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Obispos catalanes: «Pedir responsabilidades a los que han provocado desórdenes financieros y especulación»

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Religión Digital

«Hay que combatir decididamente los brotes de corrupción en instituciones y administraciones»
«Convencidos de la capacidad de nuestro pueblo para afrontar y superar los retos que la crisis plantea»
Se hace patente el desencanto hacia la acción política y financiera, el rechazo ante la dudosa moralidad de algunas personas e instituciones

Los días 25, 26 y 27 de julio de 2012 ha tenido lugar la reunión n. 203 de la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET), en Salardú (Valle de Arán), obispado de Urgell. La reunión ha sido presidida por Mons. Jaume Pujol Balcells, arzobispo de Tarragona, y a ella han asistido todos sus miembros.

1.- Tras la oración inicial, los obispos han reflexionado sobre la grave crisis económica que sufre nuestra sociedad. Han analizado sus causas y sus repercusiones en las personas y las familias, y han estudiado las acciones que, hasta este momento, la Iglesia ha llevado a cabo para afrontarla. Fruto de esta reflexión, los obispos hacen pública una nota conjunta, que se puede leer al final de este Comunicado.

2.- Los obispos han puesto en común las diversas iniciativas diocesanas preparadas para celebrar el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, que empezará el próximo día 11 de octubre y finalizará el 24 de noviembre del 2013. En este sentido, la Conferencia Episcopal Tarraconense ha promovido una nueva edición de los Documentos del Concilio Vaticano II, en un solo volumen sin notas, que acaba de aparecer editado por las Publicaciones de la Abadía de Montserrat.

Durante este año de la Fe, además de las acciones que se llevarán a cabo en cada diócesis, el próximo 20 de octubre se celebrará un Encuentro de Voluntarios de Caritas Catalunya, en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, con la presencia del Cardenal Óscar A. Rodríguez Maradiaga, presidente de Cáritas Internacional.

Asimismo, los obispos han decidido convocar durante este Año de la Fe un encuentro de los presbíteros y diáconos de las diez diócesis con sede en Catalunya.

3.- Los obispos han hecho un repaso de diversos ámbitos del trabajo pastoral en la CET: la pastoral de juventud y la situación del escultismo en Catalunya; la transmisión de la fe en la familia y su compromiso evangelizador; la enseñanza de la religión en la escuela; la catequesis y la necesaria utilización en todas las parroquias de nuestras diócesis del catecismo «Jesús es el Señor»; la atención pastoral en las cárceles.

Los obispos también han acordado solicitar a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos la aprobación, para todas las diócesis con sede en Catalunya, de la celebración como memoria libre de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. También han tenido conocimiento de la aprobación de los textos en catalán de la Misa para la Nueva Evangelización.

4.- Los obispos se han felicitado por la presentación del proyecto Catalonia Sacra, el pasado 19 de julio en la Basílica de Santa María del Mar de Barcelona, y animan a los miembros del Secretariado Interdiocesano de Conservación y Promoción del Arte Sagrado (SICPAS) a continuar fortaleciendo y perfeccionando este proyecto, que mostrará la riqueza del patrimonio cultural forjado por la fe católica a lo largo de los siglos.

5.- En el transcurso de la reunión, el Síndico del Valle de Arán, Magnf. Sr. Carlos Barrera, acompañado del Ilmo. Sr. César Ruiz-Canela, alcalde de Naut-Aran, se han desplazado a Salardú para saludar a los miembros de la CET, con los que han comentado el momento económico que se vive en el Valle de Arán y varios aspectos relacionados con el rico patrimonio religioso del Valle y la excelente colaboración con el Obispado de Urgell para la restauración y conservación de las iglesias del Valle.

6.-Los obispos han comentado el documento publicado por Mons. Agustí Cortés, obispo de Sant Feliu, sobre el proyecto de implantación en el Baix Llobregat del denominado Eurovegas y han manifestado su apoyo a la declaración de Mons. Cortés.

Asimismo, han expresado al obispo de Girona, Mons. Francesc Pardo, su solidaridad con motivo de los gravísimos incendios sufridos en la comarca del Alt Empordà, a la vez que se unen al llamamiento que hacen las instituciones, pidiendo precaución y prevención ante el alto riesgo de incendios en nuestros bosques, y a la promoción y respeto del medio ambiente.

