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Nuevos ministerios en comunidades vivas y correponsables -- Emilia Robles-Proconcil

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Estimado amigo/a :
SOBRE EL VIAJE DEL PAPA A EGIPTO
Una frase clave: «El único extremismo admisible: amar»
Columna de José Lorenzo (Redactor jefe. Revista Vida nueva, n¼ 3.034)
LA INSENSATEZ REVOLUCIONARIA DEL PAPA
Habrán leído y oído lo contrario, pero yo, sinceramente, no me lo acabo de creer. El Papa tenía miedo antes y durante el viaje a Egipto. Es una persona, e incluso el más bragado -salvo que sea un auténtico descerebrado, cosa que sus críticos no desechan, aunque no lo formulen así- se lo piensa antes de meter la mano en un avispero. Y más sin guantes. Jesús tuvo miedo. Y también pensaron que era un insensato.

Es esta, como aquella, una insensatez revolucionaria. Por contraposición, como entonces, a un mundo lleno de sensatos que nos empujan al abismo. Trump no lo sabe, pero Francisco, con su abrazo al Gran Imán de Al-Azhar, ha hecho más contra el yihadismo que la madre de todas las bombas lanzada quince días antes por el presidente norteamericano, quien, de paso, quería mostrarle al también cartesiano líder norcoreano los kilotones de su política exterior.

En mayo de 1935, un Stalin autocomplaciente y sin imaginar qué rincón le tenía reservado la historia, se preguntó cuántas divisiones acorazadas tenía el Papa. Son las mismas que hoy sigue manteniendo Francisco. Y tiene una fe ciega en ellas. Tanta, que ni quiere acorazar su vehículo para que ni siquiera esa medida le separe de aquellos que sufren, también a pecho descubierto, la sensatez que hoy se va imponiendo en el mundo, la cordura de los mercachifles que traen fundamentalismos y populismos bajo el brazo.

Esta insensatez papal -pero que también la vemos a diario en tantos hombres y mujeres trastocados por el Evangelio- es una escuela de paz porque te deja desarmado con sus gestos. Hay que aprovecharla mientras dure, porque, a día de hoy, no hay líder mundial que tenga la capacidad de seducir que tiene él, ni que goce de las cotas de credibilidad que alcanza Bergoglio, incluso entre quienes están en las antípodas de su pensamiento. La ONU debería hacerle caso y quitarle un poco de trabajo.

SOBRE MINISTERIOS-SERVICIOS EN LA IGLESIA-COMUNIDAD DE COMUNIDADES

Reflexión de Proconcil.

Propuestas valientes: Equipos de Presbíteros comunitarios o equipos de ministros junto a los actuales curas.

Me gustaría que dejáramos a un lado la vieja expresión «viri probati» para dar respuesta actual a la vida eucarística de las comunidades, en una Iglesia que se aleja del clericalismo y transita por los caminos de la corresponsabilidad, desde la perspectiva de Aparecida, «todos y todas discípulos misioneros».

A veces las mismas denominaciones se quedan obsoletas y bloquean caminos nuevos, o responden a una concepción eclesiológica que no es por la que queremos avanzar. La denominación «viri probati» hace referencia a varones de vida recta (en su vida privada) que pueden ser ordenados en ausencia de sacerdotes. Es una antigua fórmula en la que el ministro (sacerdote) era el centro, en vez de serlo la comunidad a la que se vincula el ministro necesariamente y de la que hace parte. Siempre se ha venido usando, además, como una solución de emergencia «ante la falta de curas, su envejecimiento o su deficiente distribución». No como una propuesta de una Iglesia toda ella ministerial, en la que las comunidades maduran y son capaces de tener sus propios ministros o servidores (varones o mujeres) siguiendo la tradición paulina.

Sin embargo, hoy, hay propuestas bien fundamentadas y desarrolladas como la del obispo Lobinger (Africa del Sur) o el obispo de Xingú (Brasil) (que se basa en esta misma propuesta) que después de una larga reflexión y fundamentación, se alejan de la denominación «viri probati». Ellos proponen hablar de «presbíteros comunitarios» o de «equipos de ministros ordenados en las comunidades».

Con esto la eclesiología que plantean es la siguiente:
El nuevo modelo de presbítero (comunitario) que puede estar casado, tener familia y su trabajo; que coexistiría con el antiguo, célibe, formado en los seminarios, (diocesano), se cultiva dentro de las propias comunidades a lo largo de años. Son personas que llevan una vida probada dentro de una comunidad probada por su trayectoria de compromiso cristiano y por su cohesión interna. Son presbíteros sólo para esa comunidad. Si se desplazaran por circunstancias de la vida a otra comunidad, necesitarían un nuevo recorrido de reconocimiento y aceptación.

