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¿No va a haber Misericordia para obispos y presbíteros casados? (VI) -- Rufo González

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Curas casados2“El apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo” (Papa Francisco 06.10.2016)
La vida de este sacerdote es signo de la “presencia y voluntad de Dios”
Esta vida, como la de miles de sacerdote casados, forma parte de los “eventos, exigencias y deseos” de nuestro tiempo, que afectan a todos los cristianos. Pueden aplicarse estos textos del Vaticano II:
“[Hay que responder a los impulsos del Espíritu]. El Pueblo de Dios, movido por la fe, por la que cree que es guiado por el Espíritu del Señor que llena el orbe de las tierras, procura discernir en los eventos, en la exigencias y en los deseos, de los cuales participa con los demás hombres de nuestro tiempo, cuáles son en ellos los verdaderos signos de la presencia o voluntad de Dios” (GS 11).

“Es propio de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y teólogos, ayudando el Espíritu Santo, auscultar, discernir e interpretar las diversas voces de nuestro tiempo, y juz­garlas a la luz de la palabra divina, para que la Verdad revelada sea siempre per­cibida más profundamente, entendida mejor y pueda proponerse más adecuadamente” (GS 44).

El Espíritu Santo ayuda a “auscultar” (escuchar debajo de hechos de vida), a “discernir” (analizar causas y consecuencias..), a “interpretar” (buscar sentido, orientar..), a “juzgar a la luz de la palabra divina”. El objeto directo de estos verbos son “varias lo­quelas nostri temporis”: diversas voces de hoy. Sin duda, “voces contemporáneas” son también las vidas de los obispos y presbíteros casados que gritan su deseo de ejercer el ministerio. “Todo el Pueblo de Dios, sobre todo pastores (obispos, presbíteros y diáconos, según LG 20) y teólo­gos”-nótese en el texto la paridad-, deberían ejercitar esta “propiedad”. Pues ni pueblo, ni pastores ni teólogos “han auscultado, discernido, interpretado y juzgado desde la palabra divina” las vidas de estos miembros destacados de la Iglesia. Sólo los Papas, y desde la Ley. Este tema sigue siendo un escándalo: “causa de ruina” eclesial, “resorte de ratonera”. Se cumple lo que el papa Francisco reconocía en la homilía en Santa Marta (06.10.2016): “El apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo”. En este caso, plena actualidad.

Carta de un sacerdote que hace tiempo se secularizó
José Maria Lorenzo, cofundador de ASCE, publicó en RD (10.08.14) una carta de un sacerdote secularizado. Ignoro por qué oculta el nombre. Merece que su voz sea oída en todas las iglesias. Es el proceso espiritual de un presbítero que va respondiendo al Espíritu divino durante toda su vida. Inicia la carta una frase profética: “Bella será tu vida porque yo estaré contigo” dice el Señor. La cerrazón eclesial (apego a la ley) se ha ido encargando de que no sea tan “bella” como pudiera ser.

Sacerdotes orientales y occidentales: conductas contrapuestas
“Tengo menos de cincuenta años de edad y 18 años en el sacerdocio de Cristo y por las circunstancias que nos unen (Ley eclesiástica del celibato) no he podido continuar ejerciendo el ministerio abiertamente. Me han recibido unos sacerdotes orientales y con ellos algunas veces compartimos el altar, creo que la Iglesia Romana, por este motivo, me llamaría apóstata. Ellos me ayudaron los primeros años de la salida del ejercicio ministerial, pues la Iglesia de Occidente se encargó de cerrarme las puertas en varias instituciones, tanto para estudiar como para trabajar”.

Oferta inhumana
“Me llamaron después de un año para ofrecerme la dispensa y cuando fui a esa reunión con el Obispo de entonces, me ofrecieron que dejara mi familia y que volviera al ejercicio del ministerio y que ellos se encargarían que a mi esposa e hija no les faltaría nada y otras ofertas tentadoras. Me hicieron sentir que era un traidor, que le había fallado al Señor, lo único que les faltó decirme es que ya estaba condenado a las penas del infierno. Mi respuesta fue muy sencilla: El Señor me llamó al sacerdocio y respondí a conciencia y la Iglesia me llamó al celibato y, en el momento de la ordenación, estaba dispuesto por amor al Sacerdocio de Cristo a mantenerme en ese estado”.

