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Lectura de algunos antecedentes en Argentina: cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio. Papa Francisco I

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* En un año clave para la Iglesia, Bergoglio se reunió con el Papa
11/02/11 //
* Los principales sectores en la cúpula episcopal. Clarín.com DOM 05.03.2006 //
* La Iglesia, en un debate de rumbos y liderazgos DISCUTE COMO EXPONER SU DOCTRINA A LA SOCIEDAD. Clarín.com DOM 05.03.2006
*»SECTOR DE LOS MODERADOS. Son mayoría y están liderados por el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado. Se apoyan en la ortodoxia doctrinal y la preocupación social. También en la defensa de los principios católicos, pero sin librar una cruzada.»

* UN VATICINIO DE CLARÍN QUE NO SE CUMPLIÓ:
«(…) Quiere decir muchas cosas que parecen predecir el ocaso de la gestión de Bergoglio». CLARÍN, 11/02/11
* «(…) A Bergoglio le reprochan no haber mantenido una línea de rígida defensa de los “grandes valores”, que el ultra conservador Papa defiende sin concesiones.

En un año clave para la Iglesia, Bergoglio se reunió con el Papa
11/02/11
A las elecciones nacionales, se suma el fin del mandato del cardenal argentino.
PorJULIO ALGAÑARAZ
Roma. Corresponsal
http://www.clarin.com/politica/clave-Iglesia-Bergoglio-reunio-Papa_0_425357589.html

IMÁGENES

EN CASA. EL PAPA BENEDICTO XVI, AYER EN EL VATICANO. LO VISITO LA CUPULA DE LA IGLESIA ARGENTINA.

Bergoglio, Papa Benedicto XVI

Afrontar una situación difícil como la que vive la Iglesia argentina en un año electoral, con el objetivo de lograr una transición ordenada a partir de noviembre a lo que vendrá. En síntesis, éste es el panorama del que habló el Papa , en un clima cordial que duró media hora con el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, y los otros tres episcopales de la Cúpula de la Iglesia argentina.

Benedicto XVI los recibió en una audiencia en el Vaticano. Antes, los argentinos se habían reunido con el cardenal Tarcisio Bertone, el secretario de Estado, quien tiene a su cargo el control operativo del “dossier” argentino.

Pero el miércoles entró en juego otro personaje principal en la historia de las delicadas relaciones entre la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y el Vaticano. Es el cardenal compatriota Leonardo Sandri, “ministro” del Papa para las Iglesias Orientales.

Un comunicado de la CEA da cuenta de 5 puntos tratados entre los argentinos y el Papa. Los primeros 4 son más bien formales.

El quinto esconde la sustancia de la situación difícil. Señala que con Benedicto XVI se habló de “otros temas pastorales e institucionales vinculados a la vida de la Iglesia en Argentina”.

Clarín lo señaló hace tres días. Cuando a Roma llega la cupula ejecutiva de una Iglesia particular es que hay una crisis . Como ahora, en 2007 vino Bergoglio a la cabeza de otra cúpula: era para puentear interferencias y hacer fluido el diálogo entre Buenos Aires y Roma, ante el repetido nombramiento de obispos conservadores por encima de las ternas propuestas por los episcopales.

Esta vez, el cardenal y los obispos José Luis Villalba, José María Arancedo y Enrique Eguía fueron enviados para “ explicarse” con las autoridades de la Curia , con el cardenal Bertone, número 2 del Papa, y con el propio Joseph Ratzinger.

La dura derrota sufrida por la Iglesia con la ley del matrimonio homosexual ha dejado heridas no del todo cicatrizadas . Puso de relieve que el enfrentamiento que era vistoso hace cuatro años, sigue abierto entre la corriente de centro que prevalece entre los episcopales, y cuyo líder es Bergoglio, y los conservadores con fuertes apoyos en el Vaticano , que lidera el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer.

Además del arzobispo Aguer y el cardenal Sandri, el tercer personaje que preocupa a Bergoglio y los centristas es el nuncio apostólico en Buenos Aires, monseñor Adriano Bernardini, considerado un conservador heredado de la época del cardenal Angelo Sodano.

A Bergoglio le reprochan no haber mantenido una línea de rígida defensa de los “grandes valores”, que el ultraconservador Papa defiende sin concesiones.

Monseñor Aguer se arropó en esta posición y Bergoglio perdió una votación interna en la CEA por primera vez, por defender una actitud más flexible frente a la ley de casamiento gay que venía.

