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Novedades que nos trajo marzo -- Mariana Núñez (Buenos Aires-Argentina)

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Queridos compañeros y compañeras de camino …
Quiero contarles algo que está ocurriéndonos como familia y que me confirma que en medio de los dolores, angustias e incertidumbres con que se entreteje la vida, es posible guarecernos en la ternura de los vínculos que vamos anudando para seguir caminando con esperanza. En ese “nosotros” pensado, experimentado y expresado, creemos confiadamente que radica el sentido profundo del buen vivir.

Este último martes Pablo, mi compañero en la vida, fue despedido sin motivos del Colegio Calasanz, donde trabajaba como profesor de Geografía desde hacía veintitrés años. Allí, desde un campo del saber y una praxis docente que nunca deja de renovar, se preocupaba y ocupaba apasionadamente por orientar y acompañar a sus alumnos a “leer” el mundo, vinculando las causas y consecuencias que determinan la realidad que los chicos palpan a diario con distintos mapas y filtros. Merece la pena el relato.

Entraba temprano, como desde mediados de febrero para seguir con sus mesas de examen, cuando bruscamente el rector de la institución se interpuso a su paso para comunicarle que no podía dejarlo pasar dado que el colegio había decidido su despido. Una alumna de Pablo que presenciaba la escena le preguntó muy angustiada qué estaba ocurriendo. Pablo “tragó” la novedad como pudo y se refugió en un barcito con una empleada de la administración para interiorizarse sobre la desvinculación laboral. Antes me llamó: “Maria… me acaban de echar del Calasanz. Quedate tranquila. Estoy bien. Vuelvo a casa en cuanto pueda.”

Del otro lado de la línea, lo primero que pensé fue en los chicos. Por nada del mundo quería preocuparlos, tan al tanto están de lo que significa para una familia quedarse sin trabajo. Pensé también en tantas familias que pasan por esta situación sin nada que las proteja. En ese sentido nosotros contamos con el resto de carga horaria que Pablo tiene repartida por otros colegios, todo un volumen, y no dudo de su capacidad ni de su ánimo para reemplazar las horas “arrebatadas”.

Por otra parte, pensé en la indemnización que le correspondería y por encima de todo, en la oportunidad que se le abría de buscar con cierta tranquilidad nuevos horizontes para su carrera, cerrando definitivamente un ciclo en una institución que se había tornado asfixiante. Llevé a Luchi hasta su escuela sin contarle y decidí esperar al mediodía en que estuvieran los cinco para hablarles. (“Ma…” me preguntaría Luchi más tarde, muy preocupado, “… pero ¿se quedó sin ningún trabajo?”).

Llegó Pablo y nos abrazamos. “Vamos a quedarnos con lo bueno de todo esto”, dijimos los dos. Como otras veces en la vida. Me volvió a relatar lo sucedido, describiendo la increíble torpeza del máximo responsable pedagógico del colegio. Su absoluta falta de respeto hacia un docente que ha trabajado con entusiasmo, honestidad y profesionalismo durante tantos años, reconocido y querido por sus compañeros y alumnos; su absoluta falta de humanidad con un trabajador que es despedido de un día para otro sin el mínimo aviso, sabiendo de las condiciones del mercado laboral y sabiendo además que este trabajador es padre de cinco chicos y único sostén del hogar. Sinceramente, no dejaba de darnos lástima y vergüenza que un profesional de su jerarquía pudiera conducirse de ese modo en una situación tan estresante.

Qué decir de la institución católica, el Colegio Calasanz. Al que sus religiosos nombran como Asociación Educación Popular “Escuelas Pías”, esto es literalmente: “Escuelas para Pobres”. Uno de los tantos que la orden de los padres escolapios (hay también la rama femenina) tiene en Argentina con el lema de educar en “Piedad y Letras”. “Pues si desde los primeros años el niño es imbuido diligentemente en la Piedad y en las Letras puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida.” (cfr. Constituciones de San José de Calasanz ). Muy bien: vamos a desenmascarar tanta hipocresía en nombre del Bien y la Verdad.

En primer lugar, el Colegio Calasanz de Buenos Aires, como la inmensa mayoría de las instituciones educativas católicas, hace una opción clara a todas luces: opta por un alumnado de clase media acomodada que puede pagar el valor de su arancel mensual más todo lo que se necesita para “pertenecer” a ese “círculo”. Que es muchísimo. Así deja excluidos de su universo a los niños y niñas pobres del original proyecto de José de Calasanz en la Roma de 1600: allí, en la vieja sacristía parroquial de un barrio de las afueras, nació la primera escuela gratuita de Europa.

