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NIÑOS SOLDADO: VÍCTIMAS DE SU INOCENCIA. Javier G. Wong-Kit y Ruth Anastacio

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Las guerras no sólo destruyen el presente, también minan el futuro depositado en las nuevas generaciones. El uso de niños en los conflictos bélicos se ha vuelto una práctica común, especialmente en países inundados por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades. Imagina a un niño, tu hijo, sobrino o un vecino de ocho años. Un niño que adora que le lean cuentos, jugar en el patio, que cree todavía en Los Reyes y sueña con ser la próxima estrella de fútbol del momento, un niño que empieza a descubrir el mundo.

Ahora imagina a ese mismo niño de cara inocente con un fusil verdadero en las manos. Imagina que alguien mayor lo arranca de su hogar para recluirlo con otros de su edad. Ya no irá al colegio, le obligarán a estudiar las armas y no los libros, aprenderá a matar de la manera más cruenta y a defender una idea que no entiende como un radical sanguinario.

Ese niño aprenderá a odiar y a no ser sensible al dolor, le enseñarán que la familia no existe, que su vida no vale porque no tiene nada ni a nadie, aprenderá, sobre todo, que para sobrevivir deberá empuñar su fusil.

Este imaginario podría parecer extraído de una película de horror, sin embargo es real y ocurre en muchos países del África que afrontan guerras civiles, donde los niños desde los ocho años conforman las fuerzas de combate. Se estima que unos 300.000 niños y niñas menores de 18 años están involucrados en más de 30 conflictos armados alrededor del mundo.

La cruda realidad

Cuando tenía diez años, Marula fue secuestrado por la Resistencia Nacional Mozambiqueña (RENAMO) durante un ataque rebelde contra su pueblo en la provincia de Gaza, al sur de Mozambique. Junto a su padre y su hermana menor fue capturado y conducido al campamento de la agrupación guerrillera.

Caminó durantes tres días cargando el equipo militar y los objetos que RENAMO había saqueado de su pueblo. Una vez en el campamento, fue separado de su familia para recibir el severo adiestramiento militar que lo convertiría en soldado.

No se le permitía ver a su padre ni a su hermana pero conseguía reunirse en secreto con ellos. Habían decidido escapar juntos, mas en el primer intento fueron atrapados: Marula fue obligado a fusilar a su propio padre.

Después de esa experiencia, Marula se convirtió en un feroz combatiente de RENAMO, luchando por más de siete años. Cuando terminó la guerra no recordaba a cuanta gente mató y torturó, cuantas tiendas saqueó ni cuantos pueblos incendió.

Vida militar

Los niños soldado realizan tareas que van desde la participación directa en combate, la colocación de minas antipersonales o explosivos, la exploración, el espionaje, la cocina, el trabajo doméstico, la esclavitud u otros trabajos con fines sexuales.

Además de correr el riesgo de muerte o lesión en combate, se enfrentan a casos de desnutrición, infecciones respiratorias o cutáneas, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados; con todo el componente psicológico que ello implica.

En los grupos armados los niños se inician en la perversidad y la violencia mediante un proceso delibero de terror, la iniciación al acto de violencia es el ritual mediante el que se les compromete con la causa militar.

Primero víctimas y luego victimarios, la complejidad del drama de los niños soldado va más allá de esta diferenciación. El refuerzo de los actos violentos que se les obliga a ejecutar, luego de haberlos padecido, distorsionan su naturaleza y la de este problema universal.

Para algunos niños soldados es peor cometer el acto de asesinar a otros que el hecho de ser víctimas de los mismos debido a los trastornos que ocasiona a los ejecutores. Y es peor aún cuando a ello se le suma un lazo familiar o amical con sus víctimas.

Armados en todo el mundo

De acuerdo con el Informe Global 2004, difundido por la Coalición para Acabar con la Utilización de Niños Soldado, sólo en el África subsahariana hay cerca de 120.000 niños luchando. Los países más afectados son Angola, Burundi, República Democrática del Congo, Etiopía, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Sudán y Uganda.

Entre 2001 y 2004, más de 30.000 menores de 18 años se incorporaron a nuevos conflictos armados en Costa de Marfil y Liberia. En Oriente Medio y el Norte de África se continúa reclutando niños, mientras Sudán mantiene los peores indicadores estadísticos en este aspecto.

Miles de niños se han visto obligados a integrar las filas de grupos armados del gobierno y de los separatistas. Incluso el gobierno sudanés ha prestado apoyo a la Resistencia Armada del Señor (LRA), culpable del secuestro y el posterior maltrato brutal de más de 10.000 niños.

En Asia y el Pacífico decenas de miles de niños son reclutados para actos de hostigamiento. Los países más afectados han sido Afganistán, Myanmar, Sri Lanka y Camboya. Myanmar es uno de los países con más niños soldado en el mundo, muchos menores de quince años. En Sri Lanka miles de niños son usados como soldados por los Tigres Tamiles (LTTE).

