Umoya
El 23 de marzo de 2010, en la web de redes cristianas se publicó un artículo de Nicole Thibon que acusa a la Iglesia de ser la principal promotora de la tensión étnica en Ruanda, así como de esgrimir que dos organizaciones católicas -S’Olivar e Inshuti- apoyan y financian a una guerrilla armada hutu. Ambas acusaciones son completamente falsas.
Según a mí me parece -he leído el artículo- o bien Nicole Thibon conoce una historia contaminada de Ruanda, o forma parte del grupo de personas «contratadas» para contaminar la información sobre lo que sucede en esta región africana y desviar la atención sobre aspectos no esenciales.
Según a mí me parece, el artículo forma parte de una línea de argumentación creada y muy divulgada por el FPR (con su líder Paul Kagame al frente) para atraer las simpatías de personas y grupos de izquierdas hacia esta élite tutsi que ostenta el poder en Ruanda desde 1994. La estrategia que usan tiene dos hilos argumentales:
1º) Han observado que a estas personas y grupos de izquierdas les atraen los argumentos que se centren en demostrar los vínculos de la Iglesia con dictadores y regímenes totalitarios. Este tipo de lazos podemos ver que han ocurrido si miramos la historia de nuestro propio país, así como la de muchos países de América Latina, y generalizando esto quieren hacer creer que en todas partes ha sido así, y que en Ruanda el orígen del conflicto está también ahí. La autora, en concreto, quiere llevar al lector a la conclusión de que fue la Iglesia quien creó y estimuló el odio racial en Ruanda.
2º) Una vez atraída la simpatía de la persona en cuestión, el texto se adorna con abundantes referencias a hechos concretos y nombres concretos de personas que el lector difícilmente puede contrastar (y saber por tanto si son ciertas o no),pero que proporcionan la impresión de que la autora está muy bien documentada.
Sin embargo quienes miren la historia de nuestro propio país y la de otros muchos de América Latina saben que la Iglesia tuvo un papel muy importante también junto a la izquierda en la lucha para derribar estos regímenes totalitarios. Me refiero, como se sabe, sobre todo a la Iglesia de Base, a la Iglesia del pueblo, aunque hay también ejemplos muy importantes de dirigentes de la Iglesia -¿quién puede poner en duda la figura de Monseñor Romero?- que se pusieron muy firmemente de parte de los oprimidos.
En Ruanda ha ocurrido algo parecido. Ha habido una parte de los miembros de la Iglesia que se aliaron con los opresores que ostentaban el poder, y otra que optó por los oprimidos. La difamación y manipulación de los hechos viene -según mi punto de vista- en la intencionalidad reiterada del FPR de mostrarse a ellos mismos como las únicas víctimas. Es una estrategia que les ha dado muy buenos resultados siempre, pues saben que hay tendencia humana de solidarizarse con la víctima y no con el opresor.
La manipulación viene al invertir los papeles: mostrar a los dominantes como víctimas, y a los oprimidos como opresores. Tal y como hace Nicole Thibon en su artículo, hacen referencia a enfrentamientos de mitad de siglo XX en Ruanda en donde los hutus persiguieron y mataron a los tutsis basándose en la argumentación del odio étnico introducido por los misioneros. Pero un lector antes o después puede preguntarse ¿y qué interés tenían los misioneros en fabricar un odio étnico en Ruanda entre hutus y tutsis? Interrogante crucial que queda sin responder en el escrito.
Es cierto que la presencia de algunos misioneros influyó en el cambio de «equilibrio» social ruandés, ya que consideraban que la fidelidad a Cristo pasaba por ponerse de parte del oprimido (los hutus) y este apoyo influyó en los movimientos reivindicativos de la mayoría hutu (85% de la población) frente a los abusos de poder no de los tutsis, sino de la minoría noble tutsi que ostentaba el poder. Así pues, las víctimas no eran los nobles tutsis, sino la gran masa social sometida y pobre hutu. Muchos consideramos que la tensión étnica está originada no por el discurso racista de los misioneros, sino por esas tensiones que siempre surgen cuando hay opresores y oprimidos, y cuando los opresores (en este caso la nobleza tutsis) son además dueños del poder militar, aunque sean minoría, hubiera o no
misioneros.
Para muchos de nosotros los tutsis del FPR no son las víctimas, ni solamente los opresores actuales. Procedentes del grupo noble tutsi que tuvo que exiliarse de Ruanda en 1959 tras esos primeros enfrentamientos entre hutus y tutsis, y en donde esta nobleza perdió el poder, el FPR -con Kagame como líder- decidió usar la antigua tensión social hutu-tutsi como eje central de la lucha que le devolvería el poder.