7.- Los obispos han renovado por tres años como Presidenta de Càritas Catalunya a la Dra. Carme Borbonès, de la archidiócesis de Tarragona, y también han renovado por el mismo período de tiempo a Mn. Jordi Font, del obispado de Girona, como Consiliario nacional de los Minyons Escoltes i Guies Sant Jordi.

8.- Finalmente, los obispos expresan su gran preocupación por la situación de Siria y por las comunidades cristianas de aquel país y del resto de territorios del Próximo Oriente, y se unen al comunicado que ha hecho público la Presidencia del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, en el que se piden oraciones por Siria y ayuda a los cristianos y a todos los afectados por la violencia extrema que se está viviendo, a la vez que urgen una solución justa, leal y constructiva que conduzca a la paz.

NOta sobre la crisis

En la carta pastoral Al servicio de nuestro pueblo, que los obispos de Cataluña publicamos en enero del año 2011, advertíamos que la crisis económica tan grave que sufríamos ya en aquel momento era uno de los retos más importantes que nuestra sociedad debía afrontar.

Lamentablemente, un año y medio más tarde de la publicación de aquel escrito, esta crisis global, lejos de disminuir, ha ido tomando unas dimensiones extraordinarias que afectan a la mayoría de los sectores económicos. Son muchas personas y familias, trabajadores, pequeños y medianos empresarios, autónomos y funcionarios los que sufren unas graves afectaciones que las medidas económicas recientes han hecho más dramáticas.

Asimismo, la crisis ha provocado que algunos ámbitos tan fundamentales como la atención sanitaria, la educación o los servicios sociales se hayan visto afectados por unos ajustes que, en bastantes casos, perjudican a muchas de las personas que son sus usuarias.

Cataluña, además, tiene una situación económica y un sistema de financiación que hacen muy difícil la reactivación del país, a pesar de los grandes sacrificios que la población se ve obligada a hacer, especialmente las personas que han quedado sin trabajo, los jóvenes y aquellos que disponen de rentas mínimas. Muchas son las voces que claman contra esta situación y, últimamente, se han hecho sentir en numerosas manifestaciones, donde se ha hecho patente el desencanto hacia la acción política y financiera, el rechazo ante la dudosa moralidad de algunas personas e instituciones, y un angustioso pesimismo sobre el posible resurgimiento de la situación.

Durante los últimos meses, la acción social de la Iglesia en nuestro país, realizada por Cáritas, Parroquias, instituciones dependientes de las Congregaciones Religiosas y de los diversos Movimientos y Asociaciones católicas, no sólo se ha mantenido, sino que se ha incrementado, tanto en lo referente a la atención material y espiritual a quienes se encuentran en situación de pobreza, como en la resolución de problemas más urgentes como la atención a los afectados por los desahucios o el paro juvenil.

Como Obispos de las Diócesis con sede en Cataluña, queremos agradecer el trabajo que hacen todas estas instituciones de Iglesia en colaboración con otras instituciones y con las Administraciones y, especialmente, la labor de los numerosísimos voluntarios, así como también el esfuerzo de tantas personas y familias que con su contribución económica hacen posible que se pueda llevar a cabo.

Asimismo, la acción social de la Iglesia Católica no queda relegada al interior de las fronteras de nuestras Diócesis ya que, pese a la crisis económica que sufrimos, seguimos atendiendo y financiando solidariamente un gran número de proyectos en el Tercer Mundo -que debe soportar una crisis endémica más intensa-, a cuyo frente se encuentran muchos misioneros sacerdotes, religiosas y religiosos, laicas y laicos católicos.

Benedicto XVI ha dicho recientemente: «No es deber de la Iglesia definir las vías para afrontar la crisis actual. Sin embargo, los cristianos tienen el deber de denunciar los males, de testimoniar y mantener vivos los valores en que se fundamenta la dignidad de la persona y de promover aquellas formas de solidaridad que favorecen el bien común, para que la humanidad se convierta en la familia de Dios» (Discurso a la Fundación Centesimus Annus, 17.10.2011). Por eso, hay que empapar de compromiso ético el mundo de la economía y las finanzas, para que la dignidad de la persona humana sea defendida y promovida siempre y para que se evite toda especulación que acaba provocando un verdadero desastre social.

