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MOTU PROPIO. José Manuel Bernal Llorente

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Atrio

Misa en latín.jpgEsta profunda y dolorida queja por la decisión del papa actual respecto a la liturgia procede de un sabio dominico que ha dedicado su vida a la reforma litúrgica promovida desde una nueva teología por el Vaticano II. Tanto valor damos a esta opinión del profesor de Liturgia de Salamanca que dejamos en segundo plano, sólo para quien quiera más detalle, la Información para ATRIO sobre el tema que estábamos preparando.
APROXIMACIÓN CRÍTICA AL “MOTU PROPRIO” DE BENEDICTO XVI

Me ha causado una profunda tristeza. Los que hemos dedicado muchas horas y gastado muchas energías en animar la renovación litúrgica; los que hemos sido testigos directos de los esfuerzos y sudores de los padres conciliares del Vaticano II para sacar a flote el documento trascendental de la Constitución Litúrgica, con sus importantes logros y decisiones; los que hemos seguido muy de cerca la reforma de los libros litúrgicos, llevada a cabo por los equipos de trabajo del Consilium después de promulgada la Constitución de Liturgia, empezando por el Misal y siguiendo luego con los Rituales y el Breviario; quienes hemos vivido todos estos acontecimientos casi como protagonistas estamos profundamente asombrados, sin palabras y perplejos, al leer las dos escasas páginas del documento del Benedicto XVI.

Porque no se trata únicamente de volver al latín, ya que el texto latino del misal romano ya lo teníamos. A nadie se le prohibía actualmente celebrar la misa en latín, si la asistencia del pueblo u otros condicionamientos no se lo impedían. Ese no es el problema principal que se plantea en este momento. Lo grave es la posibilidad que ofrece el documento papal de utilizar el viejo misal de san Pío V, eufemísticamente denominado, de manera inexacta e intencionada, de Juan XXIII. De manera inexacta, digo, porque lo único que hizo el recordado Juan XXIII fue una reedición del misal de san Pío V, la última; y de manera intencionada, porque remitir al misal de 1962, reeditado por Juan XXIII, queda mejor que remitir al de san Pío V, quien promulgó la edición típica del misal aprobado por el concilio de Trento (1570).

Además del Misal de Pío V, el «motu proprio» del Benedicto XVI también ofrece la posibilidad de utilizar los viejos rituales, para la administración de algunos sacramentos, y el viejo Breviario romano. Esto es, ni más ni menos, un grave retroceso de casi cuarenta años; es una vuelta a la situación anterior al Concilio, legitimando de buenas a primeras, una serie de usos que teníamos ya por enterrados y olvidados como la misa de espaldas a la comunidad, la vuelta al leccionario anterior de sólo dos lecturas y con una estructura infinitamente más pobre que el actual, el uso exclusivo del Canon Romano y la supresión de la rica colección de las nuevas plegarias eucarísticas; la supresión también de la homilía habitual, de la oración de los fieles, del abrazo de paz, de la comunión bajo las dos especies, de la concelebración; y, por supuesto, el uso obligatorio del latín.

La vuelta al uso de los viejos rituales resulta algo demencial. Hasta los menos documentados saben que la reforma del ritual del bautismo, por ejemplo, era algo que se estaba pidiendo a gritos, ya que la estructura de la celebración bautismal era el resultado de una especie de yuxtaposición de ritos que, en principio, estaban pensados para desarrollarse en un espacio de tiempo más o menos largo. El viejo ritual preconciliar no pasaba de ser una amalgama artificial de ritos, enlazados unos con otros sin lógica y sin sentido. A ese ritual se brinda ahora la vuelta en el documento papal.

En esta aproximación general y rápida deseo expresar mi sorpresa al constatar cómo el documento ofrece a los sacerdotes, de manera singular y personal, la capacidad de decidir por su cuenta el tipo de misal que van a utilizar para celebrar la Eucaristía (por cierto, el documento ya no habla de Eucaristía, sino de la Misa, la Santa Misa o el Santo Sacrificio de la Misa, lo cual no deja de ser altamente significativo). Me sorprende esta flexibilidad del documento al otorgar autorización tan generosa cuando, en este tipo de documentos, lo que uno percibe es, más bien, un alto grado de rigidez y de control. Estoy pensando, a este propósito, en la Instrucción «Redemptionis Sacramentrum», emitida por la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los sacramentos (25.marzo.2004), de carácter altamente negativo, inflexible y volcada de manera obsesiva en infinidad de pormenores rituales de escasa importancia.

Gracias a Dios, esta Instrucción apenas tuvo algún eco en las iglesias. Sin embargo, sí que resulta extraño el tono inflexible y meticuloso de este documento frente a la holgura y flexibilidad del «motu proprio». Seguramente, en la Santa Sede utilizan una doble vara de medir: una, muy severa, para corregir los excesos de los que van por delante; y otra, más bien benigna, para moderar a los que tienen la vista puesta en el pasado.

Insisto en este punto. Me sorprende además la amplitud de las facultades ofrecidas a quienes desean utilizar el viejo misal, dejando de lado el misal romano reformado y ofrecido a toda la Iglesia a raíz del Concilio Vaticano II, cuando, en principio, según la eclesiología manejada por el mismo Concilio y expresada en la Constitución Litúrgica, el responsable y el moderador de la Liturgia en su Iglesia es el obispo. En el «motu proprio» se pasa por encima del obispo, se prescinde de él y se toman decisiones, a mi juicio gravísimas, al margen de su voluntad. Es un claro ejemplo de la estructura piramidal de la Iglesia y de la prevalencia absoluta del obispo de Roma sobre los obispos locales.

Termino. Este documento va a dar mucho que hablar. Lo pronostico. Me entristece y lamento el impacto negativo que va a causar en los esfuerzos ecuménicos y pastorales que actualmente están activos en muchas iglesias. Me da, sin embargo, una cierta tranquilidad el pensar que, gracias a Dios, en la práctica, al menos entre nosotros, van a ser pocos los sacerdotes y grupos de fieles que se peleen por retornar al misal tridentino de san Pío V.

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