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LOS OBISPOS UNEN LA FAMILIA Y EL CARNET POR PUNTOS

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Apostolado de la Carretera

La Iglesia que peregrina en España, fiel a su cita anual de primeros de julio, quiere un año más colaborar con otras instancias oficiales y privadas para tratar de lograr cuanto antes una circulación más segura y serena, una carretera más humana. De este modo nuestra Iglesia pone un énfasis mayor en su continua labor educativa.

El lema de este año

Al comienzo de las vacaciones de verano, el mensaje de la Campaña de este año, bajo el lema “Piensa en tu familia. No pierdas puntos”, quiere recoger y unir, a propuesta de los Delegados diocesanos del Apostolado de la carretera, dos temas de actualidad: la familia y el carné por puntos.

Por una parte, la familia, por su múltiple relación con el tráfico rodado y, más en particular en esas fechas, por el impacto extraordinario del V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, con la presencia del Papa Benedicto XVI.

Por otra parte, queremos referirnos a una medida novedosa: la entrada en vigor del carné por puntos. La Administración pública, en su afán por garantizar un tráfico más seguro y fluido, y visto el resultado positivo de esta normativa en otros países, ha tomado la decisión de imponer este tipo de carné de conducir, que sin duda va a tener importantes repercusiones en la conducta de los conductores y, consecuentemente, en sus familias.

Vehículo y familia

Todos somos conscientes de los innegables beneficios que los diversos tipos de vehículos, cada día más numerosos y perfectos, aportan a nuestras familias: facilitan el acceso a los lugares de trabajo o de estudio, incluso a distancias considerables; transportan con mayor comodidad y velocidad víveres y utensilios al hogar; brindan nuevas oportunidades para viajes, excursiones, salidas de fines de semana, desplazamientos a los lugares de vacaciones, y fomentan contactos más frecuentes con familiares o amigos distantes…

Pero no podemos silenciar otros riesgos o aspectos negativos: la convivencia familiar puede quedar perjudicada por la tentación de utilizar el coche sin necesidad; los viajes largos suelen originar cansancio y especiales tensiones nerviosas en los miembros de la familia por la fatiga, los atascos y retrasos, las averías y, en ocasiones, el comportamiento incorrecto de los niños. Y, por desgracia, siempre acecha el peligro del accidente, con pérdida de vidas humanas o con heridas y traumatismos de consideración. Si todo tipo de accidente es lamentable, nunca dejamos de estremecernos con las noticias de aquellos accidentes en los que todos o varios miembros de una misma familia han fallecido o quedado malheridos.

Valor educativo de la familia

¿Cómo no subrayar el primordial valor de la familia, también el campo educativo? Célula vital de la sociedad, primera escuela de las virtudes sociales, la familia sigue siendo la más eficaz educadora de los hijos, también en la educación vial, fomentando desde sus primeros años, tanto en el hogar como dentro del vehículo, – más con el ejemplo que con la palabra – las normas de comportamiento que han de observar como peatones, pasajeros y futuros conductores. Padres, abuelos y hermanos, juntamente con maestros y educadores, pueden y deben contribuir a que los niños sepan comportarse debidamente en las calles, en las salidas y entradas de escuelas y colegios, en los mercados y en los lugares de diversión o de grandes concentraciones. Desde niños han de ser formados en el aprecio de la vida y de la dignidad de la persona, en el conocimiento y el respeto de las normas justas que regulan el tráfico, en la tolerancia de los errores e imprudencias de los demás, en la cortesía y el espíritu de sacrificado servicio a la hora de prestar ayuda.

Familia y accidentes

El valor insustituible de la familia se hace particularmente evidente en los casos de accidente. Nadie como la propia familia llora tanto la muerte de sus seres queridos, apoyándose mutuamente con el mayor cariño y entrega. Cuando las consecuencias del accidente se traducen en largos períodos de hospitalización y de convalecencia, en centros especializados o en el propio domicilio, quienes hemos vivido esa experiencia no podemos menos de reconocer y agradecer el protagonismo de los familiares: son ellos los que, con admirable capacidad de entrega sacrificada y de atención delicada, saben día y noche estar al lado de los suyos. En la escuela del dolor se descubre también el valor del personal sanitario y de los verdaderos amigos, pero, por encima de todos, sobresale con mucho la presencia y la dedicación de la propia familia.

