InicioActualidad de Redes Cristianas"NUEVO OBISPO PARA VALENCIA". Coordinadora de Comunidades Cristianas Populares de Valencia

«NUEVO OBISPO PARA VALENCIA». Coordinadora de Comunidades Cristianas Populares de Valencia

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Con ocasión del anunciado relevo en el arzobispado de Valencia; algunas personas y grupos cristianos queremos manifestar nuestra opinión como aportación constructiva y responsable, en el sentido de que creemos que todas y todos somos Iglesia y por tanto podemos participar en su vida y construcción.

No pretendemos hacer una valoración del pontificado de Mns. García Gasco, aunque podemos tener impresiones, experiencias y opiniones diversas y críticas. Sería bueno aprender de la historia pasada y de la realidad actual de la diócesis de Valencia, para no repetir los mismos errores.
Tampoco pretendemos diseñar el perfil de Obispo que nos gustaría o que creemos que la Diócesis necesita; y menos aún presionar a quienes tienen que decidir sobre qué persona sea la más adecuada para ese cargo.

Pero sí queremos expresar nuestros deseos y aspiraciones respecto a la Iglesia de la que formamos parte, y más en concreto en lo referente a su organización y “gobierno”.
Comprendemos que la Iglesia es una Institución, y como tal tiene sus estructuras, su historia, su organización…
Pero también creemos que la Iglesia es algo más que eso. Como Comunidad de creyentes en Jesús de Nazaret, creemos que la referencia a las primeras comunidades cristianas, al testimonio de los Apóstoles y a la buena nueva contenida en los Evangelios, son para nosotros referencias básicas no sólo para nuestra vida personal sino también para la Iglesia como comunidad. ¿Podemos desear que quien ha de ser signo de unidad sea también testigo del Evangelio?

Vemos en las primeras comunidades un estilo de vida sencillo y coherente, alejado del poder y la riqueza, de los dogmatismos y legalismos, y una organización comunitaria más igualitaria y participativa, más corresponsable y fraternal que lo que luego se ha ido configurando en la estructura eclesiástica. Sabemos que los Apóstoles fueron en algunos casos casados (como el mismo Pedro ( Mc1,30), ); que los obispos y presbíteros también solían serlo(1 Tim 3,5); y que trabajaban con sus manos para ganarse el pan (como el mismo Pablo( 1 Tes 2,9); y que las mujeres no estaban discriminadas, porque había mujeres responsables de las comunidades ( 1 Cor 16,19; Col 4,15). ¿Podemos desear que quien fuera nuestro Obispo acepte tal pluralidad de carismas y estados?

También en la tradición católica, y según doctrina de algunos Santos Padres, era reconocido que “quien ha de gobernar a todos sea elegido por todos”. La democracia no es sólo un signo de los tiempos actuales, sino que ya es antiguo el dicho de que “Vox populi, vox Dei”. El mismo concilio Vaticano II insta a todo el pueblo cristiano a participar en la vida de la Iglesia expresando su opinión y ejerciendo el derecho e incluso el deber de una crítica responsable y constructiva (LG,37). ¿Podemos desear que al menos se nos escuche en la elección de quien nos ha de dirigir?

Asimismo, creemos que hay hoy otros signos de los tiempos que requieren que la Iglesia los escuche y los atienda, como son el aprecio y cultivo de la cultura de cada pueblo, con su lengua, su historia y sus connotaciones particulares. La Iglesia ha de inculturarse en cada sociedad, como signo de la misma encarnación de Cristo ( GS, 32). La Iglesia valenciana ha de ser valenciana para ser universal desde su propia identidad. ¿Podemos desear para la Iglesia valenciana que su Obispo sea quien represente y anime esa inculturación?

También creemos que la unidad de la Iglesia no se basa en su uniformidad sino en la riqueza de la diversidad, apreciando al pluralismo y el respeto a las minorías, y superando todo atisbo de rechazo o exclusión de lo que es diferente a lo mayoritario u “oficial”. En el Cuerpo de Cristo (1 Cor 12) todos los miembros son iguales en dignidad y diferentes en sus funciones, y nadie es más que nadie; si alguien merece más atención es precisamente quien es más débil y despreciado. Hay colectivos cristianos, como los homosexuales o colectivos femeninos, que se sienten despreciados cuando no rechazados dentro de la Iglesia .¿Podemos desear sentirnos todas y todos miembros de pleno derecho de la Iglesia y esperar el reconocimiento por parte de quien ha de ejercer el servicio de la comunión?

Vivimos en un mundo en el que la globalización neoliberal está agrandando el abismo entre ricos y pobres. La Iglesia, también la diocesana, no puede ser ajena a este mundo, y ha de tomar partido por los pobres, por las personas y colectivos, a veces pueblos enteros, países y continentes que son víctimas de este sistema injusto, cruel e inhumano. Anunciar el Evangelio no es tanto predicar una doctrina cuanto trabajar en la dirección del Reino de Dios, de otro mundo posible donde los últimos de éste sean los primeros, los preferidos. ¿Podemos desear un Obispo Profeta, que anime a toda la Comunidad diocesana en esta dirección?

La paciencia histórica nos hace comprender que las cosas cambian despacio, pero a la vez tenemos la esperanza en que se vean signos y pasos concretos para superar la inercia y el inmovilismo. El respeto a la tradición no está en conservarla anquilosada , sino viva, y enriquecerla con nuevas aportaciones de acuerdo con las necesidades de cada momento histórico.
Pensamos que el relevo en un servicio pastoral como el del Arzobispo de Valencia es buena ocasión para plantearnos y proponer que la Iglesia valenciana avance hacia una Iglesia más coherente con sus orígenes apostólicos y con su presente en el siglo XXI, atendiendo y respondiendo a los retos del mundo de hoy y de las comunidades, grupos y personas que buscan ser fieles a la vez a su identidad cristiana y a una presencia activa y comprometida en la sociedad valenciana.

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