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Losantos, el dedo gordo de la Siniestra de Dios -- Manuel Francisco Reina

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El Plural

La Verdad del Cuento
Cuando aún no se han apagado los despropósitos que vocifera cada día el locutor de la COPE, Federico Jiménez Losantos, desmanes de los que vive muy bien y que le han organizado todo un rosario de paseos por el juzgado querella mediante, de la que la sonada del alcalde madrileño Gallardón no es la primera, otro de los colaboradores de la cadena episcopal, el plusmarquista de la publicación en este país, César Vidal, se ha despachado con otras declaraciones no sólo desagradables sino, sobretodo, dignas de querella por los las asociaciones de Gays y Lesbianas, ya que asegura desde las bendecidas ondas que “la peor dictadura que tenemos es la del Lobby gay”, después de decir en su programa La Linterna, en la que le precedió El Fede, que “esta dictadura asquerosa tiene como objetivo cazar Niños”.

La verdad del cuento es que, para una cadena que debiera promulgar el bien que encarna la religión de un crucificado por amor al género humano, que tiene como evangélico lema la cita de San Juan, 8, 32: “la verdad os hará libres” , no debiera ser tan fundamental que se apoyen en dos señores que se basan presuntamente en la mentira y la difamación, cosa que tendrán que dictaminar los jueces y por la que están siendo enjuiciados, asunto que es cuando menos chocante y los hace al menos conniventes y responsables.

Si ajustamos el prisma de la cultura desde el punto de vista más amplio, y utilizamos los rudimentos de la historia, parte esencial de la Cultura con mayúsculas, podemos apreciar que, a lo largo de la historia, la Iglesia, que lejos del mensaje liberador de su fundador se instauró como poder terrenal hace dieciséis o diecisiete siglos, desde que acabó convirtiéndose en la religión oficial del ya decadente Imperio Romano del S.IV, ha usado en su beneficio siempre figuras más que dudosas, delincuentes o inclusos criminales.

Constantino “El grande”, hizo de la Cristiandad la religión del Estado ya que era la fe mayoritaria del pueblo, de los esclavos y de los sirvientes. Todos los defectos del decrépito Imperio fueron asimilados por el papado, incluidos sus títulos, como el de Pontífice Máximo, o Santo Padre, parte de la nomenclatura imperial del Emperador hasta ese momento. La devoción ha querido ver santidad en esta conversión de Constantino, y de su Santa esposa, en el sentido literal, Santa Elena.

Yo creo que para el Emperador el Imperio bien valía unas misas. Esto mismo sucedió cuando, en los choques entre el Imperio Otomano y La Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, el Papa Pío II, que murió participando activamente en una cruzada, bendijo los desmanes de un señor llamado Vlad III de Valaquia, llamado con el sobrenombre de “Vlad Teppes”, que significa “Vlad el Empalador”, que dio lugar a la leyenda del vampiro Drácula de Bram Stoker por su costumbre de torturar a propios y ajenos por el humanísimo método del empalamiento, procedimiento por el que fueron horriblemente ejecutadas más de cien mil personas. Lo mismo sucede, en el mismo siglo con Gilles de Reis, Mariscal de Francia, íntimo de Santa Juana de Arco, que violó y mutiló a más de tres mil niños, después de atestiguar que era un buen cristiano, defendiendo a los católicos franceses frente a los invasores.

La Iglesia los llamó sutilmente “la Mano izquierda de Dios”o “la Siniestra de Dios”, personas de las que se servía, digamos que para los asuntillos más controvertidos de cada época. Al lado de esto, y mientras Losantos espera, entre otras, el día 12 de julio, la vista y la sentencia de la demanda civil al amparo de la Ley Orgánica de Protección del Honor, la Intimidad y la propia Imagen que le ha puesto el periodista y escritor José Antonio Zarzalejos, por intromisión ilegítima en su honor, Fede parece un aspirantillo a dedo gordo de la siniestra de Dios.

Zarzalejos reclama con razón una sentencia en la que se le condene por intromisión ilegítima, y por ello, difunda la sentencia en su programa en varios tramos y varios días y la inserte a su cuenta en varios periódicos, además de una indemnización de 600.000 euros. No estaría mal que la diestra de la COPE tuviese que pagar los desmanes de la siniestra, adjetivo que jamás pudo estar mejor usado, a ver si así lo dejan caer como hicieron con Gilles de Reis, o con César Borgia en manos de las leyes de los hombres, que al César lo que es del idem y a Dios lo que se gana con la publicidad y el IRPF.

Manuel Francisco Reina es escritor y crítico literario

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