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¿No va a haber Misericordia para obispos y presbíteros casados? (VII) -- Rufo González

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Curas casados2“Francisco visitó en Roma a siete jóvenes que han abandonado el sacerdocio”
No basta visitar a un grupo de sacerdotes casados
Poco sabemos del contenido de la visita del Papa Francisco a “siete jóvenes que abandonaron el sacerdocio para casarse”. Este gesto del papa me recuerda un texto de la encíclica “Sacerdotalis Caelibatus”, de Pablo VI (24 de junio de 1967), dirigido a los obispos:
“Estamos seguros, venerables hermanos,… que no perderéis jamás de vista a los sacerdotes que han abandonado la casa de Dios, que es su verdadera casa, sea cual sea el éxito de su dolorosa aventura, porque ellos siguen siendo por siempre hijos vuestros” (Sacerd. Caelib. n. 95).

¡Fatua seguridad de Pablo VI en los obispos! Resulta chocante oír que los sacerdotes casados “han abandonado la casa de Dios, que es su verdadera casa”. Pero “siguen siendo hijos vuestros”. Si por “casa de Dios” se entiende “Iglesia” es falso que obispos y presbíteros casados hayan abandonado la Iglesia. Si “casa” se entiende “ministerio” es claro que lo han abandonado a la fuerza. Han sido obligados a dejarlo, “reducidos” a la fuerza. Si por “casa” se entiende la “soltería o celibato” es cierto que han dejado ese ámbito. Pero no es éste el sentido de “casa de Dios” en la encíclica. “Casa” ahí significa “clerecía”, creyendo que “el clero” es “la Iglesia”. Sigue la inercial aberración clerical, usurpación secular, olvido interesado de los mismos textos sagrados (1Pe 5, 3…). El clero se han reservado el título de “sacerdotes”, “clero”, “otros Cristos”, connotaciones mundanas, hasta pintorescas y rayanas en la blasfemia: “reverendos, monseñores, excelencia, eminencia, santidad, beatitud, el Católico…”. Lo que era “servicio”, los criados de la comunidad, se han convertido en “señores”, en “clero” (significa: “heredad”) como si sólo ellos fueran la “heredad” o “suerte” del Señor. Contra de la tradición evangélica y apostólica que no llama “sacerdotes” a sus dirigentes. “Clero” en el siglo III significaba “pueblo de Dios”, los bautizados, “suerte o heredad” del Señor.

“No los perderéis jamás de vista”
La inmensa mayoría de obispos no sólo los “pierden de vista”, sino que los ignoran totalmente, no quieren comunicación con ellos, los tratan peor que a los no cristianos… Quizá piensan que en el fondo los presbíteros y obispos casados tienen razón y son víctimas de la estructura eclesial injusta. El cardenal Tarancón, espíritu bastante libre, ante la pregunta sobre el celibato opcional, contestó: “si digo lo que pienso, podría no seguir de obispo”. Fui testigo. ¡Qué Iglesia de Jesús más extraña donde no puede decirse lo que se piensa! Sobre todo cuando lo que se piensa está de acuerdo con el Evangelio -“la verdad que nos hace libres” (Jn 8,32)- pero no con el Código de Derecho Canónico.

“Francisco visitó hoy en Roma a siete jóvenes que han abandonado el sacerdocio”
Fue el 11 de noviembre de 2016. La Santa Sede lo enmarca entre los gestos que realiza el Papa los “viernes de la misericordia”, sin previo aviso, una vez al mes, durante el Jubileo Extraordinario.
Según la misma fuente vaticana, esta visita es similar a otras visitas de los “viernes de misericordia” del Papa a colectivos similares (¡!): “residencia de ancianos, comunidad de toxicómanos, centro de refugiados, comunidad de discapacitados mentales, centro de sacerdotes ancianos, a mujeres exprostitutas, a niños enfermos y a menores con problemas personales, familiares y sociales”. Ya vemos dónde están en la Iglesia los obispos y presbíteros casados: entre los grupos de riesgo.

