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Los Estado Unidos de la Unión Europea ¿de las personas o de los mercados? -- 15M Ronda

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Durante más de dos décadas, el poder económico de Europa y EE UU ha presionado a favor de un mercado único transatlántico en foros como el Diálogo Empresarial Transatlán- tico, formado en 1995 por el Departamento de Comercio de EE UU y la Comisión Europea para “facilitar” el trabajo con los especialistas en aumentar los beneficios de las principales corporaciones transnacionales.
En la Cumbre UE-EEUU, el 30 de abril de 2007, Barroso, Merkel y Bush crearon el Consejo Económico Transatlántico, un órgano político para “supervisar y acelerar la cooperación de gobierno a gobierno” con el objetivo de “eliminar barreras al comercio y la inversión, y armonizar legislaciones”.

Desde el 17 de junio de 2013 la Comisión Europea, órgano no electo pero el único con facultades para emprender iniciativas sobre política comercial, y el Departamento de Comercio de EE UU están negociando una Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI) o TTIP.

¿Qué es el Pacto Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP)?

En junio de 2013 –y a espaldas de la población- comenzaron las negociaciones en tre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EE UU) para promover un Tratado Transatlán- tico de “libre” Comercio e Inversiones. El “mandato” para negociar ese pacto que recibió la Comisión Europea del Consejo de la UE (los gobiernos) y del Parlamento Europeo, no augura nada bueno. Dicha legislación plantea numerosas y graves amenazas para la población y el medioam- biente porque persigue crear la “zona de li- bre comercio más grande del planeta”.

¿Por qué ahora?

La UE y EE UU están perdiendo poder econó- mico y político en el mundo. Asia está despla- zando a EE UU y la UE como mayores econo- mías, exportadores y proveedores de inver- sión extranjera directa. De hecho se prevé que en 2050 ninguna de las economías más grandes del mundo será europea. Este tratado pretende reafirmar los intereses imperialistas de las dos potencias geopolíticas y supone una nueva vuelta de tuerca neoliberal para declarar una “guerra comercial” a otras superpotencias (como China, Rusia o India) y recuperar parte de ese poder.

No en vano, ha sido el gran capital –como la industria automovilística, farmacéutica y agroalimentaria, empresas energéticas y de servicios, bancos, fondos de inversión, etc.- a ambos lados del Atlántico las que más han presionado para impulsar estas negociacio- nes. De hecho, 113 de las 130 reuniones previas a las negociaciones que ha mantenido la Comisión Europea han sido con grupos de presión de las grandes multinacionales.
¿Qué regulará el TTIP?

Las negociaciones entre EE UU y la UE pue- den desembocar en la supresión de regula- ciones sociales, laborales, ambientales o de seguridad alimentaria y sanitaria, a la vez que puede suponer una merma en las libertades digitales. Dado que los aranceles entre la UE y EE UU son ya muy bajos el tratado se centra en la eliminación de leyes a ambos lados del Atlántico con el fin de reducir costes y retra- sos “innecesarios” para las corporaciones.

Un capítulo especialmente polémico es el de la protección de las inversiones, por la cual cualquier inversor privado internacional pue- de desafiar, ante tribunales comerciales anti- democráticos y poco transparentes, cualquier legislación (ambiental, laboral o social) que interfiera con sus beneficios. Por ejemplo, una moratoria al fracking (técnica muy contami- nante de extracción de gas o petróleo) o una regulación sanitaria para prohibir el uso de sustancias tóxicas pueden ser objetos de demandas.

En mí día a día… ¿qué puede suponer?

Estas negociaciones se suman a las políticas antisindicales de EE UU, que se niega a ratificar convenciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre el derecho a sindicarse, así como los ataques de la UE y la troika imponiendo bajadas salariales y normas laborales más “flexibles”.

La armonización legislativa a la baja afectaría normas de protección de la salud y del medioambiente. Así, podríamos ver aumentar la producción y la venta de transgénicos, así como el uso de toxinas y sustancias químicas peligrosas (como los alteradores hormonales que causan cáncer y otras enfermedades). En cuanto a lo social, el tratado podría servir para aumentar la vigilancia cibernética o las penas por compartir archivos en Internet.

En cuanto a las liberalizaciones y privatiza- ciones ya estamos sufriendo sus consecuen- cias: recortes, despidos, pérdida de derechos y de calidad de los servicios, aumentando especialmente la carga de trabajo para las mujeres –lo que profundiza una sociedad patriarcal y desigual- y poniéndose la rentabilidad económica por encima de todo.
Las empresas de servicios hospitalarios po- drían impugnar legalmente las políticas públicas de salud. Y el intento de fortalecer los derechos de propiedad intelectual dificul- tará el suministro de medicamentos más bara- tos y efectivos a la gente más empobrecida.

Y como gota que colma el vaso con los mecanismos de protección de las inversiones, maniatarían cualquier política de futuro destinada a proteger a la ciudadanía.

Bueno, pero… ¿no nos ayudará el TTIP a salir de la crisis?

La retórica de la UE habla de que el TTIP es la clave para “superar la crisis” y “crear empleo”. Sin embargo sus estudios internos demuestran que la destrucción de empleo en varios sectores, especialmente en las peque- ñas explotaciones agrarias y ganaderas, pue- de ser descomunal. Además bajarían los ingresos de industrias como la maquinaria electrónica, equipos de transporte y metalúr- gica, así como los sectores de productos ma- dereros y papel, servicios a las empresas y de comunicación con la consecuente pérdida de puestos de trabajo. El pacto básicamente bus- ca ahondar en la misma receta que ya se está aplicando: recortes sociales, laborales y ambi- entales junto con una buena dosis de privatiza- ciones. ¿Ha servido esto para paliar la crisis?

Y sin TTIP ¿Hay alternativas a la crisis?

Toda salida justa y sostenible a la crisis no puede pasar por otro camino que no sea el de repartir la riqueza y el trabajo asalariado y doméstico, atenerse a los límites del planeta y poner la justicia social, la igualdad, el cuidado de la vida y de las personas en el centro de cualquier política pública.

Esto es justo lo contrario de lo que propone el TTIP, que concentrará aún mayor poder político y económico en las multinacionales en detrimento de nuestros derechos sociales, laborales y civiles. Además es un verdadero asalto a la ya muy maltrecha “democracia”.

www.ecologistasenaccion.org

www.s2bnetwork.org
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EN POCAS PALABRAS

¿EN MANOS DE QUIÉNES ESTAMOS?
15-M RONDA http://www.facebook.com/15MRonda ABRIL 2014 Nº 13

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