El Vaticano teme que la oleada laica argentina se extienda al aborto, la fecundación asistida y otros temas bioéticos, formas de eutanasia, educación sexual en las escuelas, liberalización total de los anticonceptivos. Es más, el ejemplo argentino podría difundirse en el resto de América Latina, donde reside el 45% de los católicos del mundo.

Las fuertes discrepancias internas tienen por delante un calendario inquietante.

En noviembre habrá que nombrar un nuevo presidente de la Conferencia Episcopal y el cardenal Bergoglio no puede ser reelegido. En diciembre, el arzobispo de Buenos Aires cumplirá 75 años y deberá renunciar según establece el derecho canónico.

El Papa puede dejarlo poco o bastante tiempo, o puede nombrarle un sucesor.

Por eso es interesante que en la declaración del miércoles que firmó el cardenal Leonardo Sandri, el purpurado argentino reiteró su “total sintonía” con los episcopales criollos “en la defensa y promoción de la vida desde la concepción hasta su término natural y lde la familia como bien social humano”.

La frase más filosa vino al final. Sandri manifestó “en plena comunión con el santo Padre”, su “cercanía y aprecio al Episcopado argentino en estos tiempos difíciles”.

Quiere decir muchas cosas que parecen predecir el ocaso de la gestión de Bergoglio.

Los principales sectores en la cúpula episcopal
Clarín.com DOM 05.03.2006
http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2006/03/05/z-03503.htm

Dialoguistas

El principal referente es monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro y presidente de la Comisión de Pastoral Social. Considera que debe hacerse un marcado esfuerzo por construir un puente de diálogo con el Gobierno. Tiene llegada al presidente Kirchner y a varios de sus colaboradores. Otro integrante es monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Lomas de Zamora y vicepresidente segundo del Episcopado. También tiene buena llegada a la Casa Rosada. Apuesta a un entendimiento que mejore la relación Gobierno-Iglesia.

Moderados

Son mayoría y están liderados por el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado. Se apoyan en la ortodoxia doctrinal y la preocupación social. También en la defensa de los principios católicos, pero sin librar una cruzada.

Impulsan el diálogo en las bases de la Iglesia para buscar un mayor compromiso cristiano en la sociedad.

Se suma monseñor Luis Villalba, arzobispo de Tucumán y vicepresidente primero del Episcopado; y Carlos Ñañez y José María Arancibia, arzobispos de Córdoba y Mendoza.

Conservadores

El principal referente es monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata. En línea con los sectores más duros del Vaticano, considera que la Iglesia debe ser más severa en la defensa de su doctrina. Cree que los católicos deben recibir líneas más claras y contundentes de sus pastores. Otros integrantes: monseñores Antonio Baseotto, obispo castrense, y Rubén Di Monte, arzobispo de Mercedes-Luján. Son minoría, pero muy activos. Todos ellos tienen relación con Esteban Caselli, ex embajador del menemismo ante la Santa Sede.

La Iglesia, en un debate de rumbos y liderazgos
DISCUTE COMO EXPONER SU DOCTRINA A LA SOCIEDAD
Clarín.com DOM 05.03.2006
http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2006/03/05/z-03415.htm

Pujan sectores progresistas, moderados y conservadores. El peso de la proyección internacional del cardenal Bergoglio. Las influencias que se mueven detrás de las designaciones de obispos que realiza el Papa. La indefinición del caso Baseotto. Además, la posible reunión entre Kirchner y la cúpula eclesiástica.

Sergio Rubin.
srubin@clarin.com

La Iglesia argentina es un hervidero.

Las versiones arrecian. Se habla —ahora sí sin titubeos— de la salida en los próximos meses del número dos de la Curia romana, el poderoso secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, una modificación que resultaría crucial para el Episcopado local, e incluso para el Gobierno. Hasta se aguardan novedades de fuste en la relación con la Casa Rosada: todos coinciden en que es inminente un encuentro entre el presidente Néstor Kirchner y el titular del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio. Los discretos medios eclesiásticos ya no pueden disimular una sensación generalizada de que se está en vísperas de novedades que evidenciarán algo más que una puja de poderes y corrientes ideológicas: el debate por el perfil de la Iglesia que viene.

