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Milingo, expulsado definitivamente

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CIUDAD DEL VATICANO, 17 DIC 2009 (VIS).-La Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público este mediodía el siguiente comunicado:
«Desde hace varios años, la Iglesia sigue con especial sufrimiento la evolución de los hechos relacionados con los lamentables comportamientos del arzobispo emérito de Lusaka, Emmanuel Milingo.

Ha habido muchos intentos para que el señor Milingo volviese a la comunión con la Iglesia católica, buscando también formas adecuadas para consentirle ejercer el ministerio episcopal, con una intervención directa de los Sumos Pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI, que personalmente y con espíritu de solicitud paterna seguían al señor Milingo.

A lo largo de este triste caso, ya en 2001 el señor Milingo se halló en situación irregular después de atentar matrimonio con la señora Maria Sung, incurriendo en la pena medicinal de suspensión (cánones 1044 1, n.3; 1394, párrafo 1 del C.I.C.). Sucesivamente encabezó algunas corrientes para la abolición del celibato sacerdotal y concedió numerosas entrevistas a los medios de comunicación social, en abierta rebelión con las repetidas intervenciones de la Santa Sede y creando grave desconcierto y escándalo en los fieles. En particular, el 24 de septiembre de 2006, el señor Milingo ordenó cuatro obispos en Washington sin el mandato pontificio.

El señor Milingo incurrió por tanto en la pena de la excomunión latae sententiae (canon 1382 del C.I.C.), declarada por la Santa Sede el 26 de septiembre de 2006 y que sigue en vigor. Por desgracia, el señor Milingo no dio pruebas del esperado arrepentimiento en vista del retorno a la plena comunión con el Sumo Pontífice y con los miembros del colegio episcopal, sino que siguió ejerciendo ilegítimamente el episcopado, cometiendo nuevos delitos contra la unidad de la santa Iglesia. En particular, en los meses pasados procedió a nuevas ordenaciones episcopales.

Estos graves delitos, recientemente verificados, que son signo de la persistente contumacia del señor Milingo han obligado a la Sede Apostólica a imponerle la ulterior pena de la dimisión del estado clerical.

Según cuanto dispone el canon 292 del Código de Derecho Canónico la ulterior pena de la dimisión del estado clerical, que se añade ahora a la grave pena de la excomunión, comporta las siguientes consecuencias: la pérdida de los derechos y deberes ligados al estado clerical, excepto la obligación del celibato; la prohibición del ejercicio del ministerio, salvo lo dispuesto en el canon 976 del Código de Derecho Canónico en los casos de peligro de muerte; la privación de todos los oficios, de todos los cargos y de cualquier potestad delegada, incluida la prohibición de utilizar el hábito eclesiástico. En consecuencia, es ilegítima la participación de los fieles en eventuales nuevas celebraciones promovidas por el señor Emmanuel Milingo.

Hay que evidenciar que la dimisión del estado clerical de un Obispo es un hecho absolutamente excepcional al que la Santa Sede se ha visto obligada por la gravedad de las consecuencias que se derivan para la comunión eclesial de la prosecución de ordenaciones episcopales sin mandato pontificio; la Iglesia conserva, no obstante, la esperanza de que reconozca sus yerros.

Por lo que se refiere a las personas ordenadas recientemente por el señor Milingo, es bien conocida la disciplina de la Iglesia relativa a la pena de excomunión latae sententiae para aquellos que reciben la consagración episcopal sin Mandato Pontificio (can. 1382 C.I.C.). La Iglesia, que manifiesta esperanza en su conversión, renueva lo declarado el 26 de septiembre de 2006, es decir que no reconoce y no reconocerá en el futuro ni esas ordenaciones ni todas las ordenaciones de ellas derivadas y, por lo tanto, el estado canónico de los presuntos obispos sigue siendo el mismo en que se encontraban antes de la ordenación conferida por el citado señor Milingo.

En esta hora, marcada por el dolor profundo de la Comunidad eclesial a causa de los graves gestos realizados por el señor Milingo, se confía a la fuerza de la oración el arrepentimiento del culpable y el de aquellos -sacerdotes o fieles laicos- que de alguna manera han colaborado con él en la realización de actos contra la unidad de la Iglesia de Cristo».

