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Manifiesto -- Juan Carlos S. Claret Pool

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1. El Papa no ha iniciado ningún proceso serio en materia de abusos. Posicionó Chile como el basurero de la pederastia pues, a diferencia de otros países, el episcopado chileno es insignificante para la sociedad y genera pocos dividendos económicos en Roma. Así, aparentar para el mundo ser el defensor de los débiles tiene ínfimos costos asociados frente a toda la ganancia propagandística. La mejor demostración, es que ha sacado a un puñado de obispos a través de un espectáculo innecesario para que todos ellos pongan sus cargos a disposición, cuando canónicamente siempre los ha tenido a su merced… por eso los obispos son trasladados de diócesis.

Asimismo, otra demostración de este maquineo son las portadas que
obtiene al sacar por gotera a los obispos rehusándose explicar las razones de sus salidas sin
siquiera iniciarles procesos, ni entregar los antecedentes para que podamos iniciar acciones
legales. Irónico: la carga probatoria y la sobre exposición queda en las víctimas cuyos
testimonios se los confiaron a Roma, pero, ¿no era que Francisco iba a ayudar a hacer justicia?
2. Las preguntas claves y que tanto el Papa como sus paladines no responden son ¿por qué
quiso sacar a los obispos de Karadima en 2014 y por qué no los sacó en ese momento? ¿Cuál
fue la acusación desacreditada por la Corte Judicial en contra de Barros? y ¿Por qué lo sacó en
2018?
3. El proceso para acabar la cultura del abuso terminó antes de haber comenzado. Y sucedió
el mismo día que los llamados a hacer protagonistas, las comunidades, se pusieron ciegamente
del lado del Papado como si fuera la panacea. Esto ha llegado a niveles tan absurdos que, y
hagan el ejercicio, si uno pregunta en las comunidades qué debemos hacer para salir de la crisis,
la respuesta tipo es “combatir el clericalismo” y si se pregunta por qué hay que hacerlo, se dice
“porque el Papa lo dice”. Lo cierto es que el Papado, cualquiera sea el Pontífice, es causa del
problema, pues la membresía que deben pagar las personas para ser parte de la jerarquía
eclesial es obligarse a ser criminal. Es cosa de revisar el Código de Derecho Canónico. Dicho
de otra forma, no es posible ser obispo, incluso el de Roma, sin hacer un horrocrux en el
proceso. Los abusos son una consecuencia de un problema precedente y mayor: la
jerarquización de la experiencia de fe y los casi nulos espacios de confianza lúcida en su
interior. Y esto no es un problema puntual o circunscrito a un país determinado, es un
problema global, una pandemia católica, toda vez que el abuso y su encubrimiento es producto
de un mecanismo estructural que fue orquestado ideológicamente, y por lo mismo, se puede
desmontar. Esto significa que no se puede salir de esta crisis si la Iglesia Católica no está
dispuesta a desmantelarse institucionalmente. Pero esta discusión no se está dando y no creo
que se dé pues estamos acostumbrados a que las cosas sean así, y si uno hace uso de las
acciones que el Derecho nos posibilita, es mal visto pues el barómetro con el que se mide al
papado es increíblemente más bajo que con el que se mide a cualquier otra persona con cargo
de responsabilidad mucho menor. A él se le justifica todo. Por ejemplo, se nos presenta como
una gran innovación la cumbre a realizarse en Roma en febrero de 2019 donde los obispos
aprenderán que está mal abusar. ¿Really? ¿De verdad esta es la gran innovación? ¿Qué
opinaríamos si el Presidente hiciera una cumbre con sus ministros para explicarles que está mal
abusar de menores? Sin duda hablaríamos de la obviedad del tema por parte baja. Con esto no
quiero decir que la cumbre romana no se haga, pues prefiero que sume a que reste, pero
seamos lúcidos y no nos compremos el cuento de que es un tremendo paso. Supongo que
Interpol estará en las puertas del Vaticano para que no se colen aquellos que podrían hacer de
la cumbre, una de muchos criminales.