Sacerdocio ejemplar, signo claro de vocación
“Agradecía a Dios en todo momento por ese llamado, vivía feliz el ministerio, trabajaba codo a codo con mis hermanos construyendo nuevas capillas en la zona rural (pintando, haciendo pozos para que tuvieran agua) en definitiva, mi lema era y es «Me consagraron las manos, pero no me las cortaron» (Ja, ja, ja). Era el único sacerdote en el pueblo, recibí una parroquia con 7 capillas y con déficit en dinero, ya que el párroco anterior se encargó de llenar su cuenta personal a costa de los feligreses. Y con esfuerzo, en dos años tenía una parroquia con 22 capillas y había salido de todas las deudas parroquiales e hice con la ayuda de Dios un centro para la atención de 85 niños con problemas sociales. Trabajaba haciendo clases y mi dinero se lo daba al centro y le compraba medicamentos a los abuelitos que no tenían a nadie. Lo que gratis recibí, gratis lo daba”.

Evolución personal rota por falta de alternativa eclesial posible
“Cuando comencé a sentirme solo, lo hice saber, pero nadie me acompañaba en lo espiritual. Cuando comencé a cuestionar el celibato, por la debilidad física en que me encontraba y la soledad que me acompañaba, y las ofertas tentadoras por ser un cura joven, sabía que en cualquier momento iba a fallar a la regla eclesiástica y todo el bien que hice en esa parroquia, por una tentación todo se iba a ir a pique y más encima iba a jugar con los sentimientos de una persona que se había ilusionado del sacerdote, pero quizás no del hombre. Por lo que dejé la parroquia para recuperarme y aprovechar de cargar la batería espiritual en un retiro. Eso hice y la verdad apareció: «Soy un buen sacerdote, fiel a Cristo sin discriminar ni ricos ni pobres, (pero inter nos: me aprovechaba de los ricos para ayudar a los pobres (ja, ja, ja) y a los ricos les ayudaba en su pobreza. En ese retiro espiritual se presentó mi crisis existencial y me dije: No puedo estar solo, necesito tener mi familia, mis hijos… pero también quiero ser sacerdote en fidelidad y coherencia. Opté y solicité mi retiro. Claro que me pusieron atajos, me mandaron al psiquiatra, psicólogos (curas) me ofrecían muchas cosas, pero ya había determinado marcharme y no ser un sacerdote frustrado o con amantes. Después de un año de discernimiento y como veía que nunca me dejarían marcharme, celebré mi última misa en profundidad y me fui para nunca más regresar hasta que me ubicaron después de un año y me ofrecieron lo que antes le mencioné”.

Un sacerdote auténtico siempre “volvería encantado”
“Hoy me encuentro trabajando y no necesito como nunca necesité que la Iglesia me mantuviera. He sacado un título y trabajo en proyectos sociales con personas con alta vulnerabilidad psicosocial, a pesar que me ofrecen clases académicas, pero me llena más lo que hago en la actualidad, pues me siento más en mi vocación sacerdotal. Sé que donde trabajemos, somos primero sacerdotes, pero pastoralmente me siento más pleno y más feliz con estos hermanos. Si cambiara la mentalidad de la Iglesia sobre el celibato y pasara de ser condición a opción, volvería encantado sin ser una carga económica para la parroquia, pues no quise ser sacerdote por status o por no tener para subsistir, sino por una llamada del Señor y mi respuesta fue sí, y la mantengo hasta que me encuentre cara a cara con él y de decirle: fui fiel a tu llamada pero infiel a la promesa que le hice a la Iglesia”.

Signo del Espíritu: “buscan y tienen la necesidad de ejercer el sacerdocio de alguna forma”
“Gracias a Dios, con el tiempo y con mucho dolor, aprendí a separar el sacerdocio del celibato y de esta forma he ayudado a tantos hermanos que se encontraron en esa misma situación y algunos que se han cambiado de religión (anglicanos, y otras ramas paralelas al catolicismo que van naciendo en nuestro país) no los juzgo, los comprendo pues buscan y tienen la necesidad de ejercer el sacerdocio de alguna forma. He hablado con algunos que aún continúan y pensaban retirarse, pero como no tienen profesión y por la edad continúan. Es muy lamentable la situación en que viven su ministerio. Perdone por lo extenso y gracias por sus palabras; realmente me han alentado y siento que no estoy solo con Dios en este caminar. Que Dios nos bendiga. Pido su autorización para hacer llegar la página a otros hermanos sacerdotes que se encuentran en nuestra misma situación.
Unidos en la oración”.

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