En Latinoamérica, miles de niños continúan luchando en Paraguay, México y, en mayor medida, en Colombia y Perú. Cuba, excepcionalmente en la región, recluta de forma obligatoria a niños por debajo de los 18 años, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) reconoce como edad límite de reclutamiento los 15 años.

Hasta el 2001, el Reino Unido enviaba de forma rutinaria a jóvenes de 17 años a combate. En Estados Unidos cualquier soldado de 17 años puede ser asignado a una unidad de combate. El programa de Jóvenes Marines cuenta con aproximadamente 200 unidades en las que existen 14.865 participantes entre los 8 y 14 años.

La reinserción: curando heridas

Los programas de desmovilización, desarme y reinserción (DDR) buscan ayudar a los antiguos soldados en su etapa de transición para el retorno “a casa”. Están diseñados para contener, desarmar y desmovilizar a los grupos armados.

Su propósito es ayudar a los ex niños soldado a adquirir nuevas habilidades y retornar a sus comunidades. Sin embargo, muchos de estos programas de DDR carecen de recursos suficientes para ser ejecutados, o no se ajustan a las condiciones individuales de los jóvenes combatientes.

En ellos no se hacen planes provisionales para cubrir las necesidades que puedan surgir durante la reinserción de los niños y jóvenes. A menudo por esta causa se excluyen a los soldados menores de dieciocho años, la edad mínima legal para el reclutamiento militar, y a las mujeres.

Igualmente, muchas veces se da como segura la reinserción de los soldados en sus hogares de forma normal, cuando comúnmente ellos han perdido a sus familiares y sus pueblos son incapaces de reincorporarlos. Muchos de estos niños no tienen educación y no tienen cómo conseguir un trabajo.

Ante estas circunstancias, su curación y reintegración es algo sumamente delicado, más aún si se considera que estos jóvenes son los que van a conformar la próxima generación. Los líderes del mañana.

Quienes los reciben en sus antiguas comunidades intentan asegurarse de que se han rehabilitado plenamente y están preparados para asumir su rol de adultos. La curación consiste fundamentalmente de ritos de purificación, que implican un reconocimiento de las atrocidades cometidas.

A diferencia de las técnicas psicoterapéuticas modernas, que hacen énfasis en la exteriorización verbal del sufrimiento para el alivio espiritual, lo que se busca es seguir con las tradiciones de las comunidades para aliviar sus problemas emocionales.

Buscando soluciones

Para que las estrategias de prevención, curación y reinserción de los niños afectados por la guerra sean sostenibles y obtengan resultados óptimos, tienen que enmarcarse dentro de la cosmovisión local, ya que el enfoque de los gobiernos ha demostrado no ser eficaz.

Aunque estas instituciones pueden proporcionar los recursos materiales y el conocimiento para la protección de los niños, es esencial la participación de los agentes locales, y para facilitar tales esfuerzos es importante mejorar el entendimiento de sus leyes, en especial las de protección infantil.

También se debe divulgar información sobre la legislación humanitaria de tipo internacional, a fin de que se asimile en el sistema de valores locales. Sin educación ni trabajo, estas personas no pueden reincorporarse a la sociedad, quedando vulnerables a toda clase de vicios y problemas.

La guerra no sólo trae el desplazamiento sino también la destrucción masiva de infraestructura esencial para la vida. El tema de los niños soldado debe abordarse desde las experiencias de terror y supervivencia que se obtienen de sus testimonios.

Sabias que …
1. Uno de los testimonios más escalofriantes es el de Grace A., un niña que fue secuestrada por la Resistencia Armada del Señor (LRA), en Uganda, y que dio luz a una niña en pleno campo de combate. “Cogí un rifle y amarré con una correa al bebé a mi espalda”.

2. La ONG “Save the children” busca proteger a la infancia de los conflictos armados, así como su alimentación, educación, el apoyo a los refugiados y la reunificación de las familias. Mediante la campaña «Reescribe el futuro», buscan proporcionar educación de calidad a 8 millones de niños afectados por conflictos armados.

3. Actualmente cerca de 115 millones de niños en edad escolar no tienen la posibilidad de ir a la escuela. Uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (MDG) es «alcanzar una educación primaria universal», a fin de asegurar que en 2015 los niños de todo el mundo puedan recibir un curso completo de escolarización primaria.

4. El Papa Benedicto XVI invitó a los niños a no jugar con armas de juguete, en apoyo al proyecto “Cambia de juego”, de la ciudad de Lecce, Italia, que busca preservar a los niños del contagio de la violencia. Con la iniciativa se han recogido cerca de 4,600 juguetes de este tipo entre más 83,000 habitantes.

5. La palabra infantería, utilizada en el léxico militar para designar a las tropas, proviene de la palabra infantes, con la cual los italianos designaban a los jóvenes soldados que seguían a pie a los caballeros en los combates de la Edad Media en Europa.

6. En las favelas de Brasil es común ver a los niños portando armas, como se muestra en la película “Ciudad de Dios”, del director Fernando Meirelles. En Perú, los niños de la sierra participaron en los movimientos terroristas entre los ochenta y noventa, como se recrea en el filme “Paloma de Papel”, de Fabrizio Aguilar.

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