Ni fríos ni calientes: silencio, poder y olvido del Evangelio -- José Carlos Enríquez Díaz

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Cuando echar a una familia de su casa no merece ni una palabra, el problema ya no es el silencio: es de qué lado se está.
Y si el Evangelio no incomoda al poder ni defiende al débil, deja de ser fe para convertirse en coartada.
“Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio… estoy para vomitarte de mi boca” (Ap 3,15-16). Ver noticia original en …