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«¡Me quitaron tanto….!» -- Pedro Pierre

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La frase completa es “¡Me quitaron tanto que me quitaron el miedo!” Escribo esto pensando en Palestina porque año tras año desde 1948 Israel le quita su territorio. Estoy pensando en Irán donde las mujeres, a pesar de la represión de la más cruel, siguen protestando y levantando todo un país contra su gobierno.

Estoy pensando en Perú donde las protestas se han generalizado para exigir el regreso del presidente Castillo, elecciones y nueva
Constitución. Estoy pensando en Ecuador donde el miedo nos paraliza frente a la arremetido del gobierno que quiere repetir la misma Consulta engañosa y nefasta del gobierno anterior, para mantenernos sumisos y
arrodillados, mientras nos regalan pollos y gorras para cerrarnos la boca y marrarnos las manos.

Navidad es el comienzo de una nueva vida, de una nueva fe, de una nueva sociedad. Nos quieren engañar al sustituir al niño Jesús por un papanoel bufón y consumista, que ya ha entrado en grande en muchas de nuestras
casas, de nuestras parroquias y hasta de nuestras iglesias. Quieren desaparecer el proyecto de Belén que es el arranque de una nueva humanidad desde los pobres.

Este proyecto no es sólo religioso sino también económico y
político tal como lo era el proyecto de Abraham y Sara retomado por Moisés y Mirian, confirmado por los profetas y los sabios, y asumido por Jesús.

“¡Gloria Dios y paz a los hombres!” Tal es el lema que sigue resonando año tras año con la Navidad. Pero “la gloria de Dios es que el pobre viva” y viva digna y organizadamente, decía monseñor Oscar Romero de El Salvador. La Biblia dice en el libro de Isaías y el papa Francisco no cesa de repetirlo que “la paz es fruto de la justicia”. El salmista
sueña: “¡Haré derivar hacia Jerusalén como un río la paz!” y que se extienda a todas las naciones.

¿Cómo vamos a celebrar la Navidad? Con cantos piadosos, luces multicolores, chocolate caliente, pavo hornado…
Con regalos a unos niños hambrientos, que no quitarán la tristeza de sus ojos. Con abrazos de conveniencia y un sonriente “¡Felices pascuas!” que no cambian nada y nos hunden un poco más en la indiferencia y el individualismo.

“¡Nos quitaron tanto…!” Es cierto, pero no “nos quitaron el miedo”. El miedo a ver la realidad tal cual es:
¡terrible y mortal para millones de ecuatorianos! El miedo a descifrar las causas de la miseria que asecha a 40% de la población nacional, miseria y causas que no queremos ver y que enterramos por el aislamiento, el quemimportismo y la falta de solidaridad. El miedo que nos hace creer en un Jesús niño que no creció nunca en nuestra mente ni en nuestra vida.

El miedo por no aceptar que Jesús es ‘Emanuel’, es decir ‘Dios con nosotros los pobres’, ni tampoco lo que significa su primer nombre: ‘salvador’, o sea, liberador de todo lo que nos destruye y destruye a los demás.

Miedo a ser adulto, es decir, varón de verdad y mujer digna, juntos y en pie de lucha para no dejarnos ganar por la vida fácil que crece a costa de los demás. Miedo a mirarnos a los ojos los unos con los otros… y que nos impide decidir tener de una vez por todas una vida plena, o sea, solidaria, “al servicio de la fraternidad sin frontera, la
amistad social y el amor político” tal como lo pregona el papa Francisco en su Carta “Todos somos hermanos y hermana”, urgiendo una “hermandad universal” y una comunión armoniosa con la madre Naturaleza. Miedo a mirar la vida y la muerte de frente poque preferimos cuidarnos, cuidar a nuestros hijos.

No nos hemos convertido a Jesucristo que nos dijo: “¡Quien quiere ganarse la vida, la pierde; y quién la pierde por mi y por los demás, la gana!”
Eso es el sentido de la Navidad: un Dios que viene a perder la vida por nosotros, débil como un niño, pobre como un recién nacido, rodeado de gentes sin importancia, ni nombre ni fama. Un Dios que nos provoca, que nos interpela, que nos mueve el piso para que caigamos en cuenta que la vida y la felicidad se alcanzan mediante la
sencillez, el compartir, la valentía, la entrega por un proyecto de fe y de sociedad que nos haga hermanos, dignos, justos, solidarios de las causas de los pobres… hasta que nos cueste la vida… porque seguir al Jesús de Belén es para los valientes y no para los tibios, para los entusiastas y no los acomodados, para los que generosos y no para los
egoístas, para los valientes y no los cobardes, para los creyentes de lo imposible y no los agachados y superficiales.

La Navidad nos desafía: ¿A qué y a quién apuestas tu vida?… sin miedo, sin mirar atrás. Definitivamente la Navidad es para los emprendedores y los atrevidos.
Hace un mes, en su visita al Medio Oriente, el papa Francisco decía: "Sean sembradores de fraternidad y serán cosechadores de futuro… Que no les pase ser “turistas de la vida”, que sólo la miran desde fuera, superficialmente…

Todos ustedes son un tesoro, un tesoro único y valioso… ¡No pierdan nunca la valentía de soñar y de vivir en grande! … Sean sembradores de fraternidad y serán cosechadores de futuro, porque el mundo sólo
tendrá futuro en la fraternidad".

¡Feliz Navidad! … para avanzar en esta clase de vida y de humanidad.

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