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Muchos de nuestros obispos no parecen muy demócratas. (y IV) -- Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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1º) Ahora el tema que me da material para seguir comentando la poca democracia, la eclesial, por lo menos, si la podemos llamar así, y yo me atrevo a denominarla así, va a ser la realización y las conclusiones del Sínodo pan-amazónico celebrado recientemente en Roma, con todas las bendiciones del papa. Y voy a partir de una conceptualización democrática más referente a la filología, y todavía más, a la cultura, que a la política. Y, con una cierta libertad, voy a llegar a la siguiente conclusión: democracia es la forma de vivir una sociedad en la que las decisiones más importantes son tomadas por todo el pueblo. Y esto puede ser porque previamente, han adoptado, y aceptado, dos principios, íntimamente relacionados, dependientes uno de otro, que son: la libertad de todos sus miembros, y, como consecuencia, la igualdad entre ellos.

2º) Se suele decir que la Iglesia no es democrática porque sus puestos más altos de mando no son fruto de la elección mayoritaria, cosa que no es exactamente cierta. Al no poder aceptar que haya alguien con tal poder individual que pueda señalar «a se», por sí mismo, y a dedo, a la persona que ostente el máximo poder papal, el sistema encontrado es que sea elegido por la mayoría de un colegio de selectos, los cardenales. Con lo que estaríamos mezclando los sistemas democrático con el aristocrático, este segundo más avalado por dos pensadores tan grandes como Platón, y Aristóteles, y más detalladamente descrito por Plutarco, y Teseo.

Pero simplificando mucho, y llegando a lo que busco, podríamos definir con Platón y Aristóteles la monarquía, como gobierno de uno; aristocracia, como gobierno «de los mejores» para Platón, «de los menos», para Aristóteles; y democracia (gobierno «de la multitud» para Platón y «de los más», para Aristóteles, y en la concepción moderna, «Gobierno del Pueblo». Así que el Concilio Vaticano II, y pienso que de ninguna manera de modo accidental, definió la Iglesia como «Pueblo de Dios». Pueblo, sí, pero elegido, separado, consagrado y santificado por el Bautismo, para la concesión oficial de la filiación adoptiva.

3º) Nos consta que hubo muchos curiales vaticanos, y muchos obispos también, a los que gustó, muy poco, o nada, esa definición conciliar, justamente porque podría ser aprovechado por algunos para solicitar, primero, y exigir, después, una aproximación a parámetros democráticos en la Iglesia, «nada más ajeno a la voluntad de Cristo», suelen afirmar solemne y firmemente. Pero, ¿Seguro que es así, que Jesús se inclinaba más por la fórmula aristocrática? Yo no lo veo nada claro, y más bien, multitud de textos evangélicos nos permiten imaginar que el Señor, que nos recomendó «no llamar a nadie ni padre ni doctor, porque todos sois hermanos», se sorprendería muchísimo, hasta no entenderlo ni aceptarlo como recomendación suya, que llamemos a uno de los hermanos de la comunidad «Santidad», más bien se sentiría entre escandalizado y horrorizado, con la idea tan clara y rotunda que tienen los hebreos de que solo Dios es santo.

4º) Por ahora, me basta por afirmar que el espíritu democrático no solo no está reñido con el Evangelio, sino que posiblemente, más que probablemente, casi seguro, éste lo avala. (Este es un tema que pienso, no sé cuando, tratar con más profundidad y amplitud). La Iglesia primitiva reunió en el llamado coloquialmente como «Concilio de Jerusalén» no solo a los apóstoles compañeros de Jesús sino a otros, como Pablo, novato en esas lides, y a muchos otros que no ostentaban cargos importantes, que, por otro lado, éste sí importantísimo y decisivo, que no había,-«cargos»- superiores, en una Iglesia sin la ominosa separación actual entre clero y laicado.

5º) Y dentro de la Historia de la Iglesia, podemos afirmar que, por lo menos en la parte occidental de la misma, que en el mundo monacal, tanto masculino, como femenino, y después, a partir del siglo XIII, en el ambiente conventual, se practicó, y se sigue haciendo, el método democrático de votación secreta para la elección de los cargos principales, como abad, prior, maestro de novicios, etc.

6º) Y ahora, en el evento más importante de las últimas décadas en la Iglesia, con Concilio Pan amazónico, los padre sinodales han mirado con interés y respeto las necesidades de los pueblos amazónicos, y han propuesto soluciones, para cuya puesta en práctica, se requiere necesariamente admitir, oficialmente, sí, en la Comunidad Eclesial, categorías laicas. Y no olvidamos que laico/a viene del griego «laos», que significa pueblo. Y todo indica, como he leído hoy en Religión Digital, en la crónica del corresponsal en la asamblea sinodal, Luis Miguel Modino, «La exhortación papal va a ser mucho más valiente que el documento del Sínodo». Y es por estas ¿concesiones? democráticas que los cardenales tradicionales anti papa Francisco, y los obispos españoles que los secundan, han recrudecido sus ataques a la maravillosa libertad evangélica papal. Demostrando una falta de rigor lógico preocupante, porque no es creíble que cuando estudiaron en le seminario o en la Universidad no se enteraran de que san Pedro tenía suegra, y de que casi todos los apóstoles estaban casados, y que, por tanto, lo que propone el sínodo es algo que de estricta, verdadera y auténtica Tradición, de la buena, desde los orígenes.

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