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Modas -- Henar L. Senovilla

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La moda es así, caprichosa y frívola. De hecho, cada seis meses hay que cambiarla, como decía Oscar Wilde. Y efectivamente, los escaparates que desde agosto se han llenado con ‘lo último de lo último’, con lo que más ‘se lleva’, nos devuelven una imagen de frivolidad y falta de principios que nos hace preguntarnos ¿hasta dónde? o ¿hasta cuándo? Hace unos meses, una de las marcas de ropa española más internacional, perteneciente a un “holding” que más bien deja atrás ese anglicismo para entrar de lleno en el concepto romano de “imperio”, retiraba de sus comercios un bolso por las quejas emitidas por la comunidad israelí.

El bolso en cuestión, ni grande ni pequeño, ni ancho ni estrecho, estaba decorado con distintos símbolos y adornos bordados, uno de los cuales era, ni más ni menos, que un esvástica verde. La comunidad israelí se quejó e, inmediatamente, el bolso fue retirado de todas las tiendas del mundo. En la simbología hindú, por cierto, la cruz gamada simboliza la paz. Pero Israel… es Israel. Y más cuando hablamos de comercio. No era la primera vez que algo así sucedía, por otra parte. De hecho, la misma marca de ropa retiró hace algo más de cuatro meses, también por presiones de una comunidad ultraortodoxa judía, unas prendas de ropa en las que se mezclaba algodón con lino, algo prohibido para los judíos por ser un “híbrido” contra natura.

Estos días, sin embargo, nos encontramos ante un caso distinto: este invierno, la moda son “los palestinos”.

Con distintas variantes sobre el modelo inicial, pero pañuelos palestinos. Con lentejuelas, más caros, más baratos, más brillantes o mates. Pero palestinos, al fin y al cabo. Eso sí: sin connotaciones políticas, por favor. Eso se han encargado de dejarlo bien claro las marcas que los comercializan: kufiya sí, pero sin connotaciones. O sea, que el símbolo de la lucha palestina, que aquella prenda de origen rural a la que Arafat dio carácter de símbolo de la resistencia de su pueblo, ahora puedes comprarla a algo más de diez euros en las incansables sucursales de este grupo textil gallego tan popular. Pero con la kufiya no hay problema. No hay que retirarla, porque no pasa nada. Nadie se ha quejado o, si lo ha hecho, desde luego, con menos fuerza que Israel a la hora de sentirse humillado por el símbolo apropiado por los nazis o por la mezcla de tejidos. ¿No queda devaluado, en este caso, el símbolo de la comunidad palestina en su lucha por un estado libre e independiente? ¿No se está cometiendo, acaso, un genocidio también con el pueblo palestino? En los muertos, como en el fútbol, hay de primera y de segunda división. Y los que juegan con kufiya llevan décadas en puestos de descenso ante el pasivo arbitraje de la comunidad internacional.

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