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Los obispos españoles y la comunión de los divorciados(I) -- Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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La Exhortación Apostólica Pos-Sinodal del papa Francisco «Amoris laetitia» trató el tema de las «situaciones irregulares» en el matrimonio desde ángulos diferentes, pero todos ellos bajo el común denominador de la práctica de la Misericordia. Pero hay algo mucho más rico y nuevo en el enfoque de tema tan delicado y vidrioso, que no encontramos en otros documentos considerados más sesudos, y más redondeados en su contenido y en sus formas de expresión. Quiero también en estas páginas, saliendo al encuentro de los que afirman que este papa no tiene mucha altura intelectual, y que carece de la categoría del papa Ratzinger en este sentido, reivindicar la enorme categoría y preparación pastoral del papa Bergoglio, cuya profundidad de pensamiento no discurre por caminos ¡grandilocuentes y eruditos, sino por los más útiles y necesarios de la praxis bien enfocada, mejor documentada desde el Evangelio y los documentos más serios y consistentes del Magisterio, y, sobre todo, desde el amor y el respeto hacia los fieles, -yo prefiero llamarlo así, antes que apelar al fácil sentido común-, como pocas veces hemos percibido en otros pastores.

Dos cosas quiero destacar, como originales, acertadísimas, y esclarecedoras, que el Papa ha señalado en la fundamentación del apartado Discernimiento de las situaciones llamadas «irregulares», en el capítulo 8º de la Exhortación. Las dos proceden del mismo tronco: de la consideración canónico-moral que es preciso emplear al juzgar esas situaciones irregulares dentro de la vida de las parejas. Sobre todo de aquellas que habiendo conocido el matrimonio canónico, que no necesariamente es sinónimo de cristiano, viven una segunda situación que la normativa tradicional condena no solo como irregular, sino transgresora, y, por hablar en términos eclesiásticos conservadores, pecaminosa. Y aquí radica la profunda y valiente originalidad de la argumentación de Francisco: si alguien es juzgado de pecador, aunque sea por la propia conciencia, deberá tenerse en cuenta las variables que existen en el múltiple y variopinto comportamiento humano, y los elementos que lo condicionan, que son muchos, diferentes, y de muy diverso peso a la hora de juzgar la culpabilidad.

Recomiendo que quien lea estas líneas acuda directamente al documento de la «Amoris Laetitia», que va a encontrar con mucha facilidad, con letra grande y bien claro y expedito en Google, y lea el apartado del capítulo octavo del que estoy hablando, así como del siguiente, «Circunstancias atenuantes en el discernimiento pastoral» . Ahí encontrará muy bien resumida y expuesta toda la argumentación que, como he afirmado antes, la ha presentado, antes y mejor que cualquier otro antecesor que yo conozca, un papa ¿»no intelectual»?, sino sabiamente humano, pastoral, equitativo, y, sobre todo, evangélico. Jesús la habría refrendado en su tiempo, si los aires culturales y éticos del momento lo hubieran permitido. Se trata de estas dos conclusiones evidentes, lógicas y sensatas: 1ª), a diferentes circunstancias y variables, diferente grado de responsabilidad. 2ª), a diferente grado de responsabilidad, diferente tratamiento pastoral, en el seguimiento que el Papa solicita para los fieles inmersos en estas situaciones, tan contradictorias a veces.

1ª) Presentaré cada una de estas situaciones a tener en cuenta con las mismas palabras del Papa: 298. «Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en que « cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación».

(Se me hace muy largo, seguiré mañana).

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