El punto de hervor al que se llegó no es —como nada en la Iglesia— clavel del aire. Constituye el resultado de un proceso en el que concurren varios factores: una saturación del estilo de relacionamiento politizado hasta el hartazgo que el menemismo en sus épocas de gloria propició sin pudores con la Santa Sede; una Iglesia argentina que mayoritariamente decidió hace algunos años dejar atrás una composición que le significó ser uno de los Episcopados más conservadores de América latina y de correr detrás de las prebendas del Estado, discusión de ministro de Educación incluida. Decisión, por cierto, que el estilo menemista no hizo más que apurar. Y, por fin, la entronización de Joseph Ratzinger como Papa y la ansiedad por las decisiones que tomará.

Diplomático, se le atribuye a Bergoglio decir que «hay armonía en el Episcopado», como una forma de bajar tensiones.

Es necesario volver una y otra vez a los 90 para entender el cuadro actual. La sobreactuación del gobierno de Carlos Menem acerca del alineamiento antiabortista con el Vaticano en los foros internacionales no sólo irritó al grueso de los obispos argentinos, que se sintieron puenteados y hasta presionados por la Casa Rosada para no alzar su voz frente a las denuncias de corrupción y el modelo económico de entonces. También abrió una brecha con sectores relevantes de la Curia romana, que nunca dejó de profundizarse. No fueron pocos quienes en Roma —con la ayuda de emisarios gubernamentales y hasta de ciertos obispos conservadores— fueron cuajando una visión negativa del Episcopado.

¿Qué le reprochaban (y le reprochan) esos sectores vaticanos a los obispos moderados que hoy dominan en la Iglesia argentina?

Una supuesta tibieza en la defensa de los principios católicos frente al Gobierno y a los sectores políticos que más los cuestionan. Dicho de otra manera: querían, y quieren, mano dura frente a temas como la distribución de anticonceptivos, la legalización de las parejas de homosexuales y la despenalización del aborto. La controversia tiene nombres y apellidos. Los principales destinatarios de los cuestionamientos son los últimos presidentes del Episcopado: Estanislao Karlic y Eduardo Mirás, y el actual, cardenal Jorge Bergoglio.

Por el peso de los protagonistas, no es una pelea menor. El principal referente de los sectores críticos del Vaticano es nada menos que su número dos, el cardenal Sodano.

Los antecedentes de Sodano complican las cosas: fue el arquitecto por la Curia romana del acuerdo con el menemismo operado a través de Esteban Caselli —embajador ante el Vaticano de Menem y secretario de Culto de Eduardo Duhalde— que trabó una estrecha relación con aquél. Pero el ala conservadora tiene en Roma otros protagonistas, como el segundo de Sodano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri —clave en la relación con Argentina—, con criterios diferentes a los de Bergoglio.

El sector de Sodano y Sandri —al que habría que sumar al presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, cardenal Renato Martino— tiene su pata en la Iglesia argentina: el principal referente vernáculo es, sin duda, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer.

El religioso —reconocido por su inteligencia y cultura y también por su dureza— abraza con entusiasmo las críticas a la conducción del Episcopado. Más aún: se dice en los medios eclesiásticos que son ya un clásico sus visitas al Vaticano para criticar a la conducción de Bergoglio. Otro que se anota en esta corriente es el arzobispo de Mercedes-Luján, Rubén Di Monte.

Del lado de la Iglesia argentina, el principal referente es, sin duda, el número uno: Bergoglio.

El problema para el sector de Sodano —y que potencia el conflicto— es que la figura internacional del cardenal argentino creció mucho en los últimos tiempos. Más allá de su destacada participación en la última elección papal —se dice que sacó 40 votos secundando a Joseph Ratzinger—, fue el más votado en el sínodo mundial de obispos de octubre (sacó casi 160 votos sobre 300) dejando muy atrás al segundo. No es menor, tampoco, que hace poco fuese invitado por los obispos españoles para que les predicara un retiro espiritual. Los adversarios del cardenal primado subrayan que, luego de las versiones sobre los votos que obtuvo, Bergoglio debía haber llamado a la prensa para decir que «del Consistorio, sólo queda Benedicto», como una forma de alinearse absolutamente con el Papa.

¿Quiénes acompañan a Bergoglio?

No hay dudas que la mayoría de los obispos, empezando por los vicepresidentes primero y segundo del Episcopado, el arzobispo de Tucumán, Luis Villaba, y el obispo de Lomas de Zamora, Agustín Radrizzani. También está de su lado el principal referente del progresismo moderado, el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto. No se sabe si todos los que están del lado de Bergoglio tienen tantas coincidencias con él, pero es claro que carecen de opciones.

