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«¡Nadie suelte la mano de nadie!» -- Pedro Pierre

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Esa era la consigna del pueblo brasileño durante la dictadura militar de los años ‘60 y ’70. Hoy Brasil resiste a la nueva dictadura civil de su presidente. Pero Ecuador, no… a pesar de mucho descontento por la situación que se pone cada vez peor. Mientras tanto Nebot hace campaña electoral a la vista y paciencia de todos, para ser presidente y será peor que Bolsonaro.

El descontento tiene que transformarse en resistencia y fortalecerse. Si nos sentimos impotentes es porque somos débiles, desunidos y desorganizados ante lo que sucede. A lo menos podríamos darnos la mano. Nuestra unión amistosa entre vecinos y compañeros de trabajo o de recreación será el punto de partida de una presión cada vez más fuerte para que los que nos dominan y nos engañan encuentren un muro infranqueable para sus ambiciones desmedidas.

Sí, ¡démonos la mano! Comencemos por allí porque no es tan difícil. Tomemos conciencia que unidos amistosamente estamos mejor. Así no seremos una masa de gentes que se puede manipular hasta llevarnos adónde otros quieren para sus beneficios personales. Entonces, con nuestras manos entrelazadas descubriremos el calor y la fuerza de la amistad que abre caminos insospechados.

Se entiende que necesitamos de espacios individuales para desarrollar y expresar nuestros talentos y habilidades personales. “Tomemos en serio el placer”, dice una pinta. ¿Por qué no? Pero este placer se multiplicará y se transformará en felicidad si cultivamos la amistad. Estos grupos de amistades -de manos juntadas- van a ser el criterio de la verdad para no equivocarnos al momento de tomar decisiones. Serán la brújula que nos indica el camino acertado para que la alegría no se vaya diluyendo en placeres baratos y efímeros que conducen a la desilusión y el vacío.

Cuando vengan momentos más difíciles -y ya vienen-, la unión de nuestras manos nos hará fuertes, esperanzados y eficaces porque “juntos somos más”. Seremos cadena que no se rompe: Juntos, no podrán con nosotros. Más bien descubriremos nuevas posibilidades y capacidades de construir un Ecuador distinto y mejor. Entonces naturalmente diremos: “¡Nadie suelta la mano de nadie!”
Seremos esa roca de la que habla Jesús de Nazaret: “Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca”. Nuestras manos juntadas son la clave de nuestra felicidad individual y colectiva.

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