrolla dentro de un contexto eclesial y político un tanto conturbado. En ese sentido, Monseñor Ionilton Lisboa de Oliveira, Obispo de Itacoatiara, al hacer un análisis de la coyuntura eclesial, destacaba que, a nivel mundial, la Iglesia católica vive un tiempo de gracia con el Papa Francisco, pero a nivel local, los ataques a la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y a las Pastorales Sociales, deben llevar a la propia Iglesia a reflexionar sobre una situación que pone de manifiesto que la Iglesia de Brasil, en las últimas décadas, se fue concentrando en las actividades internas y apartándose de lo externo, hasta el punto de que cada vez es más difícil juntar gente en las actividades de cuño social, algo que repercute en los propios medios de comunicación católicos brasileños, donde lo social no forma parte de las pautas de información.

Esta dimensión también era abordada por la profesora Ivania María Carneiro Vieira, al hacer el análisis de la coyuntura sociopolítica, quien se preguntaba con quién, cómo y por qué se comunica la Iglesia católica. La profesora de Universidad Federal del Amazonas partía de un texto de 1991, «Amazônia busca de alternativas», con el que pretendía demostrar que después de casi treinta años, las problemáticas presentadas en aquel momento, no cambiaron, sólo aumentaron.

En ese sentido, basada en estadísticas, mostraba que un alto porcentaje de católicos votaron en Bolsonaro y que ahora es momento de asumir las consecuencias de eso, que se manifiesta en propuestas extremamente perversas. Resultaron proféticas las palabras de Deolinda da Silva, indígena del pueblo macuxi, quien afirmaba que están de pie, juntos en la lucha, frente a los ataques del futuro Presidente. Según Ivania Vieira, el mercado es el que marca los destinos de nuestra vida.

Ella reflexionaba sobre el papel de la mujer en la Iglesia católica, cuestionando la falta de reconocimiento, algo que debe ser cuestionado en la región panamazónica, donde las mujeres garantizan la presencia de la Iglesia y son la posibilidad de que la Iglesia asuma un rostro amazónico. Desde esa perspectiva, la profesora se preguntaba el por qué la Iglesia amazónica insiste en mantenerse patriarcal y romana, todavía más si tenemos en cuenta que las mujeres son las columnas de la Iglesia católica.
La Asamblea ha recogido las aportaciones llegadas desde las diferentes circunscripciones eclesiásticas, que siguiendo las preguntas del Documento Preparatorio, han respondido a las preguntas elaboradas por la Secretaría del Sínodo, a partir del esquema ver, juzgar y actuar. Es precisamente esta dimensión práctica la que ha despertado mayor interés, pues lleva a reflexionar sobre el modelo de Iglesia que puede surgir a partir del Sínodo, que quiere hacer realidad nuevos caminos para la Iglesia.

Los participantes de la Asamblea han querido dejar claro que la Iglesia de la Amazonía se sueña osada, profética, dialogal, inclusiva, pobre, solidaria, mística, en salida. Una Iglesia que quiere expresarse en una liturgia y sacramentos inculturados, que asimilan las culturas, que da valor a la religiosidad popular y mariana y promueve el diálogo interreligioso, desde la escucha y la teología indígena. Una Iglesia profética, que promueve nuevos paradigmas de comunicación, que tiene como pauta los pueblos de la Amazonía, que actúa en red y busca repercusión de la vida de la región.

La Iglesia de la Amazonía quiere promover el protagonismo social y eclesial de los laicos, que quieren ser formados, de las mujeres, para las que se pide que puedan participar del ministerio ordenado y de las instancias de decisión, de los actores nativos, de la Vida Religiosa y misioneros, de quienes se espera disponibilidad, osadía y perseverancia, capacidad de acogida y de diálogo intercultural, levedad estructural e incremento de la vida de las comunidades. Junto con eso, es una Iglesia que insiste en la ministerialidad, incrementando los ministerios existentes, promoviendo el diaconado permanente y las diaconisas, el ministerio de la presidencia eucarística, para hombres y mujeres, y los ministerios a partir de las culturas locales.

Muchos de estos elementos han sido recogidos en una carta, con la que la Asamblea Presinodal ha querido hacer partícipe a toda la Iglesia del Regional de lo que está siendo vivido y reflexionado dentro del proceso sinodal, que es un nuevo instrumento que quiere que la Amazonía no tenga fin. Todo ello ha sido confiado en las manos de los obispospresentes, que serán delegados sinodales, a quienes la Asamblea ha enviado como portavoces de toda la vida encerrada en la Tierra Sagrada Amazónica y en los pueblos que la habitan.

Carta de la Asamblea Pre-Sinodal del Regional Norte 1
«No importa lo que donas: es tiempo de avanzar de manos dadas con quien va en el mismo rumbo.»
Thiago de Mello
Como Iglesia del Regional Norte 1, Amazonas y Roraima, nos reunimos, en el Centro de Entrenamiento de Líderes Maromba, en Manaus, en camino sinodal, con la presencia de laicos y laicas, diácono, sacerdotes, religiosos y religiosas, obispos, representando todas las diócesis de la Regional. El Sínodo es una gran luz que el Papa Francisco encendió para hacer pequeñas luces en nuestra realidad Amazónica. En este camino, muchos signos de Dios vienen siendo colocados como marcos, para indicar la dirección a seguir.
El Sínodo es un tiempo de gracia, un kairós, que nos convoca a elevar nuestras voces, a dar las manos y seguir, siempre creyendo que es el Señor que nos convoca a ser «sal de la tierra» (Mt 5,13). El Sínodo es un proceso que genera posibilidades, un acontecimiento que promueve la escucha y una herramienta que ayuda a recoger las voces proféticas de los pueblos de la Amazonia, en una Iglesia llamada a cuidar la forma, el contenido de su comunicación y reconocer el papel de la mujer, en una sociedad dominada por el mercado, por los grandes proyectos, donde se vislumbran propuestas extremadamente perversas.

A partir de la síntesis de la amplia escucha realizada, éste fue un tiempo para dejar que tanta riqueza pasara por el proceso de decantación. Junto a los pueblos de nuestro Regional, soñamos con una Iglesia osada, dialogal, inclusiva, pobre, solidaria, mística, en salida. Una Iglesia que quiere expresarse en una liturgia y sacramentos inculturados, que asimila las culturas, da valor a la religiosidad popular y mariana, promueve el diálogo interreligioso, desde la escucha y la teología indígena. Una Iglesia profética, que promueve nuevos paradigmas de comunicación, con pauta en los pueblos de la Amazonia, que actúa en red y busca repercutir la vida de la región.

Queremos una Iglesia que promueva el protagonismo social y eclesial laical, de las mujeres, de los actores nativos, de la Vida Religiosa y misionera, de quienes se espera disponibilidad, osadía, perseverancia, capacidad de acogida, diálogo intercultural, ligereza estructural e incremento de la vida de las comunidades. Una Iglesia que insiste en la ministerialidad, con los ministerios existentes, promoviendo el diaconado permanente y diaconisas, el ministerio de la presidencia eucarística, para hombres y mujeres, y los ministerios a partir de las culturas locales.
Que Nuestra Señora de la Amazonía, reina de las luces y de las flores, nos dé juicio y sabiduría, para proteger nuestra tierra, nuestra gente, para que la Amazonia no tenga fin.
Manaus, 02 de diciembre de 2018.
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