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Los temas pendientes para el Papa Benedicto XVI -- Jaime Escobar

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Reflexión y Liberación

Esta reflexión tiene ya unos años y, ahora que destacados teólogos como Hans Kung, Herman Haring y otros piden al Papa que renuncie para que “no cunda el desencanto entre los católicos” y evitar “que la Iglesia se transforme en una secta”. Recientemente opinó sobre el tema el Cardenal Sodano, por eso es pertinente conocer esta opinión que ayudará al debate y al diàlogo entre los cristianos y personas de buena voluntad.

Con sus 78 años recién cumplidos el flamante Papa Benedicto XVI expresó, en su primera homilía como Sumo Pontífice, que se comprometía a seguir implementando las reformas del Concilio Vaticano II, a estrechar los contactos con otras religiones y que su tarea primaria sería trabajar en pos de la reunificación de todos los cristianos en un «diálogo auténtico y sincero» por la causa ecuménica.

Este inusual tono conciliador en el otrora inflexible Cardenal guardián de la ortodoxia que desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante veinte años llegó a notificar y condenar a más de 120 teólogos por, precisamente, poner en práctica las orientaciones del histórico Concilio Vaticano II, ha llamado profundamente la atención.

Es posible que los asesores directos del nuevo Papa en la Curia estén tomando debida nota de los comentarios y análisis que la prensa mundial ha hecho a lo que fue la devastadora labor de Joseph Ratzinger como custodio de la fe desde su Dicasterio vaticano de triste historia.

Este factor ha sido decisivo para que la alegría y sorpresa de los asistentes en la Plaza de San Pedro el día del «habemus papam», se viera matizada por la preocupación y decepción de agudos observadores que temen que Benedicto XVI polarice la Iglesia y refuerce las tendencias secularizadoras en Europa y aumente la deserción católica hacia los grupos evangélicos en Latinoamérica.

En esta línea de opinión se expresó Evelyn Strauch, miembro de una Parroquia de Baviera -donde nació Ratzinger-: «No puede ser verdad…Yo esperaba que eligieran un buen Papa que hiciera algo por las mujeres…Esto es terrible». También hizo pública su reflexión el jesuita Thomas Reese, profesor y director de la revista América de la Compañía de Jesús en los Estados Unidos: «Este nuevo papado puede llevarnos a una polarización…Y podría ser un factor de división en vez de unión en la Iglesia».

Todo esto ocurre porque la tarea del Cardenal Ratzinger durante todo el papado anterior fue restaurar la Iglesia, es decir, reconducir todo al pasado. Los males presentes se querían remediar reintroduciendo la imagen de una Iglesia preconciliar; centralizada, clerical, uniformada y obediente.

Tal imagen chocaba con el modelo de Iglesia aprobado en el Concilio II que pregonaba una Comunidad más comprometida con los pobres, participativa, libre y pluralista. Y para llevar a buen fin esta restauración el Cardenal Ratzinger contó siempre con movimientos fuertes e incondicionales como lo fueron principalmente el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, ambos de fuerte acento integrista e intolerante.

Ante esta realidad, tarde o temprano Benedicto XVI ha de enfrentar los temas pendientes que la Iglesia, para ser auténticamente más
evangélica y creíble, espera y necesita como por ejemplo:

-Una vuelta a Jesús para discernir lo que es abuso, desviación o infidelidad. En la Iglesia no tenemos más que ver el Evangelio. De lo contrario se puede caer en una especia de cautiverio.

– Una Iglesia servicial; su vocación es servir, no dominar. Muchas veces da la impresión de que le sobran certezas y le faltan disenso y diálogo.

– Democratizar la Iglesia; este punto es vital para que pueda adquirir credibilidad en la sociedad actual, pero no será posible si no se logra una previa y justa desclericalización. ¡Es decir que exista claramente una mayor praxis laical!

-Reconocimiento de los derechos humanos tal como lo indica el Concilio II; que estos derechos son universales e inviolables, que nadie dentro de la Iglesia puede ser privado de ellos y que el Evangelio es máxima garantía de su cumplimiento.

Estas debieran ser, entre otras prioridades, las líneas de acción a seguir por Benedicto XVI para que no pocos en la Iglesia sientan que se entra en una nueva «larga noche invernal» -en palabras del jesuita Karl Rhaner- ni se siembre en muchos el desencanto y alejamiento.

Jaime Escobar M.
Editor Iglesia «Reflexión y Liberación» y “Crónica Digital”.

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