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LOS CURAS ‘PROGRES’ LLENAN EL TEMPLO DE SAN CARLOS BORROMEO

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El País

Un velo negro destaca en medio de la iglesia, entre las mujeres que comen y hablan, y delante del Cristo crucificado. El velo es de Hayat, una musulmana de 38 años, «muy agradecida a esta parroquia». Sonríe y saluda a Javier Baeza, el párroco de San Carlos Borromeo, la iglesia que desde el pasado mes de abril mantiene un pulso con el arzobispado de Madrid, que quiere cerrar la parroquia y convertirla en un centro social. Por no ajustarse a las reglas canónicas de la jerarquía. En San Carlos Borromeo los curas no llevan sotana, socorren a todo el que pide ayuda y ofrecen copas de vino y pequeñas rebanadas de pan para comulgar.

Eso fue lo que se pudo ver ayer por la tarde en una nueva eucaristía, para protestar por el cierre y propugnar una nueva fe. Hayat se quedó a escuchar la misa. No se celebró en el edificio, sino fuera, en un descampado, donde correteaban los niños y las bolsas de basura peleaban por acodarse junto a los árboles. Acudieron, en señal de apoyo, sacerdotes de Barcelona, Málaga, Teruel, Salamanca, Santander… Y de otras parroquias de Madrid. Y sacerdotes secularizados. Y colectivos de cristianos homosexuales. Más de 500 personas, sentadas, de pie y en el suelo de polvo y piedras.
Evangelio de Lucas

Javier Baeza, Enrique de Castro y Pepe Díaz, los tres sacerdotes que oficiaron la eucaristía con pantalones de pinza y camisas de botones, leyeron una parte del Evangelio de San Lucas. Que habla de pobres, de cautivos, de oprimidos y de un año de gracia. Igual que esta parroquia. «Palabra del Señor», se oye. «¿La Iglesia va a expulsar a los que la sociedad expulsa?», pregunta al público. Un muchacho mira fijamente a los sacerdotes. Es toxicómano. No quiere dar su nombre. Ojos azules cansados y como perdidos. Delante de él está sentada su novia, con los ojos igual de azules, igual de perdidos.

Ellos callan. Otros hablan. Es el momento de que los fieles participen. Una señora de mediana edad lanza un mensaje para «hacer visible el dolor y la falta de derechos en el mundo». Un sacerdote explica que todas las personas son hijas de un mismo dios. «Por Cristo. Por él y en él». Las manos entrelazadas y rezando el Padrenuestro. Ora también un grupo de siete jóvenes musulmanes.

Uno de ellos se acerca al micrófono. El texto que leerá se titula El árabe san Carlos Borromeo. Traga saliva. Reza y dice: «Miremos al cielo de Entrevías». Silencio. Y rezan en árabe. Luego traducen la oración para que el resto de personas la conozcan. «Amén». A la hora de comulgar, los musulmanes también comulgan. Y cantan. En ese momento, la joven de ojos azules y cansados canta. Lo que suena es un himno que habla de libertad y de golpes recibidos. La misa termina. Entrevías resiste.

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