4. Generalmente me dicen que tengo una bronca personal con el Papa, pero él no es mi
enemigo. Sí lo es el Papado como una monarquía absoluta. Que para ser católico tenga que
aceptar jerarquizar mi experiencia de fe es antievangélico. Por eso me entristeció ver a tanta
gente aplaudiendo al Papa porque sacó a Karadima y a Precht pues, y lo dice el comunicado, el
Monarca puede hacer lo que quiera, con quién quiera y cuando quiera. Pero, ¿no se ve que esa
es la causa del problema? Irónicamente, al mismo tiempo que usa su poder absoluto, él mismo
nos dice que hay que combatir el clericalismo. Con esto no estoy diciendo que la Iglesia deba
ser una democracia, pero no porque no lo sea, significa que necesariamente deba ser una
monarquía absoluta. Hay mecanismos y valores que la humanidad ha conquistado, que son
propias de las democracias modernas, y que la Iglesia debe escrutar: transparencia,
información, frenos y contrapesos, por decir algunos. Y esto no es un discurso trasnochado, es
una deuda histórica, pues si la Iglesia lo hubiese asumido en su momento, muchas víctimas no
lo hubiesen sido. Pero como la obstinación católica es grande, ahora deberemos hacer los
cambios con una mochila mucho más pesada por tantas vidas crucificadas por capricho.
5. En ese sentido, a mí me da pena el Papa pues cualquiera que sea, está cautivo de su propio
poder. Cuando estuve en Roma y lo vi en el rezo del Ángelus me recordó a la reinterpretación
que Francis Bacon hizo del retrato de Inocencio X de Velázquez: un espectro cautivo. Ese día,
cerca de mí había un grupo de jóvenes pelolais, de esas que cantan “esta es la juventud del
Papa”, y cuando Francisco se asomó por el balcón, lloraban. Les pregunté si entendían algo de
lo que el Romano Monarca decía y sucede que no tenían idea… lloraban por verlo solamente,
aunque sea un punto blanco a lo lejos. Lo que me dejó ese rezo del Angelus es que así debió
haber sido en la Alemania hitleriana. Y con lo que sucede en Chile, lo confirmé: todos
perdieron la cabeza porque el Pontífice dijo que le habían mentido, sin preguntarse si aquello
corresponde con la verdad. Lo importante era que el monarca estuviera bien informado, sin
preguntarse si es sensato que en él recaigan las decisiones relevantes en más de 5 mil diócesis
dispersas por el mundo con todos las particularidades culturales. Cómo nadie se cuestiona esto,
cagazos como los de Osorno van a seguir ocurriendo a un costo altísimo.
6. Encuentro genial que hayan curas y víctimas que tengan línea directa con el Papa para
baipasearse al embustero de Scapolo. Sin embargo, de los curas no vendrá la solución y no sólo
por su miedosa deformación sino por su general incomunicación con la vulnerabilidad
humana. Creo más probable que el abuso de poder que ejercen tienda a desaparecer en la
medida que trabajen como cualquiera, más que con el fin del celibato. En el caso de las
víctimas, bacán que tengan comunicación con Francisco pero de las tres de Karadima dos ya
no son creyentes y el que queda no está inserto en las comunidades de Chile. En consecuencia,
¿qué le informan al Papa sobre la Iglesia Chilena? Cuando fueron a Roma, agradezco el gesto
de Murillo de llamar para decirme que en el rato que iba a estar con el Papa no iba a hablar ni
de Osorno ni de la Iglesia porque no es su tema. Además, convengamos que era peligroso…
cuando a quien le gusta que recen por él supo que una comunidad de tontos y zurdos lo hacía,
se sinceró de la manera que todos lo hacemos cuando se cree que no hay una cámara grabando
y dejó la escoba. Irónicamente, tres años después nos manda a decir que reza por nosotros, sin
mediar cámara de por medio. Pero volviendo a la médula, ¿A quiénes se les está consultando
por los temas que esas tres víctimas no conocen desde la base? ¡A ninguna comunidad se le
está consultando! ¿Les han preguntado a los de La Legua y Villa Francia? ¿A los de
Antofagasta, Chillán, Concepción, Iquique, La Serena, Valparaíso, Aysén y Magallanes donde
las comunidades están dando pasos importantes a raíz de los mismos problemas pero
expresados en sus particulares realidades? Como se aprecia, a esta mesa le falta una pata
fundamental.
