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México: misión de las CEBS ante la nueva evangelización convocada durante el año de la fe por S.S Benedicto XVI -- Enrique Fregoso Ramos

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Nueva Evangelización convocada por SS Benedicto XVI
El anuncio de S.S. Benedicto XVI mediante la Carta Apostólica Porta Fide, de convocar a partir del 11 de Octubre de 2012 a un Año de la Fe en el que la Asamblea General del Sínodo de Obispos que se reunirá en Octubre llevará a cabo la Nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, plantea a las Comunidades Eclesiales de Base como parte del pueblo de Dios, el gran reto de sumarnos a esta urgente tarea con nuestro aporte en la transformación social de los pobres de nuestro país hacia una comunidad de vida suficiente y sustentable y a la vez mas dispuesta a la escucha y conversión por el mensaje evangélico.

Partimos en este llamado del análisis de nuestro contexto de vida como principio de discernimiento:

Contexto económico-político-cultural

En el ámbito mundial la economía en la presente etapa neoliberal, está en manos de un puñado de monopolios financieros que hacen de los Estados nacionales la garantía de su autonomía y de su total libertad de movimientos, haciendo de los intentos gubernamentales de “regulación” meros compases infructuosos que dan continuidad a una nueva y desbocada acumulación de “ganancias”.

Por su parte, los grandes monopolios y en general todas las empresas que compiten en el mercado accionario no cesan de reducir sus costos de producción principalmente con la reducción de salarios y prestaciones a los trabajadores aumentando el desempleo e imponiendo cada vez a un menor número de empleados y feroces formas de explotación con base en “multitareas” para cada puesto de trabajo. Mantienen al alza continua su acumulación de capital soportada en especulación financiera y el control del mercado de alimentos y de químicos que imponen a la población a precios sin ningún control de gobierno alguno.

En forma similar, con muy superiores “ganancias”, sustentan el comercio de armas, el narcotráfico y el lavado de dinero. Se trata en el fondo de una condición de absoluta falta de ética donde la perversión de la avaricia y la codicia a niveles extremos son el motor del crecimiento de sus “valores” accionarios, a cambio de la miseria y muerte de millones de seres humanos.

En el ámbito nacional vivimos en el México conocido despectivamente como “el traspatio de los EUA”, se palpa el dominio de los monopolios industriales y financieros norteamericanos en prácticamente la totalidad de las actividades económicas, bancarias, territoriales, etc, propiciado por los gobiernos emanados de nuestra Revolución que han entregado nuestro país al extranjero y se dedicaron a poseer industrias paraestatales como la electricidad y el petróleo que lejos de significar una independencia y fortalecimiento de una economía interna, se pusieron al servicio del subsidio a las trasnacionales y se convirtieron en fuente de enriquecimiento y corrupción de los funcionarios estatales.

Para garantizar su dominio social los gobiernos mexicanos se han valido de una serie de aparatos corporativos que abarcan prácticamente todas las áreas del trabajo, principalmente en la laboral y profesional. La mayoría de los sindicatos que agrupan y controlan a la masa laboral en México no fueron creados por los trabajadores sino por el propio gobierno. Estos sindicatos, amparados en una ley laboral corporativa, controlan las plazas laborales sin exigir una cultura de responsabilidad y trabajo, sino condicionadas al sometimiento a los líderes de tal forma que estos se constituyen en factor de sustentación política de los propios gobiernos asegurándoles la docilidad de la clase laboral. Así, la corrupción de la cúpula burocrática permea a los trabajadores quienes por un trabajo mejor pagado se convierten en incondicionales de sus líderes y se corrompen también, trabajando lo menos posible para la institución.