El FPR intencionadamente actuó para exacerbar la tensión hutu-tutsi y convertirla en odio de una
etnia a la otra a través de la guerra que instauró desde 1990 hasta 1994. Eligió crear un ambiente de tensión étnica interna dentro de Ruanda como estrategia que le facilitara dar un golpe de estado y tomar el poder. El detonante del genocidio de los tutsis de 1994, lo que dió el pistoletazo de salida, fue precisamente una actuación del FPR: el derribo del avión en donde viajaba el presidente hutu ruandés elegido en las urnas.
Sin este atentado del FPR y sin la exacerbación de la tensión étnica provocada por el FPR no habría habido genocidio. De hecho, antes de que el FPR en 1990 empezara esta campaña, eran muy
frecuentes los matrimonios entre hutus y tutsis y no había tanta tensión étnica. El FPR
sabía que con las urnas nunca conseguiría el poder, por tanto lo tomaría por la fuerza.
En 1995 un grupo de organizaciones, constituyendo el Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en los Grandes Lagos, bajo la propuesta de Juan Carrero Saralegui – Presidente de la Fundación S’Olivar- presentamos en la Audiencia Nacional española una querella criminal contra la cúpula del FPR amparándonos en que 9 españoles (misioneros y cooperantes de ONG) habían sido asesinados por el FPR porque eran testigos o poseían información sensible sobre masacres de población que el FPR estaba cometiendo. El 6 de febrero de 2008 el juez de la Audiencia Nacional D. Fernando Andreu
Merelles imputó los crímenes de genocidio y lesa humanidad a 40 altos mandos del FPR y emitió órdenes de arresto contra ellos.
La Fundación S’Olivar e Inshuti han tenido un protagonismo especial en las investigaciones ya que han aportado importantes pruebas y testigos al juez de la Audiencia Nacional, por lo que el actual Gobierno de Ruanda (el FPR) sospechamos que ha creado un equipo de falsos testigos que han declarado ante el Grupo de Expertos de NNUU, diciendo -creemos- que ellos eran miembros del grupo armado hutu FDLR y que recibían apoyo logístico y financiero de estas organizaciones españolas. Y que S’Olivar desviaba las ayudas que estaba recibiendo del Gobierno Balear para financiarles.
Lo que nos ha parecido bochornoso en este asunto es que NNUU (parece que hubiera complicidad) haya dado crédito a estos falsos testigos, publicando en un informe estas acusaciones, sin tener en cuenta que todas las subvenciones pedidas por S’Olivar han sido perfectamente justificadas todos los años y que el propio Gobierno Balear haya hecho declaraciones públicas en apoyo de su inocencia.
Lo que nos asombra también, tras observar las actuaciones de NNUU en relación al FPR es siempre su actuar ambiguo (parece como si le estuviera protegiendo): Ruanda invade el Congo y no hay sanciones contra ella a pesar de que la invasión produce millones de congoleños muertos y cuando NNUU decide imponer un embargo de armas en este conflicto le impone el embargo también al ejército congoleño (mucho más débil que el ruandés), el embargo sobre el ejército congoleño se hace efectivo, pero a Ruanda siguen llegando armas a través del mercado ilegal; en la invasión Ruanda se apropia de la posesión de las principales minas de oro, coltán y casiteritas (entre otros) del este del Congo y NNUU no impone ningún embargo sobre Ruanda para dificultar que exporte estos minerales congoleños pese a que expertos de NNUU aconsejan vivamente esto para detener la guerra; NNUU decidió dejar Ruanda sin cascos azules (en vez de aumentar su número) cuando empezaba el genocidio del 94 -lo que favoreció la toma del poder del FPR-; el juez Andreu procesa el militar ruandés Karake Karenzi imputándoles los crímenes de genocidio y contra la humanidad y ordena que la interpol lo capture y NNUU lo mantiene como segundo al mando de los cascos azules en Darfur con lo que hay un vacío legal por el que NNUU no lo entrega al juez español… hay tantos casos más en donde el FPR y Kagame se han visto favorecidos por actuaciones ?extrañas?? de NNUU antes casos tan graves, que empezamos a sospechar que no está siendo por casualidad.
Posiblemente el que una parte muy importante de las riquezas mineras del Congo (especialmente casi todo el coltán) lo exporte Ruanda (y no el propio Congo) tenga algo que ver.
Quien quiera saber de la inocencia de estos tutsis del FPR que Nicole Thibon indirectamente está apoyando quizás pueda mejor leer el propio auto del juez de la Audiencia Nacional que ha instruido el caso. Quizás sus investigaciones y conclusiones sean más imparciales y objetivas que las de Nicole Thibon y las mías propias. El auto puede obtenerse de http://www.veritasrwandaforum.org/dosier/
resol_auto_esp_06022008.pdf