7. El proceso de empoderamiento laical y de víctimas que comenzó a principiar este año es un
proceso fracasado. Aisladamente, las iniciativas funcionan bien, pero en común, es una bolsa
de gatos. En el caso de las víctimas, veo víctimas ricas y víctimas pobres. Las primeras son
aquellas por las que todos nos preocupamos y hasta nos organizamos, sostienen encuentros
privados con el Romano Pontífice y desde entonces lo llaman “su santidad”, y hablan a
nombre de todos sin preguntar a todos. Las segundas, son las que a nadie les importa, las que
no tienen a quien los contenga y ayuden en sus adicciones. Ante esta soledad, los obispos se
presentan como gente buena onda y le ofrecen un terapeuta que lo único que hace es sacarle
información para articular la defensa de los curas. También hay otros obispos, recientemente
nombrados administradores apostólicos, que usan las denuncias escritas de estas víctimas
como mofa en las reuniones de las comunidades que visitan.
8. En el caso de los laicos, el fracaso llegó cuando las comunidades comenzaron a distinguir
entre los encubridores malos y los encubridores buenos, que son aquellos curas conocidos,
buena ondas y «progres». Cuando un cura es progre, los intentos de revelar sus maldades
siempre serán intentos maquiavélicos del integrismo para hacerlo caer. Tan patético es esto,
que si los curas son investigados se arman funas laicales para evitar que se avance en ella; y
quienes están de acuerdo con las diligencias, esgrimen su postura favorable en que quién inició
la investigación es alguien nombrado por el Papa. Esto refleja que pese a todos estos intentos
de organización, el laicado no ha superado la mentalidad de archipiélago. En vez de tender
puentes para encontrarnos, he visto las zancadillas para intentar destruirlos o hacer de esas islas
una pangea. No he perdido la esperanza en el Sínodo Autoconvocado por un buen grupo de
laicos y laicas, pero un laicado muy «compañero» intenta hacerlo fracasar: si no se está en todas
las luchas sociales prefieren que no se haga nada, que llenan de spam los grupos de whatsapp
por lo que terminan saturando; o un laicado cínico que recibe premios a nombre de todas las
víctimas pero cuando un pequeño grupo se reúne para formarse y ayudarlas de manera más
profesional, ellos se lamentan diciendo “qué lata que ahí no estén los verdaderos católicos”. O
sea, incluso entre el laicado hay estratificación. ¿Qué es un verdadero católico? Y más aún, ¿qué
han hecho los que se dicen católicos por las víctimas? Más bien, a esos que se dicen verdaderos
católicos se les soltaron las amalgamas para ponerse al servicio de los nuevos administradores
que reemplazaron a los obispos por los que lucharon sacar.
9. Por eso mismo no quise más ser vocero de mi comunidad en Osorno, pues en lugar de
ponernos al servicio de nuevas iniciativas se pusieron a pelear quién se quedaba con la medalla
de haber sacado a Barros. Así, cualquier otro intento laical comenzó a ser visto como una
amenaza. Razón tenía Frank Underwood cuando dijo que el poder es como las inmobiliarias…
Mientras más cerca de una fuente de riqueza esté el bien raíz, más plusvalía adquiere. Lo
mismo pasa con la Iglesia y en Osorno también. Cómo hay un espejismo de que estamos
siendo escuchados por el Papa, todos quieren estar cerca suyo pues da plusvalía y si surgen
nuevas voces que arriesgan estar igual de cerca de la fuente, defendemos ese aparente privilegio
con argumentos propios del establishment: ¿de dónde salieron? ¿Se han convocado por las vías
oficiales? Etc. En contra de otras comunidades he escuchado usar en la de Osorno los mismos
argumentos que durante años se usaron en nuestra contra. Tengo esperanza de que esta etapa
sea transitoria y de aprendizaje, tal y como lo han sido otros momentos difíciles de la vida
comunitaria de los que me siento honroso de hablar, pues es el laicado en general el que hace la
pega, llora la cebolla, ejercita el muslo pasando virutilla y, como era de esperar, se lleva la peor
parte. Por eso, si me preguntan dónde apuesto mis fichas en el camino de solución a la crisis,
¡en ellas y ellos! Porque, a pesar de todo, es mucho más probable que hallen el camino al tener
más clara la película. Por eso, a pesar de alcanzar el hastío muchas veces, amo la hora de estos
intentos que no brillan casi nada.