Es preciso mencionar aquí el dolor intenso que sufre nuestro país por el apoderamiento criminal de que hemos sido objeto los mexicanos. Su origen se remonta a los primeros gobiernos pero en el último sexenio por la decisión del presidente de la República de enfrentar militarmente a los criminales narcotraficantes y secuestradores sin contar con un aparato policíaco confiable y con un altísimo grado de penetración del crimen organizado en todas las instancias del gobierno, el resultado han sido más de 60 mil muertes en el presente sexenio. Esto ha ocurrido no solo por la propia acción militar sino principalmente por los enfrentamientos entre grupos criminales de narcotraficantes que se disputan los cada vez más estrechos caminos de trasiego de la droga hacia los EUA que son el principal consumidor e introductor de armas.

En este ámbito de tan alta corrupción burocrático-corporativa es inviable impulsar con éxito en el ámbito político un cambio inmediato porque están de por medio no solo los ingresos indiscriminados de los funcionarios públicos sino su adicción al poder que se disputan con todo tipo de luchas intestinas al interior de los diferentes niveles del poder público.

Nuestras actuales elecciones: Las recientes elecciones presidenciales en México forman parte de este proceso; El pueblo de México acudió a las urnas para elegir Presidente de la República, Diputados, Senadores, Jefe de Gobierno del Distrito Federal y Gobernadores de diferentes Estados, Hubo la participación de un número de votantes sin precedente que ascendió a mas de 61% del padrón electoral de mas de 84 millones de ciudadanos y arrojaron un resultado que en números redondos le dio el triunfo a Enrique Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional(PRI) con mas de19 millones de votos, superando a Andrés Manuel López Obrador del Movimiento Progresista(PRD) que obtuvo mas de 15 millones de votos, a Josefina Vázquez Mota del Partido Acción Nacional(PAN) con mas de 12 millones de votos y a Gabriel Quadri del Panal con más de 1 millón de votos.

Se observó un procedimiento electoral razonablemente limpio y ordenado con la participación de un gran número funcionarios ciudadanos de casilla. Sin embargo ahora existe una impugnación del candidato López Obrador quien exige la nulidad de las elecciones bajo la acusación de compra y coacción de votos por parte del (PRI) lo cual tiene suspendido el reconocimiento legal de un triunfador hasta que se de la resolución del Tribunal Electoral en función de las pruebas que se le presenten.

Debemos reconocer que en México, las prácticas de compra y coacción de votos es un hecho real que se inserta en la lucha por el poder y que no es privativo de alguno de los Partidos Políticos, pero el PRI (con más de 70 años en el poder) y el PRD que surgió del mismo PRI se han distinguido por estas prácticas que representan una grave inmoralidad política que arrastra a estas formas de corrupción a la mayoría de la población en edad de votar

Durante las campañas políticas no se dirimen propuestas viables de solución a los graves problemas de salario, empleo, salud, vivienda etc. sino que se convierten en un enfrentamiento mediático en el que está de por medio el control y clientelismo político que los diversos partidos políticos ejercen sobre una ciudadanía mediatizada por medio de las dádivas de que son objeto.

Y aunque se han presentado protestas estudiantiles (soy#132) y populares en contra del proceso electoral, en realidad la reacción independiente del pueblo pobre y marginado ha sido en nuestro país muy aislada porque además del corporativismo y el clientelismo político, existen escapes que mediatizan la conciencia del pueblo que en México se encuentra entre la pobreza y la miseria en un porcentaje mayor al 50% del total de la población. Una razón de su pasividad se debe al alto porcentaje de trabajo y comercio informal que se permite y se promueve por el propio Estado y que en la actualidad llega a 14 millones de la población económicamente activa, quedando como desempleo abierto cerca de 2.6 millones de personas donde se generan migrantes principalmente jóvenes y también la cooptación bajo amenaza del crimen organizado.

Contexto Eclesial Mundial y Nacional

El Concilio Vaticano II rompió con una época teológica marcada por la monarquía solitaria pontificia, a favor de otra más sinodal y colegial. Se propuso que fuera un Concilio pastoral y no dogmático, que dialogara con el mundo y con las religiones, además del ecumenismo cristiano que fueron los ejes del Vaticano II.