Y las escuelas, que hasta entonces habían sido privilegio de las clases acomodadas, abrieron sus puertas para todos, pero especialmente para los más necesitados. José de Calasanz, declarado en 1948 «Patrono Universal de todas las escuelas populares cristianas del mundo”, proclamó el derecho a la educación de todos los niños, y luchó y fue perseguido por esta causa. Volviendo a nuestro tiempo, a esta Buenos Aires que solo está buena para unos pocos, merece aclararse también que el Colegio Calasanz de Buenos Aires, como la inmensa mayoría de las instituciones educativas católicas, recibe mensualmente un voluminoso subsidio del Estado para el pago de los sueldos de sus empleados. Vaya, qué empresa privilegiada. Y no estamos hablando de moneditas: esas son las que quedan para nuestras abandonadas escuelas públicas. Las verdaderas escuelas para pobres.

Si alguien tiene una duda, que levante la mano.

En segundo lugar, el Colegio Calasanz de Buenos Aires, como la inmensa mayoría de las instituciones educativas católicas, hace claras opciones en su proyecto de educación para niños y jóvenes siguiendo la línea más conservadora y fundamentalista de la tradición católica, hoy reivindicada a todas luces por el actual pontífice Benedicto16. La que condena a la mujer que aborta con el mismo convencimiento con que los fariseos iban a apedrear a la prostituta defendida por Jesús.

La que condena toda forma de amor-amarse entre los seres humanos imponiendo a la familia nuclear como modelo insustituible de su proyecto de felicidad humana, que no habla de sexo ni de placer, ni de deseos ni sueños. La que prefiere instalarse en la fantasía de sus mitos y pactar con los poderosos antes que pisar con coraje el barro de la Historia poniéndose sin vueltas del lado de los trabajadores, de los luchadores sociales, de los empobrecidos, de Latinoamérica toda, integrada y soberana.

Es la Iglesia que propugna una vieja moral de culpas, miedos y confesiones, de purgatorios e infiernos, de dioses encerrados en copones y sacramentos, la que se niega a “ver” y “tocar” la vida que estalla en la ciudad a cada paso, llena de las heridas y los dolores que le ocasiona un perverso sistema económico que concentra la riqueza de todos en unas pocas manos. O mafias, es igual. Es la misma Iglesia que aplasta la vida con el rito muerto y el dogma irracional, la que insiste hasta el hartazgo en orientar solo la sexualidad humana hacia el amor, pero nada dice de las prácticas humanas que hacen un absoluto del mercado y la buena vida a toda costa.

Es esta Iglesia la que levanta en sus manos a un cristo como hostia clara e inmaculada sin seguir el mandato de su Maestro de compartir humanamente la mesa y el pan y la palabra, y salir a las periferias a lavar los pies de los afligidos, de los sucios, de los enfermos porque solo en ellos sigue él estando presente. Lo he leído. Lo hemos leído y oído todos alguna vez.

Si alguien tiene una duda, que levante la mano.

Por último, el Colegio Calasanz de Buenos Aires, como la inmensa mayoría de las instituciones educativas católicas, como la inmensa mayoría de las empresas capitalistas, no pierde oportunidad de beneficiarse a costa del trabajo de sus empleados. Algunas perlitas… Sueldos docentes bajísimos en relación al nivel de sus ganancias y a la inversión en remodelación y embellecimiento de sus instalaciones.

Aulas súper-pobladas, con la consiguiente sobre-carga para el docente responsable. Y últimamente la presión psicológica: recordatorios telefónicos para la entrega de notas, obligación de asistir a misas y talleres, supervisión del material a trabajar con los alumnos, imposibilidad de abierto intercambio con los pares docentes, sugerencia de “mínimo trato” con los alumnos, etc.