Estos nuevos ministros de la comunidad (presbíteros comunitarios, diáconos o diaconisas comunitarios, o quién sabe si en un futuro, para esta forma de presbiterado comunitario si se puede aceptar a las mujeres, diferenciándolas de la figura del sacerdote tradicional) que se ordenan en equipo, aunque la ordenación sea individual, serían voluntarios, no pagados por la Iglesia, a tiempo parcial y con una formación permanente, adecuada a la comunidad en la que están insertos. Y coexistirían con los presbíteros diocesanos (los actuales curas) directamente dependientes del obispo. Lo importante es que nosotros mismos no nos pongamos «palos en las ruedas» con denominaciones «viejas» que no se corresponden al paradigma de Iglesia comunidad de comunidades vivas y corresponsables.

El obispo de Xingú, entrevistado por Vida Nueva (n¼ 3034, sólo para suscriptores), viene a decir abiertamente: «No me gusta lo de «Viri probati». Con ello se cierra el paso a las mujeres. Y ¿Qué significa «probati». ¿En dónde han sido probati»?

(Y es que hay personas que pueden ser excelentes esposos y padres de familia, o fieles y honestos trabajadores, pero esto no ser suficiente para que sean buenos animadores de la fe de una comunidad concreta en la que están insertados y que les reconoce…)

Y cuando se le pregunta al obispo si esa sería sólo una solución para Brasil, opina que también para Europa es una oportunidad y una necesidad, frente al actual modelo.

Yo propondría que cada vez que leamos la expresión «viri probati» (a la que se recurre fácilemnte en los medios, por ser un lugar común, aunque para el pueblo corriente que no sabe latín tampoco sea algo muy evidente) lo hagamos con gafas críticas y vayamos al fondo de la cuestión, que seguramente nos va a llevar a buscar nuevas denominaciones más acordes con lo que se busca.
A los diáconos casados de San Cristobal de las Casas (México) que prestan el servicio del diaconado junto con sus mujeres (por una cuestión cultural) no se les puede llamar «viri probati» y a la nueva propuesta para algunas diócesis de Brasil que ya está en marcha, o a la propuesta de Lobinger, (estudiada y valoradas en diferentes continente) tampoco. Y desde mi punto de vista, responden más a la eclesiología que dimana de la primera Tradición y que se refuerza en el Vaticano II y en Aparecida que otras propuestas de ordenación de «viri probati» o de «diaconado permanente» exportado de fuera e impuesto a las comunidades, que se mantienen pasivas y dependientes de un modelo clerical ajeno a la vida de las mismas.

Esperamos que, en breve, podamos ofrecerles esta estupenda e iluminadora entrevista al Obispo Dom Erwin Kräutler que publica hoy la revista Vida Nueva y que todavía es de acceso restringido. La he podido leer en papel y me parece excelente. Gracias a la revista.

Hace algunos años, con motivo de la publicación de la propuesta del obsipo Lobinger hicimos un blog, que aún se puede consultar, donde este tema queda ampliado

De momento, podemos ofrecer otra entrevista al mismo obispo de hace tres años, en la que ya se planteaba el estudio del tema, con la aprobación del papa; y la editorial reciente del último número, a continuación.

Viri probati, una reflexión con coraje

05/05/2017 /VIDA NUEVA N¼ 3034 (EDITORIAL)

Hace unas semanas, el Papa invitaba a hacer una profunda reflexión sobre la figura de los viri probati, esto es, hombres casados con lo que se podría denominar «fe probada», a quienes poder encomendar funciones sacerdotales. Al abordar la cuestión, Francisco sí dejaba claro que sabía que la abolición del celibato no debía plantearse como solución a la falta de vocaciones.

Vida Nueva entrevista al obispo emérito de la prelatura brasileña de Xingú, Erwin Kräutler, uno de los pastores que más ha trabajado sobre esta figura a pie de obra, precisamente en una región donde el catolicismo crece, pero que cuenta con dificultades vocacionales y orográficas para acompañar a las comunidades locales. Kräutler propone llevar a cabo un mayor discernimiento para abrir distintas vías de debate que generen propuestas «corajosas», tal y como le pidió Francisco en la conversación al respecto que mantuvo con él.

Para poder encontrar la fórmula adecuada, si es que la hay, antes hay que abordar el asunto con madurez, serenidad y escucha del Espíritu, sin precipitarse pero sin demorarlo hasta que sea demasiado tarde. Pero hay que abordarlo. Con coraje.