Sin embargo en la etapa postconciliar, la realidad pecaminosa de la Iglesia y la existencia de estructuras de pecado en la sociedad y en la iglesia se imponen de tal forma que resulta difícil asumir a la iglesia real como querida por Dios y sujeto de la historia de salvación. Los escándalos eclesiásticos hacen mella en la opinión pública y dificultan la aceptación de la comunidad real de pertenencia.

La fe se socializa y se eclesializa, es mediatizada por instituciones, sacramentos y el mismo derecho. Aceptando esta realidad, sin embargo, el Vaticano II nos abre a otras dimensiones. Somos conscientes que no siempre los intereses eclesiásticos coinciden con los del reino y peor aun si, además, se identifica la Iglesia con la jerarquía. Por ello no nos es permitido absolutizar de forma abstracta la mediación eclesial, como si la obra de Cristo fuera sin más la Iglesia y no la instauración del reinado de Dios en la sociedad.

Al final del Concilio un grupo significativo firmó un compromiso que le llamó “Pacto de catacumbas” en el que optaban por una vida más pobre y sencilla y al servicio de los pobres de esta tierra, apartándose de dignidades y privilegios eclesiásticos.

El Concilio Vaticano I había agudizado el problema al definir el primado del papa y su infalibilidad, sin establecer contrapesos episcopales. Había que apoyarse en el papa ante cualquier conflicto de tipo político, piénsese por ejemplo en los concordatos que se firmaban pasando por encima de los obispos. A ello hay que agregar la política de nombramientos eclesiales en el siglo XIX hasta principios del XX, sobre todo en el Pontificado de Pio X y el paralelismo de la Iglesia con el Estado; favorecía el nombramiento de obispos de probada sumisión a la Santa Sede y se favorecía también, a la par, el desarrollo de las carreras eclesiásticas que promovía más bien a funcionarios de las varias congregaciones romanas. Los cardenales, por ejemplo, son considerados príncipes de sangre, con el título de Eminencia.

Al papado se le ve como una institución identificada con las corrientes más conservadoras y las instancias más tradicionales de la Iglesia marcadas por un tipo de dirigismo monárquico y el afianzamiento de la autoridad, con conceptos muy verticalistas de la misma, aunque el lenguaje se haya vuelto más ministerial y comunitario.

Además, “una Iglesia de los pobres, para que sea la Iglesia de todos”, en palabras de Juan XXIII, exige la renuncia a la tentación de una iglesia del poder. En la perspectiva del Vaticano II, urge para nuestro tiempo una Iglesia signo antes que de fuerza y poder, una Iglesia testimonial, para que el Evangelio sea creíble; una Iglesia que renuncie a la tentación de disputa del mercado religioso y acepte ser minoría o resto, si fuera preciso, para no perder su vocación profética. En otras palabras, más allá del discurso, el contexto actual exige que la Iglesia se coloque dentro del mundo de los excluidos, siendo solidaria con ellos y, así, continúe actualizando en la historia la parcialidad de Dios frente al pobre, al sufrimiento del justo y del inocente. Nuestro contexto exige el testimonio de una Iglesia que, además del sujeto social, asuma también el lugar social de los pobres y de los mártires de las causas sociales, que son el principal patrimonio de la Iglesia en América Latina y el Caribe, lo que daría un gran impulso a la Nueva Evangelización en el continente.

En resumen, es preciso conectar salvación, tanto con las aspiraciones y necesidades reales de las personas, como con las grandes causas de los pueblos, para que el destino del Pueblo de Dios se inserte en el destino de la humanidad como un todo. Eso exige hacer del pluralismo un presupuesto, sobre todo dentro de la Iglesia, que se traduzca en pluralismo teológico, litúrgico y disciplinario. En América Latina y el Caribe, para que indígenas y afroamericanos, por ejemplo, se sientan más Iglesia, el cristianismo necesita reformular, desde sus matrices culturales, el lenguaje, los ritos, las estructuras, o sea, la configuración histórica de la Iglesia. La teología india merece ser protegida y reanimada, así como la de la teología afro, de género, la ecoteología y otras configuraciones, que vienen en la estela de la teología latinoamericana.

