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Mujeres y Satán. Interpretación antifeminista del obispo de Córdoba de una exposición feminista -- Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid

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Tamayo4Juan José Tamayo es autor de Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2ª ed,. 2ª reimrpresión)
La Delegación de Igualdad de la Diputación Provincial de Córdoba organizó el pasado mes de mayo la exposición feminista Maculadas sin remedio. En ella se exhibía el cuadro “Con flores a María”, de la artista Charo Corrales, que representa a una mujer vestida como una virgen con ángeles alrededor, una corona de flores y tocándose sus genitales bajo el manto azul. Era el autorretrato de la autora de una fina y evocadora estética. El cuadro fue rajado de arriba abajo por una persona fanática y retirado de la exposición.

En palabras de la diputada provincial Ana Guijarro, con esta exposición se pretendía cuestionar el papel subalterno impuesto a las mujeres a lo largo de la historia, preguntarse “cómo somos, quiénes somos, cómo vivimos la sexualidad o cuál es nuestro mundo” y reivindicar “la feminidad más profunda”.
La reacción de la derecha y la ultraderecha no se hizo esperar. Cs, PP y VOX denunciaron la exposición y pidieron enseguida la retirada del cuadro de Charo Corrales. El PP lo denunció a la Fiscalía de Córdoba por considerarlo “reprobable” tanto desde el punto de vista moral y jurídico como teológico-religioso, ya que hería “los sentimientos religiosos de la mayoría de los cordobeses” y constituiría “un escarnio a los dogmas de la religión católica”.

Con esta denuncia el PP se arroga la capacidad de definir lo que es y no es moral, lo que es conforme o no a derecho y, lo que me parece más grave, se injiere en cuestiones religiosas y teológicas, que para nada le corresponden. Y va todavía más allá, se cree autorizado para definir lo que son los dogmas católicos y ponerse del lado del mismo de estos. Un partido político abanderando los dogmas de una religión! Con ello está demostrando su falta de respeto a la libertad de creación artística y el sometimiento del arte al dogma católico.

A esto cabe añadir otra actitud abusiva: hacerse intérprete de los sentimientos religiosos de la mayoría de los cordobeses. ¿Con qué razón y con qué derecho se considera autorizado el PP para definir cuáles son los sentimientos religiosos mayoritarios de la ciudadanía, cuando si algo caracteriza a la sociedad española, también a la cordobesa, es la secularización, la libertad de conciencia y el pluriverso -no la uniformidad-, en cuestión de creencias y no creencias religiosas.
Al coro de las denuncias de la derecha y la extrema derecha política se sumó inmediatamente en alianza político-religiosa conservadora el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, uno de los portavoces del integrismo católico español, en sintonía con las organizaciones ultraconservadoras HazteOir e Infovaticana, que difunden y aplauden sus declaraciones homófobas y sexistas.

A propósito de la exposición feminista Maculadas sin remedio, escribió una carta pastoral en la que ofrecía una concepción dualista de la humanidad conforme a la interpretación fundamentalista del eje del bien y el eje del mal e interpretaba la historia humana como “una lucha continua entre el poder de las tinieblas, Satán, y el poder de Dios”. La exposición representa, para él, el poder de Satán. Con tal juicio lo que hace es demonizar al movimiento feminista y el arte surgido de dicho movimiento, y someter la creación artística a criterios religiosos y a valoraciones dogmáticas, que es lo más contrario a la autonomía de la cultura de toda tutela religiosa.

En una interpretación arbitraria y pro domo sua del mito bíblico del paraíso, el obispo de Córdoba contrapone los cuadros de la Inmaculada, en los que María aplasta a la serpiente, símbolo de Satán, y la belleza de la Virgen Inmaculada, que salvará al mundo y que el pincel humano no puede reproducir, al cuadro “Con flores a María” de la exposición Maculadas sin remedio, que, a su juicio, representaban y encarnaban el poder del mal.