No quiero dejar de contarles un par de anécdotas de este último año:

v 24 de marzo. Día Nacional de la Memoria. Acto en el patio del colegio. Palabras alusivas a cargo de un docente de Antropología Filosófica y Doctrina Social de la Iglesia: ”… y en este día de la memoria… decretado por el Gobierno nacional…(no menciona la palabra maldita: “desaparecidos”)… aprovechamos la oportunidad para recordar que mañana 25 de marzo es el “Día del Niño por Nacer” para recordar a los niños no nacidos, a los que no llegan a la vida…” El aborto. El aborto es un crimen. La mujer que aborta es una criminal. Chicas: no aborten y “absténganse”, de paso.

v Taller de sexualidad humana a raíz de la sanción de la ley de Matrimonio para tod@s. A cargo de profesionales de la UCA. Pregunta disparadora para los participantes, docentes, padres y alumnos del colegio: “A ver… ¡¿Queeeeeeé es Florencia de la V?!” Auto-respuesta: “¡Florencia de la V. es un mooooonstruo…!” Al rato, tímidamente una madre expresa sus dudas al momento de explicarle a su hijo sobre el modo en que los homosexuales tienen relaciones sexuales. Grito en el cielo de la conferencista: ”¡No, no, no, no, no! Ellos no tienen sexo como los seres humanos… el sexo lo tienen un hombre con una mujer…” “Profe, ¿vos estás de acuerdo con todo esto?” le pregunta una de sus alumnas a Pablo. Él la mira, y con los ojos le habla (así también hablamos los seres humanos). Cae un espeso telón.

v 17 de agosto. Día del Libertador general San Martín. Palabras alusivas a cargo del rector: “Y en este día estamos recordando al general San Martín, que cruzó los Andes para libertar… y que seguramente se pronunciaría en contra del asesinato de millones de niños no nacidos… y en contra del matrimonio homosexual…” (esto creo que lo articuló Pablo de su cosecha, para enfocar en la obsesión por una “moral sexual ordenada” que tiñe todos los discursos).

v Sala de secretaría. Pablo de paso por ahí. Unos chicos hacen lío en algún lado. Se abre la puerta violentamente e ingresa el cura superior, desaforado. Golpeando la mesa con los puños dice: “¡Hay que barrerlos…! A todos los que no creen en dios ¡hay que barrerlos…!” Silencio por los cuatro puntos cardinales.

Afirman resueltamente de sí mismos los religiosos escolapios en su página web (http://www.scolopi.org/esp/escolapios/): “(Los Padres Escolapios) Han sido líderes en la educación por más de cuatro siglos, y todavía hoy se preocupan por los sueños y aspiraciones de la juventud … Por medio de un voto religioso de dedicarse a la educación cristiana de la juventud, los escolapios sirven a Dios y a la Iglesia. Por esto, la entrega a la educación de la juventud es para los escolapios una vocación sagrada.”

Y respecto del arte de educar, a cargo de unos seres humanos que se preparan para ejercer la docencia amorosamente como Pablo: “La buena educación de los niños y de los jóvenes es en verdad el ministerio más digno, más noble, más meritorio, más beneficioso, más útil, más necesario, más natural, más razonable, más de agradecer, más agradable y más glorioso.”

Es hora de que los religiosos escolapios se replanteen todo de una buena vez. Al menos, aquí en Buenos Aires: muchísimos jóvenes les demandarán explicaciones por una conducta a todas luces arbitraria, insolente y desagradecida (los invito a echar un vistazo a la cuenta abierta por los chicos en facebook a nombre de: Pablo Fabián Croci… ¡Ojalá escribieran las paredes en las calles como en estos muros virtuales!).

También podemos replantearnos muchísimas cuestiones nosotros los adultos, ciudadanos. A partir de fugaces escenas de la vida, simplemente. Pienso y expreso: no tenemos que licenciarnos en la universidad para desarrollar un pensamiento crítico. Ni mucho menos ser curas o monjas para desplegar obstinadamente una ética en la vida para la vida. Esto es, relacionarnos unos con otros buscando el bien, convencidos de la exigencia de que el bien debe ser el bien de todos.

Nosotros, maestros y educadores y familias comprometidos entrañablemente con la escuela pública, de la que nos sentimos hijos y a la que confiamos nuestros amores, no dejaremos de levantar una bandera que hace flamear bien alto nuestra s convicciones:
Escuela pública, gratuita, laica y digna para todos y todas.
Basta de subsidios y privilegios a las instituciones privadas.

En camino hacia una Patria de hombres y mujeres libres, autónomos, iguales y solidarios.
Un abrazo muy fuerte a cada uno, a cada una.
Mariana

Buenos Aires, 4 de marzo de 2011

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

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