Así como perdieron fuerza en la Iglesia los sectores conservadores, tampoco levantaron vuelo los más progresistas.

En ese proceso, en el que casi todos se corrieron para el medio, la Iglesia argentina fue redefiniendo su relacionamiento con los factores de poder y con la sociedad.

La fórmula escogida fue una actitud dialogante en la exposición de la doctrina y una prudente distancia de los gobiernos.

Fue así que, ante cuestiones como el uso del preservativo para evitar los embarazos y prevenir el sida, la conducción del Episcopado moderó algo su posición.

También se lanzó a transparentar los aportes extraordinarios del Estado a la Iglesia que, en épocas menemistas, habían beneficiado a un sector de la Iglesia.

La llegada de Néstor Kirchner no facilitó la tesis moderada.

Kirchner, con su estilo confrontativo y poco afecto a las críticas, con su elección para la Corte de una jueza favorable a la despenalización del aborto, y con un ministro de Salud como Ginés González García, fuerte cuestionador de las posiciones de la Iglesia en materia de sexualidad, pareció entregarle al sector conservador elementos para fortalecer sus argumentos.

La expulsión unilateral y por los diarios del obispo castrense Antonio Baseotto, por sus duras críticas a González García, llevó la tensión a su pico. La firmeza de Kirchner y Sodano impidió hasta ahora que se definiera la suerte de Baseotto (ver recuadro pág. 35).

El talonario de facturas políticas del sector conservador —de Roma y de aquí— estuvo a la orden del día.

Llegaron a criticarle a la conducción del Episcopado no defender a Baseotto. Pero el caso del obispo castrense era emblemático (y en cierta manera anticipatorio de lo que después vendría) para el Episcopado: Baseotto no era el candidato de la conducción del Episcopado para el cargo. Precisamente, ésta era consciente de su fuerte perfil conservador y temía producir declaraciones destempladas. Le atribuyen a Caselli haber impulsado la candidatura de Baseotto. Fuentes del sector conservador negaron tener esa capacidad de influencia y recordaron que las designaciones papales se definen en base a una terna surgida aquí.

El conflicto recrudeció a fines de diciembre, cuando el Vaticano anunció la designación en los arzobispados de Resistencia y Rosario de los obispos de La Rioja, Fabriciano Sigampa, y de San Miguel, José Luis Mollaghan, que no eran los preferidos del Episcopado.

El caso de Rosario fue el más llamativo: todos suponían que allí iría monseñor Radrizzani, quien en noviembre había recibido un fuerte respaldo de sus pares, al ser elegido vicepresidente del Episcopado. El malestar, negado públicamente, fue evidente. ¿Acaso quería cambiarse el perfil del Episcopado?

La pregunta del millón es si fueron decisiones de Benedicto XVI —y una reafirmación de su perfil conservador— o de su entorno (léase Sodano, Sandri). Para ser claros: si fue decisión del Papa —en una institución vertical como pocas— está todo dicho.

Pero las dudas subsisten. Sólo el tiempo responderá los interrogantes.

La confirmación o no de los cambios en el Vaticano —e, incluso, un encuentro entre Kirchner y Bergoglio que procure tender puentes— revelarán hacia dónde se camina.

Caso Baseotto: un año sin definición

Hace un año, el presidente Néstor Kirchner echó por los medios al obispo castrense Antonio Baseotto, porque había sugerido, en base a una metáfora bíblica, «tirar al mar, con una piedra atada al cuello» al ministro de Salud, Ginés González García, partidario de la despenalización del aborto.

El Gobierno le quitó a Baseotto el sueldo y el rango de subsecretario de Estado. Sin embargo, el caso no está cerrado: el obispo no ha dejado aún la diócesis castrense y hace 11 días saludó a Benedicto XVI en el Vaticano, un gesto que, en el lenguaje de los símbolos, tiene su peso.

Luego de ese entredicho, Kirchner faltó al tradicional Tedéum del 25 de Mayo y no mostró interés en reunirse con la cúpula del Episcopado.

De todos modos, en un posterior gesto de acercamiento, el Gobierno estableció una representación especial para asuntos eclesiásticos en la Embajada ante el Vaticano, a cargo de monseñor Daniel Ferrari, un especialista en derecho canónico que tiene buena relación con el matrimonio presidencial.

La designación de Ferrari fue publicada en el Boletín Oficial.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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