El carné por puntos. Es, sin duda, la novedad más llamativa de las medidas que la Administración comenzará a aplicar en breve para fomentar el sentido de responsabilidad de los conductores. La pérdida de puntos por infracciones puede llevar hasta la retirada del carné de conducir. ¿Quién no ve las dramáticas consecuencias de esta medida en los casos en los que se aplique, sobre todo, a profesionales que se ganan el pan de cada día al volante de sus camiones, furgonetas, coches o motos? Tanto ellos como también sus familias quedarían muy afectados.

Esta medida nueva, así como otras duras sanciones que se anuncian, tienen, sin duda, una finalidad plausible. El tiempo nos irá diciendo si resultan eficaces y beneficiosas para todos, a pesar de su aspecto de innovaciones peligrosas e impopulares, o deben ser corregidas cuanto antes. En principio todos debemos guiarnos por estas consideraciones del Beato Papa Juan XXIII: “No os extrañéis de que estimemos deber nuestro el recordar a todos, cuando la ocasión se presenta, el valor del código de circulación y de todas las decisiones adoptadas por las autoridades responsables de la seguridad en los desplazamientos. Es suficientemente evidente que sin el control y la limitación necesaria la mecanización progresiva que caracteriza a la vida moderna arrastraría a catástrofes cada vez más graves para el orden en la vida en sociedad…”.

Un saludo afectuoso

Un año más os enviamos un saludo respetuoso y lleno de admiración y gratitud a cuantos estáis más estrechamente vinculados al mundo del tráfico: automovilistas y camioneros, transportistas, conductores de taxis y autobuses, ciclistas y motoristas, vigilantes y equipos de auxilio, agentes de la Administración, voluntarios de ayuda en carretera, formadores de autoescuelas, miembros de asociaciones o cofradías, sin olvidar, cómo no, a cuantos en nuestras delegaciones diocesanas venís desarrollando una labor callada y constante en favor de todos los usuarios de la calzada.

Este año hemos renunciado a ofrecer estadísticas de accidentes, porque creemos que los diversos medios de comunicación nos vienen informando diariamente de ellos. Si ciertos datos últimos nos inducen al optimismo, por los buenos resultados obtenidos, no cabe duda de que aún estamos muy lejos de acercarnos a los resultados apetecidos. Así, por ejemplo, el gran éxodo masivo de la última Semana Santa se saldó con más accidentes mortales que el año anterior. Por ello, nunca hay que bajar la guardia, sino colaborar todos, estrechamente unidos, para acercarnos al utópico “objetivo cero” de la eliminación de los accidentes mortales en la carretera.

Querido conductor: no olvides nunca que tu familia vive pendiente de ti. Tampoco la olvides tú. Los tuyos te tienen siempre presente en su corazón. Muchas veces rezan por ti, para que puedas volver a casa sano y salvo. Y piensa también en los otros conductores con los que te encuentras o cruzas en la carretera. Como tú, ellos también tienen su propia familia que les espera ilusionada y a veces preocupada. Respétalos, ayúdales, nunca pongas en peligro su integridad o su vida con maniobras arriesgadas o imprudentes. Tanto tu familia como la suya te aconsejan prudencia, sentido de responsabilidad, no sólo ni principalmente por los puntos que puedas perder en tu carné de conductor con las infracciones, sino por tu propia seguridad y la de otros usuarios de la calzada, por el bien de todos.

Cuántas veces –lo sabes por propia experiencia– el recuerdo de la familia, fomentado por la foto de los tuyos colocada ante tu mirada, te endulza la amargura de la separación, te estimula en el deseo de regresar cuanto antes al hogar, y te ayuda a que la conducción sea más responsable y menos fatigosa. La familia es la mejor escuela de amor, esperanza y responsabilidad tanto de quien se pone al volante como del peatón. No ha perdido actualidad aquello que esta Delegación decía en la Campaña de 1994: “La familia en la carretera es freno, motor, meta y dulce compañía”.

Te encomienda también la gran familia cristiana: la que goza de Dios en la casa del Padre (y a la que tú sueles invocar por intercesión de la Virgen del Camino, de tu ángel custodio, de san Cristóbal y de otros santos protectores) y la que peregrina aún por los caminos de este mundo. Así ora la Iglesia en su Liturgia de las Horas: “que los que están en camino tengan un viaje feliz y regresen a sus hogares con salud y alegría”.

15 de mayo de 2006

+ Carmelo Echenagusía
Obispo Promotor del Apostolado de la Carretera

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