OP/REDUCCION ESTADO LAICAL/MILINGO VIS 091217 (680)

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El exorcista Milingo acaba con la paciencia de Benedicto XVI, que lo reduce a laico

Por Agencia EFE – hace 15 horas

Ciudad del Vaticano, 17 dic (EFE).- La paciencia del Papa se acabó y el exorcista, sanador y cantante arzobispo africano Emmanuel Milingo, de 79 años, ha quedado reducido al estado laical y el que fuera pesadilla de la Santa Sede durante años ya es simplemente «Sr. Milingo», como hoy le llamó el Vaticano.

Milingo ha sido uno de los prelados que más escándalos y dolores de cabeza ha procurado al Vaticano, que lo trajo a Roma debido a los métodos «no convencionales» que usaba en las misas que celebrada en su Zambia natal y acabó casado con una coreana especialista en acupuntura, seguidora de la secta Moon.

Y no fue lo único, ya que se proclamó abanderado de los curas casados y se puso al frente de una corriente para la abolición del celibato sacerdotal, «creando confusión y escándalo entre los fieles», manifestó hoy el Vaticano al informar de su reducción al estado laical.

Nacido en 1930 en Mnukwa, en Zambia, Milingo fue ordenado sacerdote en 1958 y obispo en 1969, pasando a ser el prelado más joven de África en aquel tiempo.

Desde el primer momento le rodeó el escándalo, ya que su fama de exorcista y sanador se extendió inmediatamente y sus misas eran seguidas por miles de fieles que esperaban milagros, lo que desató la preocupación en el Vaticano.

Para poner «orden» en su vida, en 1983 fue llamado a Roma por Juan Pablo II para prestar servicios en el Consejo Pontificio para los Inmigrantes y así controlarle de cerca.

Milingo, a pesar de las llamadas de atención del Vaticano, seguía con sus exorcismos, cada vez más numerosos y con más público y cada vez más «fuera de control».

La «jugada» no le salió al Vaticano como deseaba, ya que ese prelado negro, africano, abierto y simpático se ganó inmediatamente a los italianos y a otros países europeos, apareciendo en numerosos programas de la televisión italiana… y sin olvidar sus misas «sanadoras», a las que acudían miles de personas.

No se quedó sólo en ello, ya que también grabó un disco, «Gubudu Gubudu», con el que se presentó al Festival italiano de la canción de Sanremo.

En 2001 volvió a las andadas, es decir a los escándalos, al casarse en Nueva York con la coreana María Sung, en una ceremonia oficiada por el reverendo Moon, fundador de la secta del mismo nombre.

El Vaticano le amenazó con la excomunión y tras un tira y afloja, con, entre medias, apariciones de María Sung ante el Vaticano reivindicando su amor por Milingo, el arzobispo rebelde.

Posteriormente fue recibido por el anciano Juan Pablo II, que le convenció para volver al redil.

Milingo renunció a su matrimonio y permaneció año y medio meditando en varios conventos en Italia y Argentina.

Ya, supuestamente, «recuperado» reapareció en una misa que levantó gran expectación entre la prensa internacional en la abadía italiana de Casamari, cercana a la sureña Nápoli, pero en 2006 volvió a las andadas: regresó con su María Sung y un año más tarde ordenó obispos en Washington a cuatro sacerdotes casados.

Automáticamente cayó en la excomunión, como establece el Código de Derecho Canónico, así como los cuatro sacerdotes a los que ordenó prelado.

Desafiando a la Santa Sede, siguió con su plan para abolir el celibato y ordenando obispos sin el permiso del Papa…hasta hoy, en el que el Vaticano anunció que Milingo ya es simplemente «el señor Milingo».

El Vaticano expresó su «profundo dolor» por la decisión, tomada, según precisó, «por la gravedad de las consecuencias que se derivan para la unidad eclesial de las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio».

Al ex arzobispo se le ha aplicado el artículo 292 del Código de Derecho Canónico, que contempla la pérdida de los derechos y de los deberes del estado clerical -excepto la obligación del celibato- y la prohibición del ejercicio del ministerio episcopal, salvo para casos de peligro de muerte.

Milingo tampoco podrá utilizar los hábitos eclesiásticos.

El Vaticano precisó que la excomunión para las personas que fueron ordenadas obispos por Milingo continúa y advirtió que no se reconocen «ni se pretende reconocer en el futuro tales ordenaciones y las derivadas de ellas».

Observadores vaticanos señalaron que en la Santa Sede se teme que Milingo pueda seguir con sus ordenaciones.

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