También hay que combatir decididamente los brotes de corrupción en el ámbito de las instituciones y administraciones. Y en concreto, debe ser una prioridad de toda nuestra sociedad la preocupación por el gran número de parados, por tantas familias que viven la angustia de una posible pérdida del trabajo, el interés por los jóvenes que se han de poder incorporar por primera vez al mundo laboral, así como también el compromiso por el mantenimiento de los puestos de trabajo, velando siempre para que tengan condiciones dignas.

Hay que analizar los errores cometidos estos últimos años, para no volver a caer más en ellos, y reconocer que quizás todos hemos intentado vivir por encima de las propias posibilidades. Se debería poder pedir responsabilidades, especialmente, a aquellos que han provocado desórdenes financieros y especulación. La sociedad, si quiere ser justa, debe poner las medidas necesarias para que los capitales tomen también responsabilidades en orden al bien común y al justo reparto de los beneficios.

En la carta Al servicio de nuestro pueblo, decíamos: «Es el momento, también, de mirar adelante y de trabajar más esforzadamente pensando en las generaciones futuras. Los obispos hacemos un llamamiento a todos los agentes sociales -autoridades, empresarios, dirigentes, trabajadores- a no decaer en el esfuerzo, a pesar de la dureza de las circunstancias, y a trabajar con esperanza, haciéndolo según los grandes valores humanos y cristianos» (4,f).

Como pastores de la Iglesia Católica, no podemos dejar de decir a todos que, en el fondo de esta actual crisis económica y financiera, hay una crisis de valores y de fe. Cuando el hombre abandona a Dios, se pierde a sí mismo. Cuando las personas quieren construir una sociedad sin Dios, acaban deshumanizándose, porque olvidan la gran pregunta de Dios a Caín, que atraviesa la historia humana: «¿Qué has hecho de tu hermano?» (Gn 4,9).

En estos momentos de incertidumbres y de dificultades, estamos convencidos de la capacidad de nuestro pueblo para afrontar y superar los retos que la crisis económica plantea. Así como en otros momentos históricos difíciles, nuestro país ha sabido enderezarse con nueva fortaleza, también ahora podremos salir adelante si mantenemos la confianza en nosotros mismos, si fortalecemos nuestra tradicional laboriosidad y espíritu de sacrificio, si los dirigentes saben conducirnos poniendo como prioritario el bien común, y si todos nos ayudamos y buscamos la verdadera solidaridad entre los pueblos de Europa y del mundo, iluminados por el Evangelio que siempre nos llama a la conversión.

Queremos colaborar a mantener la esperanza, y la pedimos a Dios. Juntos y con el esfuerzo de todos, con la voluntad de acuerdo y de colaboración de los Partidos políticos, de los Sindicatos y de las Patronales, podremos superar esta crisis tan dura. Necesitamos volver a los valores auténticos, a los que no se marchitan, y a un estilo de vida personal y familiar, institucional y eclesial, austero, generoso y responsable, sin dejar la solidaridad hacia los que tienen menos o tienen que soportar más cargas. Sólo una fe que se traduce en caridad hacia el prójimo se convierte en creíble y convincente.

Ciertamente, creemos que Cáritas -que es la institución eclesial de la caridad- acierta decisivamente cuando propone: Vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir. Por eso humildemente hacemos un llamamiento para que todos nos orientemos hacia una manera de vivir y de actuar más modesta y sencilla, que no esté por encima de nuestras posibilidades.

Asimismo, reclamamos que todos hagamos un esfuerzo de ayudar y de compartir solidariamente con los más débiles de la sociedad, como ya están llevando a cabo, ejemplarmente, muchos cristianos y muchas otras personas de buena voluntad. Y finalmente invitamos a valorar y aplicar los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, ya que proponen orientaciones válidas para la construcción de una sociedad justa, libre y solidaria, especialmente si los ofrecemos en diálogo con todos aquellos que se preocupan seriamente por la persona humana y su mundo.

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