Un gesto a imitar, aunque insuficiente
El Papa ha querido hacer un signo del amor de Dios, y una invitación a todos los obispos para que cumplan el deseo de Pablo VI en la encíclica citada (Sacerd. Caelib. n. 95). Los miles de obispos y sacerdotes casados, presentes en todos los continentes, muchos de ellos asociados a diversos niveles y promotores de comunidades cristianas, son una “voz de nuestro tiempo” que hay que escuchar y valorar “a la luz de la palabra divina” (GS 44). Son, además, una porción de la Iglesia del Señor muy significativa en la sociedad y en las comunidades cristianas por su papel y por su preparación. No escucharlos y no dar solución evangélica a su problemática está siendo una mala noticia eclesial. O peor: una injusticia llamativa y contraproducente a todas horas, escándalo que induce a “ruina” eclesial y “resorte de ratonera” para muchos.

La misma fuente vaticana describe la situación de estos sacerdotes (¿?)
– “después de varios años dedicados al ministerio sacerdotal desarrollado en las parroquias”;
– “la soledad, la incomprensión y el cansancio por el gran esfuerzo de responsabilidad pastoral ha puesto en crisis su elección inicial”. – “Han vivido meses y años de incertidumbres y dudas que en muchas ocasiones les han llevado a creer que habían tomado, con el sacerdocio, la elección equivocada. De aquí, que hayan dejado el sacerdocio para formar una familia”.

La crisis es del celibato, no del ministerio
No comparto el planteamiento de la citada fuente vaticana. El problema no está en el ministerio. En la inmensa mayoría no es cierto que “la soledad, la incomprensión y el cansancio por el gran esfuerzo de responsabilidad pastoral ha puesto en crisis su elección inicial”. La inmensa mayoría no tiene su crisis en el ministerio. La crisis es del celibato. Las “incertidumbres y dudas” vienen del celibato. El sacerdocio es siempre la elección primera y no “equivocada”. Ellos han sido obligados, castigados, reducidos, impedidos para ejercer el ministerio por la ley celibataria sostenida por la autoridad eclesial. Nada, excepto la ley eclesial eventual, “les ha llevado a creer que habían tomado, con el sacerdocio, la elección equivocada”. No “han dejado el sacerdocio para formar una familia”. Han dejado el celibato “para formar una familia”. Han recuperado un derecho humano, que, aunque en momento de su vida creyeron bueno prometer no ejercer, no lo perdieron, pues es “universal e inviolable”. El “crecimiento de la conciencia de la dignidad humana” les ha llevado a corregir la promesa que les impide vivir hoy humanamente. Su cambio de decisión es propio de la naturaleza humana, sujeta a evolución. Sólo sería moralmente ilicíta si el cambio fuera elegir otro camino inhumano, irracional, destructivo. Pero “casarse y fundar una familia”, “elegir libremente un estado de vida y fundar una familia” es una decisión que forma parte de lo que el ser humano “necesita para llevar una vida verdaderamente humana” ((Declaración Derechos Humanos, 16. 1; GS 26).

La visita “franciscana y papal” es buena, pero no soluciona el problema
Ignoro qué les ha dicho el Papa Francisco. La fuente vaticana entiende el gesto así:
– “el Papa ha pretendido ofrecer una señal de cercanía y de cariño”;
– “señal de misericordia a quien vive una situación de dificultad espiritual y material, poniendo de relieve la necesidad de que ninguno se sienta privado del amor y de la solidaridad de los pastores”.

Reconocer la “situación de dificultad espiritual y material” es el primer paso En este caso no basta el gesto. Si los sacerdotes quieren seguir ejerciendo el ministerio -ésta es su “situación de dificultad espiritual”-, y además las comunidades cristianas están en “situación de necesidad espiritual” de ministerio y eucaristía, el Papa puede poner los medios para remediar estas situaciones. Si se queda sólo en “cercanía y cariño”, y no hace nada por solucionar su problema, ¿de qué les sirve? Bien podría recordar estos textos cristianos: “Si un hermano o hermana están sin ropa y faltos del alimento cotidiano, y les dice uno de vosotros: `id en paz, calentaos y saciaos´, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿cuál es el provecho?” (Sant 2, 15-16). “ Hijitos, no amemos de palabra ni con la lengua, sino con obras y según verdad; y con eso nos daremos cuenta de que somos de la verdad, y en su presencia apaciguaremos nuestro corazón” (1Jn 3, 17-19). Si la actuación del Papa se reduce a compasión, y no corrige la causa, pudiendo hacerlo, hay que hablar de alienación o cinismo. Lo que decía Marx: “la religión aliena, actúa como las rosas que ocultan las espinas, el corazón de un mundo sin corazón”.

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