Este ‘rostro propio’ de la Iglesia en América Latina, preconizado por Puebla, depende de una legítima y sana autonomía de las Iglesias Locales, dentro de los parámetros de la solicitud pastoral de la colegialidad episcopal. Una eclesiología pluriforme aboga por Iglesias Locales encarnadas en la diversidad de sus culturas y en el respeto y diálogo con las expresiones religiosas presentes. Es una cuestión de acogida y respeto a la obra de Dios, operada en el Espíritu, en el corazón de todas las culturas y religiones, que el cristianismo viene a redimensionar y plenificar –pero jamás a suprimir– con la Buena Nueva de Jesús de Nazaret. Las Iglesias Locales, con su obispo al frente, rompiendo con mimetismos eurocentristas o romanizantes, están llamadas en esta hora difícil de los pueblos de América Latina y el Caribe, a ejercitar la creatividad y a arriesgarse por los pobres y excluidos.

No de modo aventurero y solitario, sino solidario, no descuidando el discernimiento y la investigación, el debate y la escucha del Espíritu, en la búsqueda de las respuestas impostergables a las legítimas preguntas de los que, desde los sótanos de la humanidad, levantan su voz. Salvar multitudes, condenadas por una lógica de exclusión, que contraría la lógica inclusiva y solidaria del Evangelio de la cual la Iglesia es depositaria.

Esta situación postconciliar ha creado una verdadera situación inhóspita para la Nueva Evangelización convocada por el Papa Benedicto XVI. La transformación simultánea en la justicia y la paz que podrá constituirse en acción misionera de las Comunidades Eclesiales de Base es condición necesaria para el éxito del próximo Año de la Fe. Se trata de que un nuevo pentecostés bajo la acción del Espíritu se haga presente en América Latina y en nuestro México sin descuidar la acción pastoral impostergable a favor de los pobres.

Misión de la CEBs en el contexto actual de México

Las Comunidades Eclesiales de Base existen en nuestro país y en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe como una luz que fortalece nuestra esperanza en el surgimiento del acontecer del Reino en nuestro Siglo XXI como lo fueron las primeras comunidades cristianas tras la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Cabe reflexionar sobre la importancia de su accionar y la consecuente responsabilidad misionera que adquieren en los actuales momentos aciagos del mundo.

Al unir sus esfuerzos bajo una estrategia que concentre y multiplique sus notables resultados actuales de economía solidaria, vivencia fraternal, lucha por la justicia, defensa de los derechos humanos y de la tierra, podrán lograr para la inmensa mayoría de los pobres y marginados la salvación en el aquí y el ahora ante la opresión y sufrimiento que prevalece; luchar por la construcción del Reino les hará ver y sentir la Buena Noticia traída a nosotros por Jesús que será impulsada por el Espíritu en esta Nueva Evangelización.

Las CEBs son un nuevo modo de ser Iglesia. Desde ahí donde el pueblo se juega la vida las CEBs llevan a realizarse las prácticas y enseñanzas del Jesús histórico. La opción de Jesús por los pobres para las CEBs no es optativa sino una forma de vida cotidiana a favor de los humillados. Su transmisión de la fe a partir de la Biblia toma en cuenta toda la variedad que en nuestra sociedad se presenta en cuanto a clase, género, grupos urbanos, sectores emergentes así como los sectores rurales y campesinos que rodean a los centros urbanos. En todos los casos respetando sus propias tradiciones y formas de inculturización.

Las Comunidades Eclesiales de Base tienen su origen en la renovación postconciliar. En estas comunidades se ha logrado un espacio de comunicación vivencial, en el que hay una comunicación de la fe, un reforzamiento de la identidad cristiana y una cohesión grupal, rasgos que no son tan frecuentes en las celebraciones oficiales.