Aplica el mito del paraíso a la exposición feminista de Córdoba, sin citarla expresamente, al afirmar que «hemos vivido en nuestra ciudad en los días pasados un rebrote de esta lucha dramática entre la Mujer y Satanás, para recordarnos a todos que el combate no ha terminado, sino que está latente en la historia y de vez en cuando se hace visible». Lo que hace el prelado cordobés me parece una innoble manipulación hermenéutica de determinados mitos religiosos para condenar obras de arte que solo admiten valoraciones dentro de su campo.

El obispo de Córdoba hace una reconstrucción idealizada de María de Nazaret, que no se corresponde con la imagen que ofrecen los relatos evangélicos de ella. María aparece en estos relatos como una mujer del pueblo, madre del profeta Jesús de Nazaret, que en el canto revolucionario del Magnificat proclama que Dios “desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y encumbra a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lucas 1,51-53).

Hay otra imagen de María, la que la teóloga feminista norteamericana Elizabeth Johnson define como “verdadera hermana nuestra”, que se sitúa dentro de la comunidad de los santos, el símbolo potencialmente más inclusivo e igualitario. María, afirma, es “una mujer judía que vive en una sociedad rural relativamente pobre y políticamente oprimida el siglo I”. La teóloga estadounidense invita a bajar a María del pedestal en la que ha sido venerada durante siglos y a unirse a sus congéneres, hombres y mujeres. (Verdadera hermana nuestra, Herder, Barcelona, 2005).

La imagen de María de Demetrio Fernández es, por el contrario, la del dogma de la Inmaculada, alejada de los seres humanos y separada de las demás mujeres. Es la “purísima e inmaculada…, toda hermosa…, llena de gracia…”, que “canta a la vida nueva que Cristo nos ha regalado”. Es la María triunfalista “que nos libra de las garras del dragón y aplasta con su pie la cabeza de la serpiente”; la María “imbatible”, que vencerá en el combate contra Satán y con ella venceremos nosotros. Nada que ver con la Miriam de Nazaret.

Como afirma Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, la carta pastoral de monseñor Demetrio Fernández y la acción violenta contra el cuadro “Con flores a María” constituyen la mejor demostración de la complicidad entre el fundamentalismo religioso y el patriarcado. A tal valoración añado otra de especial gravedad y de consecuencias imprevisibles: la alianza del fundamentalismo religioso y la extrema derecha política y de sus respectivos dirigentes. Dicha alianza constituye el caldo de cultivo del avance del neofascismo, que pretende destruir la democracia desde dentro de la democracia.

Coincido con la Asamblea de Mujeres de Córdoba Hierbabuena en que la carta pastoral del obispo de Córdoba utiliza los sentimientos religiosos para fomentar el odio, que es todo lo contrario al mensaje de amor de las religiones, incluso el amor a las personas enemigas. No es la primera vez que Demetrio Fernández lleva a cabo esta perversa utilización. Lo hace constantemente en sus declaraciones, escritos y sermones, que incitan a la homofobia, la misoginia y el sexismo.

Por ello ha sido denunciado en varias ocasiones ante la Fiscalía, que, sin embargo, no acostumbra a tomar en cuenta dichas denuncias debido al respeto reverencial que todavía siente la Justicia en España ante los obispos. Es un ejemplo más de la alianza entre las autoridades judiciales y las masculinidades sagradas, que se consideran únicas representantes de Dios y, por tanto, intocables.
Lo más grave es que determinados sectores del poder judicial se lo creen.

Son restos de nacionalcatolicismo que todavía perviven en los diferentes poderes del Estado y demuestran que la transición hacia el Estado laico no se ha producido en nuestro país o, al menos, no con la celeridad con que han tenido lugar otras transiciones, como la política, con el paso de la dictadura a la democracia, y la regional y nacional, con el paso del Estado centralista al de las autonomías.

Me parece preocupante que el Juzgado de Instrucción número 1 de Córdoba haya admitido a trámite la querella promovida por la Asociación Española de Abogados Cristianos contra Marisa Ruz, ex delegada de Cultura de la Diputación de Córdoba, y contra la artista Charo Corrales, autora del cuadro “Con flores a María” de la exposición. Confío en el sobreseimiento de la querella, para preservar la libertad de creación artística como valor colectivo que no puede ser sometido a censura frente a los sentimientos religiosos que entran en la esfera subjetiva.

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