Brasil estudia la posible ordenación de ‘viri probati’

El Episcopado crea una comisión para buscar soluciones a la escasez de sacerdotes

Brasil estudia la posible ordenación de ‘viri probati’

J. L. CELADA | El obispo de Xingu, en la Amazonía brasileña, Erwin Kräutler, considera que «la ordenación de laicos casados no representa un riesgo de perder el tipo de sacerdote tradicional», sino una solución alternativa para paliar la escasez de presbíteros en un país donde el 70% de las comunidades están privadas de la Eucaristía dominical. Tal es su preocupación que, bajo su dirección y la del cardenal Cláudio Hummes, la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) acaba de constituir una comisión para estudiar la posibilidad de ordenar viri probati (varones probados), hombres casados de fe demostrada en el seno de una comunidad.

Según informa la agencia americana Religion News Services, ambos prelados presentaron su propuesta al resto del Episcopado a raíz de la visita que Kräutler realizó el pasado 4 de abril a Roma, donde fue recibido en audiencia por el papa Francisco. En compañía del sacerdote y teólogo Paulo Suess, el también presidente del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) aprovechó aquella cita para compartir con el Pontífice una idea que «muchos otros prelados, principalmente en los países en desarrollo», ya contemplan como un remedio contra la alarmante falta de sacerdotes en algunas diócesis. Tal es el caso del alemán Fritz Lobinger, obispo emérito de Aliwal (Sudáfrica), autor de títulos como Equipos de ministros ordenados (Herder, 2011) y El altar vacío (Herder, 2011), y que ya promovió la ordenación sacerdotal de diáconos casados en algunas comunidades rurales (Vida Nueva, n¼ 2.742).

«La situación de la Diócesis de Xingu no es excepcional», reconoce Kräutler, quien desempeña su ministerio pastoral en la región eclesiástica territorialmente más extensa de todo Brasil. En concreto, Xingu cuenta con unas 800 comunidades y tan solo 27 sacerdotes, por lo que no pocos feligreses de las zonas más remotas no tienen acceso a los sacramentos. «Como en toda la Amazonía, en su mayor parte, las comunidades solo pueden celebrar la misa dominical dos o tres veces al año. Es muy doloroso para mí como obispo vivir con esta realidad», se ha lamentado en más de una ocasión su pastor.

COMUNIDAD DE COMUNIDADES
Pocas fechas después de su visita a Roma, todavía embargado por la emoción de su encuentro con Francisco, el teólogo Paulo Suess reflexionaba así a propósito del tema: «La Iglesia, que es sacramento de vida, puede y debe asumir colectivamente la carencia de curas y sanarla colectivamente. Michel de Certeau, un jesuita francés muy estimado por el Papa, habla de una ‘ruptura innovadora’, de vida nueva que nace de las ruinas. Podemos imaginar un grupo de viri probati que celebra en conjunto la Eucaristía. La Iglesia los convoca y les encarga hacer comunitariamente lo que ninguno de ellos puede hacer solo. El vínculo con la comunidad y para la comunidad, en el seno de una diócesis y una parroquia, puede hacer de la Iglesia una ‘comunidad de comunidades'».

El Papa pide una solución

Y así se lo transmitió a Francisco, interesado por conocer su parecer al respecto. «Nunca esperé que el Papa querría oír mi opinión», confiesa Kräutler. Y aunque dijo no tener «una receta», sí consideró «urgente encontrar una solución para que nuestros pueblos dejen de ser excluidos de la Eucaristía». En este sentido, el propio Bergoglio se refirió a algunas «teorías interesantes», como la ya citada del obispo Lobinger sobre los ministros ordenados que pertenecen a la comunidad y que continúan su vida familiar y profesional, desvela el prelado brasileño de origen austríaco. O los cientos de diáconos casados que ejercen su ministerio en las comunidades indígenas de la diócesis mexicana de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas. «Lo único que necesitarían es la ordenación sacerdotal para poder también presidir la celebración eucarística», recuerda Kräutler.

Se trataría -en palabras del ß, que el obispo de Xingu toma prestadas- de que los pastores de una determinada región presenten «propuestas muy concretas y audaces». «Me dijo -añade- que se esperaba y buscaba este tipo de propuestas de los obispos». Y eso es lo que ahora pretenden desde la CNBB: enfrentar un problema casi crónico como la escasez de sacerdotes, sobre todo en las comunidades amazónicas, estudiando la posibilidad de ordenar viri probati. Una medida que no serán los primeros en aplicar, pero que la realidad eclesial y geográfica del inmenso país latinoamericano reclama con urgencia.

En el n¼ 2.920 de Vida Nueva

Agradecemos como siempre preguntas, sugerencias y comentarios

Un abrazo fraterno
Emilia Robles

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