En este fenómeno comunitario, se ponen en primer plano las relaciones interpersonales de sus miembros, logrando cohesión e identidad grupal. Se constituyen como “pequeñas iglesias”, células de base, en las que es posible tener experiencias religiosas mucho más cercanas y concretas, que las que ofrece la gran Iglesia. En las Comunidades eclesiales de Base tiene una importancia central la celebración litúrgica en la que se pone el acento en la participación de todos, en la comunicación a través de símbolos, textos, prácticas comprensibles y socialmente significativas. Es toda la comunidad la que celebra, en contraste con el clericalismo de los cultos oficiales.

Un riesgo previsible es que las Comunidades Eclesiales de Base pueden tender a aislarse del resto de los cristianos, comenzando por la parroquia, para reclamar su propia autonomía. Presentar un complejo moral de superioridad con respecto de los otros. La concentración en el propio carisma y grupo es tan fuerte que redunda en una selectividad teórica y práctica que puede aislarlas del conjunto de la Iglesia. Hay en algunas comunidades una reacción antijerárquica con una laicidad antiministerial expresada en formas litúrgicas que rompen la comunión eclesial. Se espera un esfuerzo pastoral creativo que asuma la inculturación y la adaptación a diversos grupos, culturas y necesidades en la celebración de los sacramentos en particular y también en la predicación.

Superar este riesgo significa que el accionar de las CEBs debe ser un compromiso profético-político que no solo incluya la defensa de los derechos humanos ante el poder establecido sino la solidaridad y lucha por la liberación junto a todos los grupos sociales del pueblo oprimido

El objetivo estratégico de transformación social que asuman las CEBs las llevará a constituirse en una masa social crítica que, unida a otras organizaciones sociales, lleve adelante una acción de exigencia pacífica que logre la justicia y la paz como sustento óptimo de la Nueva Evangelización. No es el objetivo las CEBs, de acuerdo al proyecto de Jesús, determinada forma estructural de gobierno, sino asegurar una forma de vida suficiente y sustentable para los pobres de México y del mundo mediante las diversas formas de subsidiariedad que deberán ser apoyadas por las instancias gubernamentales y empresariales.

Lo anterior implica que primeramente se logren formas comunitarias de sobrevivencia que le den autonomía y fuerza propia a las comunidades que las mantenga ajenas al clientelismo político, corporativismo y supeditación a todas las formas posibles de la autoridad gubernamental y los representantes del capitalismo neoliberal.

Para lograr lo anterior en forma inmediata son indispensables las diversas formas solidarias de convivencia comunitaria de acuerdo al siguiente Plan Básico de Auto organización en las Comunidades:

PROMOCIÓN Y DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

*Organizar la defensa con apoyo legal autorizado.

*Comprometer la participación consciente y organizada de las personas afectadas.

*Respaldar críticamente a otros grupos que requieran solidaridad de CEBs.

MEDICINA ALTERNATIVA

*Formar grupos de personas con conocimientos y experiencia con apoyo voluntario de médicos y pasantes para la atención de las enfermedades que sean posibles de tratar con los conocimientos y recursos propios. Estar listos a canalizar a clínicas y hospitales los casos que superen nuestra capacidad.

ECONOMIA SOLIDARIA

*Impulsar la comercialización directa de productos del campo, estableciendo relación con los productores, garantizando los precios más bajos y una ganancia para quienes se sumen a estos proyectos, además de compras en común de productos industriales, para obtener ganancias justas abaratando las mercancías.

*Impulso de talleres productivos de todo tipo, así como de mecanismos de comercialización directa a los consumidores. Apoyarse en recursos propios e incluso en los raquíticos créditos del gobierno para comenzar a trabajar.

*Promover pequeñas empresas familiares y comunitarias basadas en la inversión de emigrantes, a fin de que éstos y sus familias tengan empleo cuando sean expulsados de los Estados Unidos.

