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LOS OBISPOS ESPAÑOLES, CADA VEZ MÁS CERRADOS Y A LA DEFENSIVA

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Religion Digital

Los obispos ven sombrío el panorama actual de la fe y del magisterio en España

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El portavoz de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, durante la rueda de prensa celebrada en Madrid para presentar un documento, aprobado en la última asamblea plenaria del episcopado, sobre «teología y secularización en España, a los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II»

La Conferencia Episcopal (CEE) presentó hoy un panorama sombrío de la situación de la fe y de la fidelidad al magisterio de la Iglesia en España, y sostiene que no siempre se han mantenido de manera completa los elementos esenciales «de la fe de la Iglesia sobre la Persona y el mensaje de Jesucristo».

El portavoz de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, presentó hoy en rueda de prensa un documento, aprobado en la última asamblea plenaria del episcopado, sobre «teología y secularización en España, a los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II», en el que se denuncia la existencia de grupos, con gran repercusión mediática, que divulgan enseñanzas contrarias al Magisterio.

El documento -una instrucción pastoral dirigida por los obispos a los fieles y a los teólogos- señala que «se ofrece una concepción deformada de la Iglesia, según la cual existiría una confrontación continua e irreconciliable entre la «jerarquía» y el «pueblo»».
Para los obispos, esta forma de presentar la Iglesia «conlleva la invitación expresa a «romper con la jerarquía» y a «construir», en la práctica, una iglesia paralela».

El documento señala asimismo que «existe un disenso silencioso que propugna y difunde la desafección hacia la Iglesia, presentada como legítima actitud crítica respecto a la jerarquía y su Magisterio, justificando el disenso en el interior de la misma Iglesia, como si un cristiano no pudiera ser adulto sin tomar una cierta distancia de las enseñanzas magisteriales».

Los prelados dicen que subyace, con frecuencia, la idea de que la Iglesia actual «no obedece al Evangelio y hay que luchar desde dentro para llegar a una Iglesia futura que sea evangélica», y añaden que en realidad lo que se busca con ello no es la verdadera conversión de sus miembros sino «la transformación de la misma constitución de la Iglesia».

El texto crítica las doctrinas e interpretaciones expresadas por algunos teólogos actuales, como Juan José Tamayo y Leonardo Boff; los jesuitas Roger Haight y Anthony de Mello, el profesor Messner, y el religioso Marciano Vidal, entre otros que el documento cita a pie de página.

Los obispos «constatan con dolor» que algunas de las opiniones, reflexiones y doctrina aportadas por los mismos, y sobre las que ya se ha pronunciado la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) reflejan «presentaciones incompletas, cuando no deformadas», del Misterio de Cristo, del Magisterio, del sacerdocio y de la constitución de la Iglesia.

En relación con los religiosos, el documento dice que «supone un reduccionismo eclesiológico concebir la vida consagrada como una instancia crítica dentro de la Iglesia».
Para la CEE, otro de los «grandes desafíos que encuentra la evangelización está centrado en el campo moral», dificultad, dicen, que procede de un ámbito cultural que se declara postcristiano y se propone vivir «como si Dios no existiera».

Tras señalar que «la raíz más profunda de la crisis moral que afecta gravemente a muchos cristianos es la fractura que existe entre la fe y la vida», los prelados mantienen que «la conciencia no es una fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo».

Y, tras remontarse al pecado original, el documento expone que «cuando se silencia y niega la gravedad del pecado, las consecuencias para la formación de la conciencia son muy negativas, al tiempo que se oscurece el camino de la consecución de la auténtica felicidad».

Los obispos dicen que «la dignidad de la vida humana exige que su transmisión se de en el ámbito del amor conyugal» y, por ello, denuncian «aquellos métodos que pretenden sustituir y no simplemente ayudar a la intervención de los cónyuges en la procreación», a la vez que rechazan los métodos contraceptivos.

El documento recuerda también que la Iglesia considera «pecados gravemente contrarios a la castidad» la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales, y dicen que la sexualidad adquiere su verdadero significado y «honestidad moral» en el matrimonio legítimo e indisoluble de un hombre con una mujer, abierto a la vida».

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