10. Es difícil ser joven en la Iglesia. Mi edad ha sido lo más complejo a sortear frente a la
jerarquía tanto clerical como laical. Para los obispos, que un simple laico de unos veinte tantos
años les haga preguntas correctas es mal visto, es un arrebato de juventud, es inmadurez… ¿se
imaginan si a parte de joven y laico hubiese sido mujer? no me cabe duda que la violencia de
estos tipos hubiese sido mayor. Pero entre el laicado también hay problemas con los que se
sienten jerarquía: para los voceros-presidentes, los directores ejecutivos, etc., un joven no tiene
nada nuevo que aportar.
11. Pese a todo esto, tengo la convicción de que el Evangelio es tanto para víctimas como para
victimarios, pero cuando veo el episcopado chileno, ¡pucha que se me hace difícil mantener mi
fidelidad a esa convicción! De los obispos chilenos espero conversión, pues tengo la certeza de
que no creen en el Dios que pregonan. Si creyeran en el Dios amor, sus actitudes serían
distintas. Dicho sea de paso, esa es la diferencia entre saber algo y creer en algo. Ellos no aman
a la gente porque ni son capaces de amar a su propia gente… si no se ama a los que se conoce,
¿es esperable que amen a la sociedad que desconocen? Por lo mismo, cortos se quedan los que
dicen que los obispos nos han ideologizado en la fe, pues a decir verdad, ellos también nos han
infantilizado en ella. Es su mecanismo de defensa para no ser descubiertos. ¿Qué sería de ellos
si la regla general en las diócesis fueran los espacios de fortalecimiento de la autonomía? Serían
servidores, ya no mandamases. Entonces, ¿por qué la jerarquía querría desmantelar la fuente de
su posición asimétrica y privilegiada? La otra vez hubo ordenaciones sacerdotales en Villarrica.
Como ubico a algunos de los ahora señores feudales, vi las fotos de la celebración y me sentí
tan ajeno a todo: hombres homofóbicos usando faldas y obispos con cara de funeral usando
gorros de cumpleaños. Pero todo eso rociado con agüita bendita. Como una vez escuché en la
serie The Crown, ¿qué obtienes si sacas todo eso a aquellas personas? Hombres subnormales,
intelectualmente incompetentes, de falsa modestia; pero si le pones trajes dorados, palabras
rebuscadas y un rito arcano, tienes un dios. En suma, si los obispos se dicen los sucesores de
los apóstoles, no me cabe duda que los obispos chilenos son los sucesores de Judas, quien
también fue apóstol aunque duró poco.
12. Pese a mi desdén por el clero y asumiendo que ellos tienen sus propios problemas que
tienen que solucionar, no comparto la postura posmo que dice “para qué tanta preocupación
en asuntos de sacristía si la experiencia de fe de la gente humilde, el cura y el obispo es sólo un
sucedáneo”. En primer lugar, no lo comparto porque precisamente confiar en el Laissez Faire
del clero nos metió en este escándalo que ha damnificado los buenos testimonios de,
mayoritariamente, tantas mujeres que hacen la pega. Y en segundo lugar, porque desentenderse
de las decisiones de aquellos que las toman nos afectan a todos, toda vez que es equivalente a
decir que da lo mismo quién sea Presidente de la República pues mañana hay que seguir
trabajando. Decir que da lo mismo quien sea el mini monarca absoluto es desconocer que él
toma decisiones que afectan la vida de fe de toda una diócesis y también la vida de las víctimas.
13. Si algún sentido tiene para mí la palabra religión, es su etimología, que aunque está discutida
es muy pedagógica: religión viene del latín re-ligare, o sea, volver a unir. Creo en ese Cristo,
que formó una comunidad de vida en la que se conectaron distintas realidades entonces
desconectadas entre sí. Pero, y aunque no me he cansado de intentarlo, parafraseo a Gabriela
Mistral orando: Señor, ¿es posible tu Evangelio en mí tiempo?

Diciembre 14, 2018

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