*Crear asociaciones de trabajadores por gremio, a fin de solicitar la realización de las obras comunitarias o particulares de manera integral: albañiles, plomeros, electricistas, etc.

* Para garantizar la sobrevivencia en las colonias y poblaciones más pobres, impulsar la “invasión verde” de todos los espacios comunitarios susceptibles de ser sembrados con hortalizas, verduras y árboles frutales para mejorar la alimentación, sembrando en jardines, camellones, y las orillas de los cerros, o en las azoteas de las ciudades, según las condiciones.

*Instalación de viveros para la reproducción de las plantas y árboles necesarios, así como producción de composta utilizando residuos orgánicos para mejorar la calidad de la tierra.

*En donde haya condiciones para ello, impulsar crianza de animales, como conejos, borregos (la alimentación de éstos prácticamente no cuesta nada si se usan los residuos verdes de los mercados y algunos de cocina que normalmente se van a la basura); peces, abejas, dependiendo de la región y condiciones.

A modo de conclusión

En el contexto de la globalización neoliberal predomina la lógica de la exclusión del otro en cuanto diferente, cultural o religiosamente hablando. Si bien propiamente ya no hay ‘tercer mundo’ –no porque hubiéramos ascendido al primero, sino simplemente por falta del segundo–, continúa habiendo un centro hegemónico y una periferia excluida, tanto en el plano social como en el eclesial. En la esfera eclesial, dificultades muy concretas en torno a realidades vitales para la Iglesia en América Latina, comprueban la manutención de esta óptica: la desautorización, aunque más en la práctica que en el discurso, de una “teología latinoamericana”, diferente de la única central y hegemónica; la frecuente matización y adjetivación de la opción por los pobres, la falta de apertura al modo de ser de las Comunidades Eclesiales de Base, que se ponen en la perspectiva de una mayor inculturación de la liturgia, de la creación de nuevos ministerios laicales, de un reconocimiento de la participación más efectiva de las mujeres, etc. y de la gestación de un respeto y acogida de las diferencias, en el pluralismo como un presupuesto para pensar las identidades y los sujetos,.

Entre tanto, es en el seno de la historia que la Iglesia necesita ser mediación de la salvación de todo el género humano, no sólo caminando con ella, sino también interactuando y contribuyendo en la definición de los rumbos de la humanidad. Si, desde el primer momento, la Iglesia hubiese estado sintonizada con la modernidad, con espíritu de diálogo, servicio y profetismo, renunciando a cualquier postura apologética, ciertamente muchos de los equívocos y exasperaciones del proyecto civilizador moderno habrían sido redimensionados o evitados.

En esta perspectiva, para que el cristianismo recupere su fascinación, se requiere una práctica eclesial de un auténtico humanismo, abierto y comprometido con la defensa y promoción de la vida, tanto dentro como fuera de la Iglesia. La concepción de Medellín, concibiendo la salvación como ‘pasaje de situaciones menos humanas, a más humanas’, reivindica un cristianismo más cuidadoso de la vida, más ecológico, más femenino, más pluricultural y plurirreligioso, más democrático. En resumen, es preciso conectar salvación, tanto con las aspiraciones y necesidades reales de las personas, como con las grandes causas de los pueblos, por cuanto el destino del Pueblo de Dios se inserte en el destino de toda la humanidad, lo cual define el alcance misionero de las Comunidades Eclesiales de Base.

frelom@prodigy.net.mx

efr/julio/2012

Documentos de referencia

Directorio para la Pastoral Social en México. Conferencia del Episcopado Mexicano

La Misión Evangelizadora en el Contexto Actual. Red Ecuménica Latinoamericana de Missiolog@s

Vocación y Misión de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Diócesis de Netzahualcoyotl.

Eclesiologia y Secularismo. Síntesis del libro de Juan Antonio Estrada El Cristianismo en una sociedad laica. P.Manuel Rubín de Celis msps

La Nueva Evangelización y el Cambio Social. Enrique Fregoso Ramos

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